domingo, 26 de julio de 2015

Crist: Homenaje a la historieta: entrevista


El jeep loco y la tinta

Homenaje a la Historieta se llama la muestra de Crist en Centro Cultural Fontanarrosa. Hay siluetas superpuestas, manos explotadas en tinta, noches de torbellino, recuerdos en cuadritos. “A Pratt todavía lo sigo admirando”, dice. 

Por Leandro Arteaga

“Dibujando, el Crist es un desfachatado. No parece sentir ningún temor, ningún respeto, hacia el papel en blanco. Siempre anda buscando tramas, efectos, explorando texturas”, prologaba Roberto Fontanarrosa en el número 3 de la revista rosarina Tinta (1979). La cita despunta el diálogo con Crist (Cristóbal Reinoso), mientras faltan minutos para la inauguración de la muestra Homenaje a la Historieta, que le tiene por protagonista en Centro Cultural Roberto Fontanarrosa desde el jueves pasado, hasta el 23 de agosto.

“No boceta a lápiz. Simplemente, le mete”, explicaba Fontanarrosa. Crist agrega: “El libro ése un poco es así, tiene una selección de dibujos que están hechos desde una necesidad diferente de lo que yo hago para los diarios y publicaciones. A veces, trabajar presionado para el diario, para el medio, hace perder calidad”. El libro aludido es, justamente, Homenaje a la Historieta, publicado por Planeta hace pocos meses. Una oportunidad para disfrutar de Crist a partir de quienes él disfrutara. “Son los dibujante de mi infancia, el homenaje está dirigido a ese grupo”, comenta. “No eran dibujantes de humor, sino de historieta seria, entre quienes estaba Hugo Pratt, el primero de todos, porque a ése todavía lo sigo admirando”.

-Trabajos como los suyos dicen de manera misteriosa, hay que meterse profundo para encontrar las raíces que se aluden.

-En la época con “el Negro” (Fontanarrosa), veníamos de la admiración de la historieta, de Pratt, de José Luis Salinas, de Alberto Breccia, de Arturo del Castillo, de “Los 12 Famosos Artistas” y sus lecciones, donde te enseñaban cómo hacer los cuadritos, los bocetos, la composición, el lápiz. Nosotros nos cagábamos en eso y dibujábamos directamente, agarrábamos la tinta con la pluma y a lo que saliera. Creíamos que estábamos descubriendo la pólvora, porque nos estábamos animando a no darle bolilla a los doce famosos artistas, pero en realidad siempre se dibujó así; esencialmente, el dibujo es eso, es trabajar con una herramienta. Lo de bocetar es como asegurarte de que tal línea va a caer en tal lado, pero hace perder frescura y espontaneidad.

-En su dibujo uno nota…

-Riesgo.

-Tal cual, en el que cae el lector, a diferencia de otros dibujantes, también respetables, pero más previsibles.

-Eso pasa cuando el respeto por el relato hace perder expresión al dibujo, y éste pasa a segundo plano y se vuelve un súbdito del guión. Creo que fue Tarragó Ros quien me dijo: “Vos que lo apreciás tanto a Carlos Alonso, ¿qué me pasa a mí cuando veo sus dibujos que no me pasa con otros dibujantes?”. “¡Te emocionás, boludo!”, le digo. Eso sucede porque él apunta a eso, no es ninguna ingenuidad. Cuando a Bacon le preguntan a dónde apunta él cuando empieza un cuadro y considera que lo tiene que mostrar, él dice que apunta directamente al sistema neurológico. ¿Poquito, no? La respuesta es contundente. Uno tendría que dibujar así, como Bacon.

-Pero la historieta, dado su desarrollo industrial, es más problemática.

-Por eso, el libro éste es una contradicción, porque yo hago el homenaje a ese motor que la historieta fue para mí, porque me hizo producir esos dibujos, ese resultado. No sé qué dirán los dibujantes de historietas al ver esto, sería interesante charlarlo.

-Pienso en la gran contratapa que alguna vez tuvo Clarín, donde cada dibujante era talentoso desde un lugar distinto.

-Se dieron varias circunstancias, una de ellas generacional, éramos amigos y compartíamos gustos, como el cine y el fútbol, pero es cierto que era como si nos hubiéramos puesto de acuerdo en explotar determinadas áreas cada uno. Por ejemplo, la habilidad que tenía Caloi con el personaje para aguantar una tira durante cincuenta años, realmente era una artesanía; o la habilidad del Negro y el ingenio de sus textos.

-Lo genial era que en la misma página uno leía a Caloi porque leía a Crist o a Fontanarrosa o a Altuna; es decir, la lectura era compartida.

-Sí, complementaria. Y ahora es lo que va quedando, donde se prueban tiras nuevas, con mayor o menor éxito. Pero lo que noto es que los dibujantes más jóvenes ahí no están, están repartidos en otros medios, como los hijos de Sábat, de Nine, de Caloi, donde se podría reconocer cierta herencia.

-Puede pensarse ese diálogo irreverente que usted y Fontanarrosa tenían con Los 12 Famosos Artistas, reproducido ahora hacia ustedes.

-¡Por supuesto! Pero tendrían que haber más medios donde esos talentos se vieran juntos, una revista que los agrupe, y eso no existe. Ahora bien, lo más importante sería revivir el entusiasmo. ¿Cómo hacés para juntar diez tipos que compartan un mismo entusiasmo? Igualmente, creo que es algo que se puede lograr.

El entusiasmo, claro, corre a la par de Crist. Mientras mira un viejo trabajo suyo, colgado en la oficina de Rafael Ielpi, pregunta: “¿Te acordás del Jeep Loco? Iba en una dirección, giraba, daba varias vueltas. Yo le ponía tinta y lo dejaba dibujar. A partir de eso, completaba”. Una buena introducción al mundo magistral del dibujante santafesino. La muestra contiene ilustraciones del libro citado, pero también muchas otras. Una oportunidad magnífica para apreciar al artista ilustre, desde una continuidad gráfica inmejorable dentro de las galerías del C.C. Fontanarrosa: hasta el domingo, hay tiempo para visitar la muestra de Mordillo. Luego vendrán: Horacio Altuna, Luis Scafati, Oscar Grillo. Nunca tuvo mejor nombre este Centro Cultural.

Manuel Depetris: entrevista


Entre la pintura y las historietas

Manuel Depetris exhibe un talento que desborda. La edición del Cuaderno de Dibujante dedicado a bocetos e ideas íntimas destaca la tarea del artista. Las bellas artes, las historietas y Hugo Pratt.

