martes, 12 de junio de 2012

The Raven (2012, James McTeigue)


Lejos de las grietas y los pantanos



El cuervo
(The Raven)
EE.UU./Hungría/España, 2012. Dirección: James McTeigue. Guión: Ben Livingston, Hannah Shakespeare. Música: Lucas Vidal. Fotografía: Danny Ruhlmann. Montaje: Niven Howie. Intérpretes: John Cusack, Luke Evans, Brendan Gleeson, Alice Eve, Kevin McNally, Oliver Jackson-Cohen. Duración: 110 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
3 (tres) puntos

Por Leandro Arteaga

De manera paradójica, el ánima de Edgar Allan Poe está a salvo. La película El cuervo, desafortunadamente, no es otra cosa que cualquier cosa. Menos Poe. En otras palabras, una película que nada tiene que ver con su literatura.
¿Con qué tiene que ver El cuervo? Con un entramado “policial” que encuentra su modus operandi en situaciones puntuales así como referidas a los cuentos del gran Poe. Motivo por el cual, policía y escritor, en pleno Baltimore 1849, se ayudarán mutuamente en esta búsqueda literaria/criminal. Así dicho, todo muy atractivo.
Entonces, ¿por qué no se vincula El cuervo con la literatura de Poe? Porque nada hay en el film que se contagie del desasosiego de sus historias, de la humedad de sus páginas, de sus féretros de sangre vieja y madera desgarrada, del clima de pantano sobre el que descansa una mansión en grietas, del maullido de la muerte, del miedo que no puede decirse, o del graznido poético de un cuervo viejo. Claro que Poe es esto, pero es mucho más. Es también la génesis del relato policial, es la analítica de Dupin, es el desafío intelectual, es el misterio contra la razón; es la permanencia, en suma, de lo irresuelto una vez resuelto. (O no habría habido, de lo contrario, Conan Doyle y descendencia).
Imposible sería entonces confundir en esta película sus citas a los cuentos con la evanescente angustia de sus lecturas. Ésta última es la tarea más difícil de procurar. Muchas veces posible. Allí el trío Corman/Matheson/Price en los ‘60, El gato negro de la Universal en los ’30, la vanguardia lírica de Epstein (de fundamento para el futuro Buñuel), la maestría checa de Svankmajer, o el Toby Dammit de Fellini. Responsabilidad cinemática-moral que El cuervo resueltamente evita pero tramposamente plantea. Es por eso que cualquier película del laureado -por clase B- realizador italiano Lucio Fulci será muchísimo mejor que este Cuervo endeble; su Gatto nero (1981), de hecho, supera con creces bizarras a la parodia de interpretación histérica de John Cusack. En El cuervo, como si no fuese suficiente, no faltará el momento donde el asesino salte por el aire con un atuendo demasiado parecido al “anarquista” de V de venganza (2005), film anterior del mismo realizador. Cualquier cosa.
Se dijo sobre lo histérico de Cusack -¿y lo taciturno, melancólico, y romántico? ¿dónde?-, pero también habrá de decirse sobre lo desaprovechado que está el gran Brendan Gleeson, del anodino detective interpretado por Luke Evans, y del generoso escote de Alice Eve: gran momento en el que emerge del ataúd, voluptuosamente vuelta a la vida. Casi un toque Hammer. Pero no alcanza.
Inscripta en el sesgo dado por la vuelta al cine de Sherlock Holmes, las fusiones transgénero de Abraham Lincoln: Cazador de vampiros, y las balas disparadas en planos detalle, El cuervo resulta una pálida mixtura. Tan torpe como pésima.

domingo, 10 de junio de 2012

La primavera de los silencios (2012, Galmarini/Alarcón)


Una montaña de árboles quemándose



Premiada por el Concurso de Televisión Digital, se estrena hoy La primavera de los silencios. “Apuntamos a diversificar el concepto de campo, a expresarlo desde situaciones concretas” dicen sus realizadores.

Por Leandro Arteaga

“El eje que articula los cuatro capítulos tiene que ver con las historias de personas que están afectadas por un mismo motivo, el monocultivo de soja. A partir de allí, se desprende toda una serie de consecuencias negativas” apunta la realizadora rosarina Marcela Galmarini. El trabajo se titula La primavera de los silencios. Fue ganador del Concurso de Series Federales para Televisión Digital Abierta 2011, y antes de su pase por El Cairo Cine Público y por canal Encuentro, tendrá su pre-estreno el día de hoy, a las 19, en el Auditorio de Radio Nacional Rosario (Córdoba 1331). Al término de la proyección habrá también espacio para una mesa debate integrada por el Diputado Nacional Agustín Rossi, y los Ingenieros Alberto Chiavarino (Secretaría de Agricultura Familiar) y Guillermo Montero (Decano Ciencias Agrarias UNR).
“Los capítulos se centran en la historia de personas que tienen un conflicto enorme con la soja, de una u otra manera, lo que nos permite plantear temas tales como qué es lo que pasa con la condición de la tierra o con la necesidad de la intervención del Estado para regular las políticas agropecuarias. Hay un montón de interrogantes que, si bien quedan abiertos, procuran encontrar propuestas desde el documental, no de una manera explicita sino a través de estas situaciones o universos nuevos ante los cuales, y de manera general, la gente no tiene necesidad de conocer” agrega Galmarini, madre, a su vez, de Elías Alarcón, co-realizador de estos cuatro episodios, de 26 minutos cada uno.
La primavera de los silencios es un libro que escribe una estadounidense en los años ‘60 cuando empieza la revolución verde a raíz del ingreso de los químicos y las maquinarias en Estados Unidos. Carson escribe que los pesticidas van a dejar al campo sin sonido. Es un libro que está bueno y que es muy poético. Ése es el fundamento del nombre del trabajo. Hay un montón de problemáticas que circundan la cuestión agraria y nosotros nos encontramos con una serie de ellas, faltan un montón más por charlar y debatir en la sociedad. Originalmente pensamos en una película de noventa minutos, pero que luego adaptamos al formato de serie para el concurso federal” señala Alarcón.
“Llegamos también a esta propuesta –dice Galmarini- como consecuencia del conflicto agrario del año 2008-2009. Fue un contrasentido el ver cómo grandes sectores de la población urbana, de las grandes ciudades, e incluso gente de pueblos que no tienen ningún tipo de relación con la actividad agrícola, adhirió masivamente a un discurso ligado a los intereses económicos de los sectores terratenientes. Cuando se presentó el conflicto entendí, personalmente, la necesidad de investigar. A partir de allí nos adentramos en la vigencia de este modelo sojero, que tiende a prácticas que van en detrimento de la vida social. Empezamos a indagar y a buscar, durante un período bastante largo de tiempo, en casos de emprendimientos puntuales, algunos bastante inentendibles. Es decir, ¿cómo entendés el caso de Pavón Arriba? Era una localidad que se sostenía en base a la producción de montes de durazno. Un monte de durazno te lleva diez años, más o menos, para ponerlo en funcionamiento. Ahora bien, todos los pobladores que tenían tierras o pequeñas parcelas levantaron los montes y sembraron soja. Donde quince años atrás había mil hectáreas de monte, ahora quedan cien. Bastante paradójico.”
“De chiquito –completa Alarcón- pude ir al monte de duraznos, a sacar y comer duraznos de los árboles, y fui testigo de un pueblo con un auge distinto al que tiene hoy. Uno de los protagonistas tiene veinte hectáreas, y en su campo trabajan en promedio diez personas. Toda esa gente generaba un tránsito constante de trabajadores, que iban a los comercios. Situación que se cae cuando los productores eligen la soja. Justo nos encontramos con uno que estaba desmontando y no quiso aparecer en el documental, pero no tuvo problemas en que grabemos imágenes. ¡No sabés lo que es ver una montaña de árboles quemándose! Es muy fuerte, eso es muy impresionante.”
Así como lo referido a Pavón Arriba, los temas indagados por el abordaje de Galmarini-Alarcón remiten a “una empresa holandesa que lleva adelante un mega emprendimiento de soja en las islas del delta del río Paraná, para lo cual vació una laguna, cerró arroyos y afectó, a partir del uso de pesticidas, a quienes viven de la caza y la pesca”; “pequeños productores del Chaco y de Santa Fe que proponen una forma de trabajo en torno a la estructura familiar, como alternativa al desmonte que genera la extensión de la frontera agrícola”; y “el emprendimiento agrícola en los márgenes de Rosario de una mujer chaqueña, desplazada por la extensión de la frontera agrícola, y que sostiene una huerta comunitaria”.
“Son todas historias –concluye Galmarini- que suceden al costado del avance de la estructura industrial. Lo que también planteamos es la necesidad de diversificar el concepto de campo, de expresarlo y construirlo desde situaciones concretas, que no encajan en la dinámica de producción”. “Todos vivimos en el mismo país –agrega Alarcón-, más allá de los dueños de las tierras. Es por eso que debiéramos poder cuidarla entre todos. Es llamativo que sea una persona la que decida sobre su destino, sin una incidencia mayor del Estado.”

