lunes, 14 de enero de 2013






CICLO ORIGINAL SOBRE ARTE Y CULTURA
Inspirado en la película Medianoche en París

Disfruta de un viaje en el tiempo al París de los años 20' para encontrarte con todo el arte, la cultura y los grandes personajes de esos años dorados: Hemingway, Buñuel, Picasso, Dalí y muchos más.Descubrí por qué París era una fiesta, a lo largo de cuatro encuentros junto a destacados profesores.

Nuevos cupos para losViernes de febrero de 19:00 a 20:30 hs.
Cupos limitados.

8/02: Un encuentro con París en los años 20', presentación de los personajes históricos del film, junto al Lic. Orfeo Pecci.
15/02:Un encuentro entre el cine y las vanguardias, junto al Lic. Leandro Arteaga.
22/02:Un encuentro con Picasso y Dalí...y también con Tolouse Lautrec, junto a la Lic. Evelina del Valle Pereyra.
01/03:Un encuentro con la maravillosa década del Jazz,junto al Maestro Fernando Ciraolo.

Informes e Inscripción:

(0341) 155807945 info@aprendimiento.com.ar
o personalmente jueves17/01de 10:00 a 12:00 hs.
en Galeria La Favorita - Cordoba 1147 - piso 8 - oficina 13/14
www.aprendimiento.com.ar
 

Life of Pi (2012, Ang Lee)


De extraordinario más bien poco


Por Leandro Arteaga

En algún momento más o menos inmediato, las que aparecen son las ganas de que –de una buena vez- comience la aventura. Es decir, ¿para cuándo el momento donde niño y tigre comparten un bote en alta mar? Porque para ello, primero, toda una moralina religiosa con la que condimentar. También en el desenlace. ¿Entonces?
Entonces lo acostumbrado. Una historia extraordinaria se asemeja a un cuento bíblico para niños y niñas. Con un héroe indio que, luego de caminar en la búsqueda de tantas religiones como sea posible, habrá de sobrevivir a una experiencia que le permita precisar que todas estas religiones son, justamente, posibles por necesarias. Y él las practicará a todas. En otras palabras, corrección política y de a montones. Es decir, once nominaciones para el próximo premio Oscar.
En el medio de tanta palabrería, la travesía. Plasmada desde un 3D de asombro, plena de situaciones terribles como bellas. Hay momentos muy azules. Otros verdes. También nocturnos. Con el Pacífico como gran escenario, ilimitado, feroz, capaz de engullir una embarcación completa, así como de guardar en su seno la magnificencia de una ballena, la dentellada de tiburones, la coreografía de delfines, un aluvión de peces voladores.
Todo esto como consecuencia del naufragio del viaje donde el joven Pi junto a su familia abandonan India para una nueva vida, con todos los animales del viejo zoo del padre abordo. De toda la tripulación, sólo Pi y el tigre sobreviven. La embarcación es pequeña y el hambre es mutua. Cada uno buscará marcar su territorio, a la vez que encontrar maneras de sobrevivir.
Ésta, a su vez, es la historia dentro de la historia, consecuencia del relato de un Pi adulto (Irrfan Khan) al joven escritor. Personajes para el inicio y el desenlace. En un entramado bien prolijo, que a nadie desconcierta, a la vez que construye un mensaje de “bienestar y sabiduría”. Porque, aquí sí, se trata de una de esas películas “con mensaje”. Lo que lleva a discutir con el cine precedente del taiwanés Ang Lee, al menos desde lo que suponen films notables como Secreto en la montaña o Bienvenido a Woodstock, entre otros. Allí había problemáticas, interrogantes; mientras que aquí todo se diluye en un cuento de hadas falsario.
Es decir, si se rememora El gran pez, de Tim Burton, se recordará cómo la película ponía el acento en su “verdad” (de brujas y gigantes) para ratificarla, porque la fantasía es parte constitutiva de lo que se dice es la realidad. Mientras que en el film de Lee será el mismo Pi quien aclare al espectador cuál es la verdad de lo narrado (con analogías explicadas), aún cuando parezca lo contrario, aún cuando diga creer en su tigre. Para culminar en un final “sorpresa” donde todo termina bien porque hay una familia construida.

Una historia extraordinaria
(Life of Pi)
EE.UU./China, 2012. Dirección: Ang Lee. Guión: David Magee, a partir de la novela de Yann Martel. Fotografía: Claudio Miranda. Música: Mychael Danna. Montaje: Tim Squyres. Intérpretes: Suraj Sharma,,Irrfan Khan, Adil Hussain, Ayush Tandon, Gérard Depardieu, Rafe Spall. Duración: 127 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
5 (cinco) puntos

sábado, 5 de enero de 2013

Balance audiovisual Sta. Fe 2012


Mucha producción, poca difusión


El desafío entre una producción que crece y una distribución incierta parece arrojar como saldo el 2012. A la par de una profesionalismo cada vez mayor.

