viernes, 17 de mayo de 2013

Entrevistas Escritores: Lunghi + Saracino






Diálogo con Celso Lunghi, 
ganador del premio 
Nueva Novela 2012-Página/12, 
por Me verás volver.
Linterna Mágica (10/05/2013) 
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Diálogo con  
Luciano Saracino
guionista de  
Germán, últimas viñetas
por Televisión Pública, 
martes a jueves, 22.30. 
Linterna Mágica (03/05/2013)  
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Lazos perversos (Stoker, 2013, Park Chan-wook)


Una vez muerto el padre…


Por Leandro Arteaga
Rosario/12 (13/05/2013)

Que el cine de géneros norteamericano agoniza, es verdad añeja. Que la alternativa está en sus series televisivas, también; pero, se sabe, la televisión no es cine. Que el cine de géneros subsiste y se recrea desde hace tiempo en “el lejano” oriente, es también verdad que redunda. Tanto como la de la intención de Hollywood en procrear fusiones que le permitan un mínimo de vitalidad. A veces, entre tantas experiencias fallidas u oportunistas, algo sale bien. Se trata de excepciones, en donde algo de aire alterno, raro, anómalo, artístico, corroe por fin a las estructuras viciadas de lo siempre mismo.
Lazos perversos, entonces, como síntoma de esta alteridad. El coreano Park Chan-wook como firma que asume un relato perturbador, por primera vez en suelo americano, desde una poética que le caracteriza, con la violencia psíquica y física como recursos habituales, más una raigambre hitchcockiana que se trasluce y consuma desde una puesta en escena personal, con atisbos de historieta japonesa y coreografía demente. Todo ello, tal vez, nunca mejor expuesto como en Old Boy (2003), segunda parte de su denominada “trilogía de la venganza”.
En La sombra de una duda, Hitchcock lograba en Joseph Cotten un apuesto tío Charlie, cuya sonrisa encandilaba a su sobrina favorita (Teresa Wright, cuyo personaje, de paso, también y dualmente se llamaba Charlie). En la película del coreano habrá otro tío Charlie, oculto ahora tras la máscara perfecta de Matthew Goode: aparición fantasmal tras el fallecimiento del hermano, de sorpresa sensual para la madre e hija desamparadas: Nicole Kidman y Mia Wasikowska. Un trío que tendrá vínculo y desunión vestidos de tensión, pasión, muerte, en medio de un caserón enorme, cada vez más vacío, con sólo la música de un piano manipuladoramente compartido, o el caminar de un mismo modelo de calzado: la niña se está volviendo mujer, pero sus zapatos siguen todavía iguales: planos, chatos, sin sexo. Allí, y a agarrarse, el tío Charlie y un recurrente paquete de regalo.
Es de destacar la fotografía de Chung Chung-hoon, compañero habitual del realizador. Así como una luminosidad que se percibe ideal, floreada, cálida, amarilla, sin sudor; lo mejor aparece en los primeros y medios planos de los intérpretes, casi ahogados por tanto aire sobre ellos, empequeñecidos a veces, casi como si se estuviese desviando al cuadro cinematográfico respecto de lo “académicamente” correcto. Habilidad que extraña a la situación, que sabe cómo cargarla de secretos.
También, entre otros, el momento de descenso al sótano, entre luces y mucha sombra, para guardar o tomar el helado, dentro de un freezer grande y sucio, lleno de carne congelada. Helado que interviene entre la inocencia de la niña y un descubrimiento mayor. Entre el tío y la madre, la adolescente India habrá de tomar sus decisiones, a la vez que reproduce gestos que no sabe muy bien qué significan mientras la guían en su obsesión. Hasta ese momento justo, perfecto, como hace tiempo el tonto cine norteamericano ya no posee: la alguna vez niña se baña, limpia la suciedad, llora por lo ocurrido, y no puede evitar excitarse.

Lazos perversos
(Stoker) EE.UU./Gran Bretaña/Corea del Sur, 2013. Dirección: Park Chan-wook. Guión: Wentworth Miller. Fotografía: Chung Chung-hoon. Música: Clint Mansell. Reparto: Mia Wasikowska, Matthew Goode, Nicole Kidman, Jacki Weaver, Dermot Mulroney. Duración: 99 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
8 (ocho) puntos

sábado, 11 de mayo de 2013

Esteban Tolj: "Rincones de Rosario" + entrevista


Arquitectura y caricatura

Un paseo de ilustraciones sobre Rosario reescribe la ciudad y sus personajes. La mirada perspicaz de Esteban Tolj anuda paisajes, cines, calles, esquinas. Apenas una muestra de las más de cien láminas del dibujante.