martes, 5 de junio de 2012

Cursos de Historietas en Aprendimiento

Dictado por Leandro Arteaga, está dirigido a todo público y comienza en junio. Son cuatro encuentros de una hora y media cada uno.


En junio comenzará un curso de "Historietas" organizado por Aprendimiento y dictado por Leandro Arteaga. El mismo está dirigido al público en general y propone un recorrido por el comic, desde su nacimiento hasta la actualidad, para descubrir el lenguaje de las historietas, sus grandes artistas y personajes, así como la vinculación entre la historieta y el cine.
La duración del curso es de 1 mes (4 encuentros de 1 hora y media reloj) y el objetivo de Aprendimiento es que el cursante pueda disfrutar aprendiendo en un ambiente agradable donde el aprendizaje pueda vivenciarse con todos los sentidos. De esta manera se genera un ambiente único a través de las proyecciones de material fílmico, las piezas musicales y el coffee break en cada clase.
Informes e inscripción: Córdoba 1347 2º piso / 0341 155807945 / info@aprendimiento.com.ar / http://www.aprendimiento.com.ar

Blancanieves y el cazador (2012, Rupert Sanders)


Tan blanca como aburrida


Blancanieves y el cazador

(Snow White and the Huntsman) EE.UU., 2012. Dirección: Rupert Sanders. Guión: Evan Daugherty, John Lee Hancock, Hossein Amini. Fotografía: Greig Fraser. Música: James Newton Howard. Montaje: Conrad Buff IV, Neil Smith. Intérpretes: Kristen Stewart, Chris Hemsworth, Charlize Theron, Sam Claflin, Bob Hoskins, Ray Winstone, Toby Jones. Duración: 127 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
4 (cuatro) puntos

Por Leandro Arteaga

Érase una vez, una Blancanieves remozada. Con fantasías de asidero más o menos histórico, reminiscencias a personajes puntuales –Juana de Arco-, un cazador/leñador superhéroe, y enanos mineros desempleados.
Blancanieves y el cazador encuentra una de sus matrices de argumento en el diálogo femenino entre la madrastra malvada, reina despótica –cortesía de Charlize Theron, bellísima, caricaturesca-, y una Blancanieves de cara lánguida y piernas siempre cubiertas. A propósito y a la hora de la verdad, ¿qué espejo descerebrado podría preferir a Kristen Stewart antes que a la Theron?
Es que en el principio todo era armonía. Hasta que llegó el día negro, de un ejército maldito, que engañara al amor del rey tan querido. Traición de serpiente femenina, que habrá de encerrar bajo murallas húmedas la tierna “belleza” de Blancanieves. (Ah… Recordar mismas situaciones pero en películas Hammer; concretamente: el destino perverso que sufre el escote desbordado de la progenitora de La maldición del hombre lobo, 1961. En fin, de vuelta a Blancanieves…).
A la espera de un clavo torcido que la ayude en la huida, Blancanieves reza el Padre Nuestro. Sí, el Padre Nuestro. Luego, el devenir de una persecución que habrá de arrastrar con un manto de desgracias a quienes sin querer Blancanieves conozca. Pero, se sabe, nada de recompensas sin nada de tristezas. El cazador (Chris Hemsworth), ha cambiado el martillo de Thor por un hacha igualmente diestra. Se sabe, y no es esto revelación alguna, que no habrá de cumplir con su cometido, encandilado como se encuentra ante ella, tan parecida a su esposa perdida. ¡El ciclo de lo siempre mismo! Pero sin filosofía demasiada, sino mucho de teología barata.
Si Blancanieves reza el Padre Nuestro, no sorprenderá verla en un paraíso extraterreno –mundo Disney, de verdes fosforescentes y conejitos-, donde caminará sobre el agua al encuentro del “gran Ciervo” o algo así, salido como parece de un relato de Narnia (por si las referencias cristianas no eran suficientes). El séquito de apóstoles enanos acompaña la promesa de la luz venidera, con la posterior muerte y resurrección anunciada. Sí, la Hija del Padre. Y con gesta final à la Juana de Arco.
Y va de nuevo: entre el rostro pálido en armadura de Blancanieves y el sudor sexual que desprende la reina, ¿quién osaría elegir a la niña de carita de porcelana? Nada mejor que morder la manzana. Y dejarse de embromar con tanto rey o reina de besos para siempre. El artilugio final de cambiar al besador está claro desde el vamos, y en nada altera lo siempre contado. Está bien, es ésta característica de todo mito, de todo cuento de hadas. Pero también, dada la cristiandad del asunto, es mirada de claridad actual, devota de una mística ordenadora.
En síntesis, un plomazo. 

domingo, 6 de mayo de 2012

[REC]3. Génesis (2012, Paco Plaza)


Gracias a la ironía


[Rec]3: Génesis
España, 2012. Dirección: Paco Plaza. Guión: Paco Plaza, Luiso Berdejo. Fotografía: Pablo Rosso. Montaje: David Gallart. Música: Mikel Salas. Intérpretes: Leticia Dolera, Javier Botet, Diego Martín, Álex Monner, Ismael Martínez, Carla Nieto. Duración: 80 minutos. Salas: Monumental.