Por Leandro Arteaga

Un zapping “casual” descubre en Incaa TV Los nueve puntos de mi padre (Pablo Romano). También Tanke P.A.P.I. (Rubén Plataneo) y Hombres de ideas avanzadas (Diego Fidalgo). Todas producciones de realizadores locales que han conocido una difusión que complementa sus tareas actuales. Por ejemplo: Alexander Panizza, sólo piano, de Romano, estrenada en Bafici y premiada en el Festival Latinoamericano de Video Rosario; El gran río, de Plataneo, con estreno en Bafici y distribución (a cargo del realizador) por el interior del país; y Fidalgo que prosigue en la realización de El origen del pudor, seleccionado en la Quinta Vía del Incaa en categoría Producción.
Lo predicho es inicio casi fortuito para esta mirada sobre el año pasado. Porque sintetiza pero también despliega más. Porque dice de la tarea en ejercicio de apenas tres realizadores, del reconocimiento en festivales, de premios, de la política de subsidios y concursos –municipales, provinciales, nacionales- que felizmente se conocen. Aquí, eso sí, el comienzo del problema: la difusión. Instancia que habrá de discutirse para alertar, ya que es esencia del cine. Las posibilidades de producción han crecido, pero la pantalla –si no es pública- suele ser esquiva. Una consecuencia positiva aparece en la conformación reciente de PRODUCIR (Productores Independientes de Rosario). Preocupaciones que, dado el caso, habrán de ser puntuales para algo tan novedoso como posibilitador, esto es: la constitución del Nodo Audiovisual Tecnológico Rosario, destinado en tanto unidad productiva a democratizar los medios de producción. Allí el desafío.
Por su parte, Canal Encuentro difundió las series documentales Militantes, de Francisco Matiozzi; Apuntes de jardín, de Sebastián Carazay; y Los rosarinos, de Héctor Molina. Molina ya tiene lista la miniserie El hechicero, así como Francisco Pavanetto Otros mundos (pre-estrenada en El Cairo), dos proyectos que resultaran ganadores en los concursos de Televisión Digital del Incaa. ¿Y las pantallas locales?
Canal 3 posibilitó la emisión íntegra de La Tabla de los Sueños, proyecto pluri-institucional con coordinación del Centro de Producción de la Escuela de Comunicación Social (UNR), ganador en la categoría “TV Zona Provincias” de los Premios "Construyendo Ciudadanía en Radio y Televisión" (AFSCA). Canal 5 dio lugar a Ludueña, escuela orquesta, producción del CAR con dirección de Mauro Boggino. Y Señal Santa Fe prosigue como un nombre de referencia que bien merecería lo que tantos sueñan: canal propio. Hubo distinciones para la señal: Libronautas obtuvo un Martín Fierro Federal como Mejor Programa Infantil; así como Memoria del suelo, Entrelazados y De cabeza. Viaje al centro de la ciencia, tres premios Fund TV. El último de ellos, también seleccionado en el concurso de Proyectos de Divulgación Científica y Tecnológica 2012-2013 de CONICET. Todas producciones de nivel, que tienen que encontrar en Internet una oportunidad segunda.
La televisión cultural tuvo un momento de relieve en la VIII Asamblea General de la Asociación de las Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas (ATEI), co-organizado por el Ministerio de Innovación y Cultura, con presencia modelo de Román Gubern. Ya que el tema del encuentro fue "Televisiones Culturales y Televisiones Universitarias" será menester destacar la emisión que Canal 3 realizara de Agenda Pública, envío periodístico con producción de la Dirección de Comunicación Multimedial de la UNR.
Entonces, un curioso cauce entre cinematográfico y televisivo se desplaza entre estos párrafos. Por un lado, porque el ámbito audiovisual subsume todo; por el otro, porque se buscan alternativas que, si bien de calidad (Cine El Cairo, por ejemplo), no son las pensadas. En este sentido, muchas series televisivas con estreno paradójico por cinematográfico. Así, se han conocido trabajos como La primavera de los silencios de Elías Alarcón y Marcela Galmarini; El folclore de las cosas, de Daniel Soso; Legados, de Violeta Barni y Juan Cruz Revello; Cuatro calles, de Francisco y Pablo Zini. Una producción creciente que necesita de pantalla (televisiva).
El recorrido no quiere dejar pasar nombres individuales en un escenario –de producción y no difusión- cada vez más plural. Juan Mascardi ha merecido una retrospectiva en Arteón: El mundo a través de la personas (Crónicas audiovisuales de Juan Mascardi 2003- 2013). Gustavo Galuppo obtuvo con Cuatro putas en febrero reconocimientos en el Festival Latinoamericano de Video (Mejor experimental) y en la Bienal de la Imagen en Movimiento (Primer Premio). La miniserie La nieta de Gardel, de Gustavo Postiglione, fue nominada al premio Nuevas Miradas en la TV. Mariana Wenger estrenó Otros sentidos. Darío Nardi finalizó y proyectó Las mariposas de Sodourní en el 9º Festival Internacional de Cine de Dubai. Y Juan Diego Kantor merece el honor de que su nueva película, Buscando al huemul, no sólo haya sido exhibida en Bafici, sino también incluida en competencia en el Festival de Cine de Mar del Plata.
Mar del Plata recibió también la visita de Lucrecia Mastrángelo, quien por su Nosotros: Detrás del muro, fuera invitada a participar del Segundo Encuentro de Comunicación Audiovisual. También intervino allí Arturo Marinho, como consecuencia de El amansador, de estreno próximo. Otros estrenos pendientes, con realización avanzada, son Bronce (Claudio Perrin) y La guayaba (Maximiliano González). También destacar a Judith Battaglia, quien entre varios proyectos en actividad ha sido seleccionada a nivel nacional con El pez ha muerto en la convocatoria “Historias breves” del Incaa. Así como a Fabián Díaz, cuyo largometraje La cortesía del verdugo ha sido multipremiado en el 8º Festival de Cine Inusual de Buenos Aires.
Ha habido espacios para festivales, nuevos y acostumbrados. La lista: Pizza, Birra y Cortos 7 (Ciudad de Gálvez), 10º Bafici Rosario (Calanda Producciones), Cine Interdisciplinario. Conecta 0.1 (ARDoc, ARTEA, Coop. Animadores), XIV Festival Nacional de Cine y Video Documental (Movimiento de Documentalistas), VIII Festival Transterritorial de Cine Underground (CTMcine), 7º Festival de Cine para la Tercera Edad (CAR), Ojo al piojo (CAR), 19º Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario (CAR). Parece que para el FLVR 20 se “importarán” estudiantes con becas abiertas. Tal como se lee. Los estudiantes locales (de cine, se entiende), aún becados, siguen siendo los principales ausentes.
Daniel Grecco ha publicado su largamente anunciado Proyectando ilusiones: la historia de los cines de Rosario y su gente (Ed. Cuenta conmigo) y Editorial Ciudad Gótica ha abierto la colección Apuntes cinéfilos, compuesta de tres libros dedicados al cine en Santa Fe.
Para el final, las palabras de un colega: “Analizar, debatir y escribir sobre cine continúan siendo hábitos infrecuentes en nuestra ciudad, como si no fueran parte del aprendizaje y el disfrute”. Lo señala Fernando Varea en espaciocine.wordpress.com. Y es cierto.

jueves, 3 de enero de 2013

Balance 2012: historieta/animación


Historietas y animaciones que no paran

El año arroja una mirada coincidente en cuanto a talento y persistencia entre la historieta y la animación en Rosario. Con más o menos reconocimiento, la actividad sigue imparable.

