viernes, 21 de noviembre de 2014

El escarabajo de oro (2014, Alejo Moguillansky)


El cine es el viaje a la aventura
  

Por Leandro Arteaga

 Con películas así dan ganas de volver a la aventura. No podrá ser de la misma manera que era, algunos rasgos tendrán que cambiar, pero la esencia permanece. Entonces: un tesoro escondido entre telarañas de leyendas o una película que filmar. Si ambas cosas coinciden es porque, en suma, siempre fueron un mismo asunto. Por eso, un título que es todo un rótulo y emblema: El escarabajo de oro.
Algo similar –o diferente– supo también realizar Walter Hill en Oro y cenizas (1992), con un mapa de historieta como corazón al que no se abandona. Es decir, la historia sigue siendo la misma, cambian las maneras de contarla. Y acá, de modo perspicaz, la pluma de la dupla Moguillansky/Sandlund. Un espejo realizador bifronte que distorsiona mientras cruza mensajes de un lado del teléfono al otro, entre países alejados, con un propósito de película que parece ser uno o parece otro, de acuerdo con quien hable. O escuche. Mujer, varón; centro y periferia; cine de allá y cine de por acá.
Ese límite, fronterizo, anuda ecos de raíz histórica, con diferencias sociales sin resolver, en donde el cine se inscribe todavía y como nunca, dada la inmediatez digital. Una cercanía audiovisual que, en todo caso, todavía se encuentra pendiente de las mismas historias de siempre. Es que hacia allí, ni más ni menos, se dirige todo el equipo de rodaje de esta película (im)probable.
El escarabajo de oro es y no es la película que dice ser. Se despega de sí mientras reafirma lo que dice. Sus personajes juegan esta ambigüedad hasta el punto más difícil: el de llegar a quedar atrapados por creerse lo que encarnan. De esta manera, la dupla directora. Pero también: Edgar A. Poe/Robert Stevenson, Leandro N. Alem/Hugo Santiago, y todos y cada uno de los integrantes de este equipo que tiene en el Dogo (Mariano Llinás) la síntesis del personaje/actor/apodo. ¿Quién es quién?
En verdad, todo relato es una telaraña donde, más tarde o temprano, se queda alguien dulcemente empantanado. Una vez allí, ¿quién dirá ser capaz de escuchar algo mejor que los cantos de las sirenas? Ellas ululan y hacia allá se fija el rumbo. Contra todo pronóstico o promesa previa. Nada hay que no pueda romperse, o torcerse, cuando el misterio seduce. Dar vueltas repetidas, con el fin de volver a saberse en la misma historia, parece ser el objetivo final, más allá de cuál sea el contenido del cofre o de la identidad de aquél que sabe más que el mismísimo diablo.
Bueno, en verdad, de los que más saben es de quienes dependen, como siempre, los hilos del relato. Cuando se desate la verdad última, allí entonces la llave que abra el cofre perseguido. El momento último con el que tantos relatos nos juegan cientos de páginas de paciencia lectora. ¿Y qué contiene? Lo mismo que la cajita exótica de Belle de jour, el cajón atómico de Bésame mortalmente, y el maletín de Tiempos violentos. Lo que usted quiera. O la promesa de otra aventura.

El escarabajo de oro
Argentina, 2014
Dirección: Alejo Moguillansky, Fia-Stina Sandlund. Guión: Alejo Moguillansky, Fia-Stina Sandlund, Mariano Llinás. Fotografía: Agustín Mendilaharzu. Montaje: Alejo Moguillansky, Mariano Llinás. Música: Gabriel Chwojnik. Reparto: Rafael Spregelburd, Walter Jakob, Luciana Acuña, Agustina Sario, Andrea Garrote, Mariano Llinás, Alejo Moguillansky, Hugo Santiago (voz en off).
Duración: 100 minutos.
Sala: El Cairo.
8 (ocho) puntos

El cerrajero (2014, Natalia Smirnoff)