Por Leandro Arteaga

Si la española [Rec] (2007) podía pensarse como un paréntesis entre un antes y un después de un argumento sin descifrar, las consecuencias “lógicas” fueron entonces contar con una segunda parte y, ahora, con una tercera y anterior. El film primero, entonces, como bisagra entre un ir y venir que, en última instancia, habla del divertimento que supone hacer cine de terror entre charcos de miel roja y las cursilerías gore que mejor y más se prefieran.
Ahora bien, y a no confundir, no significa ello justificar cualquier cosa en aras de un “pasarlo macabramente bien”, sino en ver cuál propuesta anida en el film en cuestión. Es así que esta tercera parte –y precuela- del universo [Rec] viene a cerrar, o abrir, una trilogía que nace como maldición bíblica o que cierra como vuelta de tuerca humorística. ¿El escenario? ¡Un casamiento!
Iglesia, familias, vestidos nuevos, filmaciones “sociales”, chistes y lágrimas oportunas, en fin, todo un círculo de lugares comunes que hacen a la ceremonia nupcial, entre arroz y cosas parecidas. Tan empalagosa es la situación, con tantos besos de “te amaré para siempre”, con muchos bailes de coreografía pueril, que –especulación mediante- habrá sido esa la razón por la que al tío Víctor comience a crecerle cada vez más esa mordida rara que tiene en la mano. “Otro borracho” dirán de él, mientras lo que vomita no es vino espumante sino síntoma de infección, germen de caos para esta fiesta tan blanca, tan bonita.
Al traste con todo lo que parecía una fiesta, y a vérselas ahora con una epidemia de mordidas zombies. Dentelladas a granel con textura de video digital. Cruce entre “un toque de Renoir y mucho cinéma vérité”, al menos desde lo que las palabras del videasta de sociales promete.
Si [Rec] había sido un muy buen film de terror, con ánimo coincidente en tanto propuesta con la argentina Fase 7 (2011), es ahora el humor de ésta el que contagia a [Rec]3. Terror divertido, con algo del primer Peter Jackson (antes que Renoir, claro), héroes freaks en armaduras medievales, una novia de piernas descubiertas, y un sacerdote que entiende todo y rápidamente desde –ironía mediante- las consignas más celestiales.
Si todo está enfermo, nada es lo que era. Las normas caen, los instintos prevalecen, los asesinos asesinan, los caníbales muerden. La novia pierde sus modales, acorta su falda, enciende la motosierra, y olvida a la madre en la que pronto estaba por convertirse.
Todo revuelto así como predecible. Con la excusa de saberse parte de una saga, en verdad [Rec]3 explica tanto como nada dice. Lo que queda es un cascarón de látex virulento, más o menos creíble, ninguna gran película, pero con la bravuconería justa como para hacer saltar toda la fiesta casamentera por los mismísimos aires.

Barocelli Escuela de Dibujo


Una escuela de sueños compartidos


Carlos Barocelli dibuja y enseña mucho. Su Escuela de Dibujo se propone como un lugar de encuentro entre pasiones propias y compartidas.

Por Leandro Arteaga (Rosario/12, 05/05/2012)

La tarea de Carlos Barocelli -artista, dibujante, ilustrador, historietista y docente- se expande entre proyectos simultáneos, capaces de ramificar siempre hacia tantos más. Ejemplo de ello es su tarea desde la ADL (Asociación de Dibujantes del Litoral), los diferentes talleres ofrecidos por la Municipalidad en sus Distritos, la organización de los encuentros de título Dibujantes (en CMD Sur Rosa Ziperovich), y la (im)paciencia lectora que significa la espera del inminente El Eternauta: La resistencia, continuación literaria –y trunca- del mismo Héctor Oesterheld, cuya versión en historieta con dibujos de Barocelli ha sido bendecida por el propio Solano López.
Por si todo esto fuera “demasiado poco”, el dibujante rosarino estrena Escuela de Dibujo con un sinfín de materias y cursos, plantel docente de calidad, y las ganas de seguir expandiendo más lo mucho que en Rosario se dibuja e ilustra. “Es un sueño de muchos años. Se fueron dando una serie de circunstancias, además de amigos que me apoyaron muchísimo, y al final el sueño se pudo concretar” dice Barocelli a Rosario/12 en alusión a su Escuela, inaugurada el sábado pasado, con dirección en Riobamba 587, y que oficialmente inicia sus actividades a partir del lunes próximo.

-¿Cuál es el programa de cursado? 

-La escuela ofrece un montón de posibilidades. Por ejemplo, está la materia “Dibujo 1” donde el pibe aprende a dibujar de cero, algo que voy a dar yo, destinado a adolescente y adultos, desde los 16 años. Pero también hay materias de dibujo desde los 4 años hasta los 15; así como Pintura, Manga, Historia del arte, Cartoon, Historieta, Pintura de paisajes, Plástica y Pintura, 3D y Concept Art, Workshop, Arte Fantástico, Modelado y Escultura, Ilustración Editorial. Hay un montón de posibilidades para diferentes edades, un abanico muy grande para que los chicos busquen otros estilos de dibujo y tengan propuestas variadas.

-¿Se trata de un programa de contenidos estructurado o el asistente puede elegir cuáles cursos realizar? 

-Por ejemplo, si alguien viene a inscribirse en Historieta, al pibe se le pregunta si tiene algo de conocimiento de dibujo, porque para la historieta hay que contar con una base mínima. De no tener estos conocimientos, se le daría entonces la materia Dibujo, de manera previa. A la vez, pueden hacerse otras materias como Manga o Cartoon, por ejemplo, ya que se trata de cursos sueltos; es decir, no hay ningún impedimento para que el asistente se anote en todas las materias que quiera. Todos los cursos y materias empiezan el día 7 de mayo. Algunas de las materias, las relacionadas con los más chiquitos, relativas al dibujo, la pintura y la plástica, tienen la inscripción abierta todo el año. Sí es importante que quienes elijan dibujo o escultura arranquen a tiempo. Tenemos a quince profesores dando clases, estoy muy orgulloso del plantel logrado. Todos son unos maestros en lo que hacen: Marcelo Frusin, Alejandro Aragón, Sandro Alzugaray, Darío Risso, Juan Carlos Buhajeruk, Jesica Aran, Paola Figna, Gabriel Keppl, Melisa Fernández, Elías Navarro, Victoria Azparren, Diego Fiorucci, Pablo Colaso.

-Pienso a la Escuela como continuidad respecto de tu trayectoria, pero también desde lo que significa tu tarea docente, en los talleres de la Municipalidad.

-La docencia es algo que me apasiona. Si tuviera un poco más la cola en la silla podría producir más para afuera, pero ser docente es algo que hago desde hace muchos años y me encanta. A través de la Municipalidad tenemos cursos gratuitos en barrios que son un poco marginales. A través del presupuesto participativo llegamos a lugares como Tablada, Mangrullo, San Martín Sur, y les damos a los chicos las clases con el mismo amor con que lo hacemos en otros lados.

-Una Escuela es siempre oportunidad de relación entre pares, algo que me parece fundamental.

-De hecho, queremos hacer viajes, sacar colectivos hacia convenciones, seminarios, para mostrarle a los chicos que hay otros pibes como ellos, en otras provincias, que hacen lo mismo. Empezar a delinear lazos y a cerrar núcleos de enseñanza con otras provincias. Vamos a tener dando clases, por ejemplo, a Buhajeruk, director de la Escuela de Dibujo de Santa Fe. Cuando me largué con esto, me contacté con un montón de otras escuelas. Sería buenísimo que venga Ariel Olivetti, de la Escuela La ola, a dar un seminario acá, así como que un docente nuestro vaya a dar un seminario a Buenos Aires, a Tucumán, o a donde sea.

-¿Podrías pensar en cuáles son las expectativas del proyecto?

-Puesto que es el principio, es medio difícil decir qué es lo que esperamos, por ahora quiero que seamos una buena escuela, de la que se diga “voy a mandar a mis chicos ahí” o “voy a esa escuela porque salgo aprendiendo algo”. De acá a fin de año quiero que los dibujantes que salgan sean buenos en lo que hacen, después Dios dirá. Estamos detrás de un montón de cosas y seguramente habrá que engrasar los mecanismos. Queremos dar certificados de educación no formal de la provincia, así como crear una biblioteca. En la Escuela tenemos el espacio destinado, sólo falta inaugurarlo. Queremos que esta biblioteca sea pública y que no sean solamente los alumnos quienes puedan consultarla. Hay un montón de cosas por hacer. Vamos a ver qué podemos concretar de todos estos sueños todavía no realizados.
La Escuela ofrece también un programa de becas completas y medias becas para niños y adolescentes de 8 a 16 años, destinadas a cualquiera de los cursos. Para más información, consultar la página www.escueladibujo.com.

sábado, 5 de mayo de 2012

The Thing (2011, Matthijs van Heijningen Jr.)


¿Quién anda por ahí?


