domingo, 26 de abril de 2009

El colectivo (2009, Edhasa), de Eugenia Almeida. Entrevista con la autora.


Colectivo indiferente,
personas indiferentes



El colectivo
Eugenia Almeida
Edhasa
Buenos Aires
2009
Argentina: $ 32.00

Resto del mundo: U$S 10.67


En El ángel exterminador (1962), Luis Buñuel dejaba que su peculiar fauna de personajes fuese víctima de sí misma. Luego de la fiesta, en aquel film nadie salía de la casa y nadie se preguntaba o cuestionaba lo que ocurría. Simplemente, continuaban con las nuevas reglas. Se naturalizaba lo extraño. Algo de ello, pude uno asociar, ocurre también en el pueblo pequeño de El colectivo, donde Eugenia Almeida (Córdoba, 1972) nos cuenta, entre otras cosas, cómo el colectivo –de repente y sin explicaciones- deja de parar a la entrada, así como la barrera de ferrocarril queda baja sin trenes que la justifiquen.
Un grupo de personas de todos los días, trabajadoras, curiosas –algunas- y prejuiciosas –muchas- son los partícipes de esta historia de rumores y, sobre todo, amaneceres oscuros. Son estos pequeños elementos –el colectivo que pasa de largo, el paso vedado- los que anuncian, por ello, tiempos extraños. El comisario no termina de entender lo que ocurre, las versiones respecto del prófugo no son claras, tampoco el proceder correspondiente, pero decide seguir fiel a su línea jerárquica. De todos modos, la mano quemada por distracción, roja y sensible, ya no puede saludar al militar superior. Es 1976. Pequeños gestos, síntesis mayúsculas.
Serán varios los que allí continúen con su hacer cotidiano como si nada raro ocurriese, donde los mensajes de radio dan informaciones encontradas, y donde las comadronas de barrio sabrán resolver tanta bataola desde su labia infame. Pero hay alguien a quien su salida demorada se le está volviendo estadía, mientras un grupo numeroso, como si se tratase de un espectáculo fellinesco, se reúne para ver cómo el colectivo pasa de largo ante su figura de abogado distinguido. Quizá uno de los mejores momentos del libro.
Más una pareja que debe huir, que se atreve a saltar la barrera limítrofe, suerte de fantasmas errantes de quienes se dice y se decide desde las palabras de todos. Cada uno acomodará lo que ocurra de acuerdo con sus costumbres. Pareciera que nada, entonces, se altera. Siempre habrá quien sepa explicar.
También hay una vía que separa mundos, modos de ser y de vivir. Qué escándalo será decidir vivir del otro lado, donde se viste y se habla de formas diferentes, donde se es víctima, dicen, de ladrones sin remedio.
Todo ello como micromundo, como hábitat funcional, como serpiente recién salida del huevo, lista para devorárselo todo.
El colectivo fue distinguido en 2005 con el Premio Internacional Dos Orillas, organizado por el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (España). Se ha publicado en España, Portugal, Grecia, Francia e Italia. Hace poquito leía a Umberto Eco, en su prólogo al Saint-Exupéry de Hugo Pratt, señalar que los escritores escriben para viajar o viajan para escribir. No como juego de palabras, sino como situaciones que se requieren. Así le ha ocurrido a la autora, invitada a participar de distintas actividades internacionales, y presta a la publicación de una segunda novela, La pieza del fondo, a editarse en 2009 por Edhasa y por Editions Métailié (Francia).

Entrevista con Eugenia Almeida
en Linterna Mágica (24/04/2009):
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martes, 21 de abril de 2009

Radio Dossier: Labyrinth (1986, Jim Henson)



La travesía de un laberinto como prueba, como desafío, como film absolutamente increíble y, sin dudas, de culto. Obra del gran Jim Henson (1936-1990), Laberinto es marionetas, gnomos, aventura, perversión y tanto más. Bowie, aquí, erigido como rey, signo distintivo que se corresponde, cómo no, con su rechazo verídico al título británico de "Sir": "gesto retrógrado y clasista", según el músico. ¿Cómo no admirarlo?

Emitido en Linterna Mágica el 17/04/2009

Intervienen: Arteaga, Fiorucci, Bendersky, y el deseo pecaminoso hacia la alguna -y gloriosa- vez voluptuosa Jennifer Connelly.

Descargar Laberinto Radio Dossier


Radio Dossier: Edward Scissorhands (1990)


Monstruo insigne, que queremos con el alma. Pequeña creatura frankensteiniana que llevamos dentro nuestro (¿quién no querría a Vincent Price como padre?). El joven manos de tijera (1990) quizá sea el film/personaje más emblemático de Tim Burton. Aquí una visita a ese castillo olvidado en la bruma, guarida de alguien capaz de crear esculturas heladas mientras nos recubre de nieve.



Emitido en Linterna Mágica el 17/04/2009


Intervienen:
Bendersky, Fiorucci, Petronilli, Arteaga, durante una noche de luna llena, nieve
, y muchos cuentos.

Descargar Edward Radio Dossier


domingo, 19 de abril de 2009

Mundo alas (2009, Gieco, Molinar, Schindel)


Música y filosofía de vida

Mundo alas
(Argentina, 2009)
Dirección: León Gieco, Fernando Molinar, Sebastián Schindel. Guión: Fernanda Ribeiz, Fernan
do Molnar, Sebastián Schindel. Dirección musical: León Gieco, Luis Gurevich. Fotografía: Manuel Bullrich. Montaje: Ernesto Felder. Intérpretes: León Gieco, Carina Espina, Pancho Chévez, Alejandro David, Beto Zacarías, Demián Frontera, Maxi Lemos, Rosita Boquete. Duración: 85 minutos.