Una película hacia adentro
 

Por Leandro Arteaga
 
 Daban ganas de ver la película siguiente de Natalia Smirnoff. Es que luego de Rompecabezas (2009), la dupla de afecto y piezas en juego que componían María Onetto y Arturo Goetz hicieron que aquel film permaneciera como un recuerdo encantado. Algo de esto está también en El cerrajero, ya desde el eco supuesto por estos mismos intérpretes, ahora desde roles secundarios, en una trama que tiene eje en ese rostro de cine actual, preciso, que significa Esteban Lamothe.
 Es en él donde giran los goznes de estas otras piezas de encastre. Es que ya no se trata de rompecabezas sino, antes bien, de cerraduras. Cada una, un pequeño peldaño dentro de esa historia con rumbo impreciso que parece ser la vida de Sebastián (Lamothe). Puertas que abrir, puertas que cerrar. Todas ajenas, y él supeditado a ellas. Hay otras, claro, que le son propias, sobre las que no tiene demasiado que decir, no puede, o no quiere.
Porque Sebastián descubre, y junto con él el espectador, que mientras repara estos artefactos no puede contener una verborragia de verdades. Una de dos, quien lo escucha queda azorado, le contempla y consulta, o más vale no haber abierto la boca. Es un don, dice Daisy (Yosiria Huaripata); es una maldición, replica él.
 Entre los dos se teje, en tanto, un vínculo. Que es llave hacia un lado, también hacia el otro. Ella encuentra en él una mirada donde confiar. Es por él que Daisy abandona su lugar de empleada doméstica en una de estas casas de cerrojos develados. También, más o menos, a su novio vividor. En todo caso, Daisy es también la síntesis de tantos inmigrantes sin destino preciso, con trabajos acotados, de los que se nutre la gran ciudad.
 Por su parte, Sebastián no sabe que sabe, pero es Daisy quien se da cuenta de que sí, es ella quien le devuelve su confianza en forma de agradecimiento. Para él son varios los asuntos pendientes; entre otros, el supuesto por el embarazo de quien es y no es su pareja (Erica Rivas). Un ir y venir que no encuentra un rumbo preciso. Puede ser su hijo, podría no serlo.
 De lo que se trata, en última instancia, es de encontrar el tono justo para la caja de música que Sebastián hace y deshace con piezas de cerrajería. Porque hay algo que no termina de sonar bien. O en todo caso, dependerá de cuál sea el oído que escuche. Para que Sebastián confíe en su propia sensibilidad habrá todavía un camino que recorrer. Entre estas instancias obligadas, aparece el reencuentro con el padre. Y vale destacarlo, porque se trata de una de las últimas interpretaciones del gran Arturo Goetz, pieza sin justo relevo en la narrativa local.
 Como rasgo mayor, El cerrajero cubre de humo verídico a esta Buenos Aires circa 2008, donde quedarse en casa parecía ser eterno. Acá, por eso, el oficio de Sebastián. Pero sobre todo, el de una puesta en escena que Smirnoff trabaja desde planos cerrados, donde el aire sofoca tanto en las escenas interiores como exteriores. Toda la película, casi, como una gran sinécdoque. Cuanto menos se ve a la ciudad, tanto mejor se siente lo que sucede.
 Una película hacia adentro, hasta tocar casi ese fondo indistinguible que Lamothe compone. Sólo después de ello habrá lugar para un encuadre más amplio, apenas dos. Que oxigenen, disipen un poco tanta confusión, y renueven las mismas preguntas de siempre.

El cerrajero
(Argentina/ 2014)
Dirección y guión: Natalia Smirnoff. Fotografía: Guillermo Nieto. Música: Alejandro Franov. Montaje: Delfina Castagnino. Reparto: Esteban Lamothe, Erica Rivas, Yosiria Huaripata, Sergio Boris, Gernán de Silva, María Onetto, Arturo Goetz. Duración: 77 minutos.
Sala: El Cairo.
7 (siete) puntos.
 

martes, 4 de noviembre de 2014

Carlos Barocelli: Betty Zane (entrevista)


El dibujante de tiempo completo

Ilustrador y docente, Carlos Barocelli dibuja uno de sus sueños: continuar la estela del gran Hugo Pratt. Mientras tanto, su demorado Eternauta conocería la publicación.

Por Leandro Arteaga

El dibujante Carlos Barocelli parece estar signado por sus artistas admirados. Por un lado, una continuación todavía inédita de El Eternauta que lleva años de demora (más datos, más adelante), y por el otro, la figura insigne de Hugo Pratt como mundo al que revisitar en un proyecto en curso para el mercado italiano.
Ahora bien, no sólo esto. Sino también su Taller de Dibujo en el Centro Municipal Distrito Sur de la ciudad y la dirección de la Escuela de Dibujo que lleva su nombre (http://www.escueladibujo.com/). “La Escuela tiene alrededor de veinticinco profesores en actividad, que dictan todas las materias habidas y por haber que se relacionen con el dibujo y el arte. Tenemos más de cien alumnos y ya llevamos dos años de actividad, estamos muy contentos. Viajamos a convenciones, y gente del interior del país viene a visitarnos queriendo saber cómo hicimos posible este proyecto. Eso es algo que nos llena de orgullo. Creo que es una escuela modelo en nuestra provincia, de hecho hay pocas en el país”, relata el dibujante a Rosario/12.

-¿En qué consiste tu trabajo para Italia?
-El año pasado ya había hecho algo para Segni d'Autore, un sello italiano independiente cuyo editor es Carlo Bazan. En esa oportunidad, realicé unas ilustraciones para el libro Deerfield 1704: Sangue sul Lago Otsego, de Bazan y Carlo Rispoli. Bazan trabaja mucho con Lele Vianello, quien fuera amigo y ayudante personal de Hugo Pratt. Le encanta el género de aventuras, puntualmente la guerra de frontera americana, que es lo que Pratt dibujó en Ticonderoga (con guión de Héctor Oesterheld). Todo lo que se haya hecho con este tema le fascina: Canadá, los franceses, los ingleses, los indios hurones, etc. Así que este año arrancamos con Betty Zane, un libro completo, de 70 páginas, que cuenta la historia de Elizabeth Zane McLaughlin Clark, una heroína de aquel conflicto. Los Zane fueron amigos, entre muchos otros, de Daniel Boone. La historia tiene que ver con el momento en donde a los milicianos se les acaban las municiones mientras resisten, sitiados por los indios, en Fort Henry. Ella decide salir para ir hasta su casa, que estaba a unos cuantos kilómetros del fuerte, para buscar un barril de pólvora. En el camino, tiene que cruzar un cerco de indios con sus aliados británicos, que les tiran con lo que venga. El nudo es ése. Pero también uno de sus hermanos se enamora de una princesa india, y los indios lo secuestran; es decir, hay un montón de condimentos.