Por Leandro Arteaga

Historieta y cine-animación comparten semejanzas, híbridos, distancias. También un mismo ámbito territorial, en este caso dado por la ciudad de Rosario. Hay profesionalismo, ámbitos educativos, artistas de referencia. Se distingue también un escenario que es distinto para cada caso, que pugna entre el esfuerzo por el reconocimiento social e institucional, la tarea autodidacta, el salto internacional. Mucho puede decirse al respecto, y este cronista sabe que habrá ejemplos o nombres que por descuido podrán no aparecer en lo que sigue. Disculpas si es el caso.
Desde la historieta, Rosario conoce una trayectoria que, circunscripta al año pasado, permite pensar al menos en tres instancias representativas. Una de ellas es Crack Bang Boom, cuya tercera edición no sólo asentó una cantidad de público relevante (más de 12.000 espectadores), sino una práctica de contacto entre asistentes y profesionales que ya es comentada en medios nacionales e internacionales. En su última celebración, CBB recibió como es costumbre a artistas de renombre mundial y a representantes editoriales -el europeo Ervin Rustemagić, Lautaro Ortíz por revista Fierro- que revisaron carpetas y dialogaron con los dibujantes. Paneles y talleres especializados, con muestras y un homenajeado sin par cuya sola mención hubo de colmar toda actividad que lo tuvo por protagonista: Robin Wood. Organizado por Centro de Expresiones Contemporáneas y el dibujante profesional Eduardo Risso, CBB promete continuar un camino que ya es lugar de encuentro, con fecha próxima establecida: 8 al 11 de agosto de 2013.
En segundo lugar, se elegirá nombrar la consolidación durante 2012 de la Escuela de Dibujo Barocelli (www.escueladibujo.com), que es también expresión complementaria de los numerosos talleres de historieta que se reparten en la ciudad. A su vez porque su director es un dibujante y gestor de proyectos incansable, que distribuye energías entre cuadritos, acuarelas, docencia. Por otro lado, la afluencia de talleres -con docentes que se encuentran en ejercicio profesional- hubo de prosperar en la concreción de un tercer aspecto de importancia para el ojo de este cronista: la realización de la revista Términus, cuyo primer número permite entrever apenas algunos de los lápices que Rosario esconde y que quieren vivir de lo que saben hacer: dibujar.
Lo predicho es disparador de algo ya conocido, pero que no deja de ser paradójico. Para el caso, va una lista de nombres: Risso, Marcelo Frusin, Alejandro Aragón, Leo Fernández, Gerardo Balsa, Damián Couceiro, Francisco Paronzini. Hay más. A todos los distingue el hecho de trabajar para Europa y/o Estados Unidos y ser casi desconocidos en suelo propio. Alguna excepción parcial: Gabriel Ippóliti, cuyo Edén Hotel –editado por Casterman en Francia- publica por estos días Fierro. Y mención aparte para Decur, quien entre Fierro y Ediciones de la Flor ha alumbrado un mundo sorprendente, al que cada vez más lectores recurren. (Y bienvenida también la re-aparición de una tira diaria en uno de los diarios de la ciudad. Por fin, por fin…).
Desde ese otro mundo de dibujos, pero animados, la tarea de referencia prosigue en la Escuela para Animadores, dirigida por Pablo Rodríguez Jáuregui, bajo dependencia del Centro Audiovisual Rosario de la Municipalidad. Van siete años de la EPA, así como cuatro temporadas de Cabeza de Ratón (por canal 5) y En la cresta del rock como desprendimiento en forma de largometraje, con estreno dado en el Festival de Video Rosario y en El Cairo Cine Público. Oficio de ratón que sigue siendo consumado por la Cooperativa de Animadores Rosario, que conforma con la EPA un vínculo intra-institucional que ha permitido, entre otras cosas, vislumbrar un homenaje personal -con colaboración del gran actor de voces Pelusa Suero- a Hijitus y García Ferré en Los misterios de Trulalá (descarga gratuita en www.trulala.animadoresderosario.com.ar), también con estreno en el Festival de Video y emisión televisiva por canal 5.
A propósito del Festival, destacar que el premio a la "Mejor animación" correspondió a Modesta historia de un suntuoso derrochón, de Gonzalo Rimoldi, quien junto a Melisa Lovera destacan cada vez más en una serie de trabajos que los está situando como una dupla de mirada personal, atenta a las variables que permite el cine animado.
Hubo también lugar durante 2012 para un 4º Encuentro de Animadores Independientes, organizado por el CAR y la EPA en Isla de los Inventos. Fue muy importante, sea tanto por el vínculo que supone entre animadores de la región y el país –con presencia de Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja, Santa Fe-, como también por los invitados: entre ellos, Lucas Nine, Rocambole, y la asistencia distinguida de María Verónica Ramírez y Caloi, quienes presentaran una preview de Ánima Buenos Aires, largometraje coral dirigido por Ramírez, estrenado en mayo, con participación en uno de sus segmentos de un equipo íntegramente rosarino (Cachimba, Balestra, Lleonart, Lenardón) dirigido por Pablo Rodríguez Jáuregui.
Claustrópolis, título del trabajo de Jáuregui, puede también ser entendido como corolario internacional (Ánima Buenos Aires obtuvo en diciembre pasado el Primer Premio Coral en la 34ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana) de un proceder infatigable dentro del cine animado de la ciudad, cuyo trazado se ocupó de analizar este cronista en La pantalla dibujada. Animación desde Santa Fe (Ciudad Gótica, 2012), para arribar así al nombre pionero, artístico, del gran animador rosarino Luis Bras: raíz maravillosa.

lunes, 31 de diciembre de 2012

The Hobbit y demás... (2012, Peter Jackson)


Sobre los pobres éxitos de taquilla


El Hobbit promete alcanzar o superar el éxito de El Señor de los Anillos. Demasiado dinero, muchos espectadores, y un mismo cine cada vez más lejano.
 