“Somos una familia rodante, como en el tema de León” dice uno de los integrantes de esta gira, de veras, mágica y musical. Mundo alas es el registro audiovisual del periplo que León Gieco continúa llevando adelante con músicos, bailarines, pintores -más fotógrafo y videasta- con capacidades diferentes. Como si fuese una road-movie (de hecho, lo es) en doble sentido: uno literal y rodante (rasgo nómade por siempre del rock) y otro más profundo y espiritual. Como si éste fuese uno de los muchos y bellos mensajes del alma de su artífice creador.
Porque quizá una de las mejores maneras de capturar al ánima de León Gieco sea desde la definición que mi amigo y colega Emilio Bellon hiciera: “León es un juglar”. Cantor y narrador de las historias de su alrededor, capaz de permitirse ser un puente (tal como él mismo lo dijera) entre los demás, para los demás. Pocas veces se ha visto un ejercicio de poesía tan cierto.
El film se plantea, entonces, como una gran aventura. La sorpresa de la noticia, los preparativos, los ensayos, las dudas, el salir a escena, la creación musical, el viaje, la camaradería. (Vemos a León poner en su valija la remera con el nombre de Charly García, amigo musical). La cámara alterna su mirada con el detrás de escena. La música de León acompaña y se enhebra, de a poco, con las músicas de los demás. Prestará entonces su letra a una melodía ajena. Articulará su música con las propuestas que surjan. Bailarines en escena darán cuerpo, y sobre todo alma, a la melodía. Todo ello sobre el escenario, lugar que es enclave para la reflexión y reelaboración posteriores.
La música, entonces, aparece como lugar de encuentro y confesiones. Las penas se traducen en sonidos y armonía. La expresión de cariño por el amigo aparece también allí, desde las líneas escritas por “Pancho” Chévez a su por siempre compañero y asistente motriz Beto (“gracias por nacer”, le canta). Un momento que vuelve vano cualquier tipo de reflexión desprovisto de emociones.
Quizá el momento más irónico y audaz lo constituya la visita a los estudios EMI, donde León presenta el afán pasional de sus músicos para la grabación del disco ante los argumentos “numéricamente factibles” de ejecutivos y asesores y cosas por el estilo. (El disco, de hecho, es una realidad que se encuentra en marcha. Hasta ahora podemos escuchar el tema Latidos, listo para su descarga libre desde el sitio www.mundoalas.com.ar.)
Mundo alas es, por eso, un espacio de comunión y construcción social. Pero no a la manera de sueños dispersos, sino como praxis cierta, que se lleva adelante y genera aún mayores y mejores consecuencias. Un film que es social y sensible y que se encuentra, sobre todo, pleno de amor rockero; rasgo de vida que, por musical, gira como un disco por derroteros siempre desafiantes: todos ellos una aventura nueva. Así como las que supieron vivir, por honra y honor, los mismísimos caballeros artúricos. León, también y cómo no, uno de ellos.

martes, 14 de abril de 2009

Max Cachimba (entrevista)


Entre la espontaneidad y la obsesión




Protagonista de dos muestras en actividad, el dibujante rosarino Max Cachimba desparrama su arte entre galerías, páginas de historietas y patos depravados. “Una cosa muy personal es que no tolero la tragedia”, sostiene desde la palabra y cada una de sus imágenes.


Max Cachimba es genial. Seguramente, cuando el dibujante lea estas líneas, adoptará una pose huidiza, humildemente al margen de tamaña descripción. Pintor, ilustrador, animador, músico y, desde no hace mucho, artista de varieté ambulante (al ritmo del cha-cha-cha y la habanera), Max Cachimba (seudónimo de Juan Pablo González, 1969) ha delineado un mundo hipnótico y alegre, habitado por pollos bailarines, teteras que sonríen, enanos de jardín, y cornetas sopladas por el culo. El singular ratón conductor del exitoso programa Cabeza de ratón (próximo a iniciar su segunda temporada por canal 5) es uno de los muchos habitantes surgidos de su fauna particular.
“La verdad es que comencé dibujando como cualquier niño”, nos cuenta, “como una cosa divertida”. “También leía mucho, por gusto y entretenimiento. Me interesaba poder contar, con el dibujo y algunas palabras, una historia; es por eso que, básicamente, me interesó mucho la historieta, tanto como autor y como lector. Yo leía una historieta y entonces me interrogaba acerca de cómo estaba armada, de cómo se hacía; fue una especie de aprendizaje que después, puesto a hacer mis propias historietas, me daba un montón de recursos que ya tenía vistos. Copiaba y observaba cómo se resolvían ciertas situaciones.”
Lo cierto es que Max arriba al mundo de los cuadritos desde el ya iniciático concurso que la revista Fierro [que actualmente ha relanzado Página/12, bajo la coordinación de su director original Juan Sasturain] realizara en 1984, lugar del que surge a la luz pública, también, el escritor Pablo de Santis, con el que Cachimba sabrá colaborar luego en la historieta Rompecabezas y en el libro Transilvania Express (ambos editados por Colihue).
“La Fierro es como una revista que apunta a cierto conservadurismo, porque va a recordar una y otra vez todo tipo de eventos pasados, creo que un poco por lo que es la historieta, que tuvo su época de oro hace mucho tiempo. Lo del concurso, en su momento, me sorprendió por ganar un premio que me parecía inverosímil. Inclusive -es una idea que tengo- creo que lo gané por ciertas cualidades o propiedades que ni siquiera estaban en ese trabajo puntual, como si fuesen más especulativas. Sí había algo fluido en lo narrativo, con cierto desparpajo, pero era más potencial que verdadero.”

¿Esa espontaneidad es algo que te planteás o que simplemente se da?
-Simplemente se da. En realidad me siento bastante conservador en todos los aspectos. Soy medio obsesivo y cuidadoso con muchas cosas, con la escritura, con la narración, pero no puedo entender cómo todo eso se transforma para que alguien lo pueda ver como “novedoso”. En realidad, creo que tiene que ver con ciertas referencias que tengo.

¿Y cuáles son?
-Muchas, me interesan muchas cosas. Siempre voy trabajando sobre lo que me gusta. No se trata de inventar nada nuevo, todo tiene que ver con algo que ya se hizo antes, por eso digo que en algún punto soy conservador, me gusta retomar o citar a partir de lo hecho. No es mi intención hacer cosas innovadoras.

¿Cuál era tu lectura durante la niñez?
-Leía Billiken y Anteojito. También mucho las revistas de Columba [El Tony, D’Artagnan, Fantasía], que fueron mi escuela de historieta. Todo lo que aprendí fue a través de las revistas de Columba, más alguna otra cosita que ya vi de grande, en alguna revista española. Sí ignoré durante mucho tiempo a los clásicos norteamericanos. El underground es una de mis referencias esenciales, pero ésas son cosas que ya conocí después.

¿Y cómo llegás a la pintura?
-La decisión adulta de pintar o de hacer una historieta tuvo que ver con los circuitos y los mercados. Algo para publicar en la gráfica es inseparable de aspectos como la venta, la distribución, con si se va a mostrar de cierta manera. Lo mío es producir imágenes. Inclusive dentro de la pintura, sigo siendo bastante narrativo. Mis pinturas son imágenes que, de alguna manera, cuentan cosas. El trabajo íntimo, creativo, es bastante parecido en ambos casos. En la historieta, por ahí, tengo que ser más enfático, contar con cierta precisión, o ser capaz de redondear una historia; en la pintura todo puede ser más difuso, puede haber algo que tenga que ver más con el color o con la forma, además de la anécdota. Pero, básicamente, el tema de hacer funcionar a la historieta y a la pintura tiene que ver con una actividad de gestión. Cada uno implica diferentes procedimientos de trabajo. Aunque creo que no puedo dibujar más historietas, ya estoy grande y las historietas necesitan muchas energías. Creo que se me acabaron las ideas.