Por Leandro Arteaga 

Es cuestión de no resistir la tentación de subir esa escalera bella, de ese edificio tan bello que es el Club Español (Rioja 1052), para ingresar a un recodo que es, a su vez, réplica justa para los “Rincones de Rosario”, título que anuda y presenta la serie de láminas expuestas por el dibujante Esteban Tolj, en una muestra que es auspiciada por Rotary Club Rosario, Club Español de Rosario, y Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad.
Durante todo el mes de mayo, en el horario de 8 a 21, puede visitarse este caleidoscopio de instantes rosarinos, consecuencia de una mirada perspicaz, que invita al espectador al recuerdo y, a veces, a un divertimento melancólico. Las láminas son apenas un muestrario de las muchas más que Tolj viene desarrollando desde las tapas de revista “El vecino”, cuya circulación alternativa, gratuita, de tantos años, la sitúa como lugar de referencia para la tarea gráfica de la ciudad.
Tolj tiene un recorrido enorme, una trayectoria que lo señala como uno de los referentes gráficos de Rosario, pero por esas cosas que no terminan de entenderse todavía, se suma a una larga lista de dibujantes e ilustradores que tienen que hacer sonar su nombre más veces del que debieran. Hay, en este sentido, un espacio desdibujado –vaya ironía- donde los artistas del medio tienen que tratar de desempeñarse o, a partir de ello, buscar posibilidad laboral en otros ámbitos, las más de las veces internacionales.
Tolj es ilustrador, historietista, realizador de animaciones, docente; su tarea le ha hecho conocer medios como la televisión, la publicidad, la prensa gráfica. Es uno de los responsables de aquel capítulo de gloria animada que supuso “El Sótano Cartoons” –junto a dibujantes de estirpe similar como Diego Rolle y BK&Basta!-, herencia artística del gran Luis Bras que el trío modelara desde un prisma tan personal como chispeante. De allí es hijo el gran Show de los perrolotuditos, que ningún lector de esta nota debiera dejar de ver (Youtube a mano, y listo). También ha sido el continuador de la alguna vez famosa tira de prensa El Pollo Palacios, con guión de Víctor Gaite.
Una de sus facetas lo vincula a la ilustración, tarea que reparte entre libros y manuales, más la referida tapa cotidiana de “El vecino”, motivo de la muestra que le tiene por protagonista.

-¿Cuántas tapas llevás dibujadas?
-Hace diez años que estoy en “El vecino”, así que ya son 120; pero igualmente no las estoy mostrando a todas, así que ¡quédense tranquilos!

-¿Y cuál ha sido el criterio para seleccionarlas?
-Elijo las que más me gustan, o las que le han gustado a la gente. Digamos que los dibujos son como los hijos, uno no quiere hacer diferencias entre unos y otros. Las temáticas de las tapas las voy eligiendo desde el divertimento. Por ejemplo en el 2010, durante el bicentenario, elegí representar en cada mes una década distinta de Rosario. En el 2012 elegí los cines viejos de la ciudad, que hoy son supermercados, estacionamientos, o están abandonados. Lo particular es que los vecinos que circulan por esa zona son personajes de cine, pero mejor dejemos que la gente los adivine.

-Hay un detenimiento de observador, más allá de la imagen inmediata. Es decir, aún cuando se perciba el reconocimiento del lugar, siempre hay espacio para tus “personajitos”.
-Probablemente. Lo que hago es tratar de cerrar una anécdota, a veces con humor, a veces con una reflexión que se sitúa en la actitud de los personajes. Digamos que esa imagen captura un momento dentro de una anécdota, y cada uno pone allí lo que quiere. Cada personaje sugiere algo, te puede hacer recordar algo personal, que cualquiera puede haber vivido ¡o viviremos! Porque este año elegí para jugar el Rosario futurista, el Rosario retro-futuro. ¿Cómo imaginaba la gente del pasado su futuro? ¿Como vivimos hoy? ¿O pensaban que estaríamos vestidos de plateado y volando con una mochila voladora? Igual, ya disponemos de celulares, de la computadora, algo propio de Viaje a las estrellas, pero hasta que no inventen la teletransportación yo no me voy a quedar tranquilo, como soy una persona muy grandota viajo muy incómodo en el colectivo, si me teletransportaran sería otra cosa.
Es inevitable la ironía y el chiste durante un diálogo con Tolj, continuación misma de lo que su trabajo supone. Periplo, el que la muestra propone, que interroga a quienes miran desde el recuerdo o la habilidad mnemotécnica, porque no se trata de plasmar imágenes asimilables a una típica tarjeta postal, sino de mirar el detalle, de recortar el escenario familiar, de utilizarlo como excusa, de extrañarlo, de remitologizar –en suma- a la ciudad. Nada mejor.
Los paseantes observan y se interrogan, es tal esquina o es tal otra, acuden entonces a la voz autorizada de Tolj para que les confirme o desmienta. Pero ninguna más linda que la referida al cruce entre el cine vuelto estacionamiento (el Urquiza) y el embotellamiento en 8 ½ de Fellini. O las huellas de la Pantera Rosa, con el disparate a punto de suceder. Más la mirada infantil que distrae al adulto aburrido, rasgo que prevalece en la obra general de Tolj. Porque, se habrá advertido durante la lectura, hay juego y diversión –dice Tolj- en el trabajo que significan tantas láminas. Que el espectador sea invitado a participar es la gracia mayor, necesaria en tanto carcajada que también recuerda.
Ahora bien, las imágenes visitadas son apenas un señuelo de tantas láminas más, de las 120 totales y de las que vendrán, que bien podrían encontrar otros cauces y posibilidades. Valiosa será la continuidad que encontrará en la inminente Crack Bang Boom, Convención Internacional de Historietas a realizarse en agosto. Mientras tanto, y a la espera de ver qué más ocurre, a visitar entonces este paseo de caricatura y arquitectura.

viernes, 10 de mayo de 2013

Nosotros, detrás del muro (2012, Lucrecia Mastrángelo)


 Una invitación a derribar los muros

El documental de Lucrecia Mastrángelo enhebra tres testimonios de mujeres en prisión. Una mirada profunda sobre el sistema de encierro y su lugar funcional y social. La esperanza, pese a todo, como apuesta a la que dedicar la vida.

