lunes, 13 de julio de 2009

Noël Simsolo: El cine negro (Alianza, 2009)


El cine negro:

prisma para
aprender a mirar cine


El cine negro
Noël Simsolo

11,00 x 17,50 cm.

448 páginas
Rústica Fresado
I.S.B.N.: 978-84-206-8252-5

Código: 3467020
11,06 (IVA no incluido)
11,50 (IVA incluido)

Mayo 2009



Uno podría partir desde diversos ejes –todos coincidentes- para intentar un primer abordaje respecto de El cine negro (Le film noir), de Noël Simsolo. Es decir, por un lado: el autor mismo; por el otro: la temática; y también: la editorial de origen. En otras palabras, y correspondientemente: la trayectoria referencial de Simsolo, el atractivo inmediato que significa el cine noir, la historia que –de suyo propio- significa Cahiers du cinema.
Noël Simsolo (Perigueux, 1944) es realizador, guionista, historiador del cine y novelista. Su obra crítica se ha ocupado de Sergio Leone, Alfred Hitchcock, Clint Eastwood, Jerry Lewis, Samuel Fuller, entre otros. El vínculo con Cahiers du cinema nos excusa de fundamentar, todavía más, su prestigio; ya que Cahiers sigue y seguirá significando una suerte de faro, de referencia tanto histórica como crítica dentro del mundo editorial y fílmico del cine. Volvamos, entonces, al tema del libro.
No voy a disimular mi afecto inmediato hacia el cine negro y todo lo que de él se desprende; en otras palabras: el cine precedente y posterior, estéticas y temáticas, personajes, literatura, reformulaciones, mujeres, todo, absolutamente todo lo que signifique cine negro es atractivo. Como si fuese una suerte de manantial en el que el cine supo confluir para, así, vivificarse. Porque los escritos sobre cine negro, la falta de acuerdo tácito para su definición, la cantidad de títulos, la pertinencia genérica de los mismos, no hace más que augurar muchos más libros y discusiones ya que es demasiada la pasión cinéfila que el tema motiva. Y esta cinefilia es lo que desenreda –ordenada y estructuralmente- el libro de Simsolo.
Para el autor, “el cine negro es una nebulosa” (p. 17), un estado de ánimo, una actitud temática y estética. El cine negro nunca puede defender a la policía, porque no sería negro. El cine negro ocurre a partir de 1944, porque este año significa la cristalización plena del realismo poético francés, el expresionismo alemán, y el melodrama –entre otras influencias- en títulos norteamericanos como Pacto de sangre (Double Indemnity, Billy Wilder), El enigma del collar (Murder, my Sweet (Edward Dmytryck), Laura (Otto Preminger), La dama fantasma (Phantom Lady, Robert Siodmak), La mujer del cuadro (The Woman in the Window, Fritz Lang) (p. 139).
El cine negro es, también, un desafío crítico. Porque supone un prisma desde el cual mirar el cine y, así, mirarnos moralmente. Simsolo no duda en alejar del tono noir a Mickey Spillane y su detective –macarthysta- Mike Hammer. Hace, para ello, suyas las palabras de Robert Aldrich, entrevistado por François Truffaut:

Aldrich: (…) a decir verdad lamento haber aceptado Kiss me Deadly. Ya se habían hecho dos películas execrables de la misma serie a partir del mismo autor y hubiera debido negarme. Mickey Spillane es un espíritu antidemocrático….
Truffaut: ¿Fascista?
Aldrich: Exactamente. (p. 279).


El ejemplo es justo porque, para hacer justicia, Simsolo destacará al film de Aldrich (Bésame mortalmente, 1955) como obra maestra, como ejemplo de un saber narrativo y autoral que hace brillar a un cineasta extraordinario. Vale decir, Kiss me Deadly es soberbia y negra por obra y grandeza –moral- de su realizador, nunca por el origen literario de Spillane al cual, precisamente, Aldrich transgrede.
Será fascinante, para el cinéfilo lector, el detenimiento que Simsolo lleva adelante en títulos B o en la obra de realizadores como Phil Karlson o Gordon Douglas, muchos ajenos a tantas revisiones hechas, y que el autor desmenuza desde comentarios sintéticos, acordes con la temática a desarrollar. Posibilita, así, una semblanza que, a manera de piezas de puzzle, conforman un imaginario de época, un contexto cinematográfico, un continente de películas –muchas- maestras.
Baste decir que, como omnipresencia de relieve, como eje a admirar, la obra de Fritz Lang es la que atraviesa el libro de Simsolo desde la página primera. Lang es el espejo –deformante, claro- desde el que la Norteamérica de posguerra se mira y desde el cual la tarea crítica de Simsolo se erige. Fritz Lang es y será –redundemos, convengamos- uno de los mejores directores del cine de siempre.
Como nota de color, será de interés reparar en la lectura que el autor lleva adelante a partir del análisis de los ecos que el cine negro destila en la cinematografía contemporánea. Allí surge el nombre de Quentin Tarantino como ejemplo referencial, como reelaboración de género capaz de dar cuenta tanto de un saber narrativo como –por añadidura- de un estado de ánimo epocal.
En síntesis, El cine negro de Noël Simsolo expone al cinéfilo conocedor a una revisión temática, mientras posibilita esa tarea tan importante como es la de permitir el ingreso discusional a cualquier interesado, a todo aquél que ame el cine y las películas.

Ver nota en Rosario/12 (24/08/2009)


Osamu Tezuka: Astro Boy #1 (Deux Studio, 2008)


La melancolía del niño-robot


Astro Boy #1
Osamu Tezuka
Deux Manga
B/N

$19,90




"Dios, parece un palacio de hielo. Como en el cuento de Hans Christian Andersen que leí el otro día…"
Astro Boy


