viernes, 22 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015)


Al infierno ida y vuelta

 
Por Leandro Arteaga

Tiene que volver uno de los viejitos para hacer ciencia ficción a la vieja usanza y validar la entrada al cine. El “viejito” es George Miller y atención, porque Mad Max prosigue sus andanzas mejor que nunca, aun cuando -aquí la artesanía de Miller- la nueva entrega sea tanto un compendio como un recuerdo sobre por qué el personaje de Mel Gibson es todavía un arquetipo.
Lo es, entre otras cosas, por la necesidad de ser dicho, otra vez interpretado (hermenéutica y corporalmente). Tom Hardy ahora pero, antes bien, Charlize Theron como la Imperator Furiosa. Porque es ella quien está “por detrás” del nuevo título del guerrero apocalíptico. El camino de Furia es también el destino que cumplir de acuerdo con los sueños y las leyendas repetidas. Y el bueno o tonto de Max teniendo que soportar, otra vez, papeles prefijados que no pidió para ser, sin desearlo, héroe.
De acuerdo, él es el héroe pero también la excusa, el MacGuffin necesario para que sea ella quien se erija por encima de la historia, tome el relevo de la anterior femme fatale (Tina Turner), y haga de esta cuarta entrega el western feminista que también supo rodar Sam Raimi en Rápida y mortal.
Western y road movie, con acelerador a fondo y sin marcas registradas que exijan planos detalles de sus logos. Acá los automóviles son tan mutantes como los protagonistas, sus extensiones bizarras. Con el metal crujiendo al calor del desierto a la par de una banda sonora de carretera interpretada, pareciera, por un Eddie the Head desbocado, en vivo, zarandeado al compás del rugir demente de la persecución.
Entre medio, las coreografías de un camión cisterna imposible, arponeado como una ballena, perseguido como una diligencia, disparado como a un monstruo de las dunas de Frank Herbert. Pero sobre todo, y porque es allí donde la película es película, la decisión indeclinable de torcer el volante para enfrentar al macho bravío. Con resonancias de mujeres primitivas que todavía saben por secretos que guardan y podrían decir: a otras y a otros.
Algo de este canto de sirena terminará por escuchar el obnubilado de Nux (Nicholas Hoult), cegado por las promesas de un Valhalla cromado, en este mundo de agua para pocos y fanatismo religioso para muchos. Pero la mujer del cabello rojo será mejor que cualquier tontería parecida. Mucho más provocadora que cualquiera de las peroratas exhibidas por el bestial Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), padre de todo y de todos.
Cumplida la misión –nunca querida o perseguida- el cowboy vuelve a sus praderas de arena. Que sean de origen australiano no hace menos “americana” la esencia del relato. Y porque se sabe cúlmine, lo que logra Mad Max: Furia en el camino es el recuerdo conciente sobre una época de cine y de historieta que la trilogía original supo trazar, admirablemente, entre 1979 y 1985.

Mad Max: Furia en el camino
(Mad Max: Fury Road)
Australia/Estados Unidos, 2015. Dirección: George Miller. Guión: George Miller, Brendan McCarthy, Nick Lathouris. Fotografía: John Seale. Música: Junkie XL. Montaje: Jason Ballantine, Margaret Sixel. Reparto: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Rosie Huntington-Whiteley, Zoë Kravitz, Hugh Keays-Byrne, Megan Gale. Duración: 120 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Village.
9 (nueve) puntos

Jose María Cao en el CCRF


El trazo genial y original

La muestra de José María Cao transita la mirada política descarnada y el talento gráfico único. El maestro de Caras y Caretas, en una serie de cincuenta originales.

Por Leandro Arteaga

La muestra que por estos días –hasta el 14 de junio, en Centro Cultural Roberto Fontanarrosa– compila cincuenta originales del maestro dibujante José María Cao obliga a una lectura en dos niveles. Por un lado, ante la imaginería de cuño político y social que el español imprimiera en las páginas de publicaciones argentinas como Don Quijote y Caras y Caretas. Por el otro, porque se trata de originales, cedidos por el Museo del Dibujo y la Caricatura de Buenos Aires. Es decir, así como hay un mundo, una época, que se hace presente desde la lectura desenfadada del trazo de Cao; también hay una huella cierta, provistas por el puño, la letra y la tinta verdaderos del artista ejemplar.
José María Cao (1862-1918) tiene pegado a su nombre el rótulo Caras y Caretas. No es poca cosa, sino reconocimiento a un quehacer inevitable para el tramado del humor gráfico argentino. En relación con el periódico Don Quijote, dice José María Gutiérrez: “Puede afirmarse que el molesto aguijón que El Mosquito hizo de la caricatura política, fue convertido por Don Quijote en una lanza temible” (La historieta argentina. De la caricatura política a las primeras series, Biblioteca Nacional y Página/12, 1999).