Nosotros, detrás del muro
(Argentina, 2012)
Dirección y guión: Lucrecia Mastrángelo.
Producción: Nanci Torres.
Fotografía: Lucas Pérez.
Sonido: Santiago Zecca, Agustín Pagliuca.
Dirección de Arte: Oscar Vega.
Música: Caludio Zemp.
Edición: Vanina Cantó.     
Protagonistas: Marta Días, Ana Basualdo, Andrea Lemos.
Sala: Cine El Cairo, hoy a las 20.
9 (nueve) puntos



Por Leandro Arteaga

Hoy, en el horario de las 20 y con entrada libre y gratuita, El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120) proyectará de manera íntegra el trabajo más reciente de la realizadora Lucrecia Mastrángelo: Nosotros, detrás del muro; documental de cuatro capítulos que toma como escenario la Unidad Nº 5 del Penal de Mujeres de Rosario. El proyecto de Mastrángelo, vale señalar, resultó ganador en la categoría "serie de documentales federales para televisión 2012”, del concurso de Televisión Digital organizado por el Incaa. Antes de su estreno televisivo, por la señal Encuentro, El Cairo da la posibilidad de la visión conjunta de los episodios, con presencia de la realizadora.
Referir el trabajo más reciente de Lucrecia Mastrángelo implica también dar cuenta de un recorrido, de una trayectoria audiovisual que se ha preocupado por detener su mirada –y construirla- en el margen social, haciendo eje en sus protagonistas. Tal tarea no es fácil porque tampoco equivalió nunca a cierta sensiblería correcta, de la que a veces se contagió algún documentalismo “comprometido”. Vale decir, en Mastrángelo nunca hubo –ni habrá- oportunismo o corrección política, sino una búsqueda temática que se traduce, justamente, en búsqueda estética. En este sentido, se percibe un camino de crecimiento artístico, rápidamente abarcable entre títulos como De carne y sueño (1997), Refugios (1999), Espejos (2007), Sandra Cabrera, el crimen impune (2010), entre otros; hasta culminar en la sensibilidad profunda que significa Nosotros, detrás del muro.
La sensibilidad aludida se traduce en la moral que desprende cada imagen o, mejor dicho, desde la composición misma del encuadre. El mérito de la realizadora, entre tanto más, no lo supone el mero permiso de filmar paredes adentro del Penal, sino la consecución de una intimidad profunda. Este rasgo involucra de manera única y privilegiada a las entrevistadas. Como la cámara de cine es, siempre, invasiva, permitir que tal acto ocurra dentro de un mundo personal –algo mucho más profundo que la cárcel misma- significa en tanto acuerdo tácito, que deposita confianza en quien es habilitado a participar de un entorno íntimo.
Las entrevistas y entrevistadas serán entrelazadas, dibujarán un (micro)mundo o también un otro-mundo. Son tres, y sus testimonios, sus experiencias, hacen de los cuatro episodios apenas un rasguño sobre lo mucho que sus puntos suspensivos guardan. Sus nombres son: Marta Díaz, Ana Basualdo, Andrea Lemos. Y las palabras elegidas que ofician como disparadores para cada capítulo son: encierro, desamparo, sobrevivir, esperanza. Cuatro términos de significación vaga, imprecisa, problemática. Que llevan a discurrir, pensar, desarrollar una mirada sobre la vida, sobre la sociedad, con la cárcel como espacio interno que visibilizar.
Tal visibilización tiene su recorte de privilegio, tal como se apuntaba, en las entrevistadas. También en quienes se distinguen por una tarea de lazo social, que desvanezca el muro interpuesto: Fabricio Simeoni desde el taller literario, Graciela Rojas desde su tarea profesional. Ellos, miradas activas que incentivan. La literatura será el lugar sin límite, tal como lo refiere Simeoni, espacio desde el cual transgredir el control habitual, con la poesía como desafío a la custodia cotidiana. De manera análoga, ayuda la promesa de los cariños que acompañan, de la familia que espera, o el amor como situación imprevista, capaz de ocurrir donde nadie imagina, aún cuando el código de las internas no permita “mirar” las visitas de las amigas. Pero, acá la sorpresa, nada evita que sean ellas el objeto de las “miradas”.