Por Leandro Arteaga

¿Por qué otra trilogía sobre El Señor de los Anillos? O también, con otros ejemplos: Dustin Hoffman elije producir una serie propia (Luck, ya cancelada) ante la pobreza cinematográfica, el zapping del domingo deja entrever al actor Peter Coyote (notable en Perversa luna de hiel, de Polanski) como partenaire en una secuela execrable de Dr. Dolittle y sus animales parlantes, Tim Robbins acusa al cine norteamericano de adolescente y falto de propuestas, el realizador australiano John Hillcoat no puede creer que el Batman de Nolan sea la maravilla que la crítica pretende (y rememora, para ello, la propia historia magnífica del cine de EE.UU.) a la par de sus complicaciones para realizar Los ilegales (pendiente de estreno en Rosario), las series televisivas hace bastante que han ganado la partida desde una articulación y reformulación inagotable de los géneros (antes) cinematográficos...
Lo último es curioso. El teórico Ángel Faretta señala que la televisión fue creada para enfrentar al cine. Hoy podría decirse que el cine ha perdido la batalla y que la televisión, para ganarla, hubo de deglutir lo mejor de Hollywood. De todas maneras, sea buena o mala, la televisión es siempre televisión, nunca cine. Al cine se lo ve en el cine, sin pausas, rebobinados, espacios publicitarios, ni teléfonos hogareños (aún cuando muchos prefieran entorpecer el disfrute al contestar su celular). ¿Qué es lo que hoy en el cine se ve? En términos de propuestas de Hollywood, poco, nada, o más de lo mismo. Vale decir, películas pensadas para, justamente, personas que gustan de atender su teléfono celular. (A propósito, se habla de cifra histórica en la cantidad de espectadores rosarinos; pero lo que no se dice es cuánto dinero hay que pagar por una entrada. Es decir, ¿quiénes son los que hoy pueden ir al cine? Respuesta: los que gustan de ir con sus telefonitos celulares. Ellos son la cifra histórica).
Todo esto como corolario, o reacción apenas, de lo que significa este Señor de los Anillos remozado. Otra trilogía más. ¿Qué necesidad? ¿Monetaria? Pero Hollywood siempre fue comercial, de manera tal que no sería explicación suficiente. ¿Incapacidad cinéfila/cinematográfica? Tal vez, si es que se puntualiza en la figura que ha hecho a Hollywood posible: el productor. Según Godard, los productores siempre fueron rufianes, pero sabían de cine. Hoy, devenidos empresarios, sólo persiguen números. Además, la incapacidad fílmica no sería tal si se vuelve sobre el talento admirable que despliegan series televisivas como Boardwalk Empire, The Walking Dead, Mad Men, Fringe, entre otras. Pero, se decía, esto es televisión, aún cuando varias de estas series estén hábilmente atravesadas por gente de cine. Lo que equivale a señalar que el cine ha sido y seguirá siendo matriz para el despliegue audiovisual actual y potencial.
De lo que aquí se habla, eso sí, es de Hollywood. O también: de la muerte de Hollywood. Porque Hollywood y su cine han sido. Ya no más, sino sólo estertores que rubrican su muerte. Cuando aparece algún film digno de atención –Drive, de Winding Refn; Los ilegales, de Hillcoat- lo es por rememorar aquello que Hollywood fue y, justamente, ya no es. Si antes era tiempo de héroes y antihéroes, ahora lo es de superhéroes. No habrá de quedar historieta ni poder mágico que filmar y explotar. Aunque no desde la mixtura de lenguajes o la reflexión de un medio sobre otro, sino desde la apabullante pantalla 3D, los efectos digitales, las explosiones sonoras, el entretenimiento interminable y, las más de las veces, desde una lectura reaccionaria y repudiable.
Nada de lo dicho es novedoso, demasiado fue filosóficamente alertado así como ahora corroborado. ¿Pero qué tiene que ver esto con El Hobbit? Todo. Es decir, Peter Jackson fue, alguna vez, un gran director de cine. De películas modestas, independientes, irreverentes, y también desagradables. El gusto por el gore, por la violencia y la diversión, terminaron por llevarle a un primer idilio de gran producción contenido en dos películas: una muy buena, Muertos de miedo; la otra excelente, Criaturas celestiales. Hasta que llegó la posibilidad de filmar a Tolkien y allí cambió todo. Oscars, montajes distintos para la exhibición comercial y el dvd, niño mimado de la industria, etc. King Kong no tuvo la misma repercusión y Desde mi cielo fue, por lo menos, pudorosa en grado extremo, a la vez que constataba un cine personal ya irrecuperable.
Que Jackson deba filmar otra vez a Tolkien conduce al inicio de esta nota. ¿Qué necesidad? ¿Monetaria? ¿Incapacidad fílmica? ¿Otra vez tres películas de tres horas? ¿Concebidas desde un librito para niños legible en apenas media tarde? En todo caso, basta con situar esta nueva trilogía dentro de lo que cinematográficamente Hollywood hoy es (porque, como se señaló, ya no es): una nueva trilogía de La guerra de las galaxias en camino, secuelas para todas las películas con superhéroes, vampiros eunucos y seriados (Amanecer, Crepúsculo…), remakes de películas no-norteamericanas de éxito probado, catarata de películas de animación digital, y una adoración por la tecnología y sus avances que ya es defunción para el viejo celuloide.
Este último aspecto supo ser referido por Martin Scorsese en su recorrido centenario sobre el cine norteamericano: A Personal Journey Throug American Movies (1995). Allí el gran realizador auguraba un camino de desarrollo fílmico/tecnológico imprevisto, con la referencia puesta en el cine de Kubrick. Pero la fórmula se ha dado vuelta y es hoy la tecnología la que dicta sentencia. El cine ha sido supeditado, y por eso también fulminado. Nada de apocalipsis en esto, sino sólo una lectura inmediata, con excepciones varias, pero con la certeza de que La invención de Hugo Cabret no deja de ser testimonio melancólico de lo que Hollywood ya no es.
Seguramente se seguirán haciendo películas muy buenas pero nunca más -¿quizás sí?- desde Hollywood porque Hollywood, simplemente, ha dejado de ser. El ser es esencia y es ella la que cambió. Como un corazón que sabe cómo latir al compás del vaivén económico, “Hollywood” hoy privilegia a ese espectador que gusta de atender su teléfono celular. El mismo que se jacta de un récord histórico.
 
El Hobbit: Un viaje inesperado
(The Hobbit: An Unexpected Journey) EE.UU., 2012. Dirección: Peter Jackson. Guión: Guillermo del Toro, Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens. Fotografía: Andrew Lesnie. Música: Howard Shore. Montaje: Jabez Olssen. Intérpretes: Ian McKellen, Martin Freeman, Richard Armitage, Ken Stott, Graham McTavish, Hugo Weaving, Cate Blanchett. Duración: 169 minutos. Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
5 (cinco) puntos

Marley (2012, Kevin Macdonald)


Recorrido previsible y sin fisuras


Por Leandro Arteaga

Hay veces en las que el mero hecho de citar un nombre provoca ganas de cine. Es decir, un film sobre Bob Marley no puede resultar indiferente a quienes gusten del músico. De manera tal que la expectativa viene sola, está dada de antemano. Y si lo que se promete es documentar su vida, aparecen también la posibilidad de exhumar material de archivo, de ver testimonios de primera mano, de asistir a un retrato siglo XXI acerca de alguien que ayudara a definir, justamente, el siglo precedente.
Todo esto está en Marley, título rápidamente elegido para la película del escocés Kevin Macdonald (El último rey de Escocia), pero lo que no está o quedó por el camino son las ganas de cine. Por eso, y en síntesis, Marley es de una previsibilidad mayúscula. Algo que se intuye desde su mismo inicio porque, en tanto comienzo, elige el principio de la historia a narrar. De allí en más, un devenir cronológico inevitable, que pareciera dar razón a la manera con la que André Bazin supiera definir a la muerte: la victoria del tiempo.
Si la muerte es la victoria del tiempo, el cine es su transgresión. En la también reciente George Harrison: Living in the Material World, que Martin Scorsese realizara para la televisión, se asiste a un rompecabezas temporal que desarma, rearma, hace confluir, mientras permite al espectador completar con sus saberes o también intuir. Nada de esto en Marley sino, antes bien, una explicación de manual para seguir carrera y vida del gran músico jamaiquino. (Sin olvidar que el propio Scorsese, a partir de diferencias de contrato, se bajó de este proyecto)
Para ello, un desfile de bustos parlantes comparece con sus datos y experiencias de manera ordenada ante la cámara. Y cuando aparecen cuestiones más urticantes –caso Peter Tosh, las desavenencias y diferencias de criterio comercial, también espiritual- sólo se las menciona como datos al pie, sin necesidad de profundizar. Como pastillas de color que no quitan progresión musical a unos Wailers que rápidamente encuentran reformulaciones desde el sostén intocable de Marley.
Hay mucho respeto y, por ello, poco de cine en el cine. El Marley de Macdonald parece un registro televisivo con el cual, vía reverso, Scorsese sabe hacer cine. De todos modos, el recorrido sobre el músico arroja costados de interés, tales como la persistencia para llegar al público negro, el mestizaje sufrido, los rechazos, su solidaridad, el éxtasis en escena, su porfía por el fútbol, la paternidad gélida, la admiración femenina, el cariño de sus pares.
Y la música, que llena la pantalla y hace de este viaje algo con ganas de ser revivido. Hay grabaciones primerizas, otras matutinas (momento en el que a Marley le gustaba componer), siempre al compás de la marihuana primera, capaz de relajar lo suficiente como para hacer música. Claro que a la película bien le habría venido un poco más de este humo particular.
 
