lunes, 25 de mayo de 2009

Papeles inesperados (2009), Julio Cortázar




Mirar
hundirse
el sol
en el mar





Papeles inesperados
Julio Cortázar
Precio: $ 65
ISBN: 978-987-04-1247-2
Código: 52081
Colección: Biblioteca Julio Cortázar
Sello: ALFAGUARA
Págs: 488



"Mi rayo verde se vuelve a la nada en el mismo instante en que lo digo; pero era él, era tan verde, era por fin mi rayo verde."
p. 201


¿Desde cuál manera, entre tantas, abordar un libro –¡nuevo!- de Julio Cortázar (1914-1984)? Quizá desde lo afectivo. También desde su trayectoria. A su vez, desde la mención de la búsqueda, de los hallazgos, y del atesoramiento de Aurora Bernárdez, que ha hecho posible estas páginas, más el cuidado y cariño de Carles Álvarez Garriga. Mucho de todo eso, tanto más, pero siempre de manera insuficiente.
Porque Cortázar es tan vasto como múltiples los caminos que su literatura nos abre. Por ello, prefiero, mejor recurrir al sentir interminable, de embriaguez suscitada por tantos prismas como los que arrojan estos papeles inesperados.
Como si se tratase de un caleidoscopio de nombre Cortázar. A partir de allí enhebrar, juntar y desmembrar el nombre y la obra. Capítulos recuperados para agregar al puzzle de libros leídos. Poemas, pensaría uno, escritos en papel de bares y guardados por el tiempo amarillo. Artículos pasionales donde el caleidoscopio encuentra uno de sus tantos ejes: la denuncia de las dictaduras, el exilio parisino, los ataques “patrióticos” a su “no-argentinidad”, sus respuestas vueltas gozo literario y denuncia de reumas mentales (tan imperantes en nuestro continente ayer como luego). Cortázar escribe, en pleno ’78, y desnuda los abusos de una dictadura dedicada a juegos de fútbol (con hinchada, convengamos, también incluida). Cortázar escribe y nos traslada su sentir entre las calles de Cuba, en plena revolución, mientras defiende la necesidad de la alegría como herramienta para el hombre nuevo, latinoamericano, intercontinental.
Nada más bello que adentrarse en sus palabras de 1939 (y de cualquier año), ligadas a la misión del maestro, en pleno Chivilcoy, con un alma itinerante y libertaria tan amplia como para desplazarse desde aquél tiempo y arribar aquí, en este año, en estas escuelas, en estos docentes (los de hoy, pero los de mañana). Flecha disparada que remonta páginas/papeles que caminan diferentes estadíos, ganas y pesares. Mientras nos permite armar el rompecabezas para, luego, rearmar y, para siempre, volver a empezar.
Casi como si uno caminara las baldosas que su prosa describe, o sintiera la opresión de los autos y sus bocinazos. Bajar al subterráneo, también, para encontrar/nos. Hablar desde el mismo reflejo del espejo, tanto como en sus entrevistas, desdobladas y desdoblantes. Utilizar la tinta de Life –“vereda opuesta”- para devolver el reflejo. Abrir, en suma, un espacio lúdico porque la lectura es, siempre, alegría.
Ningún mejor compromiso (“escritores comprometidos, mejor harían en casarse”), entonces, que la alegría, más una altura moral de referencia.
¿Habré sido imparcial, objetivo -o cualquiera de esas palabras tan adoradas y paralíticas-, para pensar este libro de hallazgos? Espero que no, que nunca.
Mientras tanto, subiré una y otra vez la azotea para contemplar ese rayo verde que tanto nos guía: faro de nuestro fin del mundo.