Esta plasmación de paredes adentro, coloca rápidamente el hecho fáctico del muro como situación de la que nadie está exento. El muro y su aislación aparecen, así, como instancia de sufrimiento social, se esté dentro o no de la cárcel. De todas maneras, quienes allí están serán condenados a sobrevivir (uno de los ejes del trabajo) porque pareciera que sólo queda aceptar lo que en suerte toca. Es un poco el sabor amargo que queda al espectador luego de la visión total. Las entrevistadas son tres, con la radio, la poesía o el amor, como maneras válidas, muy bellas, de seguir hacia delante para salir del muro. Pero son excepciones. Son muchas las que, dicen ellas mismas, vuelven cuando hace poco habían salido. La droga tiene un peso demoledor. Lo admirable es cómo el documental señala su incidencia, entre otras preocupaciones temáticas, desde el fuera de cuadro: está sin ser vista, con una presencia fantasma que anuda complejidades mayores. También se menciona la tarea –igualmente fantasma- de las/los asistentes sociales. También aparecen, poco y suficiente, las figuras recortadas del vigilante y sus armas o, en otras palabras, la encarnación de la violencia como lugar y promesa de contención. En diálogo con este periodista, la realizadora supo señalar meses atrás: “Pensé que me iba a encontrar con mujeres con las que iba a poder reflexionar sobre el encierro, sobre qué significa, pero no. Me encontré con mujeres que están esperando las visitas para que pueda ingresar la droga, mientras las guardiacárceles miran para un costado. El sistema penitenciario deliberadamente quiere que esto pase, para que no se puedan recuperan y se vayan eliminando de a poco.”
Destaca también la recreación pretendida que Mastrángelo propone, lo que sitúa al documental en línea fronteriza difusa con el registro de la ficción. Hay entrevistas numerosas pero no se trata de un típico trabajo de “bustos parlantes”, sino de un entramado audiovisual donde el lenguaje cinematográfico aparece para dar forma, porque lo que preexiste es una puesta en escena precisa, que sabe hacia dónde dirigir su construcción discursiva. Asoma, entonces, un relato, una narración, donde convive mucho, pero mucho más, que lo que significan las tres mujeres elegidas. Es imposible, por ello, que el espectador sustraiga su mirada y vivencia propia respecto de lo que se está representando, mostrando, evidenciando.
Todo ello como marco general, como mapa de montaje, donde los planos que la realizadora obtiene son capaces de reparar en lo mínimo, lo cotidiano, en la pared descascarada, el piso decolorado, el bebé arrullado, el mate compartido, las sonrisas pícaras, la cama siendo tendida, los gestos durante los diálogos sexuales. Montaje sonoro que también habilita el acto poético de liberación que significa escuchar a quien asesinó, para purgar desde su palabra pero, eso sí, para no perdonar nunca al abusador, al violento, al golpeador. Sea porque había una familia que defender. Sea porque hay, justamente, una dignidad que sostener. Son reiteradas las oportunidades en las que se escucha a las entrevistadas señalar las complicaciones, demoras, faltas de respuesta, que el solo hecho de ser mujer les depara.
Esta última palabra, tal vez, podría sumarse como conclusión mayor a las otras cuatro que a Nosotros, detrás del muro sirven para su construcción: dignidad. Para ellas y para toda persona que, como una de las protagonistas señala, son ni más ni menos que seres humanos. Ninguna mejor aproximación a lo que los derechos humanos significan. Tan grande es, por eso, la tarea que significa y desempeña el documental de Lucrecia Mastrángelo.