Por Leandro Arteaga
Se lo conoce poco a Manuel Depetris y es mucha la importancia de su trabajo. Pintura e historieta en trazos y pinceladas repartidos por igual entre lienzos y papel. Tal es la novedad que significa Cuadernos de Dibujante #2: Manuel Depetris (2015, Puro Comic Ediciones), serie compilada por Juan Ángel Szama, ganadora de la convocatoria Espacio Santafesino, dedicada a recopilar bocetos y dibujos inesperados de algunos de los grandes historietistas de la ciudad.
Con estudios cursados en Bellas Artes (UNR), Depetris (1985) confiesa encontrar su lugar en la historieta casi sin proponérselo. “Si no fuera por unos amigos que me patearon para adentro, quizás nunca me lo hubiese propuesto. Sí hacía historietas desde chico, pero nunca me lo propuse como objetivo. Como hubo gente que me motivó, fui probando cosas. Pero la plástica y la historieta van a la par, son dos producciones que para mí conforman una sola. Lo que no puedo decir con una lo digo con la otra. Son dos lenguajes que quizás se complementan; cuando a veces la potencialidad de uno no llega a cubrir un objetivo, el otro viene a compensar.”

-¿Cuáles son esas posibilidades específicas que encontraste en la historieta?
-Fundamentalmente, la interacción fluida entre la imagen y el texto. Es algo que la pintura permite pero desde un acotamiento del formato. Yo soy un pintor bastante tradicional, trabajo sobre tela o papel. Pero la historieta te da otra relación con el tiempo, con los ritmos, de cuadro a cuadro y de página a página. También la palabra como elemento gráfico es algo que me interesa mucho, así como explorar una faceta como la elaboración de textos, algo que sólo apareció con la historieta.
El Cuaderno de Dibujante de Depetris deja entrever un mundo abismado, perdido en una ensoñación que pierde referencia temporal. Hay personajes que podrían llegar a ser, mientras habitan un entorno de dibujos y trazos o pinceles en proceso. Por eso, el Cuaderno es una oportunidad única para adentrarse en la intimidad del artista, en ese momento donde todo puede llegar a ser porque allí está el devenir posible. Ahora bien, cómo organizar un libro semejante no es tarea fácil. Mucho, sino todo, tiene que ver con la tarea del compilador, el dibujante Juan Ángel Szama (organizador de Crack Bang Boom), quien suma este libro al que ya dedicara a Renzo Podestá, en vistas a un tercero que estará protagonizado por bocetos de Eduardo Risso.

-¿Cómo te resultó pensar este libro?
-No fue muy fácil. Cuando Juan me dijo de hacerlo me interesó, pero a la hora de buscar los bocetos uno se da cuenta de que no son tantos. Hay un filtro importante que uno mismo hace, y luego está el gusto del editor. No fue nada fácil, siendo como es el primer libro que publico bajo mi nombre. Pero hay que darle el mayor de los créditos al compilador, el trabajo grueso lo hizo él.
Entre las palabras de Depetris que se leen en la entrevista contenida en el Cuaderno, se dice: “la ausencia total de acción, los ritmos lentos, las páginas con dos o tres cuadros, los colores desaturados, las líneas desprolijas” como aspectos que caracterizan su estilo, si bien conciente de una voz definitiva que está siempre en proceso. “Mal haría yo o cualquiera en pensarme desde una fórmula, hay que tratar de no cerrarse en una definición de estilo. Lo que vengo haciendo tiene que ver con un objetivo, con un fragmento en mi historia, quizás mañana mi objetivo sea otro y mi estilo necesariamente cambie. El complemento del lector es esa maravilla que dará una segunda, tercera, e infinitas lecturas. Me parece que la fórmula es privativa”, agrega.
Entre los referentes, que pueden ser muchos, Depetris no duda: Hugo Pratt. Y explica: “Para mí la historieta es Pratt, y luego los demás. Yo soy un consumidor de historietas desde los dibujantes, si me gusta el dibujo, entro. Con Pratt esto fue así desde chiquito. Recuerdo que mi viejo una vez apareció con un libro que tenía guardado, un Jesuita Joe, de editorial Totem, formato enorme, a color. Yo no entendía nada, al principio no me gustó, ¿por qué dibujaba tan simple? Luego de días y semanas y años de mirarlo se volvió como una Biblia. Para mí, Pratt es fundacional en todo intento de dibujar. Todo está ahí.”
Los trabajos de Depetris se reparten entre publicaciones brasileras y la promesa de un libro inminente, que editará La Pinta (Bs. As.), cuyo director, Martín Muntaner, firma el prólogo notable con el que abre el Cuaderno de Dibujante. “Estoy en ese proceso de que se conozca de a poco lo mío. Participé en la adaptación de una novela de un escritor brasilero, a la que me invitó un colega. Fuimos cinco ilustradores, con un capítulo cada uno. Esa fue mi primera publicación profesional, además de algunos fanzines. Tengo un libro terminado, desde hace unos años, pero que está en cola de espera en La Pinta. Se titula ¿Qué clase de casa es ésta?, son cuatro historias cortas, la primera cosa que hago integralmente. Un libro que casualmente cierra mucho con el Cuaderno de Dibujante, ya que allí incluí mucho de su producción. Ahora voy a publicar en una revista en Brasil, una historia que me gustó mucho hacer. Estoy en esto de empezar a salir afuera para que se conozca un poco mi trabajo y ver qué pasa.”

Julio Azamor: Orgasmatrón+entrevista


En el espacio nadie te oirá gemir

La obra pionera de Julio Azamor ya tiene su justa reedición. En Orgasmatrón, el dibujante fundador de Catzole delinea un espacio turbio. Los nexos cinéfilos y una sensualidad metálica.

Por Leandro Arteaga


Con la edición de Orgasmatrón, la editorial rosarina Rabdomantes define su línea de álbumes completos, dedicados a rescatar algunas de las mejores historietas. El primero de los títulos fue Cándido, el western metafísico que Javier J. Rovella realizara para Catzole, el legendario fanzine porteño de los noventa. Con Orgasmatrón –otra de aquellas historietas– aparece el momento de (re)descubrir la obra que fuera punta de lanza para el dibujante, pintor y animador, Julio Azamor.