Es, creo no equivocar ni exagerar, una ocasión celebratoria la de poder encontrar una traducción al español de la obra más famosa de Osamu Tezuka (1928-1989): Astro Boy (Tetsuwam Atom, 1951). La edita Deux Studio, cuya responsabilidad incluye títulos cuyo rescate es, en muchos casos, de relieve: Historias tristes (Gabriel y Francisco Solano López), Los mitos de Chtulhu (Alberto Breccia), Tango en Florencia (Oswal), entre otros.
El caso de Astro Boy es, por lo menos, excepcional. Sin dudas, mucho tiene que ver el inminente estreno de su puesta al día cinematográfica, pero lo que aquí nos importa es poder –al fin, para muchos- acceder a los cuadritos originales, para leerlos y disfrutar de aquella manera de contar referencial, ya que Tezuka es, literalmente, el mangaka más famoso y padre auténtico del animé, a partir de la traslación al mundo animado de su manga más famoso, Astro Boy, entre 1963 y 1966.
De modo tal que, cuando uno se adentra en las páginas de Astro Boy, hay mucha nostalgia y recuerdos que aparecen. Porque de una manera u otra, uno pudo compartir días de infancia con capítulos animados de Astro, y si bien los argumentos podían estar algo alejados de la memoria, la melancolía que supo contagiarnos el robot-niño sigue intacta. Es decir, es éste el elemento fundamental de Astro Boy. Su génesis es, por lo menos, traumática. Hijo de un padre dolido por la pérdida de su hijo, víctima de un accidente automovilístico, se empecinará en invertir todo su dinero y afecto en la construcción de un símil mecánico. Las máquinas quitan la vida de su hijo, las máquinas se lo devuelven. Hay algo que aporta brillo de vida a este pequeño robot, pero es en vano, no puede crecer. Es esto lo que desquicia al padre creador. Y Astro será víctima de golpizas y de orfandad obligada, para luego trabajar como fenómeno de feria en un circo de robots. Sólo esto es más que suficiente para querer al protagonista. Y las aventuras, todavía, no comenzaron.
Llama la atención, sin dudas, la crueldad y verismo de prólogo semejante. Situación que a uno le permitirá pensar en el contexto de origen, la Japón post-Hiroshima, las familias destruidas y, desde el género, a la ciencia-ficción. Seguramente exista algo de todo ello en este manga. Historieta que puede entenderse, tal vez, como si fuese una aventura triste.
Acompañan a las diferentes historias (dos, más el prólogo citado) introducciones en comic del propio Tezuka. Una pena que la edición local no complete los espacios en blanco para el lector, ya que, por lo que uno puede suponer, lo que Deux traduce es una edición norteamericana no cronológica, supervisada en su momento por el mismo autor. En qué fecha fue originalmente publicada, no es un dato que se contemple. Tampoco si es la misma, o vaya uno a saber cuál, que ha editado Dark Horse. A ello se suman dos elementos que, editorialmente, debieran atenderse: la falta de numeración de las páginas y, más grave, la traducción “chabacana” y tontamente “argentina”, que rompe con el verosímil acostumbrado, aquél que supimos creer desde las queridas animaciones. Vale decir, esto no es Dragon Ball (y que no se confunda con una ofensa a este manga –que es muy bueno-, de lo que se habla es del criterio de traducción similar).
De todas maneras, el librito primero es una maravilla. Porque los dibujos de Tezuka compensan todo. Podemos descubrir, por fin, dónde están las referencias “disneyanas” desde el trazo del autor, desde la vertebración de sus historias: surreales y, para siempre, melancólicas.

La zona (2007, Rodrigo Plá)


Dentro de los
muros y sus voces


La zona
(México, 2007)
Dirección: Rodrigo Plá. Guión: Rodrigo Plá, Laura Santullo. Fotografía: Emiliano Villanueva. Música: Fernando Velázquez. Montaje: Alan García, Nacho Luis Capillas, Bernat Vilaplana. Intérpretes: Daniel Giménez Cacho, Maribel Verdú, Alan Chávez, Daniel Tovar, Carlos Bardem, Marina de Tavira. Duración: 97 minutos.


Aunque con cierto esquematismo e imágenes prolijas, correctamente editadas, La zona se permite –y así también a nosotros- ir un poco más allá. Porque su localización –desde título y argumento- dentro de los límites cercados por alambres de púa de un barrio privado –o country, como gusten- logra que el film se dispare temáticamente, discusionalmente.
Aún así –y creo que me contradiré, una vez y otra- la misma problematización no deja de resultar simple, casi llana. Como si fuese muy fácil comprender qué ocurre en el film y, por ende, qué se da a entender. Pero, acá mis paradojas, igualmente el film se sostiene: sea porque su planteo es cierto, sea porque sus intenciones discursivas son atendibles y, sobre todo, identificables fácilmente en nuestra cotidianeidad.
“La zona” es el nombre que recibe este barrio localizado en una México de contraste simétrico: dentro del muro la epifanía de la vida limpia, por fuera de él la basura edilicia y humana. Una tormenta eléctrica dejará sin servicio de vigilancia a los residentes, y un cartel publicitario derrumbado será la escalera que permita a unos chicos escalar dentro del cubil e introducir la pesadilla en el mundo de los sueños.
Todo ello significará un altercado en el que se suceden robos, muertes, investigación policial y, acá el móvil del relato, la imposibilidad de escape de uno de los chicos, escondido entre las paredes del barrio privado. Como si se tratase, justamente, de la rata que contamina: bajo el sótano, a través de alcantarillas. La suerte de este pequeño ladrón será la preocupación de una población, claro está, fanática, miedosa y fascista.
Porque “La zona” tiene, así como escuela propia, también leyes propias. La asamblea que decide los destinos de la comunidad es el hervidero que sintetiza los miedos de un sector tradicionalmente reaccionario, capaz de sobornar y corromper a un marco social que, también sea dicho, se encuentra proclive a sus dádivas. Desde este lugar, la acción policial se vuelve ambigua, porque si bien hay una investigación que entorpece las intenciones de balacera de los propietarios, al mismo tiempo habrá también una atención a las condiciones que mejor convengan.
Quizá el personaje que mejor exprese esta situación carcelaria -sea tanto por los muros como por el estado de ánimo social- pase a ser el de Maribel Verdú, esposa sin voz que sabe no podrá encontrar manera de sostener lo que se le desmorona. Allí surgirá, de hecho, un hijo perspicaz, capaz de comenzar a ver y rever lo que le rodea, mientras una turba de gente y padres respetables gatilla ante el menor ruido y golpea con puños homicidas.
Como si se generase entre estos dos hijos –el afortunado y el desfavorecido- la simetría y contraste que aludíamos al comienzo de la nota. Será esta condición social la que dicte la suerte personal, pero también será posibilidad de una conversión que, si bien particular, no por ello deja de ser atisbo de un urgente cambio social.

domingo, 12 de julio de 2009

Renzo Podestá (entrevista)


La poética del dibujante compulsivo

Renzo Podestá dibuja infatigablemente, lee mucho, escucha y hace música, y publica en Estados Unidos. Verborrágico también. Pleno de viñetas dibujadas y por dibujar. En palabras del querido Carlos Vogt: todo “un trabajador del grafito”.