Entrevistas Terror: V.J. Diment (La memoria del muerto) / R.S. Méndez (Evil Dead)


 

Diálogo con Rodo Sayagués Méndez, 
guionista de Posesión infernal 
(Evil Dead, 2013), de Fede Álvarez.
Linterna Mágica (19/04/2013) - Descargar

 

Diálogo con Valentin Javier Diment, 
director de La memoria del muerto.
Linterna Mágica (12/04/2013) - Descargar

jueves, 2 de mayo de 2013

Iron Man 3 (2013, Shane Black)


Tony Stark, el gran personaje

 
Por Leandro Arteaga

Desde el primero de sus capítulos fílmicos, Iron Man se perfiló como oportunista, antihéroe, ególatra, vanidoso, millonario, alcohólico, y finalmente héroe. Todo eso y más, secuela mediante, para la tercera y mejor de todas. Porque más allá –o a propósito- del bagaje de títulos con los que Disney/Marvel ha inundado e inundará las pantallas, el Iron Man de Robert Downey Jr. es la mejor de sus creaciones porque, se sabe, nadie como Robert Downey.
Por un lado, entonces, el actor; pero por otro y todavía mejor, el planteo mismo del film. Aquí desde el enfrentamiento con quien ha sido némesis de cómic para el Hombre de Hierro. El Mandarín (Ben Kingsley), en este sentido, es villano clásico pero también reformulación de miedos xenófobos ya encarnados en el Oriente lejano o cercano que significaran Ming el Despiadado o Fu Manchú. Ahora teñido del aura terrorista que azota tanto cine y prédica mediática.
Pero, se decía, aquí lo mejor. Porque nada es lo que parece y todo es lo que debía ser. Primero: a desconfiar de quien dice ser quien es. Sin embargo y segundo: los lugares comunes que son estructura para el personaje siguen en su sitio. En otras palabras: todo se conmueve y tiembla hasta casi caer, pero sólo para resurgir desde las cenizas de siempre. Muerte y resurrección de lo mismo porque, se sabe, nada puede cambiar demasiado; pero, entre medio, algunas cosas ya no serán tan ingenuas.
Será tarea obligada, entonces, salvar al Presidente norteamericano, aún cuando él sea responsable de lo que sucede. Minutos antes de ser crucificado ni más ni menos que en petróleo. Por eso, Iron Man 3 es mirada cáustica sobre su entorno, con un personaje casi herrumbrado y, a veces, de armadura impecable. También con ataques de pánico. Más la diversión que de este tipo de cine se espera.
Acá otro rasgo, que es respuesta válida para la frivolidad y solemnidad que exponen los Batman de Christopher Nolan. Antes que aleccionar, amenazar, o creerse un film de prestigio autoral –aspectos que increíblemente se le han adosado a las últimas Batman-, Iron Man es tan sólo una película de superhéroes. Con pasos de comedia, problemas de alcoba, ingenio imposible, personajes ridículos, y –gracias a Robert Downey- heroicidad obligada.
Entonces, hay divertimento seguro, efectos especiales notables, pero todo en función de un nudo que sobresale. Que gana por ironía, por astucia, por incorrección. Tampoco, está claro, creerse que se trata de una película contestataria o de algo parecido. Sino que es sólo otro producto más. En forma de película y con marca de franquicia. Pero con la habilidad suficiente como para ser lo que debe ser. Y por las dudas y como rúbrica: Tony Stark, gran personaje.

Iron Man 3
(E.E.U.U./China,2013) Dirección: Shane Black. Guión: Drew Pearce, Shane Black. Fotografía: John Toll. Monatje: Peter S. Elliot, Jeffrey Ford. Música: Brian Tyler. Reparto: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Rebecca Hall, Guy Pearce, Ben Kingsley, Don Cheadle, Jon Favreau. Duración: 130 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
8 (ocho) puntos

sábado, 27 de abril de 2013

Carnaval (2013) de Lisa Caligaris: entrevista


Fragmentos de una calma aparente

Con un minimalismo que es puesta en escena compleja, Carnaval indaga en la cotidianeidad de dos hermanos. Cortometraje ganador de la convocatoria de Espacio Santafesino, es ópera prima de su realizadora.


Por Leandro Arteaga

La pantalla de Cine El Cairo (Sante Fe 1120) continúa en su tarea de consolidar un lugar audiovisual para la producción local. Hoy, a las 18, podrá verse Carnaval, ópera prima de la santafesina Lisa Caligaris, seleccionada en la Convocatoria Espacio Santafesino del Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia.
Directora de casting y actriz de trayectoria internacional –Caligaris ha participado en films como Todos tenemos un plan, de Ana Piterbarg, y El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo-, la realizadora borda en apenas 25 minutos un clima de encierro cotidiano, protagonizado por dos hermanos, almaceneros (María Fuster y Luis Blua), en el día a día –puertas adentro- del pueblito de Eusebia. Mientras tanto, voces anuncian la llegada del carnaval, tanto como los aerosoles con nieve espuma para la venta. Entre el afuera y el adentro, Carnaval construye un clima denso, de cotidianeidad extraña, naturalizada.

-¿Qué fue lo que internamente te movilizó para la historia?
-Por un lado, los personajes están basados en dos tíos míos, pero más allá de eso, lo que me llamó la atención fue la cuestión de la imposibilidad de accionar del ser humano, de no poder salir para hacer lo que se quiere, aunque sea de intentarlo; un encierro que puede tener quien vive en un pueblo o quien vive en un décimo piso de Capital Federal. Quizás pueda percibírselo mejor en el personaje de ella, en sus aparentes ganas de ir al carnaval. Pero hay algo, que no está muy claro, que no se lo permite y hace que no lo logre. 

-Hay gestos que dicen, así como frases con puntos suspensivos, como cuando ella habla de zapatos nuevos o mientras almuerzan.
-Me interesaba lograr eso, y no explicar que estuviesen peleados o enojados. Simplemente se preguntan o se responden por el pan o por los zapatos de esa manera porque viven así, desde esa cotidianeidad en la que parece no pasar nada pero, sin embargo, pasan muchas cosas. Me hubiese gustado tener una hora y media para poder desarrollar más cada personaje, pero por el tiempo que amerita un corto se eligió dejar, como decís, puntos suspensivos sobre lo que pueda estar pasando.

-Seguramente hubo un trabajo de guión muy fino, son todos planos fijos, el movimiento interno es preciso, pero también a veces espontáneo. Veo que participó Santiago Loza como asesor (NdR: Director de La invención de la carne y Los labios).
-Una vez que presentamos el guión y ganó el concurso, lo quisimos seguir trabajando; fue ahí cuando me puse en contacto con Santiago. Su aporte fue genial, cuando yo quería contar más y más, él me decía no y no, pero sin influir, sin decirme qué escenas agregar o cuáles sacar; simplemente me dio una vuelta de rosca interesante, que me ayudó de manera muy importante. Yo también estaba obsesionada con dejar que las cosas pasaran ante la cámara como tenían que pasar. Es el caso de la primera escena, con los trabajadores que bajan del camión, a los que les mandé la actriz para ver cómo reaccionaban. Yo quería lograr eso, aún sabiendo que es algo que puede funcionar como no. Es una de las escenas que más quiero, ellos casi ni supieron que era un corto y no tuvieron ningún problema, actuaron como si fueran el dueño del negocio. Estuvimos abiertos a que pasaran estas situaciones, por eso la primera escena tiene mucho de espontáneo e improvisado.