Entre aquellas páginas y las del álbum que recupera Rabdomantes hay un tiempo considerable. “Catzole sale en el ‘94, y en el ‘98 aparece el primer capítulo de Orgasmatrón”, explica Azamor a Rosario/12. Y agrega: “La Catzole empieza para mí como un entretenimiento, un divertimento que me permitía despuntar el vicio de la historieta, pero terminó siendo parte de un aprendizaje, tan significativo para mí como para Javi y Salva (Javier Rovella y Salvador Sanz). Orgasmatrón me permitió aprender y evolucionar artísticamente.”
Egresado de la Escuela Superior de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”, los años hicieron de Julio Azamor un artista consumado, seleccionado por algunos de los salones más importantes del país, como el “Salón Nacional de Artes Visuales” y el “Salón Municipal Manuel Belgrano”. Su trayectoria le ha vuelto animador profesional, con participación en largometrajes y publicidades. Entre las películas destacan Patoruzito (2004), Teo, cazador intergaláctico (2004), Martín Fierro, la película (2007), y el segmento animado de Imaginadores (2008), con el Señor López, Juan Salvo y Sónoman, como protagonistas.
“Nunca pensé que iba a hacer dibujos animados, si bien siempre me gustaron nunca estudié animación, caí allí medio de casualidad. En ese momento daba clases, se ganaba muy poco, y Javier Rovella, que estaba laburando en un estudio, me recomendó. Con el tiempo fui aprendiendo, empecé a tener bastante trabajo y hoy tengo mi estudio”, explica.

-Por lo general, ustedes son unos obsesivos terribles.
-¡Soy un obsesivo maniático absoluto!

-¿Qué te aportó la historieta?
-Me ha servido mucho en cuanto a la narrativa. Son dos lenguajes diferentes, pero tienen puntos en común. No soy un animador al que le dan una toma para que se dedique sólo a eso, sino que gracias a esa formación extra también dirijo comerciales. Por suerte me fue bien, me encanta. Mi cabeza está en seguir haciendo cortos pero también historietas, ya tenemos un proyecto con Javi Rovella.

-¿Y la formación plástica?
-Por conocer y haber estudiado distintas técnicas, el dibujo que me dio la escuela de Bellas Artes me sumó para todo el resto. Es algo que me ayuda a la hora de desarrollar un proyecto, es fundamental porque te hace más versátil. Me gusta mucho pintar y dibujar. Afortunadamente, en los cortos que vengo haciendo siempre se elige algo plástico, artístico, lo que hace más lindo al trabajo, ya que es como hacer algo propio.

-¿Qué modificaste del Orgasmatrón “original”?
-Cuando lo comencé a ver encontré cosas que no me gustaban, tanto a nivel plástico como de guión. Por eso, me tomé varios meses para desarrollarlo. La esencia es la misma, el 70% del material es el mismo, pero retoqué muchas cosas. Al capítulo 1 lo dibujé muchísimo porque era el más flojo, pero la historia es básicamente la misma, se mantiene la frescura de su época original.

-¿Qué referencias artísticas tenías en los noventa?
-En ese momento yo hacía Bellas Artes y estaba –y estoy– bastante influenciado por algunos artistas que no eran específicamente de la historieta. Pero también por algunos historietistas como (Richard) Corben, que siempre me gustó mucho. También (Frank) Frazetta, y el cine de terror y fantástico. Todo se juntó con los gustos de Salvador Sanz, con quien teníamos más o menos una idea de lo que queríamos hacer y así arrancamos con la historia.

-¿Cómo era el criterio de trabajo?
-Básicamente, fue Salva quien desarrolló la idea general del proyecto, luego lo sumamos al diseñador gráfico de la revista, Guillermo Falciani, para que escribiera el guión. Pero todo era un poco desordenado, porque no teníamos a un editor que nos marcara o guiara, nosotros hacíamos todo. En la Catzole hubo mucho de prueba y error, lo mismo pasó con Orgasmatrón: empezamos de una forma desprolija, y la terminamos más ordenada.

Al lector queda ahora la oportunidad de descubrir a la sensual Nadia y ese secreto de nombre Orgasmatrón, que ella traga y le provoca miembros nuevos, que asoman de todos sus orificios. Acción, vértigo, en un preciso despliegue de páginas, casi listas para ser filmadas. Más un robot y el espacio exterior. Una lección de narrativa, así como una historieta que admite ser vista como el síntoma temprano en el devenir artístico de su autor. 

Se levanta el viento (2013, Hayao Miyazaki)


El sueño de volar




Por Leandro Arteaga



Sobre Se levanta el viento se ha dicho mucho pero nunca suficiente. Sea porque se trata –o trataría– de la despedida de Hayao Miyazaki de la gran pantalla, sea porque es una película de belleza apabullante.

Entre otras cuestiones, ver en el cine un film del maestro japonés devuelve la certeza de que la animación es también, y primariamente, un ejercicio en dos dimensiones. Y que asombra como nunca cuando se trata de la pantalla gigante. Entre esa sorpresa intacta que todo niño grande preserva, y la mayoría de edad que obliga de otras maneras, el cine de Miyazaki es puesta en escena de ese equilibrio, que le ha vuelto una de las firmas mayores dentro de la historia del cine animado.

En Se levanta el viento se dan cita las obsesiones usuales del realizador, desde una mirada que repasa lo vivido y deja sentir un sonido de despedida. Tal como se ha referido en otras oportunidades, la película recrea la historia de vida del diseñador de aviones Jiro Horikoshi, cuya avidez creadora terminará por ser una de las herramientas al servicio de la más infame de las tragedias: la guerra.

No es éste, sin embargo, el punto que la película acentúa. En todo caso, se trata del sueño más auténtico: el de volar. En aviones tan bellos (y malditos por alguna bruja) como el del magnífico Porco Rosso, en comunión con la naturaleza y sus elementos. Para hacer de ese viaje el espejo de cielo invertido que refiriera Saint-Exupéry en su novela Vuelo nocturno (ese escritor también mimado por otro aventurero de mares abiertos, Hugo Pratt, en su historieta El último vuelo).

Todo ello desde la cosmogonía de quien sabe que la naturaleza es equilibrio. Así como los personajes ancianos de Akira Kurosawa (Rapsodia en agosto, el capítulo final de Sueños) o la letanía persistente que de su entorno milenario tiene el cine de Yasujirō Ozu. Miyazaki, claro, junto a estos maestros, con una poética que emana una sensibilidad por lo demás ausente en cualquiera de las producciones animadas actuales.