Será canción repetida señalar que dibujantes, ilustradores, historietistas, no tienen demasiadas oportunidades de sobrellevar su arte a nivel local. La historieta goza de lápices brillantes en nuestra ciudad; algunos de ellos entrevistados en este mismo medio: Eduardo Risso, Carlos Barocelli, Max Cachimba, Leandro Fernández, entre otros. En ellos, y en tantos más, coincide una misma situación: trabajar para afuera, para otros mercados, para otras posibilidades editoriales.
El caso de Renzo Podestá es paradigmático. Desde una práctica independiente –que sabe, empecinadamente, mantener- hace desfilar viñetas propias –oscuras, expresionistas, lovecraftianas- por distintas revistas, sean cordobesas, rosarinas, o estadounidenses. “Comencé como todos comenzaron en los ‘90: derribando paredes, abriendo puertas nuevas, haciendo fanzines auto-editados, vendiéndolos a lo largo y a lo ancho de lo que nuestros recursos iban permitiéndonos.”
Como corolario a una extensa tarea de cientos y cientos de páginas, el dibujante –y, además, colorista estupendo- tiene ahora la posibilidad latente de colaborar con el escritor por antonomasia de los cuadritos: el inglés Alan Moore (Watchmen, From Hell), “pero no puedo decir mucho al respecto”. Que no nos diga, que guarde secretos y los siga desentrañando como esas pesadillas visuales que tanto gusta de dibujar.

¿Cómo ves el mercado de las historietas?
-El presente historietístico argentino es negro. Pero esto no es ninguna revelación, siempre lo fue, incluso desde los tiempos dorados, donde todos leían historietas. Y editorialmente hablando siempre hubo cosas buenas y malas… o al menos eso fue de lo que me enteré, ya que pertenezco a otra generación. Lo que me preocupa hoy por hoy es que ya nadie se preocupa de contarte una historia, porque básicamente nadie tiene nada para contar desde el punto de vista historietístico per-se. Todos los creadores recaemos -incluso yo, por qué no- en la autobiografía, como si fuera la salvadora de nuestro estilo, cuando en realidad lo que nos falta son cojones para contar cosas que le remuevan las tripas al otro. Y el cagazo por ser políticamente correcto se ve en mucha gente, reconocida incluso por la mayoría. Si a todo esto le sumamos la variable bastante significativa de que los editores no van a pagarte bien o directamente no van a pagarte, el resultado es que hacemos historietas sin cojones y sin que nos importe como arte para vivir.

¿Con cuáles editoriales y países te vinculaste?
-Bueno, tengo que separar las cosas en dos: por un lado Argentina y por otro lado el resto del mundo. Supongo que lo que me diferencia del dibujante de historietas propiamente dicho es que nunca quise dibujar aquello con lo cual me crié leyendo, sino todo lo contrario: esas historias que leía me servían para contar mi propia historia y eso devino, a la larga, en querer contar otro tipo de cuestiones. Lo loco del asunto es que gracias a eso siempre separo mi vocación de historietista integral, de mi profesión de dibujante freelance. De ahí también la separación entre Argentina y el resto del mundo: para un lado quiero hacer mis propias cosas y para otro comprendo adónde me estoy metiendo y qué riesgos voy teniendo. Por supuesto, hago las cosas lo mejor que puedo en cualquiera de las dos posibilidades, pero lo mejor es que siempre me fueron llamando dentro de mis características más independientes que de las económicamente contractuales, por decirlo de alguna manera… y eso me fue llevando a trabajar en Bolivia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Noruega, Estados Unidos, Inglaterra, Francia o España.

¿En qué estás trabajando ahora?
-Con Llantodemudo [NdR: editorial cordobesa, que Podestá compone junto con Diego Cortés, Nicolás Sánchez Brondo y Leonardo Sandler] seguimos editando la antología de comics independientes más grande del país: Ignatius tenía razón. El número 4 salió en abril, el 5 saldrá en agosto. En lo personal, en septiembre saldrá publicado Karmabasurero, segundo libro de “Las crónicas ceroproductivas”, trilogía iniciada en 2005 con (Bang)kok: 60 maneras de escapar de una ciudad. A fin de año va a salir mi segundo libro de poesías: El destapador del diablo. El primero fue La tristeza de los colores flúo, publicado en 2004. Para Estados Unidos, actualmente estoy trabajando en una nueva mini-serie de la franquicia llamada Zombies! guionada por el español Juan Torres y que publica la editorial IDW Publishing; por otro lado estoy terminando el webcomic Hard Drive, escrito por Grez Dunford, que se publicará a partir de agosto en www.cyberpunkcomics.com. También estoy, junto a Diego Cortés en los guiones, con un proyecto que inicialmente se publicará en formato webcomic dentro del sitio de Top Shelf y que de momento se llama Four Writers. Después, mucho más relajadamente, estoy trabajando con proyectos para Dark Horse, Image y, a un nivel rotundamente editorial, con un viejo loco que algunos se atreven a llamar Alan Moore…
Con todo esto uno diría, por lo menos, suficiente; pero Renzo sigue…: “Acerca de las cosas que se publicarán: el 29 de julio se publica HUM, una novela gráfica de 250 páginas en la que estuve trabajando durante tres años, editada por El Diablo Productions y escrita conjuntamente por Scott Marcano y Tom Lenoci. En septiembre finalmente se publicará Howard Lovecraft and the Frozen Kingdom, una miniserie de tres capítulos escrita por Bruce Brown y publicada por Arcana Comics. Y todos los meses salen historias cortas dibujadas por mí y guionadas por otros dentro de la antología de comics llamada Negative Burn, publicada por la editorial Desperado Publishing.”

¿Qué incidencia tuvo en tu profesión la AHI?
-La AHI [NdR: Asociación de Historietistas Independientes] fue y es el gremio por antonomasia de los dibujantes de Rosario, es la liturgia, una especie de El Club de la Pelea pero sin tantos moretones; fue para mí la unión de todos aquellos que estábamos básicamente en la misma situación. La AHI me ayudó -y sigue ayudando- a conocer gente, a meterme de lleno en lo que vendría siendo el mundillo, el gaje del oficio. Por supuesto, una cosa va llevando a la otra, ya que sin curiosidad la cosa se queda ahí, inerte. Pero la AHÍ fue el motor, fue el ruido necesario. Hay que rescatar que, al fin y al cabo, pertenezco a la generación de los fanzineros, a esa calaña perversa que amontona setenta revistas iguales dentro de su mochila y las trata de vender porque no puede dejar de hacerlo… y la AHI, al menos en la época en la que fui miembro activo, se trató de eso: de tratarnos como iguales… Una vez fanzinero, para siempre fanzinero, ése era el lema por esa época… lo loco es que sigue siendo para mí un lema personal.

¿Imaginaste, alguna vez, un futuro personal y laboral por fuera de los lápices y los cuadritos de historietas?
-Absolutamente. De hecho, siempre me consideré más escritor que dibujante. Escribo mucho más de lo que dibujo, incluso actualmente. Todo esto nació como una formalidad porque se me hacía fácil. Incluso apuesto a otro tipo de cosas: hoy por hoy estoy más involucrado con la música (con mi banda Dedocorvo, la cual canto y toco la guitarra) que con la historieta. Y de última hay que destacar que el fin del mundo está por venir, si no es por la predicción maya, la gripe A o la falta de cojones, al menos será como una forma de pertenecer al universo del entretenimiento devenido por la falta de petróleo o lo que quieras ponerle… el punto es el siguiente: pertenecemos a una sociedad dispuesta al entretenimiento como preservación de la cultura, y en eso es lo que estamos fallando… yo no tengo problemas en poner una verdulería. De hecho es lo que hago, de una manera metafórica.