No estoy de acuerdo pero, a propósito, ¿cómo se fue gestando la fauna que habita tu mundo de imágenes?
-Todo ese mundillo imaginario debe simbolizar algo, pero yo no sé qué (risas), eso se ve desde afuera. De todas maneras, siempre cito un montón de referencias caprichosas, arbitrarias, incidentales, que son todo lo que me gusta. Para mí, esa especie de mundo subjetivo es una cosa natural, que me sale espontáneamente.


Muestras alla Max

-“Yo no tengo pesadillas… yo las genero" es la muestra colectiva que reúne trabajos de Max Cachimba, Mery Cuesta (España), Powerpaola (Bogotá), Lucas Nine (Bs. As.), entre otros, curada por Pauline Fondevila (Francia). En el espacio de arte Oficina 26 (oficina 26 de la planta alta del Pasaje Pam - Córdoba 954). Lunes a viernes de 16 a 20 hs., hasta el 17 de abril.
-“Bienvenidos a la luna”, muestra seleccionada por Max Cachimba con obras propias y de Daniel García, Silvia Lenardón, Virginia Negri, Mariana Tellería, entre muchos más. Hasta el 26 de abril en Galerías del Centro Cultural Parque de España.

Ver nota en Rosario/12 (11/04/09)

Wolke 9 (2008), de Andreas Dresen


La trágica decisión

de amar

Nunca es tarde para amar
(Wolke 9)
Alemania, 2008
Dirección: Andreas Dresen.

Guión: Andreas Dresen, Jörg Hauschild, Laila Stieler, Conny Ziesche.
Fotografía: Michael Hammon.

Montaje: Jörg Hauschild.

Intérpretes: Ursula Werner, Horst Rehberg, Horst Westphal, Steffi Kühnert.
Duración: 98 minutos.


De manera casi brusca Nunca es tarde para amar nos envuelve desde su mismo inicio en el sexo y la pasión de los amantes. Palabras que son excusas, situaciones que preludian aquello que ambos saben que quieren y, cuando lo encuentran, lo disfrutan a pleno, vitalmente, desprejuiciadamente.
Será algo del mismo desprejuicio citado lo que coloque al film del alemán Andreas Dresen como uno de los raros títulos que se atreve a indagar en una historia sentimental, afectiva y sexual, cuyos protagonistas rondan los setenta años de edad. Elemento que permite contrastar el “modelo afectivo” que el mismo cine -el más comercial- postula desde figurines siempre jóvenes, atentos a los dictados de la moda y el mercado.
Desde esta sinceridad primera, la película de Dresen puede entonces internarse en los conflictos de sus personajes, porque el candor inicial –que continuará, que nunca será molestia sino celebración de los cuerpos- ya nos ha predispuesto hacia la suerte de sus protagonistas, motivo del drama por venir, enclave que nos lleva hacia la realidad de pareja y de soledad del triángulo amoroso que forzosamente surge.
Inge (Ursula Werner) oscilará entre diferentes opciones, entre los treinta años de pareja y el redescubrir sentimental. Entre el tesoro secreto que significa el amor nuevo y la tortura interna que le provoca. Podremos, entonces, conocer lentamente a los personajes y entenderlos desde los fragmentos de vida que nos dejan vislumbrar. Todos ellos, eso sí, llenos de afecto y de sexo, con cuerpos tan humanos como el de cualquiera y, tal vez, mucho más sexuales que la mayoría de los cuerpos artificiales y puritanos que la marquesina publicitaria y mediática nos vende.
Podríamos, quizá, hermanar el discurso del film y su atención sensible con aquel otro título tan bello como sus personajes, nos referimos al film Marius y Jeannette (1997), del francés Robert Guédiguian, con protagonistas simples y trabajadores, también ajenos a esplendores de aluminio. Y, cómo no, recordar de qué manera Elsa y Fred (2005), de Marcos Carnevale, supo enhebrar una historia desde intérpretes avejentados y radiantes de afecto.
Pero esta situación de descubrir afectivo, que tanto celebra Nunca es tarde para amar, también será motivo de situaciones críticas, límites; momentos cruciales que deberán enfrentar sus personajes para recordar que, así como alegría, el amor es también posibilidad de dolor. Es allí cuando lo amargo emerge y no nos deja tanto oxígeno como el que creíamos tener. Cuando el sentido no aparece, cuando el sostén no está porque, quizá, nunca fue lo suficientemente veraz.
Nunca es tarde para amar obtuvo el Premio del Jurado del Festival de Cannes y su director y actriz han sido premiados en diferentes festivales de Europa; vale la pena también destacar que ha sido uno de los títulos elegidos durante la realización del reciente Bafici, Festival de Cine Independiente de la ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 8 de abril de 2009

Knowing (2009, Alex Proyas)


Números predictivos y un mundo que se desmorona


Cuenta regresiva
(Knowing)
Australia, 2009. Dirección: Alex Proyas. Guión: Ryne Douglas Pearson, Juliet Snowden,
Stiles White. Fotografía: Simon Duggan. Montaje: Richard Learoyd. Música: Marco Beltrami. Intérpretes: Nicolas Cage, Chandler Canterbury, Rose Byrne, D. G. Maloney, Lara Robinson, Nadia Townsend. Duración: 121 minutos.