Se levanta el viento incluye, desde luego, a la muerte. No sólo a través del fantasma a punto de corporizarse como guerra mundial, sino desde la compañía de vida que tiene al amor como vínculo. Es ésta la esencia del relato: la historia entre Jiro y Naoko, motor que hace posible la invención de volar, solaz que es amparo ante la enfermedad que desgarra la salud de ella.

La templanza con la que se enfrenta lo irrevocable de la vida es señal de sabiduría. Sapiencia humana pero también animada. Porque, a recordar, se trata de dibujos animados. De manera tal que, ¿quién podría resistirse al encanto?

Se levanta el viento
(Kaze Tachinu, Japón) Japón, 2013. Dirección y guión: Hayao Miyazaki. Música: Joe Hisaishi. Dirección de arte: Yôji Takeshige. Voces: Hideaki Anno, Hidetoshi Nishijima, Miori Takimoto, Masahiko Nishimura, Mansai Nomura, Jun Kunimura, Mirai Shida. Duración: 126 minutos.
10 (diez) puntos

viernes, 22 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015)


Al infierno ida y vuelta

 
Por Leandro Arteaga

Tiene que volver uno de los viejitos para hacer ciencia ficción a la vieja usanza y validar la entrada al cine. El “viejito” es George Miller y atención, porque Mad Max prosigue sus andanzas mejor que nunca, aun cuando -aquí la artesanía de Miller- la nueva entrega sea tanto un compendio como un recuerdo sobre por qué el personaje de Mel Gibson es todavía un arquetipo.
Lo es, entre otras cosas, por la necesidad de ser dicho, otra vez interpretado (hermenéutica y corporalmente). Tom Hardy ahora pero, antes bien, Charlize Theron como la Imperator Furiosa. Porque es ella quien está “por detrás” del nuevo título del guerrero apocalíptico. El camino de Furia es también el destino que cumplir de acuerdo con los sueños y las leyendas repetidas. Y el bueno o tonto de Max teniendo que soportar, otra vez, papeles prefijados que no pidió para ser, sin desearlo, héroe.
De acuerdo, él es el héroe pero también la excusa, el MacGuffin necesario para que sea ella quien se erija por encima de la historia, tome el relevo de la anterior femme fatale (Tina Turner), y haga de esta cuarta entrega el western feminista que también supo rodar Sam Raimi en Rápida y mortal.
Western y road movie, con acelerador a fondo y sin marcas registradas que exijan planos detalles de sus logos. Acá los automóviles son tan mutantes como los protagonistas, sus extensiones bizarras. Con el metal crujiendo al calor del desierto a la par de una banda sonora de carretera interpretada, pareciera, por un Eddie the Head desbocado, en vivo, zarandeado al compás del rugir demente de la persecución.
Entre medio, las coreografías de un camión cisterna imposible, arponeado como una ballena, perseguido como una diligencia, disparado como a un monstruo de las dunas de Frank Herbert. Pero sobre todo, y porque es allí donde la película es película, la decisión indeclinable de torcer el volante para enfrentar al macho bravío. Con resonancias de mujeres primitivas que todavía saben por secretos que guardan y podrían decir: a otras y a otros.
Algo de este canto de sirena terminará por escuchar el obnubilado de Nux (Nicholas Hoult), cegado por las promesas de un Valhalla cromado, en este mundo de agua para pocos y fanatismo religioso para muchos. Pero la mujer del cabello rojo será mejor que cualquier tontería parecida. Mucho más provocadora que cualquiera de las peroratas exhibidas por el bestial Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), padre de todo y de todos.
Cumplida la misión –nunca querida o perseguida- el cowboy vuelve a sus praderas de arena. Que sean de origen australiano no hace menos “americana” la esencia del relato. Y porque se sabe cúlmine, lo que logra Mad Max: Furia en el camino es el recuerdo conciente sobre una época de cine y de historieta que la trilogía original supo trazar, admirablemente, entre 1979 y 1985.

Mad Max: Furia en el camino
(Mad Max: Fury Road)
Australia/Estados Unidos, 2015. Dirección: George Miller. Guión: George Miller, Brendan McCarthy, Nick Lathouris. Fotografía: John Seale. Música: Junkie XL. Montaje: Jason Ballantine, Margaret Sixel. Reparto: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Rosie Huntington-Whiteley, Zoë Kravitz, Hugh Keays-Byrne, Megan Gale. Duración: 120 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Village.
9 (nueve) puntos

Jose María Cao en el CCRF


El trazo genial y original

La muestra de José María Cao transita la mirada política descarnada y el talento gráfico único. El maestro de Caras y Caretas, en una serie de cincuenta originales.

Por Leandro Arteaga

La muestra que por estos días –hasta el 14 de junio, en Centro Cultural Roberto Fontanarrosa– compila cincuenta originales del maestro dibujante José María Cao obliga a una lectura en dos niveles. Por un lado, ante la imaginería de cuño político y social que el español imprimiera en las páginas de publicaciones argentinas como Don Quijote y Caras y Caretas. Por el otro, porque se trata de originales, cedidos por el Museo del Dibujo y la Caricatura de Buenos Aires. Es decir, así como hay un mundo, una época, que se hace presente desde la lectura desenfadada del trazo de Cao; también hay una huella cierta, provistas por el puño, la letra y la tinta verdaderos del artista ejemplar.
José María Cao (1862-1918) tiene pegado a su nombre el rótulo Caras y Caretas. No es poca cosa, sino reconocimiento a un quehacer inevitable para el tramado del humor gráfico argentino. En relación con el periódico Don Quijote, dice José María Gutiérrez: “Puede afirmarse que el molesto aguijón que El Mosquito hizo de la caricatura política, fue convertido por Don Quijote en una lanza temible” (La historieta argentina. De la caricatura política a las primeras series, Biblioteca Nacional y Página/12, 1999).