Enlaces para consultar:
http://renzopodesta.blogspot.com
http://www.ixigore.deviantart.com
http://www.topshelfcomix.com/ts2.0/artist/336 http://llantodemudo.blogspot.com
http://llantodemudodigital.blogspot.com

Ver nota en Rosario/12 (12/07/2009)

viernes, 10 de julio de 2009

Last Chance Harvey (2008, Joel Hopkins)


Dos grandes nombres
y un film predecible


Tu última oportunidad
(Last Chance Harvey)
EE.UU.,2008

Dirección y guión: Joel Hopkins. Fotografía: John de Borman. Montaje: Robin Sales. Música: Dickon Hinchliffe. Intérpretes: Dustin Hoffman, Emma Thompson, Eileen Atkins, Kathy Baker, Liane Balaban, James Brolin. Duración: 93 minutos.




No vamos a negar que el sólo hecho de poder ver juntos a Emma Thompson y Dustin Hoffman significa un atributo seductor. Esto es así porque siempre ha sido así. Nos encanta ver, por fin, a buenos intérpretes compartir una misma obra. Superada esta situación –mencionada, mejor dicho- pasemos ahora a la película. (Y sí, me encanta encontrar dentro de un mismo encuadre de cine a artistas que uno admira.)
Tu última oportunidad refiere, como título, a la situación de vida que le toca enfrentar a Harvey (Dustin Hoffman), un creativo publicitario que reconoce su escaso talento al piano y su consecuente necesidad laboral como compositor de jingles televisivos. El contraste entre su sueño –músico de jazz- y su realidad artística –música para jabón de ropa-, se nos muestra desde el mismo inicio del film: detalle de manos que se revelan como fuente de la música de piano, primero ejecutada correctamente, luego tropezante; a posteriori, los golpes sobre el vidrio de su compañero de trabajo traen al músico a la realidad: el jabón de ropa y su musiquilla demandante.
En este hiato uno puede situar al film de Joel Hopkins, puesto que también allí habrá espacio para profundizar el quiebre: la hija única que se casa en Londres, el viaje y el reencuentro obligado con su ex-mujer (Kathy Baker), un rol de padre que se tambalea entre los gestos de dos familias respecto de las cuales se siente ajeno, mientras se revela a la hija como único lazo afectivo (aunque también cruel, como el film sabrá mostrar).
El hiato mencionado sabrá también espejarse en Kate (Emma Thompson), una inglesa sujeta a una vida de soledad, de la que quiere salir y a la que su madre parece hacer proclive. Su teléfono celular recibe llamados constantes de una madre que, por lo que vemos, le recuerda su rol protector. Nada escapa a su mirada, y es poco lo que Kate hace para evitarlo.
Las historias de ambos protagonistas comenzarán a rozarse con disimulo, casi por casualidad. Y tal vez allí radique uno de los mejores aspectos del film, es decir, ese simple “sin querer” que hace que historias ajenas se contacten y se requieran. Como si una suerte de fuerza impulsora, secreta y de imán seductor, atrajera la simetría que observamos para una posibilidad de resolución final y conjunta.
Desde ya, es esto lo que uno espera no bien el film comienza su desenvoltura. Y será esta previsibilidad, estimemos, lo que hace de Tu última oportunidad una película sin demasiados elementos para el recuerdo, exceptuando, claro está, sus roles protagónicos. Como contrapunto –excelente- podremos referirnos a la memorable El amor es un eterno vagabundo (Ironweed, 1987), en donde el realizador Héctor Babenco reuniera a otros dos grandes artistas -Meryl Streep y Jack Nicholson- bajo un mismo cielo plomizo, carente de lugares comunes, por medio de una historia tan profunda como brillantemente interpretada. Es ese rasgo cinematográfico feliz el que se nos pierde tras la visión de Tu última oportunidad.

jueves, 9 de julio de 2009

El prestigioso Milano #1


El hombre música. Aquél que posee no sólo discos incunables, sino también las ediciones más variopintas y repetidas -pero diferentes entre sí- de un mismo disco. Gustavo Milano es el alma-música de Linterna Mágica. Aquí, para recordar y compartir, las listas de temas de los dos últimos programas radiales.

12/06/2009
1- Tears of Concrete – Popol Vuh
(City Raga, 1994)

2- Perfect Sunday – The Damned
(So, Who’s Paranoid, 2008)

3- Les Professionels – Air
(Premier Symptomes, 1999)




4- La vieja mama
– Mateo y Cabrera (Mateo y Cabrera. En vivo, 2000)
5- Flossie Lou – Brown and Roach Inc. (More Study in Brown, 1983)
6- Hard Coming Love – The United States of America
(The United States of America, 1968)

7- Three Hours – Nick Drake
(Made to Love Magic, 2004
)

19/06/2009
1- Barracuda – The Bad Plus
(For All I Care, 2008)

2- GDBD – Rubén Blades y Seis del Solar (Buscando América, 1984)
3- For Ever – Cold Sun
(Dark Shadow, 1973)

4- Somos todos – El robot bajo el agua (La óptica espacial desde el corazón, 2003)
5- Shadowplay – Warsaw
(Warsaw, 1978)

6- Omaha Celebration – Pat Metheny (Bright Size Life, 1976)

domingo, 5 de julio de 2009

John Berger: De A para X. Una historia en cartas (Alfaguara, 2009)


El poeta que
nos lee cartas ajenas



De A para X
Una historia en cartas

John Berger
Colección: Literaturas
Páginas: 208
Fecha de publicación: 01/4/2009

Género: Miscelánea Literaria
Precio: 16.50 €

ISBN: 978-84-204-2295-4
EAN: 9788420422954

Traductora: Pilar Vázquez


"De A para X es uno de los libros más conmovedores que he leído en muchos años. Berger pone de manifiesto que, por viles que sean los ejércitos que nos oprimen, el amor y el espíritu humano son indestructibles."
Harold Pinter

"(…) poco a poco todos aprendemos a movernos por el tiempo,
cada cual a su manera.
"
John Berger/Xavier, p. 109