Hagamos caso omiso, si se puede, respecto de esa especie de efigie estatuaria y ralentada desde la que construye sus personajes el actor Nicolas Cage. Existen un par de excepciones, convengamos. Pocas pero buenas. Pensemos en Educando a Arizona, Adiós a Las Vegas o, sobre todo, en la magnífica El ladrón de orquídeas. Pero son sólo casos aislados. La norma nos dice que el sobrino de Francis Coppola sabe cómo resultarnos anodino y exasperante.
Pero decíamos, justamente, de correr un velo ante este preconcepto y atrevernos a la propuesta de Cuenta regresiva, film con el que su realizador, Alex Proyas, nos devuelve un cine afín al de sus primeros títulos: El cuervo (1994), film de culto maldito que supuso la muerte de su protagonista, Brandon Lee; y Ciudad en tinieblas (1998), cuya propuesta noir sobrecargada -pero atractiva- terminaba por atentar contra el mismo argumento. (Dejemos de lado aquel despropósito que respecto de la novela de Isaac Asimov –Yo, robot- Proyas filmara con el actor Will Smith).
La acción de Cuenta regresiva nos sitúa en plenos años ’50, en una escuela donde la maestra propone a sus alumnos, de cara a los niños del nuevo milenio, dibujar el futuro que imaginan para depositarlo dentro de una cápsula del tiempo. Sólo la pequeña Lucinda no respeta la consigna y desarrolla una extensa carta numérica, sumida en un transe que la obliga, incluso, a escribir con sus propias uñas y sangre. Es este sobre el que recibirá, cincuenta años después, el hijo del profesor John Koestler (Nicolas Cage).
A partir de allí, el interés inexplicable que el mensaje cifrado genera. Como si fuese un imán que involucra a su portador dentro de una incógnita a develar. Situación que terminará por provocar un desafío casi delirante que, merced a la depresión alcohólica que significa el amor fallecido, sumerge al profesor en una búsqueda de distracción pero, luego, de paranoia.
Los números guardan fechas claves en las que acontecieron desastres y atentados puntuales. El que primero surge y de modo obvio, sea tanto para personaje como espectador, será el de las Torres Gemelas. A partir de allí la correlación entre las demás fechas y los números, mientras son otras las cifras que prometen desastres similares, eslabones que, parece, determinarán un apocalipsis final.
Y aún cuando la premisa del film resulte de interés dudoso, lo cierto es que a medida que Cuenta regresiva nos envuelve en su misterio, es capaz también de generar ciertas sorpresas que la distinguen de títulos con temáticas similares. Más la omnipresencia de los misteriosos hombres que susurran y seducen a los niños protagonistas del relato, sea a través de sueños o de apariciones neblinosas. Todo ello de cara a una apoteosis última que, en sintonía con prédicas actuales ligadas al ecologismo, le permiten al film funcionar de manera creíble.
En este sentido, Cuenta regresiva se distingue por un clima de época que la hermana con otras propuestas tales como la remake de El día que la Tierra se detuvo (2008). Ante el nuevo panorama político estadounidense, el extraterrestre ha dejado de ser una amenaza para el cine de ciencia-ficción, tal como lo entendió –paradójicamente el mismo realizador de ET y Encuentros cercanos del Tercer Tipo- Steven Spielberg en Guerra de los mundos (2005). El fantasma del terrorismo, en este sentido, será uno de los miedos sociales que el profesor Koestler deberá superar. El atentado deja de ser la razón de los problemas. Será por ello significativo que el primero de los accidentes –ya no sabotaje ni, decíamos, atentado- que habrá de ocurrir tenga por víctima a un avión (situación que el film resuelve de modo impactante).
El otro aspecto que recorre la propuesta de Cuenta regresiva, aún cuando lo haga desde la simpleza que permite el cine norteamericano, es la reflexión sobre el avatar de los acontecimientos como resultado de un azar puro o de un determinismo absoluto. La mirada final, con el acento puesto en el nuevo inicio, parece elegir entre una de las dos opciones.

Monstruos vs Aliens (2009, R. Letterman, C. Vermon)


Imágenes que desbordan la pantalla


Monstruos vs Aliens
(Monsters vs Aliens)
EE.UU., 2009. Dirección y guión: Rob Letterman, Conrad Vermon. Montaje: Joyce Arrastia, Eric Dapkewicz. Música: Henry Jackman. Voces: Reese Whitherspoon, Hugh Laurie, Kiefer Sutherland, Will Arnett, Rainn Wilson, Paul Rudd. Duración: 94 minutos.



Dejemos que la nota se nos escape hacia el atractivo mayor, es decir, hacia la posibilidad que significa poder descubrir –o revivir- la experiencia del cine en 3D. Porque Monstruos vs Aliens es el título de la factoría Dreamworks (de Steven Spielberg, cuya guía animada es el film Shrek) con el que el sistema en tercera dimensión aterriza, sorpresivamente, en nuestra ciudad.
Será, entonces, menester también señalar que el ritual del ingreso, los lentes bicolores (aunque ya diferentes, no como uno los conocía), y la expectativa de las primeras imágenes, fueron los mejores ingredientes para el disfrute del espectáculo. Como así también será necesario decir que, de acuerdo con lo reseñado en tantas y tantas notas de diferentes medios volcados al cine, la calidad de la proyección resulta impecable y acorde con las promesas.
La nitidez de la profundidad de campo en la imagen (todo aquello que está en foco dentro del cuadro) es plena. El nuevo 3D –que ha superado problemas pasados, provocadores de mareos y náuseas- constituye un espectáculo sólido pero, vale la pena recordar y subrayar, sólo destinado al disfrute de cierto tipo de cine (acción, efectos digitales y entretenimiento) y de cierto tipo de público (el que, sobre todo, dispone del dinero necesario –mucho más caro que el habitual- para el ingreso).
Desde un parecer personal, lejos de significar un descubrimiento cinematográfico –el 3D ha sido un experimento fallido para el cine, como uno de los tantos artilugios destinados a competir con la televisión-, el 3D es síntoma de una industria que ve palidecer cada vez más el ingreso de público a las salas. Ello no mengua, en absoluto, la diversión que supone experimentar un film con tales características, aún cuando las copias deban escucharse en un forzoso castellano, ya que la lectura del subtitulado supondría un esfuerzo visual extra. Valdrá destacar, en esencia, el asombro del público ante estas imágenes que pugnan por brincar desde la pantalla hacia la propia butaca. (Algo que, reconozco, supo aterrarme allá lejos en el tiempo, durante la proyección de Tiburón 3D en El Cairo).
Y respecto del film que nos ha dado la excusa, decir que, por lo menos, resulta más simpático que muchos otros. Aunque no por ello menos efectista. Monstruos vs Aliens se sitúa dentro del mismo marco cinematográfico de la mayoría de sus películas hermanas (Madagascar, Bee-Movie, El espantatiburones): personajes simples, humor fácil, guiños rápidos al cine o la televisión actual. Sí nos llama más la atención –y el afecto- el vínculo de sus “monstruos” con las correspondientes contrapartes cinematográficas, la mayoría de ellas conocedoras de este mismo sistema de exhibición: The Blob (1958), Godzilla (1954), El monstruo de la laguna negra (1954), El ataque de la mujer de 50 pies de altura (1958), más los rasgos alla Vincent Price del Dr. Cucaracha, uno de los intérpretes más recurrentes –y excelentes- en la efímera historia del cine 3D (Museo de cera-1953, The Mad Magician-1954, entre muchas otras).

sábado, 4 de abril de 2009

Radio Fantástica #3: Tarzanes apócrifos


Continuamos con el análisis y mirada -admirables- que Carlos Abraham nos propone sobre el género fantástico en Latinoamérica. En este caso, es el turno del Hombre-mono versión Tor. Una rareza que muchos recuerdan
y pocos atesoran.