La cosa del otro mundo
(The Thing)

EE.UU./Canadá, 2011. Dirección: Matthijs van Heijningen Jr. Guión: Eric Heisserer. Fotografía: Michel Abramowicz. Música: Marco Beltrami. Montaje: Peter Boyle, Julian Clarke, Jono Griffith. Intérpretes: Mary Elizabeth Winstead, Joel Edgerton, Ulrich Thomsen, Eric Christian Olsen, Adewale Akinnuoye-Agbaje. Duración: 2011
Sólo disponible en DVD

Por Leandro Arteaga

Pocas cosas más plácidas en la vida que ver una película de John Carpenter. El enigma de otro mundo (1982) fue homenaje –uno de sus tantos- a la obra del cineasta Howard Hawks. Remake del film de 1951 (y recordar que fragmentos de éste se veían en Noche de brujas), la película de Carpenter releía aquel clásico a la vez que sumaba, así como un gran film a su obra, una capa más de lectura a la novelita, o cuento largo, que John W. Campbell publicara en 1938 con el título Who Goes There?, relato considerado hoy piedra basal para la ciencia ficción.
La paranoia desatada por un invasor alienígena, capaz de duplicar al cuerpo huésped, tenía seno en la Antártida, donde un grupo reducido de humanos buscaba la manera de erradicar al “virus” así como de defender la alegoría social que encarnaban en plena guerra fría y macarthysmo. Variaciones sobre esta misma idea tendrán asidero constante, cuyos ejemplos clásicos serían las novelas Amo de títeres (1951), de Robert Heinlein, y La invasión de los usurpadores de cuerpos (1955), de Jack Finney, esta última con bautismo cinematográfico en 1956 y dirección de Don Siegel.
 La lista es extensa, continúa todavía, con invasores otros, de rostros cambiantes, pero con una misma cara para el “héroe”. Bastante se hablaba, entre tantas nuevas malas reversiones, de otro “enigma de otro mundo”. Y si bien esta nueva “Cosa” es remake del original tiene el tino, al menos, de situarse como precuela. Lo que equivale a recordar, rápido, cuál era el inicio –inolvidable- de la versión carpentiana, con el perro perseguido en pleno ártico por un helicóptero. Desde allí, para atrás, la “revisión” nueva.
Pero, como de costumbre, de revisión nada y de golpes de efecto mucho. Si el film de Carpenter supo tener, dado el presupuesto mayor y en este sentido diferente a sus demás films “B”, más atención a los efectos especiales y de maquillaje, con artesanía de Rob Bottin, la que aquí se anuncia como “antecesora” hace gala de efectos digitales que resultan “estruendos” antes que recursos para el relato. Si Carpenter es, sobre todo, un storyteller, la precuela se asume, en todo caso, como un híbrido oportunista que, incapaz de narrar, no duda en conjugar referencias obvias con la versión de Carpenter así como con remedos del tipo Jurassic Park, literatura lovecraftiana, o la mismísima Alien (de la cual se espera, por otra parte, también una precuela –Prometheus-, si bien con firma del realizador original, Ridley Scott).
Si Kurt Russell era el (anti)héroe de Carpenter, aquí la heroína será encarnada, sin culpa de la actriz, por una anodina Mary Elizabeth Winstead, dedicada a descubrir emplomaduras de dientes como pruebas del adn terrícola. De paranoia poco y nada. De relato sabio, mucho menos. Pero, vistas las contras, encontrar un eco a favor: el término del film es inicio, justamente, del de John Carpenter. Si no la vio, entonces, sepa cómo inicia (o continúa) una buena película. Ahora sí, ¡viva el cine!

domingo, 4 de marzo de 2012

Caballo de guerra (Steven Spielberg, 2011)


Tan lejos de los tiburones…



Caballo de guerra
(War Horse) EE.UU., 2011. Dirección: Steven Spielberg. Guión: Lee Hall, Richard Curtis, a partir de la novela de Michael Morpurgo. Fotografía: Janusz Kaminski. Montaje: Michael Kahn. Música: John Williams. Intérpretes: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, Niels Arestrup, David Thewlis, Tom Hiddleston. Duración: 146 minutos.


Por Leandro Arteaga

¡Sean bienvenidos –otra vez- al almibarado mundo de Spielberg! Provisto de buenas intenciones, madres de ojos acuosos, hijos límpidos, y padres más o menos malos (pero siempre perdonados). Tradición narrativa vinculada a un esquema ideológico que precede al realizador y en el cual él gustosamente se inscribe.
Así lo delata el atardecer naranja, bellísimo, de los últimos planos de Caballo de guerra, a la manera admirada de Más corazón que odio (1956), de John Ford. Ahora bien, mientras con este film Ford producía una obra maestra, capaz de suspender en vilo a tanta mirada reaccionaria previa (algo que la posterior Un tiro en la noche también provoca), con Spielberg sucede un camino inverso. De ser el joven realizador de venas de celuloide –rasgo que conserva-, capaz de dar retratar tempranamente en Amblin’ (1968) a una generación novedosa e impulsiva, junto con una artesanía narradora que ya sobresalía en Reto a muerte (1971), se ha vuelto ahora el gendarme de la corrección política, las invasiones militares, y –lejos ya de tiburones desalmados- los caballos obedientes. Así las cosas.
Basta con ver el trailer, con el caballo recorriendo vicisitudes de Primera Guerra Mundial, más el deseo latente de su muchacho-dueño (Jeremy Irvine) por reencontrarlo. Planteo paralelo que habrá de transitar todo el film, con uno y otro personaje como dos caras de esa misma moneda que, durante uno de los momentos más naif de la película, un soldado alemán y otro inglés habrán de compartir. (A decir verdad, ningún momento será más infantil que aquél que tiene como protagonista, en Rescatando al soldado Ryan, a una carta firmada con puño y letra del mismísimo Lincoln, guardada en una cajonera “casual”).
Cuán distante es el lugar desde el que se asume Caballo de guerra, presumiblemente adulto pero aleccionadoramente escolar, del que supone La invención de Hugo Cabret, de Scorsese, presumiblemente infantil pero profundamente adulta. A no confundir, de todas maneras, la mirada ideológica nada ingenua que el cine de Spielberg profesa, donde aún cuando la guerra pueda ser vista como situación de horror, ningún decir contrario se encontrará hacia el respeto militar. ¿O no recuerdan la escandalosa sustitución de armas de fuego policiales por walkie-talkies para el reestreno de E.T.? ¡Borró el celuloide para desdecir lo que había dicho! (Más datos: teclear en Youtube “South Park+Spielberg”. Admirable…)
Y si bien se elegirá un ejemplo de otro film, inmediatamente previo, será una manera rápida de describir su corrección política y empalagosa. Allí cuando el Capitán Haddock, en Las aventuras de Tintín –esa extraordinaria historieta de Hergé-, se vuelve en sus manos un alcohólico arrepentido, que identifica a la botella como fuente de sus males; ahora bien, ejercicio de memoria o de lectura: busquen y encuentren una sola viñeta donde Hergé hiciera algo semejante.

sábado, 3 de marzo de 2012

Perros de paja (Rod Lurie, 2011)


Tan lejos de la oscuridad de origen



Perros de paja
(Straw Dogs) EE.UU., 2011. Dirección: Rod Lurie. Guión: Rod Lurie, a partir de la novela de Gordon Williams y del guión de Sam Peckinpah y David Goodman. Música: Larry Groupé. Fotografía: Alik Sakharov. Montaje: Sarah Boyd. Intérpretes: James Marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgard, James Woods, Dominic Purcell, Rhys Coiro. Duración: 110 minutos.
Sólo disponible en DVD