Que John Berger (Londres, 1926) elija el modelo epistolar para contarnos esta historia (para fragmentarla y desmenuzarla, para provocar elipsis, interrogantes y secretos), nos habla de su atención a lo íntimo, a lo que plasma la grafía propia, de modo torpe, también elegante. Porque allí hay mucho de uno mismo –lector y escribiente-, tanto como de A, tanto como de X. El lector, entonces, asume rasgos de uno y de otro, de A’ida y de Xavier, y de muchos, de tantos más. Berger, qué escritor.
Pero prefiero detenerme, antes bien, en los dos retratos que Berger nos presenta, y pintados por él: dos páginas que se enfrentan mientras sus rostros –los de A y X- nos miran, a la vez, serenos y dulces, separados por el límite que marca la zanja de pegamento entre las dos páginas, juntos y alejados, así como con las cartas, vehículos que aúnan a los amantes aún cuando X sufra su encierro de prisión: dos cadenas perpetuas pero con un amor sin fisuras.
Y será menester, decíamos, destacar los dos retratos, las dos pinturas, porque surgen como voz primera –plural, como única posibilidad de ser-, antes que cualquier aviso acostumbrado de copyrights con aclaraciones de edición –comunes y obligadas en cualquier libro-. Será porque, necesariamente, el libro de Berger no es de Berger, sino de sus protagonistas: ellos antes que cualquiera, antes que uno mismo: voces de sombras que –nos dice Berger- Dios guarde y cuide.
Así podremos enhebrar la historia de las cartas, aunándolas desde la lectura de cada una y entre todas, al llenar los espacios en blanco que nos proponen para completarlos con tantas ideas como queramos. El nexo es simple, puesto que lo que ocurre es cierto, por vital y por humano. Hay una condena política. Hay una defensa de ideas y de amor por la vida. Hay denuncia ante la opresión, la represión, y la estupidez que engendra egoísmos y pobres y muertos. Hay dignidad entre personas que se aman, entre seres humanos que viven entregados a principios tan grandes como para dedicarles la vida. Hay otros –tantas personas-, también y cómo no, por los que vivir, por los que pensar, por los que luchar, por los que escribir. Y John Berger escribe y uno vivencia todo ello. Así de maravilloso es su libro.
Cada carta de A’ida (distribuidas en tres paquetes, rescatadas del olvido por nuestro escritor) es un canto de amor, de pena que disimula, de orgullo, de mujer bella y solícita. Acaricia con las palabras, agrega dibujos para las paredes de la cárcel (de manos, como fragmentos de un cuerpo que se piensa desde allí, desde las posibilidades de esa mano), piensa las historias que vive, y ensueña cada momento mínimo, de esos que acompañan a uno desde lo cotidiano. Todo se lo regala a X. Todo. Palabras vivas, sea tanto para vivirlas como para amarlas (y amarla). Y muchas de estas cartas son comentadas con letra diferente, pensares acuñados por Xavier desde momentos secretos. Textos breves o no, capaces de interactuar con lo escrito por A’ida, o de ser palabras que capturan hálitos que atraviesan a X y le permiten sentirse vivo. Dependerá del interés lector, de cómo queramos leerlos. Aunque sí nos obliguen a pensar vínculos, que nos despidan hacia otros lugares, tanto personales como universales o impostergables.
X, Xavier, por convención, es la cruz de lo prohibido, del castigo y del veneno. Pero también lo es de lo que seduce. Hacia allí, desde niños, hemos sabido dirigirnos, una y otra vez: abrir la puerta que no se permite. Adentrarnos, también, en el secreto que guardan estas cartas íntimas, arracimadas en “una especie de casilleros hechos con cartones de Marlboro” (p. 13), sobre la pared de una celda, la 73, abandonada como cáscara de una cárcel desierta.
El poeta (Berger/A’ida/Xavier) nos regala todo esto porque, antes que jactar autoría alguna, sólo escucha las voces que le rodean. Como un juglar. Un puente de amor y de justicia que, por poética, es justicia al fin.

lunes, 29 de junio de 2009

Radio Dossier: Films en guerra

.
La verdad que el género "bélico" no es algo que atraiga en demasía a los que hacemos Linterna Mágica; pero el racconto de tantos títulos, el detenimiento en algunos de ellos (maestros, sin duda, como Apocalypse Now, 1979; como La patrulla infernal, 1957), hace que elijamos todo un programa para su desarrollo. También para el análisis y el contraste que nos permite el denominado "anti-bélico". Y por si fuera poco, desmitificamos la grandeza y seriedad de títulos como La lista de Schindler (1993) y Rescatando al soldado Ryan (1998).


Emitido por
Linterna Mágica el 26/06/2009


Intervienen: Bendersky, Arteaga, Tolj, Milano, todos orgullosos desertores del Séptimo de Caballería.

Descargar:
Parte 1: Apocalypse Now
Parte 2: repaso memotécnico y fílmico sobre el género.
Parte 3: disputas entre bélico/anti-bélico. Spielberg bajo la lupa: Private Ryan y Schindler´s List.

domingo, 28 de junio de 2009

Carlos Pérez Agüero (entrevista)


Dueño y creador de la magia animada



"Yo ya había comenzado a dibujar la historieta El hada Patricia, en Anteojito, con guiones de distintas personas; y llegaron dos que eran de Héctor Oesterheld, en donde figuraba una bruja que se llamaba Cachavacha. En esos dos capítulos, yo creé el personaje físicamente. Fueron cuatro páginas nada más. Y a García (Ferré) le gustó tanto el nombre que se lo compró a Oesterheld..."

Sólo un extracto del diálogo que mantuv
imos con Carlos Pérez Agüero, uno de los legendarios dibujantes y animadores argentinos que tanto ha hecho, al que tanto le debemos, al que tanto queremos.


Emitido por Linterna Mágica
el 19/06/09


Intervienen
Arteaga, Tolj, Fiorucci.


Descargar entrevista

Ver nota en Rosario/12
(28/06/2009)






Y porque se nos vuelve imprescindible -desde el recuerdo, desde la admiración-, no po
demos dejar de citar la entrevista que pudimos hacerle, también en este programa, al igualmente maravilloso Néstor Córdoba (1929-2008).

Descargar:
Néstor Córdoba (entrevista, 24/08/2007)

Le silence de Lorna (2008, Jean-Pierre & Luc Dardenne)


El silencio que molesta

El silencio de Lorna
(Le silence de Lorna)
Bélgica/Francia/Italia/Alemania, 2008
Dirección y guión: Jean-Pierre y Luc Dardenne. Fotografía: Alain Marcoen. Montaje: Marie-Hélène Dozo. Intérpretes: Arta Dobroshi, Jérémie Renier, Fabrizio Rongione, Alban Ukaj, Morgan Marinne, Olivier Gourmet. Duración: 105 minutos.