#3 (Lint. Mágica, 03/04/09)
Editorial Tor. El éxito de Tarzán en Argentina. Los “tarzanes apócrifos” de Tor. Rodolfo Bellani y sus andanzas nómades y literarias. The Burroughs Bulletin.

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Blogs de Carlos Abraham:
http://museodeliteraturapopular.blogspot.com/
http://lanovenamusa.blogspot.com/
http://nautiluscf.blogspot.com/

Radio Dossier: Les triplettes de Belleville (2003, Sylvain Chomet)


No hay caso. Las trillizas de Belleville nos generó un cariño inmediato. Sylvain Chomet, su realizador, se nos ha vuelto tan insusituible como admirable. ¿Será por el gusto reverencial hacia Jacques Tati? Basta ver el film para disfrutar para siempre. Una y otra vez.

Emitido en Linterna Mágica el 03/04/2009
Intervienen: Esteban Tolj, Diego Fiorucci, Pablo Colaso, Manuel Bendersky, Leandro Arteaga, y aquella bailarina negra, de pollerita de bananas, con los zapatos de Fred Astaire brincando a su alrededor.

domingo, 29 de marzo de 2009

Sopa de cristales (Jonathan Carroll, 2005)


Intentar hablarle al tiempo




Sopa de cristales

Titulo original: Glass Soup
Autor: Jonathan Carroll
Ganador de los premios:
World Fantasy, Stoker , British Fantasy
Traducción: Fanny Hernández Brotons
Fecha de publicación: febrero
de 2009
Formato: 23 x 15 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 352
PVP: 20,95 €
ISBN: 9788498004472
Colección: LINEA MAESTRA Nº: 16
Género: Ficción surrealista
Otros idiomas: Más de veinte



“Dos mujeres atractivas en un restaurante bueno hablando de un amante que habían compartido. Ambas sabían historias sobre Simon Haden que la otra no había escuchado. Ahora que estaba muerto, podían contárselas.”
p. 39

Cuando nos adentramos, tras las primeras páginas, en el mundo del -a todas luces- anodino, rutinario, y ya carente de sorpresas Simon, aparecerán sin embargo, y de a poco, los atisbos de algo diferente, surreal y delirante. Sólo es cuestión de tiempo para Simon darse cuenta. También para nosotros. Ahora bien, ¿cuánto tiempo habrá de ocurrir para que Simon, finalmente, descubra lo que ocurre? No lo sabemos. Poco importa. Porque ya nos hemos adentrado en este otro mundo donde tiempo y lógica poca cabida tienen. Sobre todo si es que hablamos de una muerte construida desde sueños –y pesadillas- soñados en vida. Momento crucial que significa, claro, que ya nos hemos vuelto parte, tanto como Simon, del libro de Jonathan Carroll.
Y si bien el nexo convencional de apellidos entre Lewis Carroll y quien aquí nos ocupa (New York, 1949) pareciera ser una obviedad poco letrada, valga entonces como vínculo onírico, donde la figura del espejo juega un lugar fronterizo respecto de un más allá poético. Entre la vida y la muerte, entonces, transitaremos junto a los personajes de Sopa de cristales. Una gran mezcla de condimentos y especias agradables y repelentes, capaces de configurar formas asombrosas que desprendan otras nuevas e igualmente bellas. Y aunque goce dicha referencia de cierto hermetismo, lo que se procura es no revelar, precisamente, el significado del título y esencia del libro.
Porque es una historia que nos hace transitar entre dos mundos –el de la vida/el de la muerte, el de todos lo días/el de los sueños- seremos capaces entonces de concebir el libro de Carroll como un gran sueño en sí mismo. Acompañados por las peripecias de personajes que se aman, se enemistan, deducen, discuten y pelean por un orden que nos libere –aunque ellos lo ignoren- del deseo corruptor del caos.
Agentes de uno y otro bando se darán cita en esta pelea de inteligencias, mientras la llegada de aquél que es fruto de un vientre humano, de una mujer conocedora tanto de la vida como de la muerte, promete el equilibrio que el caos querrá mermar. Es así que a la manera de un caleidoscopio -donde aún cuando sus figuras nos disparan hacia sensaciones cualesquiera siempre habrá una noción intrínseca de orden-, Sopa de cristales desarma y rearma el vínculo entre sus personajes. Habrá amores y desamores, juicios y prejuicios, como si el encuentro –afectivo, sexual, amistoso, perverso- previo de cualquiera sea el paso necesario para el acercamiento posterior. Amar la persona equivocada para encontrar la adecuada. Donde la muerte será la prueba requerida para la búsqueda del ser amado y el quebrantamiento de leyes inviolables. Ruptura que será raíz, a su vez, de la gestación de un niño más el pleito por su tenencia. Puzzle orgánico, de piezas mórficas, que se miran –otra vez Alicia- en un espejo que les devuelve un mirar diferente pero, justamente, equilibrante.
Todo ello se respira en Sopa de cristales, más lo que significa la capacidad de Jonathan Carroll de narrar desde un tono fantástico ejemplar, respecto del cual el propio Neil Gaiman supiera señalar: “Carroll abre una ventana que no conocías y te invita a mirar a través. Te regala sus ojos para que veas con ellos, y te ofrece el mundo con toda su frescura, honestidad y novedad”. Carroll ha obtenido los premios Stoker, World Fantasy y British Fantasy. Reside en Viena y, leídas las referencias de encantamiento que la arquitectura provoca en los personajes de Sopa de cristales, debe estar muy a gusto. Nosotros, gracias a sus páginas, también.

Nota 1: El mar de madera, El museo del perro, Los dientes de los ángeles, Manzanas blancas, son otras de sus obras, todas editadas en español por La Factoría de Ideas.

Nota 2: no voy a dejar de jactarme respecto de lo que supone -para mi alegría- obtener una respuesta de parte del mismísimo Jonathan Carroll quien, amablemente y a partir de un mensaje vía mail y admirativo, me ha regalado las siguientes palabras:
"Thank you for your words. It's nice to know that my 'soup' traveled far away but still tasted good to a reader far from home. Keep moving, keep dreaming. JC."