En este sentido, pueden apreciarse unas litografías asombrosas, con una composición gráfica que dialoga, así como con la sociedad y la política del cambio de siglo argentino, con las extraordinarias planchas hermanas que Richard F. Outcault, padre de Yellow Kid, realizara por aquellos años en Estados Unidos. Lo que se percibe también es el germen de la historieta, a punto de nacer como lenguaje (al respecto, debe leerse La historieta salvaje, de Judith Gociol y José María Gutiérrez, De la Flor, 2012).
Los motes animalescos acompañan a los políticos y son marca bienvenida para la elaboración del dibujo: Roque Sáenz Peña (El Pavo), Julio A. Roca (El Zorro), Miguel Juárez Celman (El Burrito Cordobés), José Evaristo (El Cangrejo). Más una mirada descarnada que no ahorra sangre de tinta negra para procurar desguaces y entregas de patrimonio así como otros malestares –con escenificaciones de torturas o de carnavales.
Entre estas imágenes y las de las revistas Caras y Caretas y Fray Mocho –son imágenes de estas tres publicaciones las que componen el recorrido- sucede un salto cualitativo que se expresa en varios aspectos: el cambio de siglo, los adelantos técnicos para la reproducción gráfica, la presteza de Cao para la pluralidad de registros. De esta manera, pueden apreciarse tanto las líneas diferentes que el dibujante emplea (entre registros costumbristas, retratos, portadas e ilustraciones) como el uso del color. Las “pegatinas” sobre la propia página son un deleite particular.
De esta manera, lo que también sucede es la constatación del derrotero de las publicaciones argentinas, con Caras y Caretas como relevo y renovación del humor gráfico como arma periodística. Éste es un rasgo mayor, ya que es ésta la publicación que oficiará como semillero de las demás por venir y de la mayoría de los dibujantes de prestigio del país.
Y como si de un viaje de elipsis rápida se tratara, basta con subir hasta el segundo piso del Fontanarrosa para también visitar Arte irónico para un mundo serio, del colombiano Raúl Fernando Zuleta (1983), cuya muestra resultara premiada en la Tercera Convocatoria de Estímulos al Talento Creativo en Antioquía. Niños, guerras, religiones, nuevas tecnologías, atraviesan la propuesta con una mirada perspicaz que potencia contrastes (el arma como flauta, niño contra soldado) y muestra cotidianidades absurdas (amores de Facebook, o selfies en la Pasión de Cristo).
  
 

Proyecto Enrocke: Ezequiel Akerman: entrevista


Calidad técnica para la música local


Proyecto Enrocke suma micros y canciones como pequeñas ventanas donde ver y escuchar música como se debe. Más de cuarenta artistas han participado de este emprendimiento, que pretende elevar la calidad técnica de la música.

Por Leandro Arteaga
 
Los micros de música que cada semana la productora Escarlata sube a su canal de YouTube, han sabido rodearse de una expectativa que a la vez abre el mundo musical hacia desafíos técnicos mayores. Se trata de Proyecto Enrocke, un emprendimiento que Ezequiel Akerman y Ximena Ibeas trabajan desde hace varios años con bandas de la ciudad, en el teatro de Sala Lavardén. Los resultados son brillantes, y la lista de músicos por descubrir todavía enorme. Hasta el momento, los Micros Enrocke son cuatro: Fabián Gallardo (con una versión de “Crimen”, de Cerati), Patagonia ReVelde (“1000 Km”), Ike Parodi y Tano Marciello (con una imperdible interpretación de “Los Fantasmas”, de Vudú), y Caimán (“Me empiezo a acostumbrar”).
“El Proyecto nació hace casi cuatro años como respuesta a una situación sobre todo laboral, que teníamos en la productora”, explica Akerman, director audiovisual. “Con Ximena Ibeas  nos encontramos con que las bandas no tenían el recurso para llevar a cabo un laburo de nivel broadcast; esto es, algo televisable, de calidad exportable, con la norma IRAM de audio y video internacional. Como ni nosotros ni ninguno de nuestros colegas puede lograr esto sin colaboración, hacía falta algo comunitario. Es decir, cuando alguien tiene que hacer un trabajo de estas características necesita de ayuda; como le sucede a cada realizador de la ciudad al hacer una película, y necesita de otras productoras para subalquilar equipos, por ejemplo. Todo esto a una banda se le hace bastante difícil. Entonces, pensamos en las muchas productoras con isla edición, de audio y video, que tiene la ciudad, y que si nosotros facilitábamos el trabajo de producción, el trabajo de prostproducción se podía liberar. Así, nació un programa de televisión que no llegó a cristalizarse, porque un multi banda, multi cámara, multi pista, en un teatro, en Full-HD, era muy caro, pero salieron estos micros que comenzamos a hacer desde hace dos años.”

-La lista de artistas que participó con Enrocke es extensa, y por lo que sé continúa creciendo.
-El primero en venir con su guitarra fue Julián Miretto, de El Vagón, predispuesto a tocar en el teatro Lavardén vacío. Y salió muy bien. Luego vino Boff Serafine, de Riff, y con Leandro Rolón cantaron juntos, algo que se dio ese día y que particularmente queríamos pero no podíamos gestar. Boff lo miró y le dijo: “¿Por qué no te venís esta noche conmigo a cantar?”. A la semana siguiente vino JAF, que hizo diez canciones y entre medio contó tres horas de anécdotas. Con una canción de JAF convencimos a cuarenta artistas más de venir a grabar con nosotros.

-Cuál es el propósito de los Micros Enrocke.
-El proyecto tiene su primera expresión en estos micros acústicos, que se pueden ver en el canal de YouTube (https://www.youtube.com/user/EscarlataProd/feed) y en la página de Facebook. De todos modos, el micro no llega a ser el espacio que pretendemos, donde la postproducción pueda abrirse a otras productoras. Sí se logra materializar un material que posteamos y que las bandas pueden llevarse para repostear donde quieran, con calidad exportable. A su vez, hay una sesión de fotos mientras graban, con muchas cosas aprovechables. Hay que destacar que el Lavardén fue utilizado y reciclado por Fito Páez para grabar Circo Beat, lo que hace que además de tener el sonido de un teatro, esté “arreglado” para un disco, algo que a nosotros nos da una seguridad, un colchón, muy importante.

-El recital trunco de diciembre pasado hubiese sido el objetivo consumado.
-Por mal clima no pudimos hacer ese recital, que consistía en el festival por los 115 años del Bar “La buena medida”. Ahí sí íbamos a materializar esto, porque el DVD que íbamos a grabar incorporaba a doce productoras de video y doce productoras de audio para que pudieran, tipo bolsa de trabajo, tener un EP, un DVD, para fabricarle a bandas de primer nivel.

-Ustedes ya hicieron un DVD para Vudú: Nutopía.
-Ese DVD nos costó mucho esfuerzo, y cuenta con la certificación Dolby. Hicimos también una edición en Blu-ray. Es una forma de levantar la vara, de laburar bien. Para que figure el logo de Dolby, ¡lo que hubo fue un contraro! Hacer el Blu-ray fue un aprendizaje, fue también darnos cuenta de que no había Blu-rays nacionales, sino sólo cuatro: tres de música y uno que era la película El secreto de sus ojos. Sólo tres de ellos tenían el sello Dolby. El nuestro fue el cuarto.