En una primera instancia, me resulta irresistible pensar la temática de los hermanos en el cine, porque así como los belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, son muchos otros los que también admiramos: los Taviani, los Coen, los Fleischer y, cómo no, de pie todos nosotros, los mismísimos Auguste y Louis Lumière, padres del cine.
Pero volvamos a los Dardenne y al film que nos ocupa, para señalar y celebrar su artesanía narrativa, su dignidad moral, dada por una cámara que elige acompañar personajes marginales, al costado de las luces de ciudad de tarjeta postal, con problemáticas profundas y terribles, justamente aquellas que la alfombra citadina prefiere ocultar bajo su manto para invisibilizar.
Así como con sus films anteriores –Rosetta, El hijo, El niño-, también con El silencio de Lorna los hermanos Dardenne arriban al personaje desde detalles pequeños, que se desarrollan gradualmente conforme avanza el argumento. Sabremos lo necesario: la nacionalidad belga que Lorna, finalmente y con alegría, obtiene; un marido drogadicto que intenta recuperarse y al que ella trata con indiferencia; un taxista nocturno con el que Lorna participa en tratos ilegales; un amor desesperado que separa la distancia; más el trabajo estanco y cotidiano en la tintorería (tarea para ser desempeñada –tal como destacara mi amigo Manuel Bendersky, luego de ver el film- sólo por inmigrantes).
Con estos elementos, cuya imbricación generan conflictos nuevos, mientras nos develan costados terribles y difíciles de digerir, se construye El silencio de Lorna. Es así que uno no puede menos que, valga la paradoja, maravillarse con el film. Porque es admirable desde su construcción, porque no precisa de golpes de efecto ni de discursos unívocos o políticamente correctos. En El silencio de Lorna asistimos a una de las tantas historias pequeñas que sintetizan mucho, que permiten develar una sociedad compleja, europea, y perversa.
Lorna (Arta Dobroshi, brillantemente) pareciera, por momentos, quebrarse. Porque sabe que ha obrado de manera espantosa. Aún cuando su necesidad vital la empuje a adentrarse en situaciones inmanejables, hay algo de sí misma que la corroe y que la lleva a desnudarse, a compartirse sexualmente: de forma ambigua, contradictoria, tanto como lo permite la misma manera de ser –por impredecible- femenina.
Y cuando asistimos a este foso de abismo, nos damos cuenta de nuestra posición de espectadores. Tranquilizante por una parte: porque sabemos que no estamos allí, en el problema que la pantalla nos propone; pero desesperante por la otra: porque no podemos ser indiferentes, porque el film nos arroja dentro del problema (será por ello, estimo, que varios espectadores se retiraron de la sala). La angustia, entonces, obra allí, tanto durante como luego de la proyección, rasgo que habilita a entender que el cine de los hermanos Dardenne conmueve de modo cierto o, en otras palabras, de forma artística.

Radio Dossier: Hammer Horror Films


Desde la noche profunda , se eleva la voz del conde de nuestro programa. Su "Buenas noches" resuena como eco de campana lóbrega. Atrévase a sumergirse en el mundo único, de rojos y verdes saturados, vampiros animales, y escotes para el recuerdo. Uno de los mejores capítulos en la historia del cine de horror y fantasía de todos los tiempos: los estudios ingleses Hammer Films.




Intervienen:
Count Fiorucci
, Bendersky, Tolj, Arteaga, Milano.

Emitido por
Lint
erna Mágica el 19/06/09

Descargar:
Hammer Films pt.1
Hammer Films pt.2

viernes, 19 de junio de 2009

Radio Fantástica #3: Revistas de Ci-Fi y Fantasía en Argentina


Nuestro columnista -exclusivo y sabedor como pocos- Carlos Abraham despunta datos y curiosidades sobre publicaciones inconseguibles y maravillosas. La ciencia ficción, el terror y la fantasía, de la mano de revistas pioneras, argentinas y, escuche si no me cree, rosarinas.

#4 (22/05/09)
Revistas de Ciencia Ficción y Fantasía en Argentina I. Hombres del futuro (1947). Diario Crítica. Natalio Botana. La llama eterna, de Stanley Weinbaum y la censura peronista.
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#5 (29/05/09)
Revistas de Ciencia Ficción y Fantasía en Argentina II. Narraciones terroríficas (1939-1952). Angélica Gorodischer. Robert Howard y Lovecraft por primera vez en Argentina. Editorial Molino. Palau y Luis Macaya. José Mallorquí y El Coyote.
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#6 (19/06/09):
¡Cienci
a Ficción en Rosario!
Revistas de Ciencia Ficción y Fantasía en Argentina III. Urania (1953). Julio Echeverría. La primera traducción de Philip K. Dick al castellano. El primer libro de ensayos sobre historietas: Muñecos para la eternidad. El alma de los dibujos de historieta, de Jorge Rey (1941).
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lunes, 15 de junio de 2009

Radio Dossier: Up + Pixar Studios


Espíritu de Aventura

Up. Una aventura de altura
(Up)
EE.UU., 2009
Dirección: Pete Docter, Bob Peterson. Guión: Pete Docter, Bob Peterson, Thomas McCarthy. Música: Michael Giacchino. Voces: Edward Asn
er, Christopher Plummer, Jordan Nagai, Bob Peterson, Delroy Lindo, Jerome Ranft. Duración: 96 minutos.


¡Otra vez! ¡Por fin, qué bien, qué bueno! Otra película Pixar para ver (y rever) y reseñar hasta el cansancio (el cual, convengamos, nunca ocurre). Porque no será redundante recordar, resaltar, subrayar, la excelencia que dentro del ámbito de la animación –y para el cine todo y, sobre todo, norteamericano- significan los estudios Pixar. Entre tantos títulos magníficos prefiero, para el recuerdo del lector, sólo mencionar mis favoritos: Monsters, Inc. (2001) y Wall-E (2008). Ahora también, claro, Up.
Tampoco vendrá mal recalcar en la independencia creativa que dentro del imperio Disney (alicaído, triste y reiterativo) los estudios Pixar han posibilitado, más el vínculo de relieve que profesan y practican con los viejos animadores del estudio del ratón, fuente de inspiración laboral y creativa. Porque en los films Pixar se respira amor por el cine, sea tanto desde la misma genealogía cinéfila como también por sus guiones esmerados e inteligentes. Nada hay en ellos que signifiquen golpes bajos, chistes fáciles (para algunos, “adultos”), o referencias tontas por televisivas.
Será por esa atención a lo hecho –a lo bien hecho-, que estos films parecen estar destinados a ser clásicos inmediatos. Y Up no es la excepción. Menos aún cuando uno no puede desentender los rasgos de su protagonista principal –un viejito soñador y vendedor de globos- con los del actor Spencer Tracy: rostro cuadrado, pelo ondulado y cano, anteojos de marcos gruesos. O lo que el film refiere como cita cinéfila y aventurera: perseguir aquel sueño de infancia como válvula de escape, como faro para encontrar la Aventura (así, con mayúscula) en ámbitos verdes y tropicales, de la misma manera en que Tarzán o King Kong nos lo supieran, desde el cine, enseñar.
Y todo ello desde un perfil de personajes creíbles por saber alejarse, precisamente, del moralismo habitual y sus finales felices. El viejito Carl es, antes que cualquier otra cosa, viejo. La atención del film está depositada allí, en un personaje tipo donde el mismo cine (como espejo social que es) elige no reparar. Es viudo y nunca pudo ser padre. Y vive con dolor la ausencia de su amada, mientras su casita otrora colorida se vuelve gris, y edificios todos iguales y gigantes amenazan con aplastarlo, junto con la compañía de dentaduras que sonríen desde folletos de casas de descanso.
Lo acompañan muchos recuerdos, pero también un niño boy-scout empecinado en ayudarle, la necesidad de mantener su casa más liviana para sostener el vuelo de los globos, y el inevitable reencuentro con el héroe de su niñez, perdido en océanos de tiempo, tan vulnerable y humano y falible como cualquiera.
Hacia allí se dirige Carl, mientras de a poco quita lo huraño de su rostro y se vuelve más feliz. Tanto como –corrobora uno- el mismo espectador. Aquí sí, el final no puede ser mejor: el buen ánimo contagia, y con él las ganas de iniciar, otra vez, el vuelo del film.