Coraline (2009, Henry Selick)


Una puerta entre sueños y pesadillas


Coraline y la puerta secreta
(Coraline). EE.UU., 2009. Dirección: Henry Selick. Guión: Henry Selick, a partir de la novela de
Neil Gaiman. Fotografía: Pete Kozachik. Montaje: Christopher Murrie, Ronald Sanders. Música: Bruno Coulais, They Might Be Giants. Voces: Dakota Fanning, Teri Hatcher, Jennifer Saunders, Dawn French, Keith David, John Hodgman. Duración: 100 minutos.


Si El extraño mundo de Jack (1993) supuso la colaboración creativa entre Tim Burton y Henry Selick, podríamos decir que en Coraline ocurre otro dueto maravilloso entre Selick y el espíritu fabulesco del escritor inglés Neil Gaiman.
Basada en la novela que Gaiman publicara en 2002 -más una reciente traslación bellísima en historieta, con dibujos de P. Craig Russell-, Coraline nos propone adentrarnos en ese otro lado que tanto nos seduce como espeja. Atravesar el reflejo, así como Alicia, para descubrir –como lo hacía el personaje de Lewis Carroll- que “lo que está a la izquierda se sitúa ahora a la derecha, y lo que está a la derecha lo hace a la izquierda”. Cuando la niña decida cruzar el pasadizo, se encontrará con la copia exacta de la casa que abandona (grande, solitaria y raída, con padres autistas en sus monitores de computadoras), pero sin embargo…
Entonces Coraline se vuelve un cuento de hadas tan oscuro como el mejor. Con las referencias claves como para reencontrarnos con la bruja encantadora y llena de golosinas, perversa de modo gradual, capaz de seducir desde el hechizo a tantos más, intérpretes todos de este otro lado oculto y mentirosamente hermoso. Bruja amante, a su vez, de los juegos y los desafíos, clave que sabrá encontrar esta niña solitaria para enfrentar sus miedos y aceptar, porque es ésa la historia que se nos cuenta, su realidad familiar.
Porque lo que corroe a Coraline es su incomprensión del mundo inmediato: adulto y arrutinado. Si bien los padres, gracias a la niña, serán liberados del hechizo y vueltos a su “verdad”, no tendrán interés alguno acerca de lo ocurrido. Pero Coraline sabrá, entonces, qué es lo que anida bajo este manto familiar, sólo preocupado por arreglos florales teóricos. Los amigos lejanos, ausentes por una mudanza forzada, ya no estarán. Y si bien el desenlace nos permite mirar de otra manera, algo más esperanzada, con flores que brotan de la tierra árida, lo cierto es que la niña asumirá, finalmente, que su suerte familiar es ésta y ninguna otra. Lo demás es sueño o pesadilla. De acuerdo con el lugar del espejo desde el que miremos. Cuál es la realidad. Cuál la fantasía. Coraline o Caroline. Así le dicen, así la confunden. Y las lágrimas de Alicia que nos vienen a la memoria junto a su súplica desesperada: “¡soy real, soy real!”
Mención aparte merecen los personajes que deambulan por el film, tanto el amaestrador atlético de ratas como las dos viejitas gordas, embalsamadoras de mascotas perrunas y lectoras de la fortuna. Una maravilla. Tanto como el prólogo con el que el film nos recibe y alerta. Porque ésta es una historia para niños. Adultos, precaverse.
Más la artesanía stop-motion del film, cultivada por el realizador en la mencionada –y ya absolutamente clásica- El extraño mundo de Jack y en Jim y el durazno gigante (1996), lo que nos permite ser parte de una fantasía cuya manufactura, muñecos y maquetas, encanta aún más que cualquiera de los hechizos de toda bruja.


sábado, 28 de marzo de 2009

Carlos Nine (entrevista)



Dice Nine de sí ser una “especie de francotirador”. Pintor, escultor, ilustrador, historietista, cineasta. Un artesano que adoramos. Un artista superlativo. Para quien escribe esta reseña -añejo lector de Humi-, todo un acontecimiento: hablar, por fin, con el responsable de aquellas siniestras y bellísimas páginas de Humberto y Garrapié.
El gran Carlos Nine.










Nota realizada el 27/03/2009

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http://www.mediafire.com/?ntnmd1mzmzm

Gustavo Sala (entrevista)




Sus historietas nos resultan un desborde de incorrecciones políticas, de desenfreno y ocurrencias sinfín, pero con una artesanía y prolijidad (tal como señala en la nota nuestro amigo Pablo Colaso) notables. Desde la mesa de un restaurante porteño, entre el caos del bullicio y la promesa de visitar el baño, Gustavo Sala nos regala este diálogo.

Nota realizada el 27/03/2009


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http://www.mediafire.com/?2dx22mdo5jn

Radio Fantástica #1 - #2 (Carlos Abraham)


Carlos Abraham (1975) es Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Dirige la revista especializada Nautilus, y es autor del libro Borges y la ciencia-ficción (Quadrata, Bs. As., 2005). También publicó Estudios sobre literatura fantástica (2006) y La literatura fantástica argentina en el siglo XIX (2007). Ha sido premiado por la Asociación Internacional de la Fantasía en las Artes (IAFA) por su ensayo “Las utopías literarias argentinas en el período 1850-1950”. Ahora se encuentra preparando una historia del género en Argentina más otro libro sobre la editorial Tor.

Aquí comenzamos a compartir las charlas –increíbles- que nos ofrece Carlos. Un lujo p
ara el programa.

Blogs de Carlos Abraham:
http://museodeliteraturapopular.blogspot.com/
http://lanovenamusa.blogspot.com/
http://nautiluscf.blogspot.com/


#1 (Lint. Mágica, 20/03/09)
Argentina 1816, diario La patria argentina: Delirio (primer cuento de ciencia ficción), El Buenos Aires futuro (1879), Raimunda Torres y Quiroga y sus seudónimos, más la primera edición argentina de Batman y Superhombre.
http://www.mediafire.com/?mtzwtjtzwqm

#2 (Lint. Mágica, 27/03/09)
Revista Más Allá, el nexo entre Argentina y España, José de Elola, Césare Civita y Héctor Oesterheld.
http://www.mediafire.com/?2kokymbdmmm

Radio Dossier: Easy Rider (1969, Dennis Hopper)



El tronar de la motocicleta y el camino de asfalto. Escapar de la urbe y sus estupideces. Buscar un camino diferente. Y encontrar la respuesta más cruel. Pero en el medio de todo ello, eso sí, la solidaridad de todos los que viven al margen y sin las estupideces. Un film clásico, referente de toda una época. Lisergia, psicodelia y desparpajo.