Marley
EE.UU./Inglaterra, 2012. Dirección: Kevin Macdonald. Fotografía: Mike Eley, Alwin Küchler, Wally Pfister. Montaje: Dan Glendenning. Duración: 144 minutos. Con testimonios de Bob Marley, Ziggy Marley, Jimmy Cliff, Lee Perry, Cindy Breakspeare. Salas: Showcase.
6 (seis) puntos

The Perks of Being a Wallflower (2012, Stephen Chbosky)


Adolescentes de problemas bonitos


Por Leandro Arteaga

Ventajas de ser invisible o adolescente o casi adulto o casi niño o de vivir en una película norteamericana. La cual, a su vez, es traslación del libro best-seller del propio realizador, publicado unos diez años atrás. Entonces, retrato ahora cinematográfico de lo que la adolescencia es o pareciera ser desde el prisma supuesto por la american high-school. No en vano, habrá de recordarse, tantas películas de terror eligen allí uno de sus escenarios predilectos. A lo que cabe agregar la sentencia y desconfianza de Stephen King hacia todo aquél que diga haber disfrutado de su paso por el secundario. Y si no, a recordar Carrie.
Época retraída, de turbaciones, etc., etc., con la figura de literato en ciernes que significa Charlie (Logan Lerman), en la compañía feliz de los dos hermanastros que personifican Ezra Miller y Emma Watson: ella de “pasado” a superar, él con su homosexualidad apenas encubierta. Charlie encuentra en ellos el reparo impensado, el despertar sexual, las primeras fiestas, la marihuana, David Bowie, y los compilados en cassettes. Más una escenificación de The Rocky Horror Picture Show como expresión justa de la edad acuciante y de la década en la que se imprime.
De allí a ponderar que la película de Stephen Chbosky sea un retrato generacional… hay un hiato enorme, abismal, porque nada supone que lo allí expuesto sea trasladable a otras realidades. Así como tampoco se distingue una mirada que se arriesgue de manera profunda, que desmenuce lo que anida allí, por turbulento, para hacer de la adolescencia norteamericana un peaje insoportable (algo que sí, justamente, realizan King y/o De Palma con Carrie). Antes bien, Las ventajas de ser invisible trata de una historia singular, centrada en alguien disfuncional; es decir, el individuo que carece de tacto social porque hay algo que provoca su malestar.
En Una nación bajo las armas, a Michael Moore le basta un paneo de cámara para decir mucho más. “La culpa es de él” dice el gesto del adolescente, la cámara sigue el dedo acusador y descubre al marginado, gordito y solo en la high school. Todo lo que cifran estos segundos de toma ininterrumpida arrojan estupor, mientras Las ventajas de ser invisible no hace más que pintar una acuarela de niños bonitos, ya crecidos como para seguir en sus roles de Percy Jackson (Logan Lerman) o de amiga de Harry Potter (Emma Watson), con tribulaciones de dinero asegurado y de medicina pre-paga.
Está bien, no se trata de desmerecer ni de menospreciar el momento crítico que el bueno de Charlie reprime para, así, continuar su vida. Sino de juzgar una película en tanto película, de manera tal que una vez resuelto el dilema personal, todo habrá de cristalizar hacia una resolución formal, límpida, que dé por superado el peaje aludido. En otras palabras, problemas singulares, pero nunca sociales.
 
Las ventajas de ser invisible
(The Perks of Being a Wallflower) EE.UU., 2012. Dirección: Stephen Chbosky. Guión: Stephen Chbosky, a partir de su novela. Fotografía: Andrew Dunn. Montaje: Mary Jo Markey. Música: Michael Brook. Intérpretes: Logan Lerman, Emma Watson, Ezra Miller, Dylan McDermott, Paul Rudd, Tom Savini. Duración: 102 minutos
5 (cinco) puntos

Another Silence (2912, Santiago Amigorena)


Venganza y silencios morales

Por Leandro Arteaga

El derrotero del film de Santiago Amigorena (también responsable de Algunos días en Septiembre, con Juliette Binoche y John Turturro) comienza de manera vertiginosa, como un sobresalto, con todo a punto de estallar o ya estallado. En Toronto y con ella en bancarrota moral (Marie-Josée Crozie), mujer policía sin familia, que ha quedado turbada para siempre en el entramado de un complejo rompecabezas circular, puro vértigo armado con los juguetes y muñequitos del hijo muerto. Toda una imagen.
A partir de allí, el devenir argumental y hacia el sur, con Argentina y La Boca como punto a alcanzar. A la manera de una vengadora anónima o no tanto, que con su pistola calzada en el cinto persigue el paradero del responsable. El gatillo que mató será también punta de ovillo que desmadeje toda una historia detrás, en una red que vincula justicia con venganza o al revés para, otra vez, cobrar venganza.
Cómo se llega a la Argentina es algo que se intuye antes que se explica, porque así como se arriba a la Boca, se irá después a La Quiaca y al límite mismo con Bolivia. Viajes elípticos, apenas esbozados, pero con la cámara en cada uno de estos lugares como testigo de la tierra, del aire, de los paseantes fortuitos, aunque sin una ilación precisa, que permita percibir el recorrido emocional de la protagonista, plena de palabras ausentes, de silencios morales.
 Hay mucho de atractivo en todo esto, pero sin una claridad que deje al espectador sentirse allí dentro, en el calor del norte, en el medio de la balacera, en el dolor sin nombre. Algunos momentos de suspenso temporal, donde lo que sucede queda alterado por el ambiente de calor, por la tierra que sopla el viento, se resuelven drásticamente, con escenas de violencia rápida. Puede ser, con seguridad, una antítesis pretendida, pero que no significa demasiada carnadura para el relato, más atento a las formas que construye que a las sensibilidades que debieran acompañarlas.
En este sentido, no hay demasiado verosímil desde los personajes secundarios, encargados de permitir el entramado dramático para que se consiga el momento deseado: el encuentro final entre asesino y policía. Es así que habrá quien ayude, a último momento, a esta antiheroína por motivos que no se conocen muy bien, quizás por una cuestión de empatía (pero que, otra vez, al espectador no le llega).
Alcanzado el momento cúlmine, donde el film habrá de dirimirse, antes que un argumento por concluir lo que surge es el planteo moral del film. En este sentido, Otros silencios es digna, al devolver un prisma desolador, sin resolución feliz posible.
Hay elementos de cine negro, hay momentos de road-movie, hay situaciones de extrañeza visual, pero desde una mezcla tal que, quizás por una indeterminación pretendida, no termina –a juicio de quien escribe- por solidificar una película completa, que provoque algo de apego emocional.
 