Plus! Pixar Radio Dossier

Un repaso admirativo sobre el mundo Pixar, cortesía de Diego Fiorucci, Esteban Tolj, Leandro Arteaga, Manuel Bendersky, Gustavo Milano.

Emitido por
Linterna Mágica el 12/06/2009


Descargar Pixar Radio Dossier

Radio Dossier: Jules Verne y el cine


Linterna Mágica se declara admiradora de la literatura, genio y fantasía de Julio Verne (1828-1905). Los films sobre su obra son, tanto como sus libros, compañeros desde nuestra infancia. Algunos piezas maestras, otros sazonados con la experiencia inolvidable de las salas de cine. Verne es sinónimo también, claro está, del incipiente y gran espectáculo cinematográfico: basta recordar que uno de los primeros films que pasarán a la historia será Viaje a la luna (Le voyage dans la lune, 1902) de nuestro también admirado Georges Méliès.
Nuestras reverencias y afecto al más grande.

Emitido por
Linterna Mágica el 05/06/2009


Intervienen: Esteban Tolj, Leandro Arteaga, Manuel Bendersky, Gustavo Milano, todos cómplices del Capitán Nemo.


Descargar:

Parte 1: 20.000 leguas de viaje submarino (1954, Richard Fleischer).
Parte 2: reseña bio y filmográfica sobre Verne.
Parte 3: George Méliès, viajes a la luna, Edison, Verne.

Un destello en el cielo (2007, Kay Kenyon)


El cielo,
velo q
ue esconde aventuras

Un destello en el cielo
Titulo original: Bright of the Sky
Autor: Key Kenyon

Traducción: Álvaro Sánc
hez-Elvira Carrillo
Fecha de publicación: marzo de 2009
Formato: 23 x 15 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 416

PVP: 21,95 € - ISBN: 9788498004571
Colección: SOLARIS FICCION Nº: 122
Género: Ciencia ficció
n
Otros idiomas: más de diez

El cielo estaba en llamas. Nubes altas y estratificadas hervían en un fuego blanco azulado. Parecía como si debiera cegarle, pero tras la conmoción inicial, comprendió que el fuego era brillante y delicado a la vez (…) siempre era así: el cielo, en llamas.
p. 76

Separado del ruido mundano, también forzado a callar o hablar para sí, como si sólo de un mal recuerdo se tratase, Tïtus Quinn dispersa sus horas solitarias entre trenes en miniatura, lejos de la sociedad, más lejos todavía de la corporación que lo empleara y, ahora, silenciara.
Estamos en un tiempo futuro y tecnológico y, también y como siempre, en manos de grupos económicos. Hubo un viaje que resultó en tragedia. Poco recuerda el otrora piloto Titus, pero sí lo suficiente como para saber que su esposa y su hija quedaron allí, del otro lado, en ese otro mundo que Titus insiste en llamar Omniverso. Por algún motivo, el piloto pudo volver, aunque ignora por qué y cómo, mientras Minerva, la corporación, ha obligado a callar todas las referencias sobre el hecho, pendiente de su prestigio en vuelos, en dinero, en cualquier cosa, menos en la voz de un loco.
Este mundo paralelo no existe, es imposible. Sólo podría devolver a Titus algo del rango de la verdad la misma institución que le quitara la palabra pública. Será así, entonces, como Titus podrá volver al Omniverso. Cuando Minerva le ofrezca otro viaje, entre conspiraciones y chantajes, para que Titus acepte y explore y vuelva. Pero Titus tiene también otros planes. Allí, entonces, nuestra aventura.
Asistir al Omniverso será el momento mejor para el lector: vislumbrar un cielo que explota en naranjas y bermellón, aguas color mercurio, habitantes salidos de cuentos fantásticos. Allí va a parar Titus, el legendario Titus Quinn. Porque mucho se sabe de él, aunque poco sea lo que recuerde sobre sí mismo. El periplo de Titus sabrá entretejerse, por ello, desde distintos lugares: el pasado lentamente recobrado (a veces doloroso), las historias paralelas (y que uno augura se encuentren), los aliados y enemigos olvidados, la elegancia sobrenatural y terrible de los tarig, la adoración y el temor que profesan, y la prosecución de una misión que se debate entre la obligación y el deseo.
Uno no puede olvidar el vínculo que nos despierta el libro de Kay Kenyon respecto del plot legendario y de historieta que movilizara a Juan Salvo en El eternauta (1957-59, Oesterheld/Solano López). Tanto allí como aquí, los protagonistas acarrean una pena que los consume y los obliga a nuevas aventuras. Muchas tristes, otras mejores, pero con la angustia sobre sí: recuperar la familia perdida. No sabemos, todavía, cuál será el destino final de Titus Quinn, pero sí que una vez a bordo de sus pesares y recuerdos recuperados, los lectores vamos a querer continuar consigo para saber y, sobre todo, para disfrutar.
Un destello en el cielo es el primero de los libros que componen la serie que Kay Kenyon dedicara a este melancólico protagonista y su mundo de Aventuras: el Omniverso. A World Too Near (2008) es su continuación (pronto a ser publicado también por La Factoría de Ideas), más un tercero, City Without End, que la autora tiene en preparación.
Elegiré detenerme, por último, en las gondi, creaturas sobrenaturales (pero naturales para el Omniverso), que guardan un parentesco muy familiar para nosotros, los simples humanos. Descubrir sus orígenes no sólo nos permite adentrarnos más en la gracia imaginativa de Kenyon, sino también en la definitiva puesta en duda sobre tantos dogmas, venidos ellos –qué duda cabe- desde confines tan delirantes y fantásticos como el mismísimo Omniverso. A esperar el segundo el libro.

domingo, 7 de junio de 2009

Terminator Salvation (2009, McG) + Terminator/Cameron Radio Dossier


La buena vuelta
de las máquinas


Terminator: La Salvación
(Terminator Salvation)
EE.UU./Alemania/Inglaterra, 2009
Dirección: McG. Guión: John D. Brancato, Michael Ferris. Fotografía: Shane Hurlbut. Música: Danny Elfman. Montaje: Conrad Buff. Intérpretes: Christian Bale, Sam Worthington, Moon Bloodgood, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Anton Yelchin. Duración: 115 minutos.