Emitido en Linterna Mágica el 27/03/2009
Intervienen: Manuel Bendersky, Leandro Arteaga, con mostachos, patillas a tono, aire de cowboys, y chicas del Mardi Grass.

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Easy Rider Radio Dossier

domingo, 22 de marzo de 2009

Death Proof (2007, Quentin Tarantino)


Celuloide rayado pero cine aburrido


A prueba de muerte
(Death Proof)
EE.UU., 2007. Dirección y guión: Quentin Tarantino. Fotografía: Quentin Tarantino. Montaje: Sally Menke. Maquillaje: Howard Berger, Gregory Nicotero. Intérpretes: Kurt Russell, Zoe Bell, Rosario Dawson, Vanessa Ferlito, Sidney Tamiia Poitier, Rose McGowan. Duración: 114 minutos.



Segmento del díptico Grindhouse -que conforma junto con Planet Terror (2007), de Robert Rodríguez-, A prueba de muerte de Quentin Tarantino conjuga aquellos elementos indispensables para los dobles programas que el realizador tanto añora y celebra: cine berreta, celuloide raído, y rollos faltantes.
Condiciones de proyección que han significado toda una experiencia cinematográfica y cinéfila. Títulos disparatados –que A prueba de muerte cita explícitamente desde sus decorados- producidos para alimentar un gigantesco y ya desaparecido emporio del autocine y el cine B. El proyecto Grindhouse, además, ya cuenta con films que se suman a su estética, como es el caso de la reciente Hell Ride (2008, Larry Bishop), con producción ejecutiva de Tarantino, y una guerra de motoqueros con cameos de David Carradine y Dennis Hopper. Un tour de force desprovisto de verosímil pero lleno de chicas desnudas. Con Carradine y Hopper concientes de lo ridículo del film.
Y si bien A prueba de muerte tiene algunos de aquellos elementos que uno disfruta (cine “sucio”, acción de matinée, autos clásicos), tanto como el protagónico del gran Kurt Russell (demente doble de cine -Stuntman Mike- que adora su Chevrolet negro y cadavérico, arma mortal para las mujeres que elige arrollar), nada de ello nos salva del tedio que provoca el film de Tarantino.
Hay ciertas situaciones que en Tarantino ya resultan no sólo reiterativas, sino cansinas. Tanto sus personajes post-pop-pulps (creíbles y divertidos a veces, aburridos otras tantas) o los largos diálogos, ocupados en aspectos irrelevantes, que se prolongan sin aportar nada que signifique peso alguno a la trama. De hecho, el argumento de A prueba de muerte se estructura desde una concepción dual y reiterativa. Es decir, el film se divide en dos partes absolutamente iguales, sólo las distingue su desenlace.
En este sentido, el quiebre lo marca un blanco y negro tan injustificado como el tipo de imagen límpida que, por contraste con el rayado de la primera parte, se observa de mitad del film en adelante. Como si fuesen dos capítulos en la vida de este psicótico “stuntman” de las pistas que sólo gusta de, decíamos, arrollar mujeres.
Sí puede uno quedarse, cómo no, con Russell y su cicatriz y su auto y su look añejo. También se disfruta la injustificada ilación de escenas que los primeros momentos del film ofrecen. Pero no hay nada que nos lo vuelva de veras interesante. Como si –seguramente- Tarantino haya jugado con los rasgos más incongruentes de aquellas películas que él tanto disfruta y los hubiese trasladado a un divertimento que, por personal, se vuelve abúlico hacia el espectador. Un gran capricho, tanto como el que supone volver primera actriz a la de veras doble de riesgo Zoe Bell.
Valga la contrapartida que supone Planet Terror, donde Rodríguez construye una historia en la que sí participamos y disfrutamos con los códigos más bizarros del cine de terror.

sábado, 21 de marzo de 2009

Radio Dossier: Who Framed Roger Rabbit? (1988, R. Zemeckis)


Película emblema de la comunión entre animación y acción real. Lugar de ensueño para quienes -como uno- queríamos ver juntos, alguna vez, a Daffy Duck con Donald. Aquí un recuerdo, comentarios, nuestra admiración por Tex Avery, y la mención referencial de Richard Williams.

Emitido en Linterna Mágica el 20/03/09
Intervienen: Esteban Tolj, Diego Fiorucci, Leandro Arteaga, mientras miran embelesados las curvas de Jessica Rabbit.

Descargar Roger Rabbit Radio Dossier

jueves, 19 de marzo de 2009

Patricio Henríquez (entrevista)


El realizador chileno, radicado en Canadá, que integrara el gobierno de Salvador Allende, participó del Festival Latinoamericano de Video Rosario 2008. "El cineasta tiene que hacer primero cine, que tenga una dimensión política será inevitable", consideró Patricio Henríquez.
El último combate de Salvador Allende (1998), Imágenes de una dictadura (1999), Desobediencia (2005), dan cuenta de una obra ya referencial dentro del cine documental.

Descargar nota (10/09/08): http://www.mediafire.com/?iowwo4yznmy
Leer entrevista en Rosario/12 (24/09/08): http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-15331-2008-09-24.html

lunes, 16 de marzo de 2009

Gran Torino (2008, Clint Eastwood)



La revisión moral
del gran Eastwood


Gran Torino
EE.UU./Australia, 2008

Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Nick Schenk, Dave Jo
hannson.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Joel Cox, Gary Roach.

Música: Kyle Eastwood, Michael Stevens.
Intérpretes: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley, Geraldine Hughes.
Duración: 116 minutos.