-Entiendo que a partir del ofrecimiento de la mejor calidad técnica, hay un mundo de posibilidades que se abre.
-Nosotros tratamos de mezclar los temas en 5.1, porque el ambiente del teatro nos estimula. Cuando no hay que microfonear de más, grabamos la guitarra de aire y de caja, para darle más ambiente. Tratamos de hacer lo mejor que tenemos con lo que podemos. Lo que hemos hecho con Ximena es armar una especie de trincherita. Nos conocimos en un taller de guión; si bien esto no tiene mucho de guión, sino de comunicación y de orden comunicacional. Cuando pensamos a Enrocke como un programa de televisión no terminábamos de ver qué era lo que tenía de diferente hasta que nos dimos cuenta de que en realidad se trataba de un proyecto de macrocomunicación, como una bisagra entre lo público y lo privado. Hay que aclarar que ninguna banda paga para grabar en Proyecto Enrocke, y que cada jornada consiste en ocho horas con el teatro vacío. También ha grabado con nosotros gente que todavía no tiene discos, pero que hace unas cosas increíbles
 

jueves, 14 de mayo de 2015

Tucho/Operación México: Rafael Bielsa, Leonardo Bechini


Escenas envueltas de vida real


El libro de Rafael Bielsa, sobre la vida de Tucho Valenzuela, tuvo su presentación junto a la película Operación México. El militante montonero como arquetipo de un relato que crece y dice sobre los tiempos presentes.

Por Leandro Arteaga
 
La vida del militante montonero Edgar “Tucho” Valenzuela tiene aristas de rumbos novedosos, que actualizan y todavía dicen. En este periplo de cauce mítico se inscriben tanto la novela Tucho: La Operación México o lo irrevocable de la pasión (Edhasa, 2014), de Rafael Bielsa, como la película que sobre el libro ha realizado Leonardo Bechini: Operación México, en fase de edición y con estreno previsto para 2016.
Junto a los intérpretes principales –Luciano Cáceres, Ximena Fassi–, director y escritor presentaron libro y largometraje el miércoles pasado, en el Salón Amarras de Terrazas del Paraná, con una introducción de acento conmovido en la voz del periodista José Andrés “Coco” López. También se vieron primeras imágenes de un trailer que iluminó escenas de esa historia tensa, al límite, que fuera la vida de Tucho: los diálogos cifrados, el cariño de una pareja, el compromiso de militancia, la Quinta de Funes, las delaciones, las torturas, México, la traición.
“Te voy a hacer una confesión decepcionante –explica Bielsa a Rosario/12–, cuando fui a la primera sesión de filmación me pasó una cosa extraña, que es para hablarla en términos clínicos. Estaba viendo la escena que se filmaba y había tres tiempos que se superponían: estaba mirando la escena que yo había escrito, desempeñada por los actores, y todo eso estaba envuelto por la vida real, por la misma escena que se había vivido. Eso me generó un malestar muy marcado. Me fui y no volví a pisar el set de filmación. Piglia dijo una vez: ‘cuando uno se entera de que van a filmar un libro hecho por uno, lo mejor es esperar que un amigo de buen gusto vaya al cine, y si ese amigo te dice que es una buena película, andá, y si no, olvidate del libro y de la película’. Yo apliqué esa receta.”

-Tucho parece expresar una necesidad mítica, al implicar preocupaciones presentes, que el libro y la película replican.
-Como todo libro arquetípico, mi libro es poco original; así como Esquilo decía ‘vivo de las migas de Homero’, yo diría ‘vivo de las migas de la tragedia griega’. Este libro es una tragedia en el sentido más trágico de la palabra, en ese sentido es tan arquetípico Tucho como lo fue Aquiles. Borges siempre hablaba de esos hombres a los que los griegos llamaron Homero, como diciendo que había más de uno que había escrito lo que escribió Homero, y entonces claro, los héroes y los personajes de las tragedias son el precipitado de rasgos que uno toma de diversos individuos; a lo mejor Tucho no era tan Tucho en su vida real como lo fue en el libro, pero también es cierto que a lo mejor Kyo, el maravilloso personaje de La condición humana de Malraux, tampoco era Kyo. Ahora, ¿por qué lo recordamos? Porque nos identificamos con él. Me parece que en las mujeres que tienen un hijo, que afrontan la vida, que hacen de papá y de mamá, hay algo de María; y en los hombres que en esta Argentina de paz, donde podemos dirimir conflictos políticos sin suprimirnos físicamente, que todos los días tienen actitudes de soportar y de tirar para adelante, hay algo de Tucho. No es del todo importante si el Tucho de la novela se parecía al de la historia, porque el momento de la historia, como el del periodismo, ya pasó, ahora es el momento de la literatura.
Y será el momento del cine cuando la película de Leonardo Bechini se estrene formalmente, luego de su paso por festivales internacionales. De acuerdo con lo informado, la avant premiere tendrá lugar en Rosario el año entrante. “Siempre tuve una especie de prejuicio con el tema de la violencia, no desde la decisión del combatiente, sino desde la cúpula”, comenta Bechini. “A mí el poder me da escozor y le desconfío. De alguna manera, pude cerciorarme de que los mandos intermedios son los que están cerca de la gente, junto al prójimo, y es eso lo que devuelve la esperanza de la batalla, de la pelea. Sentí que con Tucho me pasó eso. Pude recuperar algo de la esperanza perdida, que debe tener que ver con la melancolía que permanentemente tengo en algunas de las cosas que escribo. Tucho me acercó a todas esas cosas. Como siempre, el que está en el poder se aleja y no logra interpretar al que necesita. Creo que eso también nos sucede a quienes hacemos espectáculos, creo que nos alejamos de la gente. Cuando algo no funciona es porque creo que estamos contando cosas que no interesan. Para mí, Tucho era como una necesidad y siento que la gente va a recuperar algo de eso con la película.”