En este sentido, pueden apreciarse unas litografías asombrosas, con una composición gráfica que dialoga, así como con la sociedad y la política del cambio de siglo argentino, con las extraordinarias planchas hermanas que Richard F. Outcault, padre de Yellow Kid, realizara por aquellos años en Estados Unidos. Lo que se percibe también es el germen de la historieta, a punto de nacer como lenguaje (al respecto, debe leerse La historieta salvaje, de Judith Gociol y José María Gutiérrez, De la Flor, 2012).
Los motes animalescos acompañan a los políticos y son marca bienvenida para la elaboración del dibujo: Roque Sáenz Peña (El Pavo), Julio A. Roca (El Zorro), Miguel Juárez Celman (El Burrito Cordobés), José Evaristo (El Cangrejo). Más una mirada descarnada que no ahorra sangre de tinta negra para procurar desguaces y entregas de patrimonio así como otros malestares –con escenificaciones de torturas o de carnavales.
Entre estas imágenes y las de las revistas Caras y Caretas y Fray Mocho –son imágenes de estas tres publicaciones las que componen el recorrido- sucede un salto cualitativo que se expresa en varios aspectos: el cambio de siglo, los adelantos técnicos para la reproducción gráfica, la presteza de Cao para la pluralidad de registros. De esta manera, pueden apreciarse tanto las líneas diferentes que el dibujante emplea (entre registros costumbristas, retratos, portadas e ilustraciones) como el uso del color. Las “pegatinas” sobre la propia página son un deleite particular.
De esta manera, lo que también sucede es la constatación del derrotero de las publicaciones argentinas, con Caras y Caretas como relevo y renovación del humor gráfico como arma periodística. Éste es un rasgo mayor, ya que es ésta la publicación que oficiará como semillero de las demás por venir y de la mayoría de los dibujantes de prestigio del país.
Y como si de un viaje de elipsis rápida se tratara, basta con subir hasta el segundo piso del Fontanarrosa para también visitar Arte irónico para un mundo serio, del colombiano Raúl Fernando Zuleta (1983), cuya muestra resultara premiada en la Tercera Convocatoria de Estímulos al Talento Creativo en Antioquía. Niños, guerras, religiones, nuevas tecnologías, atraviesan la propuesta con una mirada perspicaz que potencia contrastes (el arma como flauta, niño contra soldado) y muestra cotidianidades absurdas (amores de Facebook, o selfies en la Pasión de Cristo).
  
 

Proyecto Enrocke: Ezequiel Akerman: entrevista


Calidad técnica para la música local


Proyecto Enrocke suma micros y canciones como pequeñas ventanas donde ver y escuchar música como se debe. Más de cuarenta artistas han participado de este emprendimiento, que pretende elevar la calidad técnica de la música.

Por Leandro Arteaga
 
Los micros de música que cada semana la productora Escarlata sube a su canal de YouTube, han sabido rodearse de una expectativa que a la vez abre el mundo musical hacia desafíos técnicos mayores. Se trata de Proyecto Enrocke, un emprendimiento que Ezequiel Akerman y Ximena Ibeas trabajan desde hace varios años con bandas de la ciudad, en el teatro de Sala Lavardén. Los resultados son brillantes, y la lista de músicos por descubrir todavía enorme. Hasta el momento, los Micros Enrocke son cuatro: Fabián Gallardo (con una versión de “Crimen”, de Cerati), Patagonia ReVelde (“1000 Km”), Ike Parodi y Tano Marciello (con una imperdible interpretación de “Los Fantasmas”, de Vudú), y Caimán (“Me empiezo a acostumbrar”).
“El Proyecto nació hace casi cuatro años como respuesta a una situación sobre todo laboral, que teníamos en la productora”, explica Akerman, director audiovisual. “Con Ximena Ibeas  nos encontramos con que las bandas no tenían el recurso para llevar a cabo un laburo de nivel broadcast; esto es, algo televisable, de calidad exportable, con la norma IRAM de audio y video internacional. Como ni nosotros ni ninguno de nuestros colegas puede lograr esto sin colaboración, hacía falta algo comunitario. Es decir, cuando alguien tiene que hacer un trabajo de estas características necesita de ayuda; como le sucede a cada realizador de la ciudad al hacer una película, y necesita de otras productoras para subalquilar equipos, por ejemplo. Todo esto a una banda se le hace bastante difícil. Entonces, pensamos en las muchas productoras con isla edición, de audio y video, que tiene la ciudad, y que si nosotros facilitábamos el trabajo de producción, el trabajo de prostproducción se podía liberar. Así, nació un programa de televisión que no llegó a cristalizarse, porque un multi banda, multi cámara, multi pista, en un teatro, en Full-HD, era muy caro, pero salieron estos micros que comenzamos a hacer desde hace dos años.”

-La lista de artistas que participó con Enrocke es extensa, y por lo que sé continúa creciendo.
-El primero en venir con su guitarra fue Julián Miretto, de El Vagón, predispuesto a tocar en el teatro Lavardén vacío. Y salió muy bien. Luego vino Boff Serafine, de Riff, y con Leandro Rolón cantaron juntos, algo que se dio ese día y que particularmente queríamos pero no podíamos gestar. Boff lo miró y le dijo: “¿Por qué no te venís esta noche conmigo a cantar?”. A la semana siguiente vino JAF, que hizo diez canciones y entre medio contó tres horas de anécdotas. Con una canción de JAF convencimos a cuarenta artistas más de venir a grabar con nosotros.

-Cuál es el propósito de los Micros Enrocke.
-El proyecto tiene su primera expresión en estos micros acústicos, que se pueden ver en el canal de YouTube (https://www.youtube.com/user/EscarlataProd/feed) y en la página de Facebook. De todos modos, el micro no llega a ser el espacio que pretendemos, donde la postproducción pueda abrirse a otras productoras. Sí se logra materializar un material que posteamos y que las bandas pueden llevarse para repostear donde quieran, con calidad exportable. A su vez, hay una sesión de fotos mientras graban, con muchas cosas aprovechables. Hay que destacar que el Lavardén fue utilizado y reciclado por Fito Páez para grabar Circo Beat, lo que hace que además de tener el sonido de un teatro, esté “arreglado” para un disco, algo que a nosotros nos da una seguridad, un colchón, muy importante.

-El recital trunco de diciembre pasado hubiese sido el objetivo consumado.
-Por mal clima no pudimos hacer ese recital, que consistía en el festival por los 115 años del Bar “La buena medida”. Ahí sí íbamos a materializar esto, porque el DVD que íbamos a grabar incorporaba a doce productoras de video y doce productoras de audio para que pudieran, tipo bolsa de trabajo, tener un EP, un DVD, para fabricarle a bandas de primer nivel.