Allí donde uno no esperaba ver nada más que otra de las tantas recurrencias temáticas –y de franquicia- de Hollywood, ocurre, sorpresivamente, algo distinto. Porque la cuarta entrega de Terminator (serie que, para muchos y por justicia, concluye en su segunda parte) es capaz de olvidar, para superar, su tercer y triste capítulo, más una acción que se retoma y que genera, de paso, un vuelco narrativo con posibilidades de proseguir.
El argumento de Terminator: La Salvación nos sitúa ahora en pleno futuro, aquél que presagiara la primera y gran entrega de James Cameron, filmada en 1984, con atisbos fugaces y buenísimos sobre máquinas rebeladas y humanos sometidos. Era Kyle Reese (Michael Biehn) el encargado de venir a proteger, desde el mañana, la vida de la madre del futuro líder de la resistencia: John Connor. Elementos centrales para toda la mitología que este primer film diera a lugar, también por medio de una serie televisiva endeble y una extensa serie de historietas con mucha mejor suerte.
Terminator: La Salvación es capaz de sobrellevar el legado argumental y, lo mejor de todo, reformularlo. El cuarto capítulo se vuelve una fantasía científica de rasgos hardboiled; en otras palabras, una ciencia ficción dura, bélica, con un líder falible y sujeto a caprichos militares: allí, para el caso, citar la vuelta a la pantalla del rostro granítico de Michael Ironside.
El John Connor de Christian Bale se encuentra en el medio de diferentes subtramas: el asedio de Skynet, su esposa embarazada, un padre (Kyle Reese) al que salvar para dar razón cíclica a los cuatro films, más una némesis robótico-humana que guarda rasgos muy similares al más famoso de los terminators. Razones por las cuales, asistiremos a una revisión por momentos lúdica –con vuelta musical de Guns n’ Roses también- sobre la serie fílmica y los recuerdos del espectador.
Pero lo que potencia a esta nueva entrega es, como decíamos, la capacidad de reformular el mito. Salvación es una nueva brecha por la que hacer circular el relato, capaz tanto de diferenciarse de los paradigmáticos films primeros como, repitamos, de la nefasta –y schwarzeneggeriana- tercera parte. Connor, por fin, asiste a su destino prometido y, lejos de artilugios tecnológico-digitales alla transformers, este Terminator está mucho más cercano al espíritu industrial y mecánico que originalmente lo animara.
Campos de concentración donde los humanos son almacenados, naves vigías, máquinas robot de rostros ceñudos, un planeta por fin desvastado, humanos huraños y comida escasa, más una tonalidad fotográfica sepia y terrosa, capaz de emular un futuro ya viejo y distópico. Todos ellos elementos, convengamos, que la ciencia ficción ha trabajado una y otra vez, pero que, por lo menos, acompañan de manera certera lo que podría haber sido otro film olvidable.



Más:
Terminator Radio Dossier:
de Cameron a Bale



Intervienen: Fiorucci, Bendersky, Arteaga, Milano, Tolj
Linterna Mágica (12/06/2009)

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Por fin viuda (2008, Isabelle Mergault)


Una comedia para el bostezo


Por fin viuda
(Enfin veuve)
Francia, 2008
Dirección: Isabelle Mergault. Guión: Jean-Pierre Hasson, Isabelle Mergault. Fotografía: Philippe Pavans de Ceccatty. Montaje: Véronique Parnet. Música: Étienne Perruchon. Intérpretes: Michèle Laroque, Jacques Gamblin, Wladimir Yordanoff, Tom Morton, Valérie Mairesse. Duración: 93 minutos.



No concuerdo con la necesidad de vincular, para descalificar globalmente, el film del que aquí hablaremos con las características estéticas y temáticas de otros –casi- similares. Sin dudas, dicha semejanza puede establecerse desde el género y la nacionalidad. Es así que el cine francés de los últimos años se preocupa por cultivar una comedia proclive a un tipo de humor de situaciones, las más de las veces -quizá- ligadas a ámbitos burgueses aunque, también, acorde con problemáticas mayores, no exclusivas de este entorno.
En este contexto fílmico, podemos precisar títulos tales como El restaurant, El invitado, Mi otro yo, Mi mejor amigo, todos ellos con el protagónico del gran Daniel Auteuil. Podremos, decíamos, descubrir similitudes como las que señaladas, pero también encontrar desemejanzas, puesto que Por fin viuda adolece, a diferencia de estos films, de un contagiante tratamiento humorístico y, por el otro, tal vez se deba a la identificación plena que la película hace, por medio de su personaje principal, con el modo de vida burgués. (También podríamos, por qué no, distinguir la abulia burguesa como una suerte de tinte crítico, pero no forcemos demasiado lo poco que la realizadora Isabelle Mergault nos ofrece).
Por fin viuda remite al deseo oculto, prontamente cierto, de Anne-Marie (Michèle Laroque), esposa de un adinerado cirujano de estética femenina. La vida de amor paralelo le planteará a Anne-Marie, dadas las circunstancias, una decisión crucial. Y aquello que pareciera ser la solución repentina a tanta indecisión culminará por ser, paradójicamente, el mayor de los entuertos. La casa de la mujer se llenará de familiares y amigos preocupados por su ánimo de viuda reciente, a la vez que imposibilitan sus movimientos y cercan la revelación de la inminente fuga con su amante.
Pero lo que podría generar situaciones de tensión, humor y, cómo no, suspense, culmina por revertir en una sucesión ordenada de escenas con algunos momentos para la risa mínima y los lugares reiterativos (el hijo pesado y edípico, la vieja alcohólica del bar, el suegro con Alzheimer, etc.). Todas excusas para prolongar la ya de por sí excusa que significa el argumento del film.
En suma, nos encontramos con un entretenimiento ligero y, aquí sí precisemos, aburrido por burgués. Vuelvo, por ello, sobre el primer párrafo. Aún cuando los films que señalábamos coincidan, por cinematografía, en género y elementos estéticos, existen en ellos motivos que desbordan los límites del planteo y persisten en la retina: la amistad, la soledad o el desempleo como temáticas; más el uso y la construcción del gag de manera verosímil. Todos estos títulos, además, con el beneficio que significa la presencia y gesticulación admirable de Daniel Auteuil. En Por fin viuda no hay nada de ello, sólo una comedia mediocre y proclive a los bostezos.