Otros silencios
(Another Silence) Francia/Argentina/Canadá/Brasil, 2011. Dirección: Santiago Amigorena. Guión: Santiago Amigorena, Nicolás Buenaventura. Fotografía: Lucio Bonelli. Montaje: Véronique Bruque, Ana Remon. Intérpretes: Marie-Josée Crozie, Ignacio Rogers, Tony Nardi, Benz Antoine, Ailín Salas, Martina Juncadella.
Duración: 90 minutos.
5 (cinco) puntos

sábado, 29 de diciembre de 2012

Gabriel Ippóliti/Edén Hotel: entrevista


El Che Guevara y los nazis escondidos

El nivel admirable de Gabriel Ippóliti es recurrente para la historieta europea. Su trabajo más reciente lo está publicando Fierro, es imperdible, y lo tiene al Che de protagonista.

Por Leandro Arteaga

“Enero de 1947, ciudad de La Falda, provincia de Córdoba, Argentina” se lee en el primero de los cuadritos. Y a continuación: “Era apenas un niño la última vez que lo vi. ¿Cuánto puede cambiar un muchacho como él en seis años?”. Quien habla es Helena, una muchacha que espera en el andén ferroviario la llegada de un joven Ernesto… Guevara. Y a partir de allí, los recuerdos y el salto en el tiempo hacia 1937, con un escenario que es título para la nueva historieta del tándem Diego Agrimbau/Gabriel Ippóliti: Edén Hotel.
Se trata de la cuarta colaboración entre el dibujante santafesino y el guionista de Buenos Aires, precedida por La burbuja de Bertold (2005), El gran lienzo (2006) y Planeta Extra (2009). Todas realizadas para Europa, con ediciones en varios idiomas y premios internacionales. Las dos primeras han sido publicadas en Argentina gracias a Historieteca. Y Edén Hotel puede leerse de manera seriada, actualmente, en las páginas de revista Fierro, que edita Página/12. Sólo queda, entonces, alquilar una habitación en este hotel de recuerdos, disponerse a la lectura, y entrever qué oscuros designios son los que guardan estas paredes legendarias, reducto de nazis refugiados.
“Es una idea que tuvo Agrimbau desde hace un tiempo” explica Gabriel Ippóliti a Rosario/12. Fue pensado para Francia y se remonta a la época en la que teníamos contacto con una editora que nos publicó La Burbuja de Bertold en Albin Michel. Le había encantado, el trato prácticamente estaba cerrado, pero a último momento el editor general dijo que no, que no le interesaba y quedó archivado. Al poquito tiempo, Agrimbau estaba presentando otros trabajos suyos, en busca de editores, y se los rebotaron todos. Le quedaba la muestra de Edén Hotel, la sacó, y fue la única que interesó. Al poquito tiempo terminamos por firmar contrato con la editorial Casterman, el libro salió publicado hace sólo un par de meses en Francia, y ahora en revista Fierro.”

-Creo que las características de Fierro, en tanto revista que se vende en kioskos, te debe permitir una relación diferente con el lector.
 -¡El “continuará”! Hubo varios que me comentaron: “¡Me quedé con la intriga! ¡Quiero saber cómo sigue!”. Eso está bueno, a mí nunca me había pasado lo del “continuará”.

-Originalmente, Edén Hotel es una historieta en color.
-Es en color, y tiene un trabajo bastante interesante en ese sentido. Lo que pasa es que pensamos que en Fierro se iban a perder mucho ciertas sutilezas por el método de impresión, y por eso decidimos el blanco y negro. Pero la verdad es que al trabajarla en blanco y negro, me gustó mucho como queda también. La ajusté lo más posible, pero vamos viendo sobre la marcha, al ver cómo va saliendo impresa. La idea, en verdad, fue la de hacer una versión en blanco y negro pleno, pero después por cuestiones de tiempo no pude realizarla.

-¿Hay posibilidades de que se publique después de manera íntegra?
-Todavía no tenemos nada, no me enteré de ninguna posibilidad, pero pienso que sí.

-Me llama la atención el interés europeo hacia capítulos históricos argentinos. Algo similar a lo que ocurriera con el álbum que Carlos Trillo y Eduardo Risso tenían previsto publicar en Francia, sobre el cadáver de Eva Duarte.
-Sí, les interesa y preguntan: ¿Cómo es la historia? ¿El Che Guevara? ¿Nazis? ¿Y qué más sucede? Tanto es así que ya piensan en un segundo y tercer tomo. Igualmente, se hicieron muchas historias con el Che, pero lo que tiene ésta es el enfoque de Agrimbau, que la tiene muy clara. Mezcló un montón de cosas de tal forma que logra que uno se pregunte si lo que está leyendo pasó o no. Lo cierto es que pudo haber pasado. Es decir, no se trató solamente de armar un relato por el sólo hecho de meter al Che Guevara.

-Considero que Agrimbau es alguien que sabe cómo ser verosímil. Pone el acento en el hecho de contar una historia.
-A mí lo que más me gusta es eso, que me cuenten una historia. Además, si bien dibujar historieta es un trabajo tedioso, y más con documentación histórica, lo cierto es que no te aburrís, porque la misma historia es la que te va llevando, te crea ansiedad. Mientras dibujaba Edén Hotel me pasaba de pensar en cuánto tiempo me faltaba para llegar a dibujar ciertas páginas. Creo que la historieta tiene que ser siempre dinámica, nunca densa, o corrés el peligro de que el lector se aburra.