-Es una escena inicial que desconcierta, que borra límites entre documental o ficción, lo mejor que puede pasar.
-Totalmente, siempre estuvo bastante difusa la línea entre documental y ficción, si bien son actores y había un guión. Lo mismo sucede con el sonido de la última escena, que es del carnaval de Ramona, un pueblo que está cerca, de donde soy yo. Nunca jamás podría haber reproducido ni una décima parte de lo que fue ese sonido del final, que no habría funcionado con otro locutor. En un principio lo grabamos sin saber para qué nos iba a servir.

-Se nota que el trabajo está impregnado del lugar, del pueblito, aún cuando todo suceda puertas adentro.
-Me alegro de que lo hayas sentido así porque se discutió sobre si sacar la cámara, sobre si mostrar tomas del pueblo, pero no era algo que me interesara. También podría haber sido una casa de Buenos Aires o la de un pueblo de cualquier lado. Pero no quise sacar la cámara de la casa, del encierro, y me encanta que me digas eso, que se pueda percibir que es un pueblo. Si bien es una historia universal, en un punto aparece algo que es muy santafesino.

La memoria del muerto (V.J. Diment, 2011)


Tan bestial como sorprendente


Por Leandro Arteaga

Diment sabe lo que hace porque lo disfruta. Esto es así: cuando se va al cine y se sale satisfecho, es porque el deseo ha sido –por el momento- colmado. Con el cine de terror sucede esto y de una manera más clara. Porque para ver cine de terror hay que quererlo. Querer dejarse llevar hacia el interior de lápidas, disfrutar con algún miembro revoleado, degustar maldiciones, invocar las sombras, esperar gustoso la noche, preferir las brumas, adorar los borbotones de sangre, tener simpatía por los monstruos, amar el cine B.
Al ver La memoria del muerto aparece la sintonía. Entre (este) espectador y la película, así como entre ella y su realizador. Porque tales encuadres, tales diálogos, tales situaciones, tales imaginerías, sólo podían suceder desde el disfrute. Que ha reconocido el propio Diment desde la palabra: Argento, Fulci, Raimi, Carpenter; pero que, en verdad, valida la película por sí misma, en tanto manera privilegiada desde la que todo cineasta, en última instancia, piensa el cine.
Ahora bien, tal regurgitación requiere de una reelaboración suficiente, que logre ser verosímil, no en tanto película con ecos de ultratumba italiana o española, sino –aquí el riesgo- argentina. Y lo cierto es que, cada vez más, el género de terror construye un espacio propio, que ha abierto el juego para una proliferación mayor. Con una marca distintiva que encuentra en el film de Diment una búsqueda formal que es en absoluto gratuita.
En este sentido, habrá que pensar muy finamente cuáles películas más podrían decir de una manera tan bestial como sorprendente sobre el recuerdo tortuoso que acompaña a Pamela Rementería, víctima de un padre abusador. Su escenificación da cuenta de lo terrible, lo magistral, que el cine de género puede ser. Y que vuelve innecesario el parlamento siguiente de la actriz, quien explica lo sucedido para, dado el caso, dar pie a otra resolución.
Lo dicho, apenas, como una de las varias piezas del juego mayor, contenido por la casona de noche, con la memoria de un muerto (Gabriel Goity) a quien se busca recordar, evocar, llorar, resucitar. Pero, como siempre, engaños de por medio y enfrentamientos cruciales, personales, violentos, de todos contra todos porque, de lo que se trata, es de enfrentar cada uno sus propios fantasmas.
Cuando todo se resuelva, podrá ocurrir la previsible vuelta de tuerca. Pero, se sabe, lo difícil es saber cómo utilizar los lugares comunes. Y lo que hacen Diment y guionistas (entre quienes destaca Nicanor Loreti, responsable de Diablo) es sorprender para retrucar y señalar que un abordaje inteligente no depende de cine “serio” alguno o que, en todo caso, el género es una de las maneras más serias de entender el cine. 

La memoria del muerto
Argentina, 2011. Dirección: Valentín Javier Diment. Guión: Martín Bousson, Valentín Javier Diment, Germán Val, Nicolás Loreti. Fotografía: Claudio Benza. Montaje: Martín Blousson, Gustavo Gorzalczany. Música: Pablo Borghi. Reparto: Lola Berthet, Luis Ziembrowski, Rafael Ferro, Jimena Anganuzzi, Lorena Vega, Matías Marmorato, Gabriel Goity.
8 (ocho) puntos

martes, 16 de abril de 2013

Oblivion (1013, Joseph Kosinski)


La sonrisa del primer plano


Por Leandro Arteaga
Rosario/12 (15/04/2013)