-Y estás muy contento.
-Sí, totalmente. Me vi todas las películas habidas y por haber, busqué bibliografía, me asesoré en vestuarios, investigué sobre armas, a lo largo de unos tres meses. Estoy todo el día pensando, mirando películas, dibujando, me acuesto muy tarde, pero es una experiencia muy linda. 

-¿Quién es el guionista?
-El guión es de Andrea Laprovitera, otro italiano. Es la primera vez que trabaja para esta editorial. El guión es muy bueno. A las setenta páginas se le sumarán unas diez o quince más de ilustraciones. Y va a tener tapa dura. Las páginas van a ser en aguada y en blanco y negro. Algo similar a lo que hicimos en Haciendo Historia. La historia de Cañada de Gómez, un librito con la historia del lugar en tres capítulos, con guión de Jesica Arán. Este libro se va a regalar en las escuelas primarias y secundarias de Cañada para estudiar Historia, y fue financiado por la fundación Nova, que son los editores.

-Una experiencia que bien vendría replicar. Similar a la propuesta de las películas Guía de Rosario Misteriosa.
-Fue una experiencia muy linda. De hecho, cuando me sale lo de Italia tuve que dejar una historia sobre el Grito de Alcorta, que viene a ser el tomo cuatro de la colección Aquí mismo, con guión del profesor José Hugo Goicoechea. Pero planteé de hacerlo con los alumnos avanzados de nuestra Escuela. Así que ahora lo están haciendo ellos, y nosotros lo vamos corrigiendo. 

-¿Y El Eternauta: La resistencia?
-Su publicación continúa parada, desde hace dos años. Pero me encontré con el editor (Javier Doeyo) el año pasado, en Comicópolis, y me dijo que estaba todo listo, si bien uno de los nietos de Oesterheld lo estaba supervisando, porque no quería que se desvirtuara la obra de su abuelo. Por mi parte, le escribí a una de las hijas de Solano López, quien me pidió un tiempo para ponerse al tanto. El editor, en tanto, les ha pasado un informe sobre lo que hemos hecho. Así que tal vez se publique.
Este Eternauta es la continuación literaria e inconclusa que el propio Oesterheld realizara sobre su historieta, a partir del número 6 de la revista El Eternauta (abril de 1962), de Editorial Ramírez. Una secuela que duró pocas entregas, debido al cierre de la publicación. Los capítulos fueron recuperados por Juan Sasturain en El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción (Colihue, 1995). El guión para la versión en historieta corre por cuenta de Jorge Morhain. “Es una historia de Oesterheld que nunca se había llevado a la historieta. Dibujarla me llevó dos años de mi vida”, dice Barocelli.
A cruzar dedos.

martes, 28 de octubre de 2014

Maps to the Stars (2014, David Cronenberg)