-Puesto que se trata de una película sobre una novela, ¿cómo fue la relación con el autor literario?
 -Tuve un par de contactos con Bielsa antes de escribir el guión, donde me dijo: “yo ya te la entregué, la novela es tuya”, lo que me dio tranquilidad. La novela es una sucesión de imágenes y de metáforas que el cine no necesita, porque la imagen es tan potente que el tema era el relato, había que transportar la tragedia y llevarla a su punto cúlmine, al pacto y la muerte de Tucho y María. La película tiene mucho vértigo, es el peregrinaje de Tucho lo que marca la impronta del relato.
 

Más allá de la palabra: Maxi Huerta+Lucía Goñi: entrevista


Un western rosarino camino a Cannes

Más allá de la palabra es un cortometraje, es un trabajo práctico, y es parte de la programación del Festival de Cannes. Director y productora listos para viajar a compartir pantalla.

Por Leandro Arteaga


¿De qué manera iniciar esta nota si no es a través de la ansiedad? Para hacer cine hay que compartir un tiempo (y espacio) alterado, con la cabeza puesta en la película. Nada más importa. Después, cuando la película rueda a conocer sus espectadores, habrá lugar para las sorpresas. Así, del trabajo práctico a la pantalla internacional; o también, de la Escuela Provincial de Cine al Festival de Cannes. Tal como se lee.
“Es una mezcla de emoción. No caés, te olvidás, lo recordás y te ponés contento de nuevo”, dice Lucía Goñi, productora de Más allá de la palabra, el cortometraje dirigido por Máximo Huerta que ha quedado seleccionado en la categoría “Short Film Corner”, de la inminente edición del Festival de Cannes.
“Somos todos estudiantes de la Escuela Provincial de Cine de Rosario. Más allá de la palabra fue un trabajo para tercer año, para la materia troncal, Realización audiovisual, que dicta Lucrecia Mastrángelo. Había que hacer un cortometraje y tenía muchas ganas de hacer un western aggiornado, con elementos modernos. Como el guión interesó, decidimos hacerlo. Lo realizamos con el mismo equipo con el que ya habíamos hecho otro cortometraje, con cada uno trabajando en los mismos roles. Nos gustó tanto que decidimos hacerlo girar por algún lado, sin bien nunca tuvimos a Cannes como posibilidad”, explica Máximo Huerta.

-¿Cómo apareció, entonces, esa posibilidad?
-Goñi: Al enviar nuestro primer trabajo (El nieto de Cronos, 2014) al Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales y quedar seleccionados, sentimos la sensación de que está bueno que lo que uno hace se vea, que circule. Por eso, pensamos que a Más allá de la palabra teníamos que presentarlo en festivales. Ya no recuerdo cómo, pero leyendo blogs me encuentro con que había una sección en Cannes, “La esquina del cortometraje”, orientada generalmente a jóvenes realizadores. Se lo comenté a Maxi, mandamos el trabajo, y no le dijimos nada a nadie.

-¿Y cómo fue el momento de enterarse?
   -Goñi: ¡No nos avisaban! Nos encontramos con que la película figuraba en el catálogo de Cannes, pero no habíamos recibido el mail de confirmación. Les escribí para preguntar, y acordé con Maxi que si recibía la respuesta no la iba a abrir si no estaba él. Me despierto en la mañana, veo que está el mail, lo llamo a Maxi y se toma un taxi. Mientras leíamos, mi mamá descorchó un champagne.


-De manera tal que se están yendo para Francia, los dos.
-Huerta: El festival habilita a dos acreditaciones, y señala que serían convenientes las presencias del director y el productor, por el tema de que hay ciertas charlas o porque pueden pedirse proyecciones privadas. Vamos a estar para la apertura, el 13 de mayo. Las expectativas son buenísimas, porque lo que hacés pasa a estar en contacto en otros lugares, en un espacio de gente joven. Creo que es algo que está bueno para la Escuela, para nuestros compañeros, porque muchas veces se hacen trabajos buenísimos que sin embargo no se ven.
El cine es un arte colectivo, y entre los rubros numerosos que lo conforman, aparece el sonido. La tarea estuvo a cargo de Emilio Taffarel. “Vengo de haber estudiado sonido y con la Escuela de Cine encontré un complemento espectacular”, comenta. “Creo que cuando comenzamos la carrera –agrega Goñi– no sabemos muy bien qué rol ocupar, pero sí que queremos realizar películas. Al momento de filmar, me di cuenta de que lo que me gustaba era organizar, en este caso las ideas de Maxi, para tratar de hacer realidad lo que está en su cabeza”. “Fue un rodaje bastante caótico –prosigue Taffarel– porque la consigna para este trabajo práctico era que el rodaje debía realizarse en cuatro días. De 96 horas, ¡habremos estado trabajando 80! Fue un esfuerzo grande de todo el equipo técnico y de los actores, que nos dejaron hacerles cosas horribles!”. “Recuerdo que de 48 horas, habíamos estado 41 horas grabando, el resto de las horas fue para comer y dormir. Yo tenía que ser la última en acostarse y la primera en levantarse”, rememora la productora.

-¿Qué es Más allá de la palabra?
-Huerta: Es un corto con un aire de western, con ciertos elementos del género a nivel compositivo y estético. Parte del corto está filmado en Bustinza, en Santa Fe, así que trasladamos la acción allí, entre peones rurales, a la manera de un western gauchesco. Se anda en bicicletas en lugar de caballos; y está el viaje hacia la ciudad, que es Rosario. Por suerte, todo el equipo estuvo interesado.
Más allá de la palabra incluye a Manuel Arce Molino (Fotografía), María Elisa Cassinera (Dirección de Arte), Valentina Intra (Maquillaje y FX), Luis Miguel Valiente (Asistente del Director), Bernardo Attorresi (Técnico HD). Los intérpretes son: Yanina Giuva, Raúl Sales, Oscar Satriano, Mauricio Tulliani, Julia Mazzotta, Miguel Ramírez, Ricardo Goñi. 

martes, 28 de abril de 2015

Isidro Ferrer: entrevista

Libros, asombros y otras realidades
Objetos vueltos juguetes, ilustraciones que dicen más que lo que muestran, diseños que conjugan formas, algunas de las maneras de pensar el arte del artista. Sueños ilustrados para las letras y los sueños de Eduardo Galeano.