-Ustedes ya hicieron un DVD para Vudú: Nutopía.
-Ese DVD nos costó mucho esfuerzo, y cuenta con la certificación Dolby. Hicimos también una edición en Blu-ray. Es una forma de levantar la vara, de laburar bien. Para que figure el logo de Dolby, ¡lo que hubo fue un contraro! Hacer el Blu-ray fue un aprendizaje, fue también darnos cuenta de que no había Blu-rays nacionales, sino sólo cuatro: tres de música y uno que era la película El secreto de sus ojos. Sólo tres de ellos tenían el sello Dolby. El nuestro fue el cuarto.

-Entiendo que a partir del ofrecimiento de la mejor calidad técnica, hay un mundo de posibilidades que se abre.
-Nosotros tratamos de mezclar los temas en 5.1, porque el ambiente del teatro nos estimula. Cuando no hay que microfonear de más, grabamos la guitarra de aire y de caja, para darle más ambiente. Tratamos de hacer lo mejor que tenemos con lo que podemos. Lo que hemos hecho con Ximena es armar una especie de trincherita. Nos conocimos en un taller de guión; si bien esto no tiene mucho de guión, sino de comunicación y de orden comunicacional. Cuando pensamos a Enrocke como un programa de televisión no terminábamos de ver qué era lo que tenía de diferente hasta que nos dimos cuenta de que en realidad se trataba de un proyecto de macrocomunicación, como una bisagra entre lo público y lo privado. Hay que aclarar que ninguna banda paga para grabar en Proyecto Enrocke, y que cada jornada consiste en ocho horas con el teatro vacío. También ha grabado con nosotros gente que todavía no tiene discos, pero que hace unas cosas increíbles
 

jueves, 14 de mayo de 2015

Tucho/Operación México: Rafael Bielsa, Leonardo Bechini


Escenas envueltas de vida real


El libro de Rafael Bielsa, sobre la vida de Tucho Valenzuela, tuvo su presentación junto a la película Operación México. El militante montonero como arquetipo de un relato que crece y dice sobre los tiempos presentes.

Por Leandro Arteaga
 
La vida del militante montonero Edgar “Tucho” Valenzuela tiene aristas de rumbos novedosos, que actualizan y todavía dicen. En este periplo de cauce mítico se inscriben tanto la novela Tucho: La Operación México o lo irrevocable de la pasión (Edhasa, 2014), de Rafael Bielsa, como la película que sobre el libro ha realizado Leonardo Bechini: Operación México, en fase de edición y con estreno previsto para 2016.
Junto a los intérpretes principales –Luciano Cáceres, Ximena Fassi–, director y escritor presentaron libro y largometraje el miércoles pasado, en el Salón Amarras de Terrazas del Paraná, con una introducción de acento conmovido en la voz del periodista José Andrés “Coco” López. También se vieron primeras imágenes de un trailer que iluminó escenas de esa historia tensa, al límite, que fuera la vida de Tucho: los diálogos cifrados, el cariño de una pareja, el compromiso de militancia, la Quinta de Funes, las delaciones, las torturas, México, la traición.
“Te voy a hacer una confesión decepcionante –explica Bielsa a Rosario/12–, cuando fui a la primera sesión de filmación me pasó una cosa extraña, que es para hablarla en términos clínicos. Estaba viendo la escena que se filmaba y había tres tiempos que se superponían: estaba mirando la escena que yo había escrito, desempeñada por los actores, y todo eso estaba envuelto por la vida real, por la misma escena que se había vivido. Eso me generó un malestar muy marcado. Me fui y no volví a pisar el set de filmación. Piglia dijo una vez: ‘cuando uno se entera de que van a filmar un libro hecho por uno, lo mejor es esperar que un amigo de buen gusto vaya al cine, y si ese amigo te dice que es una buena película, andá, y si no, olvidate del libro y de la película’. Yo apliqué esa receta.”

-Tucho parece expresar una necesidad mítica, al implicar preocupaciones presentes, que el libro y la película replican.
-Como todo libro arquetípico, mi libro es poco original; así como Esquilo decía ‘vivo de las migas de Homero’, yo diría ‘vivo de las migas de la tragedia griega’. Este libro es una tragedia en el sentido más trágico de la palabra, en ese sentido es tan arquetípico Tucho como lo fue Aquiles. Borges siempre hablaba de esos hombres a los que los griegos llamaron Homero, como diciendo que había más de uno que había escrito lo que escribió Homero, y entonces claro, los héroes y los personajes de las tragedias son el precipitado de rasgos que uno toma de diversos individuos; a lo mejor Tucho no era tan Tucho en su vida real como lo fue en el libro, pero también es cierto que a lo mejor Kyo, el maravilloso personaje de La condición humana de Malraux, tampoco era Kyo. Ahora, ¿por qué lo recordamos? Porque nos identificamos con él. Me parece que en las mujeres que tienen un hijo, que afrontan la vida, que hacen de papá y de mamá, hay algo de María; y en los hombres que en esta Argentina de paz, donde podemos dirimir conflictos políticos sin suprimirnos físicamente, que todos los días tienen actitudes de soportar y de tirar para adelante, hay algo de Tucho. No es del todo importante si el Tucho de la novela se parecía al de la historia, porque el momento de la historia, como el del periodismo, ya pasó, ahora es el momento de la literatura.
Y será el momento del cine cuando la película de Leonardo Bechini se estrene formalmente, luego de su paso por festivales internacionales. De acuerdo con lo informado, la avant premiere tendrá lugar en Rosario el año entrante. “Siempre tuve una especie de prejuicio con el tema de la violencia, no desde la decisión del combatiente, sino desde la cúpula”, comenta Bechini. “A mí el poder me da escozor y le desconfío. De alguna manera, pude cerciorarme de que los mandos intermedios son los que están cerca de la gente, junto al prójimo, y es eso lo que devuelve la esperanza de la batalla, de la pelea. Sentí que con Tucho me pasó eso. Pude recuperar algo de la esperanza perdida, que debe tener que ver con la melancolía que permanentemente tengo en algunas de las cosas que escribo. Tucho me acercó a todas esas cosas. Como siempre, el que está en el poder se aleja y no logra interpretar al que necesita. Creo que eso también nos sucede a quienes hacemos espectáculos, creo que nos alejamos de la gente. Cuando algo no funciona es porque creo que estamos contando cosas que no interesan. Para mí, Tucho era como una necesidad y siento que la gente va a recuperar algo de eso con la película.”