Desde ya que no podremos obviar al personaje matón y -aún cuando muchos quieran mitigar este aspecto- fascista de Harry, el sucio. Porque el Walt Kowalski que Clint Eastwood compone en Gran Torino es su reflexión, su autocrítica, su continuación.
El primer gesto que Eastwood da a su personaje, en el medio del sepelio de su esposa, es el de un gruñido. Rasgo cascarrabias que marcará su nexo familiar y social. Hijo y nieta que detesta -signos de consumismo y avaricia social-, más un barrio plagado de, según él, chinos o coreanos o lo que sea, porque son todos iguales; es decir, ratas de pantano.
A partir de lo cual podremos enhebrar otro de sus elementos de vida, ya que Kowalski es veterano de la guerra de Corea y mantiene impoluto el frente de su casa mientras no duda en amenazar con un arma a quien quisiera pisar el césped. Sólo su perra vieja más el también viejo pero magnífico automóvil Gran Torino parecen ser sus únicos compañeros.
Casi como si uno pensara en una suerte de últimos años, solitarios y carcelarios, de aquél policía hiperviolento que delineara, por medio de sus films, el espíritu de los inmediatos años reaganianos. Pero, visto el ánimo entre duro y, porqué no, lírico del cine de Eastwood, sabe bien uno que los tiros, digámoslo así, no serán precisamente los de siempre.
Gran Torino se permite erigirse, entonces, como una revisión social, más la autorecriminación que significarán los puños sangrantes del mismo Kowalski, quiebre que garantiza un momento cúlmine para la conversión del personaje. Pero esta conversión, que no dudará en buscar su redención, no caminará por los carriles usuales, aún cuando un gesto de cercanía se dibuje –por fin y para la presunta victoria del sacerdote- entre el catolicismo y él.
Porque el persistente cura irlandés, joven e inexperto –sabrá reconocer- en asuntos que conciernen a la vida y la muerte, no dejará por ello de plegarse, luego del más terrible hecho del film, a la reacción general y violenta, como si otorgara una licencia moral para el hecho brutal que, se presiente, Kowalski realizará como venganza. Es entonces cuando son otros los lugares que el film de Eastwood elige, más la identificación plena que supone su propia caracterización, lo que le permite analogarse con el proceder final de su personaje.
Si hay algo que se desprende, entre tanto más, es la sensación de que el ser norteamericano que destila Gran Torino no pasa por otro lado más que por esa misma mixtura racial que, dado el caso, ya provocaran tanto los rasgos polacos del mismísimo Kowalski como los de su amigo peluquero e italiano.
En Gran Torino se respira, también, mucho cine, sea tanto por lo dicho en los primeros párrafos como sobre todo por ese gusto clásico, sin efectismos ni golpes bajos o cámaras agitadas. Un film narrado de manera sobria, con la dureza propia, casi ríspida, del gran Eastwood, más esa manera poética que sólo él puede manejar, tan llagada como su propia voz cantora, susurrante y cortante, compañía musical de los créditos finales.

sábado, 14 de marzo de 2009

Radio Dossier: Sierra alta (High Sierra, 1941, Raoul Walsh)


Sierra alta (High Sierra, 1941; El último refugio en España) es uno de los títulos emblemáticos del director Raoul Walsh (1887-1980). Se compone de muchos de los elementos que permitirán a Hollywood desarrollar el mejor cine del mundo -el de los años '40 y '50-: artesanía narrativa, vínculo literario (novela de William R. Burnett y guión de John Huston más el propio Burnett), el vislumbrar cada vez más sombrío y auténtico del cine noir (inmediatamente surgiría El halcón maltés, de Huston), y el primer protagónico absoluto de Humphrey Bogart.
Aquí un desarrollo comentado, dialogado, celebratorio.

Emitido
el 13/03/2009 en Linterna Mágica

Intervienen: Leandro Arteaga, Gustavo Milano, Marcelo Vieguer, Esteban Tolj, y el espíritu inclaudicalbe de Roy Earle.

Descargar:
High Sierra Radio Dossier

jueves, 12 de marzo de 2009

El juego favorito (1963, Leonard Cohen)


Caminar, amar, perder, escribir

El juego favorito
Leonard Cohen
Traducción: Agu
stín Pico Estrada.
Edhasa, Bs. As.,
2009
Argentina: $ 39.00
Resto del mundo:
U$S 13


Bajo mis manos
tus pequeños pechos
son los vientres, vueltos hacia arriba
de golondrinas caídas que respiran.

(p.182)


Cuando uno recuerda, porque el mismo texto nos lo hace necesario, que el título del libro es El juego favorito, es entonces cuando nos encontramos con una verdad revelada, con minúscula y melancólica. Pero no desde quien gusta de vestir nubes grises o posturas vacuas, sino como corolario de un sentir que no puede terminar de traducirse en palabras. A la manera de una imagen que sirve de raíz al relato leído.
En El juego favorito, novela de Leonard Cohen (1934, Montreal) publicada originalmente en 1963 y ahora traducida por Edhasa, el artista canadiense desarma una historia de vida que vuelve sobre sí, alterna sus tiempos, no nos dice demasiado acerca de su presente, y se desgrana con suavidad. La vida de Lawrence Breavman, su protagonista, alter-ego inevitable del propio Cohen, nos es rememorada como si se tratase de una voz introspectiva, dedicada a mirarse, a deconstruirse, a pensarse. Como si fuese, tal vez, una lectura de diario personal, tenso y contradictorio, pleno de búsquedas y pérdidas.
De señalar un nexo hilvanador entre las diferentes escenas de vida, ese elemento es el cariz poético que las elige y enhebra. Asistimos al devenir de Breavman porque nos adentramos en quienes le rodean, en la Montreal que cambia de facciones y arquitectura así como él de cuerpos. Cuerpo que se sabe niño, que reviste pulsiones irrefrenables, que conoce surcos arrugados. Más un alma que se envuelve de misterio ante el ataúd frío de aire acondicionado y ceremonia de palabras religiosas pero vacías, momento terrible, donde la despedida al niño querido, único vínculo paternal para un Breavman nunca padre, incómodo y a disgusto como responsable en un campamento de niños ricos, golpea al lector tanto como al personaje, como si se tratase de una libertad que, por plena, muere arrollada y perdida entre pastizales.
Pero éste no es más que uno de esos momentos íntegros y llenos de vida, proclives a comprender un pensar que ha debido soportar y pelear un mandato materno y religioso –mientras escucha las denuncias una madre judía y en desquicio-, que ha soñado con hipnotizar el deseo femenino a su antojo, que supo entender como inolvidable -por prontamente lejano y perdido- un momento de amistad, que reconstruye un cuerpo femenino desde diferentes tactos y caricias y decires y nombres, más un amor que se revela como duda, como decisión, como conflicto.
Lawrence Breavman es, podríamos decir, el personaje que de a poco elije, porque así lo prefiere, la voz narradora. Cuando nos adentramos en su mosaico de vida, fragmentado, caleidoscópico, maravilloso, quedamos sujetos a él, como línea de un mismo poema. Es allí cuando nos damos cuenta de cómo las palabras endulzan el alma lectora.
Por momentos descarnado, por momentos de un rebosante desafío adolescente –siempre poético, nunca cegado-, por momentos lírico y bello, El juego favorito culmina por conformar una canción dolida, vuelta a escuchar en un bar de recuerdos escondidos, con una ciudad cambiada, con un periplo de vida ocurrido, con un amor que es compañía porque también es distancia.

Descargar:

Reseña músico-literaria sobre Cohen en Linterna Mágica (13/03/09).
Intervienen: Gustavo Milano y Leandro Arteaga.
link descarga: http://www.mediafire.com/?jynlydjfitd