Por Leandro Arteaga

Repartidos en estantes, muebles, bibliotecas, los libros trazan recuerdos, imágenes. Que el español Isidro Ferrer sea uno de los invitados de la actual Semana de la Lectura, es motivo de celebración. Sus ilustraciones indelebles, galardonadas, le acompañarán junto al dictado del taller "Piedra, papel y escalera", a desarrollarse en El Jardín de los Niños (lunes a las 17, martes a las 14).
Pero su tarea no comienza mañana, ayer mismo Ferrer participó del panel dedicado a Los sueños de Helena, libro donde el artista se encarga de graficar los textos y sueños de Eduardo Galeano. También oportunidad de reconocimiento hacia la figura y obra del enorme escritor uruguayo. Una tarea que al español le ha significado de modo relevante en lo profesional pero "fundamentalmente en el terreno afectivo y emocional". "Conocía su obra y era un admirador tremendo, desde El libro de los abrazos, convertido en mi libro de cabecera. Luego vinieron otros, y con ellos una proximidad cada vez mayor al mundo de Galeano y a esa forma de narrar tan particular que tiene", explica Ferrer a Rosario/12.
Los sueños de Helena fue editado por Libros del Zorro Rojo, el sello referente donde situar uno de los mejores catálogos en lo que a libros ilustrados se refiere. Su responsable, Sebastián García Schnetzer, agrega que "desde el primer momento, Eduardo estuvo encantado con el proyecto y conocía el trabajo de Isidro con mucha precisión. Fue un libro muy especial, que Eduardo dedicó a su esposa, Helena Villagra. Y surgió de alguna manera desde El Zorro Rojo, con la intención de compilar esos sueños que aparecían en los libros de Eduardo. Su compromiso hizo que además escribiera uno especialmente para el libro, junto a un prólogo muy amable y sentido."
"Casualmente - dice Ferrer- Helena es también el nombre de mi propia compañera. Este libro es para mí muy emocionante, un reto enorme, por haber sido un trabajo donde Galeano estuvo presente durante su evolución y desarrollo. Esa posibilidad conjunta de conformar un territorio común, desde una duplicidad de miradas, entre el territorio de la literatura y el de la ilustración, le conceden al libro una visión especial".
- ¿Por qué "Piedra, papel y escalera"?
- Porque son los elementos analógicos con los que juego con el significado de las palabras, con su semántica, pero por otro lado por referir a la parte más física de la actuación analógica, a lo físico de la piedra pero también a la posibilidad de cortar y de manipular que tiene la tijera.
- ¿A propósito, qué te provoca el acento actual que sobre la tecnología digital algunos promueven?
- Yo creo que hay un concepto erróneo en el enfrentamiento, al plantear que la tecnología invalida los procesos analógicos y tradicionales, cuando en verdad se trata de lenguajes y procesos distintos, de herramientas de trabajo. La tecnología permite avanzar mucho en el terreno de lo virtual, e incluirlo dentro de los procesos mecánicos de reproducción actuales, pero por otro lado nuestra expresión física y nuestras capacidades naturales tienen que ver con nuestro cuerpo y las habilidades manuales. Ambos terrenos de actuación son perfectamente compatibles, uno no elimina al otro, no existe ese conflicto.
- O no tendríamos este encuentro de lectura, donde el protagonista es el libro.
- El libro es un espacio físico, y como tal no solamente está al servicio de la lectura sino que va más allá. El libro es el soporte, son las páginas, es el gramaje, es el color, es el olor, todo ello le confiere un valor añadido.
- Al ver tus trabajos, sorprende la sencillez para comunicar y, por eso, su complejidad. ¿Cuánto tiempo te demanda una obra?
-Te daría la misma respuesta de Picasso, que me ha costado toda una vida llegar hasta aquí. Es un proceso muy largo en el que intervienen muchas partes. En la búsqueda de una solución, el resultado nunca es el inmediato, sino que surge de una acumulación de experiencias, conocimientos e intenciones. Hay trabajos que se solucionan de una forma más rápida o eficaz, pero que sin toda esa acumulación propia del tiempo, de la experiencia, serían imposibles de haberse constituido.
- Entiendo también un placer, un juego, donde te debe gustar arrojarte a la solución gráfica sin tener claro el resultado.
- El juego es un componente vital, una parte esencial en la consecución, no sólo desde el aspecto lúdico sino porque te permite llegar a lugares inesperados, precisamente por el desplazamiento. Yo puedo participar en todos los aspectos de mis procesos creativos, pero muchas veces establezco pautas o reglas distintas para no enfocar el proyecto desde el mismo ángulo, para obligarme a hacerlo de una forma desplazada, y llegar a lugares inauditos, al menos para mí.
-A propósito, ¿cómo eras de niño, a qué jugabas?
- Yo pertenezco a una generación que jugaba con las cosas que tenía a mano; además, mis padres eran de clase media obrera, no tenían gran poder adquisitivo. Tuvimos una infancia precaria en lo material, pero esa misma precariedad propiciaba una enorme creatividad en el juego y en toda la materia que lo conformaba, desde la propia construcción de los juguetes, muy básicos, hasta el desplazamiento necesario para que las cosas se convirtiesen en otras: una botella podía ser una nave espacial y una bombilla se convertía en un globo aerostático, por ejemplo.
- ¿Qué pensás cuando la publicidad apropia tu manera de entender el trabajo gráfico?
- El terreno de la publicidad me interesa muy poco. Creo que son discursos excesivamente intencionados, manipulados con un corto recorrido. Evidentemente, la publicidad utiliza todos los recursos posibles a su alcance, muchos de ellos vienen de otros terrenos, pero de alguna forma también los usurpa, con un interés muy claro: la seducción. Trabajan muy poco con la inteligencia sino mucho más con crear necesidades a partir de la seducción. Cuando ven que hay elementos que les facilitan esa tarea pues rápidamente se los apropian, y así se apropian de cosas que vienen del terreno del arte, o de otros espacios como la gráfica. Yo intento quedarme muy al margen de estas intenciones publicitarias de trabajo.
- ¿Cómo tomás el reconocimiento hacia tu obra, que se traduce en premios o invitaciones, como la que ahora te hace nuestra ciudad?
-Intento no abrumarme, lo vivo como si hubiese un Isidro distinto, que asumiese esa función pública; pero por otro lado es un gran regalo, es una posibilidad de viajar, de conocer, de compartir y asombrarse con otras realidades. Estas posibilidades de conocer a la gente, de establecer vínculos, diálogos - no solamente a nivel de trabajo sino también afectivos- , me resultan enormemente nutritivos; porque esa comunicación es un flujo que va y viene, es una energía devuelta.