Por Leandro Arteaga


Una remake de Perros de paja sólo es pensable en el impensable cine norteamericano actual. Las nuevas versiones nunca fueron ajenas al quehacer hollywoodiense, pero últimamente no sirven más que como confirmación de una práctica desorientada, sin demasiadas novedades, anquilosada en la reformulación de temáticas exitosas. En este caso, la nueva Straw Dogs aparece ligada a tantos films de terror o suspense similares, con el hogar como nido a defender más una ambientación de inmoralidad sureña como la que prevalece en muchos de estos títulos.
Sólo esto podría dejar comprender la “revisión” que del clásico de Sam Peckinpah, realizado en 1971, lleva adelante ahora Rod Lurie, como guionista y director (el mismo de La última fortaleza, donde un convicto Robert Redford disputaba el liderazgo de una prisión/castillo). Con cambios tales como la relocalización de la acción: de Inglaterra al Mississippi, y la profesión del “héroe”: de matemático a guionista de cine.
Ahora bien. Recordar que allí donde estaba Dustin Hoffmann ahora se ubica James Marsden (el “Cíclope” papanatas de X-Men), y donde figurara Susan George lo hace Kate Bosworth (la Lois Lane de la última Superman). Vale decir, lo que era una pareja creíble, sumida en el alma oscura de un pueblo y sus habitantes, se vuelve ahora parejita sonriente de cuadritos de Roy Lichtenstein.
De forma tal que nada podrá esperarse respecto de un film que, desde la sola elección de sus protagonistas, se asume como aviso publicitario. Lo que deja su impronta en la claridad con la que el montaje está resuelto: tanto es así que ni siquiera hay duda alguna en el encuadre de la cámara o en sus movimientos. Mientras que en Peckinpah (sí, las comparaciones son odiosas, ¡pero se trata de una remake de Perros de paja!) el montaje se vive como situación de rodaje, de una factura imprevisible, a partir de la cual no se sabe muy bien qué va a suceder ni cómo. La textura decididamente sucia y original se empaña en la nueva versión de una textura fotográfica perfecta.
Pero sobre todo: el rol femenino de la Amy original (Susan George) quizá sea uno de los recuerdos más imborrables para todo espectador de Straw Dogs. Específicamente, la escena de violación. Es decir, el film de Peckinpah podría pensarse como película tribal, primaria, de pasiones liberadas, con el macho como sujeto que debe marcar territorio, y la hembra como una de sus pertenencias. Lugar femenino que en el rol de la Bosworth se margina para el logro de un film que evita, justamente, problematizar. De paso, claro, no se mete en lo oscuro del asunto.
De todas maneras, el gran James Woods. Si bien aquí como mera comparsa de un film malo, Woods es siempre Woods. Casi alejado del cine, pero siempre un gusto verlo. Más cercano, eso sí, a la televisión: inmerso ahora en la pre-producción de la serie Coma, a partir del bestseller de Robin Cook, que Michael Crichton ya filmara para el cine en 1978 con Michael Douglas y Geneviève Bujold.

Los descendientes (Alexander Payne, 2011)


Suspender el tiempo en un paréntesis



Los descendientes
(The Descendants) EE.UU., 2011. Dirección: Alexander Payne. Guión: Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash, a partir de la novela de Kaui Hart Hemmings. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje: Kevin Tent. Intérpretes: George Clooney, Shailene Woodley, Amara Miller, Nick Krause, Robert Forster, Beau Bridges. Duración: 115 minutos.


Por Leandro Arteaga


La trompada de Robert Forster. En verdad, sólo un retazo del film. Pero lo de Forster tiene su alusión porque es un actor que es un gusto ver, creíble en su papel de padre que asiste la situación límite de su hija, de abuelo sin abrazos, de suegro con reproches, de marido cariñoso, de hombre de piña anunciada. Todo lo que haga será siempre bienvenido: desde su participación en la serie Alcatraz hasta el fresco black-setentista Triple traición (2007), de Quentin Tarantino.
Otro retazo: los mofletes, whisky, pelo largo y bermudas, de Beau Bridges. Tanto hace que no se le ve y tan parecido como está a su hermano Jeff. Hablar arrastrado, confuso, la mirada caída, mucha panza; baker boy que, ojalá, tenga más aparecer de aquí en más.
Uno más: los dos besos que George Clooney da a dos mujeres. El primero de ellos como resolución cinematográficamente feliz para un conflicto que el espectador habrá de revelar.
En verdad ya no se trata de retazos. Clooney compone a un esposo fiel, que ya no habla(ba) con su esposa, que maneja distintas facetas, que trabaja aún cuando el dinero heredado de los tatarabuelos sea suficiente, padre desorientado y superado por sus hijas, más una historia con la que lidiar y que es, en instancia última, oportunidad de resolución personal y familiar.
El actor está nominado al Oscar, en el marco de una película que alcanza los rubros de mejor film y mejor guión adaptado (a partir del bestseller horriblemente escrito por Kaui Hart Hemmings). También nominada en la categoría mejor dirección. Alexander Payne, a juicio de este cronista, tiene mejores películas. Ya el Oscar hubo de agraciarlo con una estatuilla por el guión de Entre copas (2004), ese film-vehículo admirable para ese actor admirable que es y será Paul Giamatti. Payne también fue el responsable de contener a Jack Nicholson para uno de sus mejores papeles en Las confesiones del Sr. Smith (2002).
Entonces: Los descendientes es muy prolija, tiene un proceder que ahonda en los conflictos mientras evita lugares comunes o lágrimas torpes. Sabe a la vez cómo exponer la comodidad de una clase ociosa e improductiva que vive de rentas; tal es el caso de la maratón de primos que rodea a Clooney, quienes nada hacen porque ya hicieron antes por ellos. Los descendientes, por eso, será título de comprensión doble: tanto por lo que sucede a Clooney e hijas, como por lo respectivo a la oportunidad de venta millonaria de la tierra familiar heredada.
El film de Payne provoca, a través del coma sufrido, una ilusión de tiempo suspendido. Como si lo que le pasa a la mamá/esposa/hija/amante constituyese un paréntesis. Dentro de éste sucede todo el film. Valdrá por ello señalar la elipsis dada a partir de la primera imagen de la película.
El tiempo podrá volver a suceder cuando el paréntesis se supere y, como consecuencia, se reordenen afectos, se superen dolores, y se pueda despedir, por fin, a la persona querida.

Historias cruzadas (The Help, Tate Taylor, 2011)


Drama racial para toda la familia




Historias cruzadas
(The Help) EE.UU., 2011. Dirección: Tate Taylor. Guión: Tate Taylor, a partir de la novela de Kathryn Stockett. Fotografía: Stephen Goldblatt. Música: Thomas Newman. Montaje: Hughes Winborne. Intérpretes: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Sissy Spacek. Duración: 146 minutos.