Cuando al cine se lo lleva adentro


Por Leandro Arteaga

Hay que tener el cine muy adentro para hacerlo de esta manera. Tal vez se deba a ese “estilo tardío” que Edward Said refiriera. Es cuestión de ver las últimas películas de directores como Brian De Palma (Passion), Woody Allen (Magic in the Moonlight), Terry Gilliam (The Zero Theorem), Clint Eastwood (Jersey Boys). Cada una de ellas provistas de una sobriedad, de una justeza, como sólo pueden saberla aquellos que han hecho cine durante toda la vida. En suma, es la puesta en juego (o en escena) de las formas de siempre. Llegar a ello no es simple, sino consecuencia de un recorrido. (Acá, se intuye, este cronista se pelea con los comentarios rápidos, infaltables, de quienes señalan tal o cual film como “menor”, “fallido”, en oposición a otros, de otros tiempos. ¿Cuándo fue que el crítico se volvió más cineasta que los propios realizadores?).
Con David Cronenberg sucede también. Ya presente en esa visión de ultratumba, inserta en el medio mundanal, que es Cosmópolis (2012). Otro tanto con Polvo de estrellas. Es decir, por un lado y rápidamente puede referirse el argumento. Pero lo que de veras importa es la manera, la forma, desde la cual ese mundo personal se expone; y atención, porque no se trata de otra cosa más que de un mundo de cine (el del autor), y por ahí quizás sea mejor entender el por qué de la elección de Hollywood como tema, ámbito, o blanco de dardos.
No es que Hollywood –o toda relación humana (hipócrita) similar– no sea desmenuzado con fruición en Polvo de estrellas sino que, antes bien, mejor será pensar cómo es que Hollywood o similares sean lo que son mientras, y todavía, todo un andamiaje social lo sostiene o justifica. El cine, de esta manera, como expresión simbólica o ideológica de un sustrato social definido, y definidor.
Bien viene detenerse en el devenir extraño, suspendido, replicado sobre sí, que los personajes del último film de Cronenberg componen. Una víbora que se muerde a sí misma, platinada de ropajes fastuosos pero hueca, sólo piel seca. Personas acunadas por terapias para el alma, con el Dalai Lama como mención registrada, entre oropeles que se rodean de palmeras. Las réplicas, los dobleces, las imágenes desprendidas de sí mismas, ocurren como un dominó inevitable, como un sismo de fatum griego.
Por eso, Polvo de estrellas, como Cosmópolis, es cine negro. Tanto como Sunset Boulevard (1950, Billy Wilder) y Mulholland Dr. (2001, David Lynch). Mia Wasikowska podría vomitar con esplendor en la misma calle de estrellas de cualquiera de estas otras dos obras maestras. Ella, en el film de Cronenberg, como la aparición que altera y dispara lo que habrá de ser porque, retorno o ciclo, ya fue también. Monstruos que beben del fuego para desafiar, con cirugías plásticas, a la muerte. Al fin y al cabo, ninguna victoria sobre ella ha sido posible por fuera del cine. Pero, ¿cómo vivir realmente allí dentro?
Expresión de esta desazón, que es bisagra entre la madre estrella fallecida y las starlets futuras, es el personaje de Julianne Moore. Brutal, desgarrada, loca. La moral de Hollywood no es la moral vulgar. ¿Cómo cuestionarla? Sólo alguien conciente de ello, como la actriz, puede componer este personaje, de esta manera: arrojada de cara a lo que quiere, porque en ello le va la vida. Nada más importa. Actriz extraordinaria.
Y, finalmente, cineasta extraordinario. A estas alturas, Cronenberg es un enorme pedazo de cine en carne viva, con predicciones de poética envilecida, hoy ciertas. Filma como nadie más. Cine que mira al cine porque, dinosaurio de 70 años, ¿quién puede discutirlo?
En serio, ¿alguien se anima?

Polvo de estrellas
(Maps to the Stars)
Canadá/Estados Unidos/Francia/Alemania, 2014.  
Dirección: David Cronenberg. Guión: Bruce Wagner. Fotografía: Peter Suschitzky. Montaje: Ronald Sanders. Música: Howard Shore. Reparto: Julianne Moore, Mia Wasikowska, John Cusack, Evan Bird, Olivia Williams, Robert Pattinson, Kiara Glasco, Sarah Gadon. Duración: 111 minutos.
10 (diez) puntos 
 

jueves, 23 de octubre de 2014

Diego Fidalgo: El origen del pudor (2014) Entrevista


Las huellas de un pudor compartido


La construcción formal de El origen del pudor hace de ella una de las mejores películas de Diego Fidalgo. Rosario, la pornografía y el erotismo, cuyos ecos censores todavía persisten. La figura polémica de Alberto Chaume, pornógrafo y abogado.

Por Leandro Arteaga

Las fotos se le cruzaron y porque el cine está en la cabeza y las historias siempre acechan, no pudo menos que ir tras ellas. Algo de esto hay en El origen del pudor, la nueva película de Diego Fidalgo (Trescientoscincuenta, Hombres de ideas avanzadas), cuyo preestreno será mañana, a las 20.30, en Cine El Cairo (Santa Fe 1120) con entrada libre y gratuita. El proyecto resultó ganador de la Convocatoria Espacio Santafesino 2012, en la categoría Desarrollo de Proyectos de Largometrajes.
La investigación de Fidalgo termina por ofrecer todavía más, tanto como para desocultar relatos que se anudan y guardan en la figura de Alberto Chaume, abogado de la ciudad, de vocación pornógrafo, un lugar de encuentro. Fotos, en suma, como caleidoscopio de otras. Todas hilvanadas desde un pudor bordado.
“Todo empieza con un hallazgo fortuito, de un material fotográfico, hace seis años más o menos. Una serie de fotografías antiguas de los años ‘50, ‘60, de mujeres en pose sensual. Encontré dos o tres en la calle, seguí el rastro, y había todo un contenedor de basura con negativos, papeles, cartas, un análisis grafológico, todas cosas que me llamaron la atención. Pero lo más notorio era que las fotos tenían en el dorso un sello judicial, un número de serie y una firma de un oficial de Justicia. Acá hay algo, una historia, me dije, pero no sabía cuál, sólo tenía una parte del rompecabezas”, narra el realizador a Rosario/12.
Y agrega: “Pasaron tres o cuatro años con el material dentro de una caja, cada tanto las miraba, las mostraba a amigos, tirábamos hipótesis. Otro encuentro casual con un compañero de trabajo, que vivía en el edificio frente a donde había encontrado las fotos, fue un poco el que abrió la llave del misterio. Averiguando, este amigo descubrió que en el edificio había un tipo que durante cuarenta o cincuenta años se había dedicado a hacer fotografías eróticas y pornográficas. A partir de ese hallazgo se pone en marcha una especie de relato detectivesco por saber la verdad de este caso.”