Nada peor que Tom Cruise clonado. Pero si bien esta sola pesadilla sería motivo suficiente, mejor explicar más. A ver cómo. Oblivion aparece como la nueva incursión del actor en otra vez lo mismo de siempre. Porque poco es lo que pueda decirse de Cruise por fuera de su estampita de gelatina dura, con sonrisa de soldadito feliz. Quizás algunas excepciones, pero que lejos están de alterar su lugar en tanto emblema de actorcito pedante, repleto de dinero, capaz de expulsar directores de sus películas, así como de decidir el corte final de montaje.
Ello no significa negar su carisma, acorde con lo que una estrella de Hollywood, más o menos, debiera ser. Potencial descubierto tempranamente, y que fuera también señalado por el propio Billy Wilder a Cameron Crowe, en el magnífico libro Conversaciones con Billy Wilder. Pero de allí a justificar sus films, hay una distancia de abismo. Al menos en lo que respecta a la mayoría, encargada de acentuar su sonrisa de primer plano, así como de respaldar –aquí lo verdaderamente molesto- una misma concepción de mundo.
Esta mirada, este lugar que organiza semánticamente e ideológicamente, se traduce en la figura de un héroe que, al menos, la serie Misión imposible tuvo el buen gusto de parodiar. O, por lo menos, la primera de ellas, capaz de desarticular lo que tan ordenado parecía para descubrir su cara oculta. Pero ese es cine de Brian De Palma. Mientras que Oblivion es un refrito, pobre, de ciencia-ficción.
En este sentido, agregar todas las películas que se recuerden y mezclar bien. Entre ellas, por ejemplo, citar Blade Runner, Mad Max, El planeta de los simios. Pero no desde la coincidencia temática o el espíritu afín, sino desde la cita hueca, en tanto rasgo de superficie, que adorna a una historia que es contada con todos los vicios aburridos del cine de acción contemporáneo, para el lucimiento físico de su actor, desde la réplica pobre hacia el mundo paranoico de Philip K. Dick. Tanta y tan buena supo ser la ciencia ficción norteamericana, pareciera decir Oblivion con sus ecos de lo que alguna vez fue un gran cine.
Todo esto porque, entre otras cosas, si algo hizo tanta narrativa brillante como la que el género tuvo, fue denunciar, criticar, alertar, filosofar, acerca de la relación entre ser humano-máquina-naturaleza. Todo un abanico de autores se abre desde este vínculo. Mirada de desencanto –James Ballard mediante- que Oblivion atrae hacia sí para vaciar de contenido, llenar de “vueltas de tuerca” argumentales, y culminar con la reinstauración de la familia feliz.
Algo de develación argumental esta nota contiene, pero, la verdad, ¿qué película de Tom Cruise podría terminar sin él? ¿Y encima estando clonado? Lo que significa, ¿de qué buena ciencia ficción se podría hablar en estos términos?


Oblivion, el tiempo del olvido
(Oblivion) Estados Unidos/2013
Dirección: Joseph Kosinski. Guión: Joseph Kosinski, Karl Gajdusek, Michael Arndt. Fotografía: Claudio Miranda. Música: Anthony Gonzalez, M.8.3. Montaje: Richard Francis-Bruce. Reparto: Tom Cruise, Morgan Freeman, Olga Kurylenko, Andrea Riseborough, Nikolaj Coster-Waldau. Duración: 126 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
3 (tres) puntos

viernes, 12 de abril de 2013

El amansador (2013, Arturo Marinho): entrevista


De la relación entre hombre y animal


En Arrufó vive y trabaja Oscar Piumatti, amansador de caballos que protagoniza el nuevo trabajo de Arturo Marinho. El amansador, de estreno en El Cairo, ha ganado en la convocatoria de la Televisión Digital Abierta.

Por Leandro Arteaga

El amansador es el título del último trabajo de Arturo Marinho, al que se añade en su cartel gráfico la frase “Una historia de transformaciones”. Cambiar o, mejor dicho, transgredir la manera acostumbrada del entender, para participar de una mirada distinta, superadora. El tema viene dado por la relación entre humanos y animales, puntualmente entre un amansador y los caballos, y a través de la película como tentativa que invita a los espectadores. La función especial del próximo viernes 12, a las 20.30, en El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120), será propuesta consumada.
También señalar que El amansador es parte de un recorrido que el cineasta desarrolla desde formatos distintos –cine, televisión-, con experiencias de vida que le conectan de manera personal. El caso anterior vino dado por Detrás de la línea amarilla (2011), notable ir y venir entre Barcelona y Rosario, que va y viene a su vez desde la vida del protagonista, entre datos sabidos, intuidos, como también en cuanto al trazo difuso que se enhebra entre los registros de tipo documental y ficción. Ahora, mismas búsquedas pero bien lejos de la urbe, en el seno de un pueblito del norte de Santa Fe. “Los rubros y rótulos son un problema que tiene que ver con las convenciones, pero en algún lugar hay que situar a los trabajos, sobre todo cuando se aplica a determinados espacios de concursos o de programaciones. A mí siempre me parece muy fina la distinción entre documental y ficción, por lo menos desde donde me siento a trabajar. Nunca pienso puntualmente en uno u otro registro, si bien siempre parto de situaciones fuertemente documentales, en el sentido de que existen, pero en verdad existe todo, también la ficción. En un punto, la ficción también es un juego de verosímil con el espectador. En el caso de El amansador, sería un juego de inverosímil” dice Marinho a Rosario/12.