Por Leandro Arteaga


¡Ha vuelto Hallmark Channel! O algo demasiado parecido. Porque lo que exuda Historias cruzadas se parece más a una remembranza de programación para gente bienpensante y de entrecasa que al cine. Es tal la vacuidad con la que el film de Tate Taylor (protagonista, por otra parte, de la sorprendente Lazos de sangre) expone sus “preocupaciones” sociales que se vuelve capaz de lograr algo situado aún más allá de la corrección política. Vale decir, Historias cruzadas es toda la corrección política junta y peor. Que sea una de las películas mentadas de la próxima entrega de premios Oscar ya es decir bastante. ¿Qué más se puede decir del Oscar?
Basada en el bestseller The Help, de Kathryn Stockett –amiga de infancia, además, del realizador-, la película retrata amenamente la relación blancos/negros en el pueblito de Jackson, Mississippi, circa años ’60. De Jackson, de hecho, es oriunda Stockett, lo que amerita referir que el personaje de Skeeter, encarnado por Emma Stone, vendría a ser la carnalidad misma de la autora. O algo así.
Patito feo de un villerío de mansiones blancas, Skeeter estudia en la universidad y vuelve a Jackson con ganas de ser periodista y escritora. Comienza entonces a dar lugar a su proyecto: dar voz a las criadas, tradicionalmente legadas al patio de atrás del sur estadounidense, en la forma de un libro. Su propia historia de vida colisionará con los relatos que de a poco obtiene, a sabiendas de que la misma ley impide un trato de equidad entre negros y blancos.
Hasta aquí la historia. El problema está en cómo se la cuenta. Y la manera de hacerlo radica en una exposición retórica, plagada de lugares comunes; es decir: amigas vueltas esposas, de vestiditos de color saturado, con hijitas rubias de ojos acuosos, pendientes de criadas que les usan el baño, amén de las lágrimas correctas, las miradas de odio, y las redenciones tontas, porque cuando se trata de una madre mejor recordarla con cariño: así es que como salen indemnes los personajes de Allison Janney y de Sissy Spacek, madres respectivas de Skeeter y de Hilly (la mala de la película, interpretada con ceño fruncido por Bryce Dallas Howard).
El libro será publicado y los negros comenzarán a hacer oír su voz en la Estados Unidos de los sesenta así como en la de Obama. Poco importa el contexto de ambientación, toda película es consecuencia de su momento histórico de producción. Historias cruzadas se pliega, así, a la mediocre “toma de conciencia” hollywoodense, que nada tiene que ver con el hacer fílmico, incorregible, del gran Spike Lee.
Si en algún momento Skeeter es capaz de decir que con Margaret Mitchell (Lo que el viento se llevó) se instituyó el estereotipo de la criada obediente y simpática de rótulo “mammy”, lo que Historias cruzadas logra no es más que un decir obvio, mientras justifica mismos estereotipos al contemplarlos como parte de un supuestamente necesario desenvolvimiento social.

Alejandro Aragón (entrevista)


Dibujar para recuperar el tiempo perdido



Zombies, serie negra, cowboys contra magos, apenas unos trazos dentro de la ascendente trayectoria de Alejandro Aragón: destacado internacionalmente, casi desconocido en Rosario.

Por Leandro Arteaga
Rosario/12 (23/02/2012)

“De chico descubrí algo diferente cuando por primera vez hice una secuencia” comenta a Rosario/12 Alejandro Aragón, como síntesis justa de una pasión de vida: dibujar historietas.
Con una trayectoria profesional en ascenso, en la que ha sobresalido como lápiz oficial de 28 Days Later (continuación en cómic de la laureada película conocida como Exterminio, de 2002), Aragón tiene su génesis en el oficio desde una decisión que, aún cuando suene curiosa, resulta vital: “Era fanático de las revistas El Tony, Nippur Magnum y otras, donde figuraba la publicidad de un curso de historietas en Buenos Aires con Horacio Lalia, con salida laboral. Medio que tiré la onda a mi familia para ver si me bancaban, pero estaba dura la cosa… Así que comienzo Psicología, y recuerdo que fue como si a mi vocación artística la hubiese reprimido. En el cuarto año de la carrera, cuando arranco con orientación vocacional y todo eso, es como si se me despertara otra vez el tema y empiezo a dibujar, si bien ya de “grande”, con veintidós años. Pero me daba cuenta de que semana a semana el progreso era enorme. Comencé en un taller con Esteban Tolj, quien me dice que si bien tengo que mejorar algunas cuestiones tengo condiciones. Así que me la paso todo el quinto año dibujando por mi cuenta, a la vez que voy procesando lo que me pasa y me decido: ‘me recibo y me dedico de lleno a la historieta’. Así lo hice: tres días después de recibirme arranqué a full, ocho, nueve horas por día, como si fuese un trabajo, de lunes a lunes. ¡Tenía que recuperar el tiempo que había perdido!”

-¿Y dónde se da el primer vínculo laboral?

-Yo tuve la suerte de poder trabajar como asistente de Leo Fernández [NdR: dibujante rosarino con amplia trayectoria en editoriales como Marvel] durante dos años. Fue la etapa que más disfruté y aproveché en mi corta carrera. Ése fue el punto bisagra, porque si bien ya venía haciendo algunas cosas en el medio independiente de Estados Unidos, cuando empecé con él fue la primera vez que tuve contacto con el trabajo profesional, algo que no se aprende en ningún lado. En un taller te enseñan anatomía, el manejo de luces y sombras, podés estudiar por tu cuenta, mirar películas, pero después hay toda una conducta que está en el día a día, en respetar la fecha de entrega, en laburar feriados y domingos, en ajustarte a lo que quiere cada editorial. De Leo aprendí tanto con sus indicaciones como también silenciosamente, mientras incorporaba todo lo necesario para ser un profesional de primera línea como él, o como lo son Marcelo Frusin y Eduardo Risso.

-Esos inicios independientes, ¿en qué consistieron?

-En trabajos con editoriales pequeñas o para páginas web. Un guionista que venía progresando a la par mía y que yo conocía, Joshua Williamson, entra a trabajar en (la editorial) Image y me propone presentar un proyecto. Hicimos una muestra que Image aceptó en el 2008, y Leo me da la posibilidad de hacer este trabajo para luego reincorporarme con él.

-Te referís a Overlook; ahora bien, me resulta interesante cómo vos y Williamson, que es norteamericano, despegaron en sus tareas sin haberse conocido personalmente.

-Con Joshua nos conocimos por Internet en 2006. Ahora él escribe la serie regular Voodoo, un personaje del grupo Wildcats. Es un guionista que va muy rápido. Con él había firmado un contrato con Oni Press para una novela gráfica que tuve que dejar en stand by, a partir del ofrecimiento de la serie 28 días después. La diferencia económica era muy amplia.

-¿Cómo te llega 28 días?

-Antes de 28 días había hecho un trabajito para Moonstone, con un escritor de Vertigo, Gary Phillips. Y en abril de 2010 me llega la propuesta de Boom Studios de hacer el número 13 de la serie, porque al artista que la venía dibujando –Declan Shalvey- le ofrecen un fill-in en Marvel. Como tengo unos 29 días, aproximadamente, para hacerlo, no puedo continuar con Leo, con quien en ese momento estábamos haciendo Deadpool (Marvel). En este sentido, Leo es un tipo súper generoso, siempre me dejó claro que él se iba a poner contento con mi bienestar. Así que me la jugué. Cuando entrego a Boom el trabajo, se muestran muy satisfechos. Entre paréntesis, cuando te ofrecen un margen de tiempo como éste, muchos artistas no llegan, y eso es algo que los editores también usan como un filtro. Por eso, más allá de cómo haya quedado el número 13, sabía que las deadlines son importantísimas, y en la editorial lo valoraron. Cuando Shalvey no vuelve a la serie por otras posibilidades de trabajo, Boom me ofrece el número 14, pero con una fecha de entrega todavía más complicada, me daban 24 días para hacer 22 páginas, lápiz y tinta. Cuando lo estoy terminando, me ofrecen el arco argumental con los números 15 y 16. ¡Estaba recontento! Mientras inicio el 15 me ofrecen la serie regular. Era el sueño hecho realidad… Además esa película a mí me gustó mucho, soy fanático del director, Danny Boyle, el mismo de Trainspotting.

-¿Qué cosas te permitió dibujar 28 días después?

-Es una serie que me sirvió para darme cuenta de que para dibujar una historieta no sólo hay que concentrarse en el dibujo, sino en lograr una credibilidad, una atmósfera. Con 28 días me fui soltando, de a poco hice un dibujo más “desprolijo”, con una línea más gruesa y sucia, porque me daba cuenta de que eso lo representaba mejor. Como se trataba de un título importante, me dio una pequeña chapa. A partir de allí tuve muchas más propuestas, así como contactos con guionistas y dibujantes profesionales.