-Ir tras las historias que las fotos guardaban.
-Fotos que no decían o sugerían nada, pero de pronto comenzaron a contar un montón de cosas. Ellas son el hilo narrativo. Porque no se trata de un tema sobre el que haya querido trabajar, es decir, el sexo o la pornografía en Rosario, las imágenes eróticas en los ’50, no estaban dentro de mis intereses. Pero de alguna manera la historia me vino a buscar, así que la tomé y fui hasta las últimas consecuencias.

-Hablemos de la figura de Alberto Chaume.
-Chaume era un abogado, oriundo de Santa Fe, donde había sido Director General de Rentas. Se viene para Rosario –quizás porque sus andanzas ya eran conocidas por allá–, pensando en que tal vez se trataba de una ciudad más abierta, por toda su carga prostibularia. Acá armó una red de gente y complicidades y silencios. Durante cuarenta años se dedicó a hacer esto en fiestas. Y en el ‘82 lo detienen por corrupción de menores, a quienes fotografiaba en esas fiestas. Tenía un intercambio de fotografías con revistas de todo el mundo, lo que le daba una especie de circuito internacional, en una época donde esto era mucho más difícil. Mucha gente de distintos sectores se involucraba, algo que está puesto en juego en el documental: el tema de la doble moral, de los actos privados y públicos, lo que se decía y mostraba y lo que no.

-Chaume como un fusible, en una sociedad nunca ingenua. Lo digo por uno de los ejemplos que incluís, el de la Liga de la Decencia.
-Acá tuvimos a la Liga de la Decencia, con su apogeo durante la última dictadura, marcando un poco la moral y las buenas costumbres. No es que grupos conservadores como éste desaparezcan, sino que se diluyen en otros organismos, operando desde las sombras tal vez. Me interesaba esa vinculación. Yo no hago una valoración moral del pornógrafo, pero sí cuando el tipo transgrede esa línea de corruptor de menores. Ahora bien, a los dos días de detenerlo, aparece un artículo de la Liga de la Decencia en La Capital, así que buscamos esa vinculación, a ver si ellos estaban detrás de esta caída.

-Es impactante el relato final de la agente policial, Mariana Pussafiume, al recrear la captura.
-Encontrarla fue un hallazgo. Aportó un plus a la narrativa, al romper un poco con el resto de los testimonios. Ella le da una cuestión vivencial.

-Otro personaje excepcional es el experto en pornografía.
-Un tal Edmundo, todo un conocedor. Es que la fotografía tiene valor desde el punto de vista de quien la mire. Si uno mira objetivamente mucho no dice, pero si alguien sabe, esa fotografía se empieza a corporizar, a cobrar densidad.

domingo, 19 de octubre de 2014

Guía de Rosario Misteriosa 2 (2014)+Diego Rolle: entrevista


Una ciudad para desarmar y dibujar


El Inspector Bigotudo vuelve a las historias ocultas de Rosario. Una nueva entrega de Guía de Rosario Misteriosa. Una narración graciosa, ocurrente y didáctica. Con proyección en salas de cine.

Por Leandro Arteaga

Más misterios para Rosario y, se sabe, no hay mejor ciudad que aquella donde se intuyen historias. Relatos, en suma, capaces de remodelar lo cotidiano y devolver el asombro. Si la mirada infantil participa, la experiencia es renovadora. Aspectos que vuelven a la carga en Guía de Rosario Misteriosa 2, coproducción entre Cooperativa de Animadores y Centro Audiovisual Rosario, con guión y dirección de Pablo Rodríguez Jáuregui.
Evidentemente, Guía de Rosario Misteriosa (2009) pasó a ser una piedra de toque para proyectos posteriores; entre ellos, una puesta teatral –en La Comedia– durante las pasadas vacaciones de invierno. “Cuando empezamos con Guía de Rosario Misteriosa 2 nos enteramos de la obra de teatro, fue muy raro. La vimos y resultó muy interesante, fue un éxito. La gente salía de la sala y compraba la película. Ahí avisamos que había una segunda parte en camino”, explica el animador Diego Rolle a Rosario/12.
El preestreno de la secuela tuvo lugar en la última edición del Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario; el periplo continuó en los Distritos Municipales de la ciudad, en el Cine Diana, y ahora en Cine Monumental –mañana a las 18– y Cine Lumière –viernes 24, a las 18.30–, ambas funciones con entrada libre y gratuita. La acción vuelve a estar protagonizada por el Inspector Bigotudo (en la voz de Darío Di Meglio) y su sabueso, atrapados ahora en el desafío contenido en piezas dispersas por la ciudad. Un recorrido en forma de raid barrial, con pequeñas tramas escondidas ahí nomás.

-¿Dónde estuvo la motivación para esta segunda parte?
-Apareció a partir de unos textos que se estaban redactando para un libro escolar, eran parte de un proyecto de la Secretaría de Cultura y Educación que no salió a la luz, dedicado a recopilar información sobre nuestra ciudad en un manual para cuarto grado. Era algo que venía a cubrir un hueco sobre el tema. Es decir, no hay material didáctico ni manuales sobre nuestra ciudad, que es lo que ven los chicos en cuarto grado; algo que no sé cómo resuelven los docentes. El guión lo hizo Pablo Rodríguez Jáuregui, y consiste en un recorrido por la historia de Rosario, su fundación, y algunos de sus barrios.