-Alguien supo contarle a mi viejo un relato sobre un restaurante en Villa General Belgrano donde, en plena cena, se cerraron las puertas y, todos de pie, saludaron al mismísimo Adolf Hitler. Este hombre estaba convencido de lo que decía. El segundo capítulo de Edén Hotel me lo recordaba.
-Es que el sustrato de estas historias es cierto, lo que permite pensar que son muchas las cosas que podrían haber sucedido. Para este trabajo hicimos un viaje a La Falda para documentarnos bien, hablamos con gente que tenían familiares que habían trabajado en el hotel. Las historias están todas ahí, mucha de la gente todavía está viva, y las relaciones con el nazismo son reales. Los dueños del hotel -el matrimonio Eichhorn- le mandaban guita a Hitler, eso es verdad. Ernesto Guevara Lynch vivía en Alta Gracia en esa época, integraba el Grupo Pro Aliado Acción Argentina, y puede que haya estado en el hotel, pudo haber sucedido.

-¿Cómo describirías tu relación de trabajo con Agrimbau?
-Estoy acostumbrado a trabajar con él, más o menos él me conoce y yo a él. Hemos viajado juntos, hay una relación de confianza. Si lo tengo que putear lo puteo. “¡Cómo vas a meter tantos personajes en un cuadro!”, le digo. Pero él también me putea a mí, y eso hace que uno pueda trabajar más relajado. Si bien reniego cuando hay muchos personajes y las escenas se vuelven complejas de resolver, sé que después quedan bien, que los resultados son buenos. A veces, el dibujante de historieta quiere armar la página como un diseño gráfico, pero cuando hay mucho que poner te tenés que adaptar al relato, que es lo de verdad importante. Lo que pasa es que el dibujante quiere lucirse, y con estos guiones a veces no se puede, o por lo menos yo no puedo. Lo que pasa es que yo no cambio muchas cosas, respeto lo que el guionista dice pero, como te decía, sé que el resultado finalmente es bueno.

-¿Cuál es el proyecto que ahora te tiene ocupado?
-Estoy trabajando con un guionista francés, para Delcourt. Se trata de un trabajo que me encargaron, en una serie de títulos escritos por el mismo guionista pero con distintos dibujantes. Es una historia que se va desarrollando a través del tiempo. También me tocó dibujar personajes conocidos, en este caso a Einstein, en una historia donde hay una secta que trata de manipular decisiones trascendentales en la historia del mundo para evitar un Apocalipsis.
 

lunes, 10 de diciembre de 2012

7 días en La Habana (2012, VV.DD.)


Un caleidoscopio de nombre La Habana


Por Leandro Arteaga

Lo que atrae a este cronista, para no recaer en la disparidad usual de propuestas similares –esto es: films corales con un eje que, si bien demarcado, dispara de maneras imprevistas, sin nexo claro entre las distintas unidades, a la manera de un caleidoscopio que puede resultar feliz o descolorido- es la manera de mirar. Es decir, qué sucede cuando esta mirada viene dada desde lugares varios, imprevistos. La plasmación de ciudades cinematográficas es un itinerario que atrapa, que hace perder al espectador por sus calles, que abre ventanas al mundo pero también a la sensibilidad fílmica.
En otras palabras: las ciudades en el cine son y se construyen. Son lo que dicen ser pero también como resultado de un montaje, con sus planos cinematográficos dispuestos a la manera de ladrillos de rompecabezas, con edificios, calles y casas, más el ir y venir citadino. Entonces, ¿cómo filmar una ciudad sin, a la vez, construirla? Es más, la mejor película sobre París nunca tocó suelo francés, la filmó Vincente Minnelli en la MGM: Un americano en París (1951).
Hay una imbricación confundible, bienvenida. Más todavía si las miradas arquitectónico-fílmicas que participan son variadas, de latitudes distintas. Porque, aquí otro ejemplo, una de las mejores películas sobre/con Buenos Aires –Happy Together (1997)- la hizo un chino: Wong Kar Wai. En cuanto a La Habana y sus siete días con siete realizadores distintos, el caleidoscopio resultante conoce un derrotero que, felizmente, escapa a la tarjeta postal, a las imágenes previsibles. Cada cortometraje un día, pero también un mundo en sí mismo, que dispara hacia poéticas particulares que culminan por enhebrar una Habana imprevista.
¿Y cómo es esta Habana? Es inasible, es de raíces negras, es de música y de cine, es política, es pobre, es pagana y es cristiana, es un laberinto. Hollywood ingresa desde la mención que Benicio del Toro hace en su trabajo, desde el rostro adolescente, de estrella en ascenso, de Josh Hutcherson. La noche cubana lo espera, con sus puros enormes, el sexo latente, o la mezcla entre huevos rotos por un celular con senos perfectos. Una imagen casi absurda, pero que conjuga mucho. Porque lleva a la asociación con otras imágenes más, provistas por los demás cortometrajes. Celular que esconde prostitución, huevos fundamentales para la torta enorme, con el tiempo justo para su elaboración y entrega, que ofrece el trabajo de Juan Carlos Tabío, único cubano de la partida.
El grupo familiar que Tabío ofrece transita la exasperación de la falta de huevos para la torta (porque es trabajo, porque es responsabilidad de palabra), pero también la solidaridad vecina, desde un entramado donde participan la falta de energía eléctrica para el merengue, el alcohol disimulado para que la esposa no lo note, la hija, la hijastra, el padre veterano de guerra (ese “error”, dice su mujer), la balsa hacia el mar. Balsa donde la hijastra concluye luego de pelear consigo, con él, con el otro él, por su destino de vida. Aquí es donde tiene ocasión justa el trabajo de Julio Medem: dos hombres y ella en el medio, afín al espíritu de simetría cíclica que caracteriza los trabajos del español. Entre la oportunidad del viaje al exterior, con su voz cantora y seductora, y el vínculo con su pareja, de vida sólo cubana. Pero, cuidado, hay otra historia de repercusión casi idéntica en éste. Porque en Medem –tal como el propio apellido denota- lo que es va y viene para, justamente, ser.
El agua de mar tendrá también un rol sacramental en el trabajo de Laurent Cantet (Recursos humanos, Entre los muros), circundado por la visión de virgen que dice que un altar habrá de ser levantado en el departamento de la mujer. Ella está obsesionada y comienza a dar directivas generales, particulares, como maestra mayor de obras, en busca del amarillo preciso o de las resoluciones más rápidas: ¿No hay agua? ¡Será agua de mar! Aquí la bendición final, aún cuando ello signifique goteras ininterrumpidas a la vecina del piso de abajo.
Pero para esta bendición última, que es conclusión del film, habrá primero de trazarse un laberinto desde donde derivar o en el que tranquilamente desesperar. El primero de los casos viene dado por el trajinar del mismísimo Emir Kusturica, quien interpreta a sí mismo para la cámara de Pablo Trapero. Primero desde un plano secuencia que imbrica espacios distintos, y hace convivir a la noche con el día. Tal el desvarío del director/actor, cuya misión –en verdad, de quienes le rodean- es la de llegar a la entrega del premio a su trayectoria con la mayor compostura. Pero hay llamados telefónicos que dicen desde el idioma que se desconoce. ¿Tendrán que ver con la borrachera de Kusturica? ¿O es ésta su manera “desenfrenada” de ser? El laberinto tranquilo, parsimonioso pero desesperado, es el que descansa en las imágenes del palestino Elias Suleiman. Sus imágenes son de composición precisa, simétricas, reiteradas. Los pasillos del hotel, los rostros que observan, el living y su entramado de sillones, la mujer de amarillo que espera y mira el mar, las fotografías turísticas o publicitarias, la voz televisiva interminable de Fidel Castro: todos los encuadres quietos, con la mirada del propio Suleiman como protagonista rígido, observador o víctima de un encierro con puertas abiertas.
Y por último, si bien eje pendular del trabajo, situado en el medio del largometraje, una ceremonia de magia negra o reaccionaria, provista de todos los temores malsanos que irradian tradiciones que todavía albergan tantos resquicios del planeta, pero aquí con La Habana como escenario. Las imágenes de Gaspar Noé parecen dialogar con Yo caminé con un zombie de Jacques Tourneur, mientras se busca exorcisar el espíritu maligno que obliga al deseo por el mismo sexo, encarnado en una joven tan hermosa como su pareja elegida. Hay misterio, hay miedo, hay estupidez, hay mirada de adulto que juzga, hay una sociedad que se plasma y, justamente, una película desde la cual la misma sociedad se mira. Sea ésta cubana o de cualquier otra parte del mundo.
  