-En este momento, ¿qué estás haciendo?

-Estoy con un proyecto de autor con el escritor B. Clay Moore, así como en contacto con las editoriales Marvel, DC, Dark Horse, que han aceptado seguir mi trabajo. Ahora estoy dibujando una miniserie de cuatro capítulos basada en el juego de rol Deadlands, que es de cowboys pero con un ambiente sobrenatural. Algunos unitarios de Deadlands fueron ya publicados por Image con firmas como las de Steve Ellis, Brooke Turner, Ron Marz, Bart Sears…

-Entonces, y si podés decirlo en palabras, ¿por qué la historieta?

-Porque con ella puedo decir cosas que de otro modo no podría, porque me da la posibilidad de sentirme libre. Yo veo al arte como un camino hacia uno mismo, hacia donde uno era al momento de nacer. La sociedad luego nos encauza hacia lugares que no son necesariamente los mejores. Con la historieta, aún cuando pueda ser de manera inconsciente, sé lo que estoy haciendo: realizarme como sujeto y determinar mi propio camino.

Más en http://alearagon.blogspot.com/

Fito y Bicentenario (24/02/2012)


Una bandera oruga, con gotas del Paraná



La noche del monumento como escenario de música para el público, para el río, y para la bandera. Fito Páez, su mejor y más aplicado alumno.

Por Leandro Arteaga
Rosario/12 (26/02/2012)

Es diferente, raro, muy hermoso, dar cuenta en determinado momento de que lo que sucede es –justa la expresión aquí- parte del mismo aire. Cuando la música se funde como oxígeno a lo que la circunda. Pero no desde el escenario acostumbrado, cerrado por paredes o populares, sino desde un espacio abierto, donde los límites visuales sean las referencias de la ciudad.
Algo parecido recuerda de manera puntual este cronista, cuando varios años atrás Luis Alberto Spinetta embriagara una noche de música desde la plaza San Martín: los colectivos corrían como siempre pero nada era como siempre. Las melodías se adherían a lo cotidiano, lo citadino adquiría una piel suave.
En la noche del viernes la mención a Spinetta fue también momento de pausa, justo antes de que Fito Páez introdujese al público en las notas de “Las cosas tienen movimiento”, canción suya que fuera parte del repertorio habitual de la almendra y de su vida. Vida que es “un río, que como viene también se va” decía Páez.
Río que corre, siempre cambia, con colores marrones y testigos de la bandera argentina primera. Doscientos años antes, y ahora con música y poemas que le cantan a su memoria y presente. El arrullo de aguas del Paraná oficiaba como cortina sonora. Primero junto a una voz que brota, tantas veces de manera querida, como su afluente para cobrar forma como garganta en Jorge Fandermole. Luego con el gesto vocal de litoral, que es también mixtura de otros muchos ritmos, de Liliana Herrero. Todo un segmento de apenas ocho interpretaciones compartidas, con ganas de que se escuchara más, pero con la ansiedad latente de “¿lo llegaremos a ver a Fito?”.
Hora más o menos, pasadas ya las 22, y Fito Páez entonces sobre el escenario, durante casi dos horas más, y en la compañía feliz que suponen los Killer Burritos de Coki Debernardi. Rock bien rock, con una primera parte que supo sumir en los discos de años atrás –discos de siempre, bah- a la mejor noche de verano que tuvo Rosario en mucho tiempo. Banda redonda como la mejor, con la cuerda puesta en el sostén del Páez más esencial.
Saquito, corbata celeste, más cambios posteriores que incluyeron otros lentes y remera con lengua stone. Sobre el escenario Fito Páez se ha vuelto una mezcla difusa entre el Charly García de alguna época y el Capitán Piluso. Hay algo en sus movimientos y/o gestos que recuerdan tanto a uno como al otro, así como a la vez definen una manera personal, que es musical. Gracia física que, el propio músico señaló, estuvo dispuesta a la exigencia en virtud de las dotes de su masajista (Fito Páez contracturado, toda una imagen…).
Como en todo recital de Páez, Spinetta estuvo presente porque también lo estuvieron Piazzolla y el mismo García. Sea desde la cita verbal, los gestos musicales de “Giros”, o el cover de “Cerca de la revolución”.
Por otro lado, es curioso ver cómo la respuesta del público se manifestaba de una forma más bien mansa, tranquila. Si bien desde franjas diferenciadas. Más cerca del escenario, está claro, quienes más saltaban o bailaban. Quizás porque los tiempos, como las aguas del río, cambian y han traídos otros ritmos, más inmediatos para el baile. En este sentido, este cronista asegura haber visto una pareja intentar comulgar el baile típico de la cumbia al compás de “Polaroid de locura ordinaria”.
Lo que equivale también a decir que era tanta pero tanta la gente repartida y mezclada. No faltaron reposeritas, mate en mano, familias completas con cochecito más suegros y padres. Así como adolescentes caídos de no se sabe bien qué litera: reunidos entre sí, cinco o seis, de ropa parecida o igual, con el habla a los gritos, celulares en mano.
Si la sensibilidad despertaba con la cita a Spinetta, los otros dos grandes momentos fueron la música compartida entre Páez, Liliana Herrero y Monchito Merlo (“Yo vengo a ofrecer mi corazón”), así como la bandera regalada al público por ex-combatientes de Malvinas. Se desplegó larga, y como oruga comenzó a caminar sobre la gente hasta desaparecer como horizonte.
El momento bisagra en la presentación del músico rosarino fue su intervalo de piano, con un paseo entre varias canciones, más la posibilidad de equilibrio que permitió el momento en solitario de Coki & The Killer Burritos. Luego más Páez y con más vínculo con las melodías más “sabidas”. Hasta arribar a la conclusión en forma de dueto entre “Dar es dar” y “Mariposa Tecknicolor”.
Y todo esto sin olvidar que de lo que siempre se trató fue de homenajear a la bandera argentina. Apenas una estación dentro de las muchas más que faltan. Y con un sonido y puesta en escena perfectos. Páez preguntaba si los de atrás (¡bien atrás!) escuchaban bien y, la verdad, anduvo todo muy bien.
Qué mejor homenaje a una bandera que el que permite su flamear más vasto y -vamos, claro que sí, y para siempre- democrático. No estará demás, nunca demás, recordar que el desdén hacia los símbolos patrios y tanta patria cacareada no provino de nadie más que de los gendarmes de tanto orden sacrílego y genocida. Recuperar la simpatía por éstos –con la conciencia crítica de lo que son: símbolos-, a la par de la música y de los músicos, no es cosa cualquiera. Significa mucho pero de muchas maneras. Tantas como distintas son las miradas que conformaban al aire humano que decidió acercarse a compartir música.
A partir de ella, Fito Páez demostró ser el mejor alumno, al regalar a la bandera su recorrido de vida. Unas tibias gotas de nube curiosa dejaron una humedad rápida sobre los asistentes. Consecuencia, seguramente, de lo que se denomina evaporación y condensación, con el Paraná como fuente de origen.
Una bonita bendición.

miércoles, 11 de enero de 2012

Marcelo Camaño/Secretos argentinos: entrevista



Marcelo Camaño -escritor televisivo, cinematográfico y radial, autor de éxitos como Montecristo, Vidas robadas y El pacto- dialoga a partir de la publicación reciente de Secretos argentinos, coescrito junto a Miriam Lewin, a partir del radioteatro de no-ficción policial de mismo nombre, y emitido por Radio Nacional.

Secretos argentinos
(Camaño/Lewin, Aguilar, 2011)

Zona de noticias
Radio Meridiano 107.1 (29/12/2011)

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Repaso a la producción santafesina 2011


Un espacio audiovisual con fisonomía



Es un escenario plural –cinematográfico, televisivo, digital- el marco desde el que se inscribe la producción audiovisual santafesina. El año que pasó ha delineado aún más sus rasgos.