-Esta segunda parte tiene una claridad formal mayor. Lo didáctico funciona a la par de los gags de manera muy fluida. Además, los chicos se divierten mucho durante las funciones.
-En el momento donde la ven los pibes está la verdad. La película puede tener sus aciertos y errores, pero lo que importa es si funciona con ellos. Además, es básicamente un documental, se está hablando de historia, si salen contentos no hay más que pedir. Hay que decir que es una película muy económica, no tiene nada que ver con ningún tanque de Disney o Dreamworks, sino que está en el lado opuesto. Nosotros nos preguntamos por qué a los chicos le gusta, y creemos que se debe a que se está hablando de cosas que los rodean, del Monumento a la Bandera, de Arroyito, de Central y Newell’s, de las chimeneas de Acindar, algo que no saben qué es o quizás los padres les hayan contado. Es simple, no es nada más que eso. Ven lo que ven todos los días pero en un dibujito más o menos entretenido.

-La película está dedicada a BK (José María Beccaría, fallecido en mayo pasado). ¿Llegó a participar del proyecto?
-Estuvo en la preproducción, porque estaba trabajando en otra cosa, que iba a formar parte de la próxima temporada de Cabeza de Ratón. BK tenía una forma tan particular de ver y de contar, es alguien a quien va a ser imposible reemplazar.
Diego Rolle es uno de los principales animadores de la ciudad y de esta Guía de Rosario Misteriosa –“Tuve el honor y placer de animar los dibujos de Max Cachimba”, señala-. La lista se completa con Belén Rodríguez Peña, Emanuel Gastaldi, Miguel Mazza, Sol Savoretti, Gonzalo Rimoldi, Flor Balestra, Melisa Lovera, Pablo Chaparro, Leticia Santa Cruz, Andrés Almasio, Luis Lleonart, Nico Ortiz, Cintia Eraso, Florencia Evdemón y Silvia Lenardón.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Leonardo Oyola (La Chicago argentina): entrevista


La literatura, un amor suficiente


De visita durante La Chicago argentina, Leonardo Oyola participó en paneles y diálogos. El escritor que es talón de Aquiles para Superman. Alguien que sabe estar en el momento justo, y hacer lo que se debe.

Por Leandro Arteaga*

A Leonardo Oyola parece acompañarlo un estado de gracia que tiñe de afecto lo que toca. Será por su atención constante a los lectores. No en vano, su presencia fue de las más concurridas durante el reciente festival de literatura policial, La Chicago argentina. El autor de Santería y Kryptonita sabe cómo codificar el vínculo: “Cerveceando” dice a Rosario/12, como analogía de su “mucha alegría”, de estar “agradecido, participando de encuentros muy bonitos”.
Oyola comenta estar encantado con el Espacio Cultural de la UNR, ámbito elegido para la actividad: “porque parece una gran ironía que estemos hablando de grandes delitos y cosas así en lo que fue un banco”. Su lugar dentro de este mapa, compuesto por tantos escritores que hacen del policial su elección, es algo que rápidamente compara: “Creo que fui como Bruce Willis en el Nakatomi Plaza, estuve en el momento justo, hice lo que tenía que hacer”, en alusión a Duro de matar. “Siempre me consideré un escritor de género. Comencé a ver cómo los colegas comenzaron a volver al género y a no hablar de él como algo menor, sino a darle los laureles que tenía.”
Entre estos premios destaca el Dashiell Hammett, que Oyola obtuvo en 2008 durante la Semana Negra de Gijón por Chamamé. En ese festival, explica, notó la “necesidad de encuentro entre el autor y el lector del policial, durante un clima de cercanía, de fiesta, de cofradía entre colegas: se arman unas cenas muy hermosas, no sólo para ver en qué anda cada uno, sino para saber qué se está leyendo, las opiniones, y para conocer este tipo de lugares con toda su riqueza. Si bien me falta patear más las calles de Rosario, lo que estuve escuchando en estos días ha sido muy movilizante.”

-Es notable cómo el policial se redimensiona. Literatura, cine, periodismo, todos participamos del género. Podríamos decir que nadie es inocente.
-Creo que lo más fuerte de este último tiempo es lo omnipresente de los medios, pero ni siquiera con el medio de comunicación tal como lo conocíamos, sino desde la figura del testigo casual. Hoy vos tenés un celular con una cámara, podés grabar un hecho, levantarlo a Internet. ¿Cuál es la necesidad de ver eso? ¿Hay una cuota de morbo o una cuota de realidad? A mi me choca mucho cuando veo esos posteos, con un lugar que uno reconoce, para ver lo que está pasando en el momento. Todo eso la literatura lo toma siempre con delay, y si hay algún género que resiste más, ése es el policial, ya que como híbrido se puede nutrir de la ciencia ficción, de la comedia, puede coquetear con el terror –el más psicológico o el gore–, y seguir siendo la columna vertebral.