7 días en La Habana
Francia/España/Cuba, 201. Dirección y guión: Benicio del Toro, Pablo Trapero, Julio Medem, Elia Suleiman, Gaspar Noé, Juan Carlos Tabío y Laurent Cantet. Coordinación de guión: Leonardo Padura y Lucía López Coll. Fotografía: Daniel Aranyo, Diego Dussuel y Gaspar Noé. Música: Xavi Turull, con la colaboración de Descemir Bueno y Kelvis Ochoa. Montaje: Thomas Fernández, Rich Fox, Veronique Lange, Alex Rodríguez y Zack Stoff. Intérpretes: Josh Hutcherson, Vladimir Cruz, Emir Kusturica, Daniel Brühl, Elia Suleiman, Mirtha Ibarra, Jorge Perugorría, Natalia Amore. Duración: 129 minutos
Salas: Cines del Centro, El Cairo, Showcase, Village.
7 (siete) puntos
 

Batman: The Dark Knight Returns, Part 1 (2012, Jay Oliva)


Otro regreso para el caballero oscuro


Por Leandro Arteaga

Es una sorpresa y no lo es tanto. Por un lado, porque se trata de una de las mayores historietas realizadas sobre el personaje Batman. Por el otro, porque se la ha intentado llevar al cine oportunamente (en un sueño que desveló al mismísimo Adam West, empecinado en protagonizarla). Fue referente ineludible para todo film pero donde mejor cristalizó, diferencias mediante, es en la trilogía reciente de Christopher Nolan. Ahora, y por fin, la historieta maestra que Frank Miller escribiera y dibujara en 1986, conoce el salto al cine animado en el díptico Batman: The Dark Knight Returns.
Y el resultado está bien y más o menos. O también, por qué no, habrá de pensarse como posibilidad siempre bienvenida respecto de la revisión de la fuente original. En este sentido, puntualizar que el cómic de Miller hubo de revitalizar no sólo a Batman sino al concepto del superhéroe en general. A la par de la aún mejor Watchmen (1986-87), de Alan Moore y Dave Gibbons, la historieta de Miller conjuga con aquélla una mirada amarga, híper-violenta, con el sostén psicópata que significa la figura de los justicieros urbanos. Más una omnipresencia reaganiana que será –así como equivalente tatcheriano del V de Vendetta de Moore- voz y mandato para el boy-scout que es Superman.
Ahora bien, todo lo predicho de cara a un futuro “imaginario”, con un Batman que ha superado holgadamente los cincuenta, alcohólico y de capa colgada. De a poquito, como si de un mantra fúnebre se tratara, la sombra ominosa que lo corroe tira y tira más hasta que le convence de volver a las calles, en una Gotham plagada de crímenes, incontrolablemente violenta. Los músculos duelen, los golpes y saltos vuelven, la razón se pierde, y las noticias comienzan a difundir el símbolo del murciélago. Ha vuelto. Y una sonrisa renace de entre las comisuras de un recluso oscuro, olvidado en un psiquiátrico.
Apenas algo de lo mucho que depara la lectura imperdible del cómic de Frank Miller. Lo que cabe preguntarse es si esta habilidad justa, precisa como para dar en el blanco de lo que significan las tantas historias ya relatadas y por relatarse, se reencuentra en la versión animada. Y la respuesta es ambigua. Es decir, el Batman animado tiene resabios millerianos –en aspectos del trazo, en algunas resoluciones fatídicas- pero también porosidad intertextual pretendida: la música recuerda demasiado a las películas de Nolan, con una mixtura animada que es paradójica: se nota la influencia del animé japonés –rasgo ya usual en toda producción occidental del género-, aunque no desde la fusión estética propia de Miller (tan afecto al manga) sino desde su resolución comercial, parecida a tantos productos más. Es decir, inevitablemente, hay algo de mirada estandarizada en este Batman, quizás ya desprovisto de todo aquello que, en el cómic de 1986, supiera verdaderamente impactar.
Tampoco se trata de pedir tanto, sino sólo de contrastar para, así, recordar al gran historietista que alguna vez Frank Miller fue, enfrascado como se encuentra ahora en persecuciones fascistas, reaccionarias, anti-terroristas, que encontraron su defensa más encendida en la reciente Holy Terror. La segunda parte del Dark Knight se estrena en 2013, de nuevo con la voz de Peter Weller como el murciélago, más el añadido seductor que supone Michael Emerson (el recordado Ben de la serie televisiva Lost) en las risas del Joker. Entre ambos habrá de ocurrir el momento cúlmine, el enfrentamiento final que, desde los cuadritos, pasó a ser histórico. Tanto como lo que suponen las piñas entre Superman y Batman. ¿Qué cómo pelear contra Superman? A esperar la segunda parte o, mejor aún, a leer la historieta maestra.

Batman: El regreso del Caballero de la Noche, parte 1
(Batman: The Dark Knight Returns, Part 1) EE.UU., 2012. Dirección: Jay Oliva. Guión: Bob Goodman, a partir del cómic de Frank Miller. Música: Christopher Drake. Montaje: Christopher D. Lozinski. Voces: Peter Weller, Ariel Winter, David Selby, Wade Williams, Carlos Alazraqui, Paget Brewster. Duración: 76 minutos.
Sólo disponible en DVD
6 (seis) puntos.