-¿De dónde viene el interés por este proyecto?
-El amansador es un proyecto de hace un par de años, y que me llega de una manera relativamente casual. Mi trabajo anterior estuvo delimitado por recorridos en las ciudades de Barcelona y Rosario, y me interesaba salir de lo urbano, quería cambiar. Había visto unas protohistorias con posibilidades de ser narradas, y las encontré en Arrufó, un pueblo muy cercano a Ceres, bastante lejos de los centros grandemente poblados. Mi aproximación se dio desde el lugar del asombro, de la curiosidad. No se trata de un documental de observación, tampoco de un documental estricto, ya que hay situaciones que fueron ficcionalizadas, en el sentido de que tienen una métrica, una duración, un tiempo y espacio determinados, y eso es un poco diferente a lo que es en realidad el día a día de estos personajes.

-¿Por qué la distinción entre domar y amansar?
-Porque hay una diferencia sutil y tajante, y tiene que ver con la propuesta de este hombre (Oscar Piumatti), alguien que no hacía esta tarea habitualmente. Oscar fue despedido de la EPE, atravesó una profunda depresión durante tres años, y cuando emergió de su pozo comenzó a hablar con los caballos, lo que ya permitía toda una serie de líneas narrativas. La idea fue la de contraponer su tarea a lo que es el trato violento con los animales. En ese sentido, la pieza tiene un fuerte anclaje. Este hombre retoma muchas de las tradiciones y formas de tratar a los animales de los indígenas de la zona, y no de los conquistadores, quienes en general pasaron a los gauchos y a los criollos la lógica del sometimiento, a través del castigo y el maltrato para lograr someter la voluntad del animal. Oscar y sus ayudantes, en cambio, tratan de hacerse amigos, de construir una relación. En ese punto, me pareció interesantísimo porque daba vuelta la lógica de lo que uno piensa es un caballo salvaje a diferencia de uno manso. No hay necesariamente un camino atravesado por el dolor o el castigo, sino por un hablarle, acariciarlo, y por un paso del tiempo completamente distinto. Narrativamente, la película hace suceder todo en un día, pero el tiempo real de amansar a un caballo con este método lleva mucho más tiempo. Lo que se logra es un compromiso y una relación muy fuerte entre hombre y animal, para mí eso era muy sorprendente y me pareció que había que contarlo.

-Llama la atención cómo el amansador está atento a los pequeños gestos del caballo, a sus reacciones. Es muy intenso el momento donde camina hacia el animal, pero de espaldas.
-Hay todo un juego de ir venciendo la resistencia. El caballo, como todo animal que tiene una visión lateral, identifica a los demás animales que tienen los ojos al frente como depredadores, como un peligro inminente; por eso este juego de acercarse de espaldas, para que el animal vaya bajando la guardia y no sienta en peligro su vida. Hay toda una coreografía también, un proceso de acercamientos y de alejamientos, de rituales, pero que son espontáneos; de hecho, con cada caballo se establece una relación diferente, no hay una lógica predeterminada. Esto fue complejo porque durante el rodaje sucedieron todo el tiempo cuestiones previstas e imprevistas, que obligaban a que la cuestión técnica estuviese bien afinada.

-Seguramente, habrán resuelto situaciones en el momento, mientras sucedían.
-Sí, todo el trabajo interno, dentro de lo que fue el corral, fue complejísimo desde el punto de vista de la seguridad del equipo técnico y del propio caballo, porque tuvimos varios días encerrados en un espacio bastante reducido. Pero finalmente el caballo se acercó a la cámara, y al tercer o cuarto día estuvo a cinco centímetros del lente, cerca de nosotros, que no habíamos establecido proximidad. El caballo nos reconoció como parte del escenario del corral, y eso fue un momento mágico. Fue el caballo mismo quien nos habilitó a la proximidad.

-¿Y el vínculo con Oscar, el amansador, cómo sucedió?
-La propuesta resultó ganadora de la convocatoria del Sistema de Televisión Digital Abierta, y es el trabajo representante de la provincia de Santa Fe en el género unitario documental. El proyecto estaba un poco hablado con Oscar, pero cuando queda elegido fue consensuado con ellos, que lo recibieron muy bien; toda la comunidad se prestó de muy buena gana. Siento que es lo que habitualmente pasa cuando uno llega a lugares lejanos, hay un gran sentido de agradecimiento y una relación de compromiso muy importante porque el propósito de la Televisión Abierta es el de dar visibilidad a historias no tan tradicionales, televisivamente hablando. Esta historia encajaba en esos parámetros, en el hecho de que un protagonista de un pueblo muy pequeño de la provincia de Santa Fe pudiese mostrarnos y contarnos lo que hace en su día a día. Fue un consenso así como un gran trabajo de equipo. Mi equipo de rodaje, como acostumbro, fue muy pequeño, también porque se trataba de una situación apropiada.

Foto: Mario Laus