-Tu literatura me resulta cercana al cine de Adrián Caetano, con historias y personajes desde el margen. ¿Cómo aparece esta elección?
-Desde lo personal, es por haber dejado de vivir en lugares así. Siempre cuento lo mismo, mis dos primeras novelas son policiales y de época, transcurren en Capital Federal. Cuando me alejé pude tomar distancia de esa realidad cotidiana, pude hacer ficción con las cosas que uno vio, escuchó, le tocaron. En definitiva, sé que estoy haciendo género, ficción, pero obviamente el asidero de verdad tiene una parte muy fuerte en esa realidad que a uno le tocó inesperadamente, en lo social. Creo que jamás busqué hacer algún tipo de denuncia, sino que hay cosas que escuché o vi, y comprobé, y que quedaron latiendo, esperando a que fueran usadas. Es el caso de Kryptonita: la profesión de su narrador es algo que sabía desde hace un tiempo importante. Entre las cartas que tenía para barajar ese personaje, me di cuenta que la que le venía como anillo al dedo era la de nochero.
En palabras de Oyola, “Kryptonita es un elseworld: ¿qué hubiera pasado si el bebé que estaba destinado a ser Superman hubiera aterrizado en un terreno baldío, en La Matanza, donde me crié yo? Trasladé el universo DC a Isidro Casanova, a una noche donde se juega ni más ni menos que la vida de mi Superman.”

-¿Cuáles son las novedades con la versión en cine de Kryptonita?
-El director es Nicanor Loreti, al médico nochero lo va a interpretar Esteban Lamothe. En el grupo de superhéroes y villanos están Juan Palomino, Pablo Rago, Diego Capusotto, Jorge Sesán, Lautaro Delgado. Hay algo en todo esto que me gusta mucho. Primero, veo la buena onda de los lectores ante el proyecto, porque todos veían como un paso natural la película, y por favor, no lo digo desde un lugar soberbio. Por otra parte, los actores han agarrado papeles cortitos por el gusto de jugar, y eso es muy conmovedor para el autor. Cuando estás frente a la PC, con el Word abierto, jamás pensás en esto, ni siquiera como una posibilidad. De repente, toda esta movida me tiene hecho un tiernito.

-¿Participás en el guión?
-No, no quería. Por más que sea al autor, tengo que ser el primero que se sorprenda. Además, no tengo las herramientas como para ayudar desde un guión técnico. Por las cosas que vi, por las modificaciones que me explicaron, creo que lo que gana es el lenguaje narrativo visual.

-Que es otra cosa.
-Es otra cosa, algo que yo no hago. Voy a hacer un cameo, algo que para mí es importante porque se trata de apoyar a Nicanor, un director que podría haber elegido cualquier libro, pero se entusiasmó por éste. Si me lo hubiese comprado algún productor, más aún por los tiempos que corren, lo hubieran modificado mucho. De hecho, me habían propuesto que fuera una banda de delincuentes, una banda de cumbia contra otra banda de cumbia, entre otras cosas; eso me hubiera jorobado. La verdad es que una vez que te compran el libro, el autor no corta ni pincha. Por eso, Nicanor se la está jugando en no sólo a respetar la esencia de lo que yo escribí, sino que está haciendo algo personal. 

-En otro orden, ¿cuáles son esos narradores que te han cautivado, decidido a la escritura?
-Los que fueron punta de lanza, y permitieron que publicáramos una generación después, son (Washington) Cucurto: haber leído “Noches vacías” en Cosa de negros, fue encontrar mi tristeza, la de crecer y saber que todas esas cosas que habían sido lo mejor de la vida ya me aburrían; el Pablo Ramos de El origen de la tristeza, los cuentos de Cuando lo peor haya pasado: si bien él hablaba de la zona sur del gran Buenos Aires, era inevitable un déjà vu con el oeste que a mí me tocó patear; y Ariel Bermani, un escritor que admiro mucho, alguien a quien tendría que reconocerse más: está en esa línea del conurbano duro, sin hacer género, pero contando lo que está pasando, sin juzgar a los personajes.
Una línea de diálogo esencial a este escritor apasionado, Oyola la encuentra sobre el final de la película Vivir al límite. “Cuando al tipo le dan la baja y vuelve a su familia, a su mujer y su bebito recién nacido. Ve al bebé y le dice: ‘Hoy te gusta todo esto. Cuando crezcas cada vez te van a ir gustando menos cosas, vas a depender de menos. Después, cuando seas adulto, las cosas serán dos. A papá le interesa sólo una’. Te hacen el corte y ves al tipo volviendo a Irak, a desactivar bombas. Es un ejemplo terrible pero a la vez honesto. De adulto nos empieza a pasar eso. Están quienes pueden con dos, tres amores, y después estamos los que podemos sólo con uno.”
 
*Con la colaboración de Pablo Zini, Más tarde que nunca (Radio Universidad Rosario)
 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Pablo Smerling en La Chicago argentina (2 al 4 de Octubre, ECU)


Crímenes a merced del lápiz


Las ilustraciones de Pablo Smerling ya son un referente dentro de la gráfica criminal. Una muestra le tiene por protagonista en el festival La Chicago Argentina. Rostros para el delito como una de las bellas artes.