Por Leandro Arteaga

Previo a cualquier enumeración y rememoración de tantos títulos (y son muchos, téngase el dato), habrá de destacarse la concreción paulatina, cada vez mayor, de un escenario audiovisual propio. Lo propio remite, sin entender por esto un eufemismo localista -algo por completo ajeno al espíritu de quien suscribe-, al desarrollo de una producción de contenidos desde Santa Fe. El ámbito de expresión de tal manifestación ha crecido notablemente, y si los periodistas culturales debían, poco tiempo atrás, encontrar notas de interés en refritos o en estrenos de localidades extrañas, nada mejor que la potenciación crítica que desde los medios hubo necesariamente de practicarse ante este mundo de imágenes en ejercicio.
Entonces, y a no perder de vista este aspecto, una profesionalización periodística y específica mayor será (o habrá de ser) la resultante de tal situación, al deber dar cuenta –tal es la escena que el año pasado aportó y la que el presente promete- desde sus columnas de lo mucho que se produce. Analizarlo y criticarlo es, todavía, deuda pendiente.
Esta situación puede entenderse desde, necesariamente, la reformulación que las nuevas tecnologías han aportado al medio cinematográfico. Es decir, el cine es –desde su vertiente tradicional- una de las muchas facetas que la explosión digital contiene y subvierte. Ello desde un acceso mayor a la producción y a la difusión, merced a la proliferación de tantas pantallas virtuales. Más la tarea que significa el medio televisivo, que todavía goza de cierta identidad antes de ser, dicen, devorado por el pulpo cibernético de Internet. Repartida entre lo mucho que se expone, la producción santafesina ha dado buena cuenta, y promete más aún.
Quien aquí escribe recuerda momentos de sopor ante la tarea –de extenuantes horas- que como Jurado supo cumplir, años atrás, en el rubro mejor video rosarino del Festival Latinoamericano de Video. Rasgo afortunadamente ausente para la última edición, ya la número 18, donde la visión y discusión –de las que este cronista fue partícipe- sobre lo realizado dio cuenta de un cambio cualitativo. A recordar: Los teleféricos, de Federico Actis, más menciones a La piscina (Gonzalo Rimoldi y Melisa Lovera), El visitante (Nicolás Valentini), Desencuentro lejano de la tercera edad (Andrés Aseguinolaza) y 37738. Gastón Miranda (G. Miranda).
El Festival de Video sigue, en este sentido, como lugar de referencia. A partir de allí, ramificaciones más. Ya que la misma entidad municipal que organiza, Centro Audiovisual Rosario, es también ánima motriz de Ojo de Pez (segunda temporada en canal 5) y de la Escuela para Animadores, con su sexta promoción. Desde allí, y por un lado, la tercera temporada de Cabeza de Ratón (canal 5), el estreno del largometraje Una pinturita de ratón (Diego M. Rolle/Pablo Rodríguez Jáuregui) y, por el otro, la edición municipal del libro Haciendo dibujitos en el fin del mundo, redactado por los docentes de la Escuela. Así como agregar el acuerdo con Televisión Nacional Uruguay por parte de la Municipalidad y la venta de los contenidos Cabeza de Ratón y Cables cruzados (Fabián Gallardo).
Más festivales: Bafici Rosario (Calanda Producciones), Festival Transterritorial de Cine Underground (séptima edición), Ojo al Piojo. Festival de Cortometrajes para Niños (CAR), así como las tareas que, desde cada criterio de programación, han desarrollado El Cairo Cine Público y Arteón. Entre uno y otro ámbito se ha ampliado la posibilidad de exhibición local, tanto como la conformación feliz que significa –desde la tarea de El Cairo- el Espacio Santafesino, donde ver el resultado de los proyectos que han contado con apoyo del Programa Estímulo, del Ministerio de Cultura e Innovación de la Provincia. De esta manera ha ocurrido el estreno de largometrajes como El hombre de los guantes (Patricio Agusti), Detrás de la línea amarilla (Arturo Marinho), Los labios (Iván Fund y Santiago Loza), La infinita distancia (Florencia Castagnani), Sueño en el agua (Roberto Corvatta), Hombres de ideas avanzadas (Diego Fidalgo). Muchos de estos trabajos ya conocen un recorrido de reconocimientos y premios, tal como el que significa, relevantemente, la Mejor Interpretación en la sección "Una cierta mirada" del Festival de Cannes 2010 a la tarea de Victoria Raposo, Eva Bianco y Adela Sánchez, en Los labios. El mismo itinerario de pantalla hubo de cerrar –para abrir con su estreno durante 2012- con El Fausto criollo, de Fernando Birri, próximo a exhibirse en la Berlinale de febrero.
¿Otros títulos? Se mencionan algunos, tales como los últimos trabajos de Rubén Plataneo (Tanke PAPI), Pablo Romano (Alexander Panizza sólo piano), Gustavo Galuppo (¿Qué sois ahora?, junto con Mariano Goldgrob). Así como la mirada de “encanto/desencanto” cubano de Mónica Discépola en Las tres islas, o el caleidoscopio embelesado que es Amor amor amor – Capítulo Uno (Babini/Barés/Bastanzo/Clotti/Ferro/Luque/Monzón/Navone). Muchas propuestas, varias de ellas parte de una trayectoria de años –tal como lo que corrobora la retrospectiva de Galuppo en El Cairo, o el pre-estreno de la serie televisiva La nieta de Gardel en La Comedia, de Gustavo Postiglione, ganadora del concurso de Series de Ficción Federales, organizado por el Incaa-.
El Incaa también supo seleccionar y adquirir para la televisión digital los documentales Seguir remando (María Langhi) y Dante en la casa grande (Rubén Plataneo), en el marco del Plan Operativo de Promoción y Fomento a los Contenidos Audiovisuales Digitales. Así como El teatro en la dictadura (Cristian Cabruja) y Rosario, Ciudad de los Payasos (Pablo Zini), ganadores del concurso federal del Incaa, fueran a su vez emitidos por la señal televisiva Encuentro. El mismo canal también contuvo en su grilla la producción Paraná, biografía de un río, de Julia Solomonoff, realizada por Señal Santa Fe, como un envío que se suma a una lista de contenidos con los que Señal Santa Fe supo dar cuenta de la posibilidad cierta de una televisión pensada desde la región y con una calidad, muchas veces, superlativa.
Este enero sabrá alumbrar, a través de canal 3, los resultados de la Maratón de Producción Audiovisual, un proyecto interinstitucional, que tuvo su eje en la tarea de la Dirección de Comunicación Multimedial de la UNR. Un hecho que ocurre, así como muchos de los antes mencionados, merced a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. En este sentido, destacar la conformación del Nodo Audiovisual Tecnológico Rosario, que será coordinado por la UNR, con el propósito de promover la producción de contenidos desde temáticas regionales y recursos de producción locales.
Por último -y no es poco, apenas unos puntos suspensivos-, destacar los diez años de divulgación de Cineastas Rosarinos, boletín virtual del realizador Mario Piazza, así como la tarea de difusión y análisis de http://espaciocine.wordpress.com/ (Fernando Varea) y http://www.rosariocine.com.ar/ (Luis María Fittipaldi).
Una más, una última. A quienes tanto quieren el cine, nada hace falta decir, y a quienes dicen “quererlo” y tienen ganas de hacer lo suyo, no más excusas. Hay medios y posibilidades que, hasta no hace mucho, eran casi impensables. A ponerse a trabajar. ¡Y a estudiar! Varios dicen hacer cine y no tienen idea de quién es Polanski. El problema no está en no haber visto sus películas, sino en no tener siquiera el mínimo interés en hacerlo.

En Rosario/12 (05/01/2012)