Mommy (2014, Xavier Dolan)

Los sobrevivientes familiares

La relación loca entre una madre y su hijo adolescente tensan, otra vez, el cine del canadiense Xavier Dolan. Amor y delirio en una pantalla de cine hecha cuadrado. La sensibilidad como arma feliz y el acecho institucionalizado.
Por Leandro Arteaga

  Vale y mucho la oportunidad renovada que ofrece Cine El Cairo al incluir en su grilla la proyección diaria de Mommy, la quinta película del canadiense Xavier Dolan, luminaria de apenas 26 años con varios premios internacionales en su haber y, para el caso de Mommy, con el Premio del Jurado del último Festival de Cannes, compartido con Adiós al lenguaje, de Jean Luc Godard.
  Dolan se ha vuelto un nombre reiterado y amado entre la crítica. No es para menos. Su cine destila una mirada personal, lúdica, que depura hacia formas cinematográficas cada vez más definidas. En este sentido, Mommy es cristalización de un recorrido que encuentra a su director en plena forma, con cantidad de proyectos en ciernes, que habrán de ser seguidos y esperados con ansiedad.
  Mommy, así como la ópera prima Yo maté a mi madre (2009), es sobre una mamá y su hijo -o sobre este chico y su madre -; si se trata de una réplica que rebota sobre la vida del realizador, poco interesa. Lo que importa es lo que pasa entre los límites del cuadro cinematográfico y, más aún, lo que por fuera de ellos se intuye. Es decir, ¿qué pasó, que pasará, con el cariño de estos dos sobrevivientes familiares?
  Porque tanto esta madre como su hijo son, en última instancia, los que pueden todavía continuar el camino en esta Canadá apocalíptica, en donde los adultos pueden, por vía legal, dar al cuidado del Estado a los menores violentos y desentenderse. Es en uno de estos espacios de encierro de donde habrá de salir Steve, ahora con su madre. Los dos juntos, al fin, porque no hay establecimiento que pueda con él. Es una bomba de tiempo adolescente, una ebullición ascendente. Por su parte, Diane no es muy distinta, atiborrada de gestos y colores que esconden dolores profundos. Ahora bien, cuando 'Die' y Steve se miran, entre ellos surge un cariño que desborda.
  Ese despliegue es capaz, justamente, de romper con el límite cuadrado que impone el formato 1:1 desde el que Dolan ha concebido Mommy. Como si se tratase de un visor de teléfono celular, reductor del mundo amplio del cine. Acá, a la inversa: el cine sometido voluntariamente a esa claustrofobia, camisa de fuerza que es también tenaza para los sentimientos de este joven, de esta madre, desesperados.
  Pero el personaje que más destaca, por expresar lo mismo pero desde el concepto de una familia funcional - en donde papá dice con su seguridad enclenque mientras decide por el bienestar de todos- , es el de la vecina que fuerza sus palabras, trabada en una tartamudez con conexión anímica, bella, para estos dos seres de sensibilidad extrema. Vale decir, entre ellos se teje una urdimbre de afectos desbocados, de cauce emocional, existencial, necesario para torcer la abulia que les rodea y, por eso mismo, también causal de la reacción inevitable, que tarde o temprano el trío habrá de enfrentar.
  El despliegue de interpretaciones es notable: Anne Dorval, la mami fatal, bella, loca, cariñosa; Antoine Olivier Pilon, el hijo resorte, capaz de hacer volar por el aire, y de golpear, lo previsto e imprevisto; y Suzanne Clément, la otra mami, de mirada perspicaz, callada pero con palabras que bullen, contenidas en gestos de furia y cariño. Dolan puede ir y venir entre ellos como si se tratase de uno más, en donde la cámara se vuelve parte confidente en el amor y el malestar compartidos. Allí, por eso, también el espectador, sumido en esta fascinación que no debiera terminar, que nadie tendría por qué alterar.
  Pero esa burbuja es lo que en definitiva es: una ilusión redentora, hermosa y presta a reventar. Igualmente, Steve sabe que puede todavía salirse. Hacia allá, otra vez, corriendo desesperado, hacia el aire que le devuelva - también al espectador - un cuadro cinematográfico que pueda respirar, amparado en un cinemascope que le sitúe por fuera de los límites de la pantalla, más allá lo que se ve para que toque, como finalmente lo hace, el ánimo de cualquiera. Un ataque de furia hecho, a fuerza de amor y rabia, con puro cine.

Mommy
(Idem. Canadá/Francia, 2014)
Dirección, guion y montaje: Xavier Dolan. Fotografía: André Turpín. Música: NOIA. Reparto: Anne Dorval, Suzanne Clement, Antoine Olivier Pilon, Alexandre Goyette, Patrick Huard. Duración: 139 minutos.
Sala: El Cairo.
8 (ocho) puntos

Grand Central (2013, Rebecca Zlotowski)


El amor en tiempos contaminados

Premiada en Cannes, la película tiene una sobriedad que sabe
cuándo no ocultar la pasión. Grand Central exhibe una puesta
en escena que es crítica sobre el uso de la energía nuclear.