Por Leandro Arteaga

Las paredes del Espacio Cultural Universitario (San Martín 750) permanecerán al acecho de sombras siniestras, tiroteos y truhanes. Es que inicia La Chicago Argentina. Rosario, crimen y cultura, festival de literatura policial, y las ilustraciones de Pablo Smerling, artista plástico de la ciudad, acompañan con sus Retratos criminales estos tres días de libros, periodismo e investigaciones.
Alumno temprano del dibujante Esteban Tolj, a quien señala como su referente, la tarea de Smerling ha tenido lugar en publicaciones de la ciudad como NotiExpress, para luego saltar al reconocimiento ejemplar supuesto por su tarea en Caras y Caretas, ilustrando las crónicas policiales de Ricardo Ragendorfer [quien protagonizará mañana un panel].
Algunas de estas imágenes estarán presentes en la muestra, que reúne alrededor de cuarenta trabajos, en donde destacan “ilustraciones de crónicas, de casos reales, también hay ilustraciones de casos más recientes, algunos más conocidos que otros, así como algunos dibujos que serían un poco más de opinión, sin relación cercana con algún caso particular”, comenta Smerling a Rosario/12.
De su experiencia en Caras y Caretas, junto a Ragendorfer, surgió también Historias a pura sangre, libro que reúne varias de las notas del periodista junto a los dibujos de Smerling. “Ragendorfer es un periodista extraordinario, a quien empecé a leer e ilustrar sin conocer personalmente. El año pasado volví a participar en la sección policial de la revista, es un lugar con el que me siento identificado, ya que trabajé allí durante bastante tiempo.”
-¿Te encontraste con el género policial o ya compartías cierta afinidad?
-Fueron las dos cosas. No estaba tan inmerso en el mundo del policial, pero me fue interesando a medida que surgió la oportunidad laboral, que salió de carambola. Ahora siento una especie de identificación con ese mundo, si bien hay cosas que me gustan mucho y otras que me molestan, como ciertos estereotipos. Creo que es un género que da cuenta de cierta verdad bastante importante, intensa.
-¿Tuviste oportunidad de ilustrar otras temáticas?
-Lo pude hacer en NotiExpress, en donde no estaba la urgencia del día a día, era un semanario, y permitía algo muy interesante, que era cierta proximidad con las cosas, con temas muy variados. Uno tenía que aprender a dibujar lo que salía, desde policiales a economía o política, fue un lindo aprendizaje, durante tres años. 
-¿Cuáles son las técnicas que utilizás? A veces parece difícil dilucidarlas.
-Hay un poco de todo, es una mezcla entre acrílicos, tinta y mucho de computadora. Pero también me gustan las cosas que tienen el menor trabajo posible, las más sencillas. Por un tema de vagancia personal, soy de dibujar en láminas que no sobrepasan los 35 x 50 cm, no quiero que superen el tamaño de la carpeta con la que las llevo, me gustan los tamaños pequeños.
El comentario de Smerling no debe malentender o ir en menoscabo del universo personal que su trabajo provoca. En todo caso, el tamaño “cómodo” de sus láminas no hace más que responder al concepto que persigue, pragmático, de oficio, pero con la mirada artística suficiente como para entrever un mundo personal. Basta con adentrarse en su obra para participar de historias contenidas en imágenes solas, con la virtud narrativa intrínseca de contar mucho más que lo que a simple vista se observa.
“Hace un par de años –continúa–, tuve una devolución de Javier Sinay [quien también participará del festival], quien escribió Sangre joven, y ganó en la Semana Negra de Gijón. Me escribió porque le gustaba lo que hacía. Fue la devolución más grata que tuve, por ser de una persona del ámbito, a quien considero extraordinario.”
-Dentro del ámbito plástico, en quienes pensás de manera influyente.
-Hay uno que me fascina, que me parece un monstruo: Oscar Grillo. Es un animador extraordinario. Es abrumador, por cantidad, calidad, los diversos mundos. En cierta época he tenido que dejar de mirarlo porque es demasiado.
-¿De dónde viene la fijación por los osos?
-El oso es una cosa muy personal, quizá medio pavota, pero una de las primeras revistas que recuerdo es Misha, era soviética. Misha era ese oso, y recuerdo que las ilustraciones me maravillaban, me provocaron una fascinación por el mundo soviético. Es algo que tiene que ver con una fascinación primordial.
-¿Cómo sigue tu trayectoria?
-Es zigzagueante. Ahora trabajo bastante en publicidad, en animación, en storyboards, pero lo que más me interesa es hacer ilustraciones en medios gráficos. Colaboro un poco en Caras y Caretas, y también en Anfibia (http://revistaanfibia.com/), la revista digital que dirige Cristian Alarcón. 
Retratos criminales se complementa con las muestras Sangre, del fotógrafo Diego Levy, y El Pollo Palacios, la historieta de Maus y Víctor Gaite. Todas en exposición durante los tres días del festival.