-Puesto que se trata de una película sobre una novela, ¿cómo fue la relación con el autor literario?
 -Tuve un par de contactos con Bielsa antes de escribir el guión, donde me dijo: “yo ya te la entregué, la novela es tuya”, lo que me dio tranquilidad. La novela es una sucesión de imágenes y de metáforas que el cine no necesita, porque la imagen es tan potente que el tema era el relato, había que transportar la tragedia y llevarla a su punto cúlmine, al pacto y la muerte de Tucho y María. La película tiene mucho vértigo, es el peregrinaje de Tucho lo que marca la impronta del relato.
 

Más allá de la palabra: Maxi Huerta+Lucía Goñi: entrevista


Un western rosarino camino a Cannes

Más allá de la palabra es un cortometraje, es un trabajo práctico, y es parte de la programación del Festival de Cannes. Director y productora listos para viajar a compartir pantalla.

Por Leandro Arteaga


¿De qué manera iniciar esta nota si no es a través de la ansiedad? Para hacer cine hay que compartir un tiempo (y espacio) alterado, con la cabeza puesta en la película. Nada más importa. Después, cuando la película rueda a conocer sus espectadores, habrá lugar para las sorpresas. Así, del trabajo práctico a la pantalla internacional; o también, de la Escuela Provincial de Cine al Festival de Cannes. Tal como se lee.
“Es una mezcla de emoción. No caés, te olvidás, lo recordás y te ponés contento de nuevo”, dice Lucía Goñi, productora de Más allá de la palabra, el cortometraje dirigido por Máximo Huerta que ha quedado seleccionado en la categoría “Short Film Corner”, de la inminente edición del Festival de Cannes.
“Somos todos estudiantes de la Escuela Provincial de Cine de Rosario. Más allá de la palabra fue un trabajo para tercer año, para la materia troncal, Realización audiovisual, que dicta Lucrecia Mastrángelo. Había que hacer un cortometraje y tenía muchas ganas de hacer un western aggiornado, con elementos modernos. Como el guión interesó, decidimos hacerlo. Lo realizamos con el mismo equipo con el que ya habíamos hecho otro cortometraje, con cada uno trabajando en los mismos roles. Nos gustó tanto que decidimos hacerlo girar por algún lado, sin bien nunca tuvimos a Cannes como posibilidad”, explica Máximo Huerta.

-¿Cómo apareció, entonces, esa posibilidad?
-Goñi: Al enviar nuestro primer trabajo (El nieto de Cronos, 2014) al Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales y quedar seleccionados, sentimos la sensación de que está bueno que lo que uno hace se vea, que circule. Por eso, pensamos que a Más allá de la palabra teníamos que presentarlo en festivales. Ya no recuerdo cómo, pero leyendo blogs me encuentro con que había una sección en Cannes, “La esquina del cortometraje”, orientada generalmente a jóvenes realizadores. Se lo comenté a Maxi, mandamos el trabajo, y no le dijimos nada a nadie.

-¿Y cómo fue el momento de enterarse?
   -Goñi: ¡No nos avisaban! Nos encontramos con que la película figuraba en el catálogo de Cannes, pero no habíamos recibido el mail de confirmación. Les escribí para preguntar, y acordé con Maxi que si recibía la respuesta no la iba a abrir si no estaba él. Me despierto en la mañana, veo que está el mail, lo llamo a Maxi y se toma un taxi. Mientras leíamos, mi mamá descorchó un champagne.


-De manera tal que se están yendo para Francia, los dos.
-Huerta: El festival habilita a dos acreditaciones, y señala que serían convenientes las presencias del director y el productor, por el tema de que hay ciertas charlas o porque pueden pedirse proyecciones privadas. Vamos a estar para la apertura, el 13 de mayo. Las expectativas son buenísimas, porque lo que hacés pasa a estar en contacto en otros lugares, en un espacio de gente joven. Creo que es algo que está bueno para la Escuela, para nuestros compañeros, porque muchas veces se hacen trabajos buenísimos que sin embargo no se ven.
El cine es un arte colectivo, y entre los rubros numerosos que lo conforman, aparece el sonido. La tarea estuvo a cargo de Emilio Taffarel. “Vengo de haber estudiado sonido y con la Escuela de Cine encontré un complemento espectacular”, comenta. “Creo que cuando comenzamos la carrera –agrega Goñi– no sabemos muy bien qué rol ocupar, pero sí que queremos realizar películas. Al momento de filmar, me di cuenta de que lo que me gustaba era organizar, en este caso las ideas de Maxi, para tratar de hacer realidad lo que está en su cabeza”. “Fue un rodaje bastante caótico –prosigue Taffarel– porque la consigna para este trabajo práctico era que el rodaje debía realizarse en cuatro días. De 96 horas, ¡habremos estado trabajando 80! Fue un esfuerzo grande de todo el equipo técnico y de los actores, que nos dejaron hacerles cosas horribles!”. “Recuerdo que de 48 horas, habíamos estado 41 horas grabando, el resto de las horas fue para comer y dormir. Yo tenía que ser la última en acostarse y la primera en levantarse”, rememora la productora.

-¿Qué es Más allá de la palabra?
-Huerta: Es un corto con un aire de western, con ciertos elementos del género a nivel compositivo y estético. Parte del corto está filmado en Bustinza, en Santa Fe, así que trasladamos la acción allí, entre peones rurales, a la manera de un western gauchesco. Se anda en bicicletas en lugar de caballos; y está el viaje hacia la ciudad, que es Rosario. Por suerte, todo el equipo estuvo interesado.
Más allá de la palabra incluye a Manuel Arce Molino (Fotografía), María Elisa Cassinera (Dirección de Arte), Valentina Intra (Maquillaje y FX), Luis Miguel Valiente (Asistente del Director), Bernardo Attorresi (Técnico HD). Los intérpretes son: Yanina Giuva, Raúl Sales, Oscar Satriano, Mauricio Tulliani, Julia Mazzotta, Miguel Ramírez, Ricardo Goñi. 

martes, 28 de abril de 2015

Isidro Ferrer: entrevista

Libros, asombros y otras realidades
Objetos vueltos juguetes, ilustraciones que dicen más que lo que muestran, diseños que conjugan formas, algunas de las maneras de pensar el arte del artista. Sueños ilustrados para las letras y los sueños de Eduardo Galeano.