Por Leandro Arteaga

  En el marco de la Semana de Cine Francés, que programara Cine El Cairo del 9 al 12 de abril, se exhibió Grand Central, segundo largometraje de la realizadora Rebecca Zlotowski. Así como en su anterior film Bella espina, de 2010 , la actriz Léa Seydoux brilla aquí con su cuerpo de belleza en espera (en cartel por estos días con la nueva versión de La bella y la bestia), en esta ocasión junto al destacable Tahar Rahim (de quien, entre tantos títulos, vale recordar El pasado, del iraní Asghar Farhadi).
  Con paso por el Festival de Cannes y Premio François Chalais bajo el brazo , la realizadora aborda en Grand Central una historia pasional con una central nuclear como telón de fondo. De acuerdo con lo referido por la misma Zlotowski, el film tuvo su rodaje en una central nuclear austríaca, inutilizada, mientras los exteriores fueron filmados en Francia. Lo que convierte a cada una de las escenas de la Central en un registro veraz, atento con los cuidados dispensados en su tarea diaria. Es en ese infierno frío donde se internarán los protagonistas.
  Por un lado, el personaje de Gary (Tahar Rahim), sin plata ni afecto familiar. Para él, la planta nuclear es una oportunidad, también un riesgo de vida que vale la pena enfrentar. Junto con él, muchos más conocen una situación similar, sin dinero y robando lo que pueden (la secuencia inicial, en este sentido, es ejemplar). Hay quienes ya son expertos en el oficio supuesto por la Central y saben cómo demandar atención en los nuevos. Otros, se introducen allí ante la pobreza de expectativas. (Uno de ellos, a destacar, interpretado con solvencia por Nahuel Pérez Biscayart).
  Por otro lado está Karole (Léa Seydoux), una de las empleadas de la Central. Los dos se conocen desde un impacto primero, con aval del propio novio de Karole: ella lo besa de manera imprevista, ante la mirada de los demás, en el bar. La consigna: ¿cuánta dosis radioactiva se puede resistir? O también: ¿cuáles son los síntomas? El cuerpo de Gary no se muestra inmune al arrebato de Karole, a sus curvas y desenfado. Algo así, dice ella, es lo que le va a pasar si se contamina.
  Entre los dos, el paso siguiente será igualmente drástico: desde el roce en el coche, apretados, al zambullirse mutuo de los cuerpos. La elipsis es rápida. Como si la necesidad por sentir el cuerpo del otro fuese urgente. Seguramente lo sea, al observar cómo, al término de cada jornada, todos insertan sus manos en el detector de radiación, con la tensión puesta en caer víctimas de una luz roja fatídica.
  De este modo, lo que se construye es un relato íntimo, de amor a escondidas pero en tiempos contaminados. Es decir, todo podría terminar y bien rápido, puesta la vida al borde de un mal paso que transforme la radiación destinada a energía en muerte instantánea. Las paredes de fuego frío de la Central contrastan, por eso, con el verde natural, a cielo abierto, donde los cuerpos amantes se gozan.
  Pero, atención, también es frío el temple de Karole: ella puede lograr que la pantalla transpire, pero también saber cuándo mantenerse incólume, como estatua. Por su parte, Gary es el del cuerpo sin contractura, maleable, capaz de desafiar con suerte al toro mecánico donde los trabajadores se divierten. Es él, justamente, el único operario capaz de salvar de las garras mortales a Toni, novio de Karole (Denis Ménochet).
  La fisonomía brusca de Toni, su corpulencia de mastodonte, son también rasgos para el contraste formal que el film exhibe desde su puesta en escena, en un juego de afectos que culminará por conocer sus propios límites. La Central será, en todo caso, el escenario de un apocalipsis temido, también instancia de prueba que enfrentar, a la que sobrevivir. Lo mismo, de paso, podría decirse de Karole. De todo ello toma nota Gary en su libretita, mientras apunta el porcentaje de dosis diaria que su cuerpo almacena. Quiere el dinero, pero también la quiere a Karole. La contaminación está al acecho. ¿Cuánta dosis será capaz de soportar su cuerpo?
Grand Central
(Francia/Austria, 2013) Dirección: Rebecca Zlotowski. Guión: Rebecca Zlotowski, Gaëlle Mace. Fotografía: George Lechaptois. Montaje: Julien Lacheray. Reparto: Tahar Rahim, Léa Seydoux, Olivier Gourmet, Denis Ménochet, Johan Libéreau, Nozha Khouadra. Duración: 94 minutos.
Puntos: 7 (siete)

jueves, 16 de abril de 2015

El gurí (Sergio Mazza, 2015)