Por Leandro Arteaga

Repartidos en estantes, muebles, bibliotecas, los libros trazan recuerdos, imágenes. Que el español Isidro Ferrer sea uno de los invitados de la actual Semana de la Lectura, es motivo de celebración. Sus ilustraciones indelebles, galardonadas, le acompañarán junto al dictado del taller "Piedra, papel y escalera", a desarrollarse en El Jardín de los Niños (lunes a las 17, martes a las 14).
Pero su tarea no comienza mañana, ayer mismo Ferrer participó del panel dedicado a Los sueños de Helena, libro donde el artista se encarga de graficar los textos y sueños de Eduardo Galeano. También oportunidad de reconocimiento hacia la figura y obra del enorme escritor uruguayo. Una tarea que al español le ha significado de modo relevante en lo profesional pero "fundamentalmente en el terreno afectivo y emocional". "Conocía su obra y era un admirador tremendo, desde El libro de los abrazos, convertido en mi libro de cabecera. Luego vinieron otros, y con ellos una proximidad cada vez mayor al mundo de Galeano y a esa forma de narrar tan particular que tiene", explica Ferrer a Rosario/12.
Los sueños de Helena fue editado por Libros del Zorro Rojo, el sello referente donde situar uno de los mejores catálogos en lo que a libros ilustrados se refiere. Su responsable, Sebastián García Schnetzer, agrega que "desde el primer momento, Eduardo estuvo encantado con el proyecto y conocía el trabajo de Isidro con mucha precisión. Fue un libro muy especial, que Eduardo dedicó a su esposa, Helena Villagra. Y surgió de alguna manera desde El Zorro Rojo, con la intención de compilar esos sueños que aparecían en los libros de Eduardo. Su compromiso hizo que además escribiera uno especialmente para el libro, junto a un prólogo muy amable y sentido."
"Casualmente - dice Ferrer- Helena es también el nombre de mi propia compañera. Este libro es para mí muy emocionante, un reto enorme, por haber sido un trabajo donde Galeano estuvo presente durante su evolución y desarrollo. Esa posibilidad conjunta de conformar un territorio común, desde una duplicidad de miradas, entre el territorio de la literatura y el de la ilustración, le conceden al libro una visión especial".
- ¿Por qué "Piedra, papel y escalera"?
- Porque son los elementos analógicos con los que juego con el significado de las palabras, con su semántica, pero por otro lado por referir a la parte más física de la actuación analógica, a lo físico de la piedra pero también a la posibilidad de cortar y de manipular que tiene la tijera.
- ¿A propósito, qué te provoca el acento actual que sobre la tecnología digital algunos promueven?
- Yo creo que hay un concepto erróneo en el enfrentamiento, al plantear que la tecnología invalida los procesos analógicos y tradicionales, cuando en verdad se trata de lenguajes y procesos distintos, de herramientas de trabajo. La tecnología permite avanzar mucho en el terreno de lo virtual, e incluirlo dentro de los procesos mecánicos de reproducción actuales, pero por otro lado nuestra expresión física y nuestras capacidades naturales tienen que ver con nuestro cuerpo y las habilidades manuales. Ambos terrenos de actuación son perfectamente compatibles, uno no elimina al otro, no existe ese conflicto.
- O no tendríamos este encuentro de lectura, donde el protagonista es el libro.
- El libro es un espacio físico, y como tal no solamente está al servicio de la lectura sino que va más allá. El libro es el soporte, son las páginas, es el gramaje, es el color, es el olor, todo ello le confiere un valor añadido.
- Al ver tus trabajos, sorprende la sencillez para comunicar y, por eso, su complejidad. ¿Cuánto tiempo te demanda una obra?
-Te daría la misma respuesta de Picasso, que me ha costado toda una vida llegar hasta aquí. Es un proceso muy largo en el que intervienen muchas partes. En la búsqueda de una solución, el resultado nunca es el inmediato, sino que surge de una acumulación de experiencias, conocimientos e intenciones. Hay trabajos que se solucionan de una forma más rápida o eficaz, pero que sin toda esa acumulación propia del tiempo, de la experiencia, serían imposibles de haberse constituido.
- Entiendo también un placer, un juego, donde te debe gustar arrojarte a la solución gráfica sin tener claro el resultado.
- El juego es un componente vital, una parte esencial en la consecución, no sólo desde el aspecto lúdico sino porque te permite llegar a lugares inesperados, precisamente por el desplazamiento. Yo puedo participar en todos los aspectos de mis procesos creativos, pero muchas veces establezco pautas o reglas distintas para no enfocar el proyecto desde el mismo ángulo, para obligarme a hacerlo de una forma desplazada, y llegar a lugares inauditos, al menos para mí.
-A propósito, ¿cómo eras de niño, a qué jugabas?
- Yo pertenezco a una generación que jugaba con las cosas que tenía a mano; además, mis padres eran de clase media obrera, no tenían gran poder adquisitivo. Tuvimos una infancia precaria en lo material, pero esa misma precariedad propiciaba una enorme creatividad en el juego y en toda la materia que lo conformaba, desde la propia construcción de los juguetes, muy básicos, hasta el desplazamiento necesario para que las cosas se convirtiesen en otras: una botella podía ser una nave espacial y una bombilla se convertía en un globo aerostático, por ejemplo.
- ¿Qué pensás cuando la publicidad apropia tu manera de entender el trabajo gráfico?
- El terreno de la publicidad me interesa muy poco. Creo que son discursos excesivamente intencionados, manipulados con un corto recorrido. Evidentemente, la publicidad utiliza todos los recursos posibles a su alcance, muchos de ellos vienen de otros terrenos, pero de alguna forma también los usurpa, con un interés muy claro: la seducción. Trabajan muy poco con la inteligencia sino mucho más con crear necesidades a partir de la seducción. Cuando ven que hay elementos que les facilitan esa tarea pues rápidamente se los apropian, y así se apropian de cosas que vienen del terreno del arte, o de otros espacios como la gráfica. Yo intento quedarme muy al margen de estas intenciones publicitarias de trabajo.
- ¿Cómo tomás el reconocimiento hacia tu obra, que se traduce en premios o invitaciones, como la que ahora te hace nuestra ciudad?
-Intento no abrumarme, lo vivo como si hubiese un Isidro distinto, que asumiese esa función pública; pero por otro lado es un gran regalo, es una posibilidad de viajar, de conocer, de compartir y asombrarse con otras realidades. Estas posibilidades de conocer a la gente, de establecer vínculos, diálogos - no solamente a nivel de trabajo sino también afectivos- , me resultan enormemente nutritivos; porque esa comunicación es un flujo que va y viene, es una energía devuelta.