Los secretos y la tristeza


Por Leandro Arteaga
 
El estreno de la película El gurí, de Sergio Mazza, es oportunidad para completar la noticia de relieve que protagonizara pocos meses atrás, cuando fuera seleccionada por la última Berlinale en la sección "Generation+14". Más aún, el director de El Amarillo (2006) y Gallero (2009) estará presente durante la función que esta noche, a las 20.30, ofrecerá con entrada libre y gratuita El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120). También acompañará al realizador el niño actor Maximiliano García.
Otro de los aspectos de importancia de El gurí radica en la elección de la localidad entrerriana de Victoria como escenario de rodaje. Es entre sus calles, merodeando por paredes de casas con muchos años, donde los personajes entretejen un malestar que tiene al pequeño Gonzalo (Maximiliano García) como eje dramático. Atento a su hermanita bebé, así como a su abuela, Gonzalo espera por la vuelta de la madre. Pero lo que él no sabe es lo que los demás murmullan distraídos, mientras retacean la información al espectador. ¿Qué pasó con ella? ¿Dónde está? ¿Volverá?
Por atropellar a un perro, distraída ante la gruta de ofrendas y rezos del camino, Lorena (Sofía Gala) queda obligada a pasar varios días entre esta gente. Ella, de paso y con otro mundo a cuestas, detiene su andar para entrar en contacto con la amabilidad, los secretos, y las confidencias de este pueblito. Entre estos personajes hay dos que saben y ofician de custodio: uno es el veterinario, Julio (Daniel Aráoz), en quien descansan metafóricamente los sufrimientos de los animales que cuida, tan parecidos a la angustia que se narra; el otro es Felipe (Federico Luppi), quien tras el mostrador del bar atesora comidas que comparte mientras cumple el rol guardián de sus paredes descascaradas, alguna vez estandartes de lo que ya nadie nombra: una wiskería.
¿Quién es –de paso– ese hombre insistente que aparece ante la mirada sufrida de Gonzalo, una y otra vez, gritando por el paradero de la madre? ¿Qué relación hay –en última instancia– entre los murmullos apagados de los lugareños y la historia de esa mamá de la que todos saben pero nadie dice?
Es entre ellos por donde deambula Gonzalo, como si fuese uno de esos muchos perros sin dueño, abandonados. Aferrado a una posibilidad que no promete demasiado y al cuidado de su abuela anciana, el niño distrae la ausencia de cariño sólo cuando juega. Pero allí está Lorena, la intrusa, la de afuera, la que preguntará lo que nadie quiere. Su despedida, está claro, depende del arreglo del automóvil. También es claro que la demora en su reparación correrá a la par de esa tarea tan necesaria que ella, nadie más, puede cumplir.
De esta manera, Lorena es la bisagra que renueva las preguntas y los sueños. Felipe y Julio tienen, cada uno, historias sin cerrar. Pero para que eso suceda deben reparar en lo que les rodea, y es allí donde aparece Gonzalo, con su cadencia tímida, sin levantar la voz, apenado en la mirada, mientras sufre su desconsuelo en secreto, sin pedir nada a nadie, preocupado por sobrevivir al día. Lorena, por eso, hace ver lo que todos pueden pero de otra manera. Aun cuando ciertos secretos no puedan ser absolutamente develados.
Hay tanta tristeza en la cara del niño, pero también todo un porvenir que aguarda. Un gran interrogante que es de a poco descifrado. Que replica en todos los que dicen de modo callado, cómplices de una historia que tiene a Gonzalo como rehén pero, a la vez, como posibilidad de redención.

El gurí
(Argentina, 2015)
Dirección y guión: Sergio Mazza. Fotografía: Alfredo Altamirano. Montaje: Sergio Mazza, Martín Musarra. Música: Daniel Gómez, Daniel Viglietti. Reparto: Maximiliano García, Sofía Gala Castiglione, Daniel Aráoz, Federico Luppi, Susana Hornos, Belén Blanco. Duración: 89 minutos.
Sala: El Cairo
7 (siete) puntos

viernes, 10 de abril de 2015

Términus #8


Esos cuadritos que son historietas

Zombis, terror gótico, héroes de moral dudosa, apenas algunos de los atractivos cuadritos de la nueva Términus. La mejor revista de historietas de la ciudad presenta número nuevo y dibujantes para admirar.

Por Leandro Arteaga

Es extrañamente animal el cráneo que asoma de la escafandra rota, en el espacio exterior. Sin embargo, el traje astronauta lleva impreso un nombre humano, junto a la firma de su dibujante: Germán Peralta. Se trata del octavo número de la mejor revista de historietas que se publica por aquí (y en muchos confines más): Términus. Pasen y lean.
“Estamos muy contentos con la calidad del material de este número. La historieta principal la escribió Luciano Saracino, con dibujos de Dante Ginevra. Es una historia que tendría que haber salido en una antología de zombies publicada por Ovni Press, pero no llegaron a tiempo. Dante, que ya había publicado en nuestro primer número, pensó que Términus era un buen lugar. ¡Y eso que veníamos evitando a los zombies todo lo posible!”, dice Bruno Chiroleu, dibujante y editor.
“Arrancamos este número subvirtiendo un criterio editorial, porque hay mucho de zombies dando vuelta y no todo es bueno, pero en este caso teníamos una historia que valía la pena”, completa Gastón Flores, guionista y Jefe de Redacción. Y vaya si vale lo suyo, con su historia de afectos familiares e incestos reprimidos. Además, se trata de una síntesis del miedo zombie que Saracino sabe domeñar por pulso de trabajo profuso (cientos de historias, de todo género, que escribe ininterrumpidamente) y una antología personal sobre el tema que el sello Fan le editara en 2009: Zombies! Una enciclopedia del cine de muertos vivos. De paso, el usual “RIP Van Hellsing” continúa con un sexto episodio enfrentando… zombies, en esta serie magistral con dibujo de Enri Santana y guión de Enrique Barreiro-Hernán Ferrúa, editada originalmente en Italia.
“Tenemos la primera aparición de Plan B, de Fernando Baldó, quien no sólo es un gran dibujante sino también un excelente guionista, en varios de los números anteriores tuvimos historias escritas por él. Ahora, de hecho, está terminando de armar un proyecto suyo”, agrega Chiroleu. En Plan B, Baldó –de quien Historieteca acaba de editar Los autómatas del desierto, con guión de Diego Agrimbau– idea un mundo con superpoderes donde los enfrentamientos con monstruos conviven con los dilemas del entorno cotidiano: “un gran poder, una gran responsabilidad”, pero no necesariamente. El dibujante tiene la habilidad de saber manejar los códigos del género, tanto en su faceta de acción como en la más prosaica, teñida de diálogos con dobles sentidos.
A continuación, la historia de Edgar Roggenbau y Patricio Delpeche ofrece un tinte de afecto androide, que se traduce en la simetría de la puesta en página, con un paso del tiempo moroso y la inmovilidad de la mujer durante el después de las caricias. Una escenificación, en suma, del deseo masculino. Uno de los mejores momentos de esta Términus está en “El jurado”, la historia dibujada por Diego Simone con guión del español Alfonso Bueno, publicada originalmente en revista Cthulhu, de Diábolo Ediciones, con la que Términus intercambia material. Por lo visto, la reacción homicida con acuerdo tácito entre desconocidos es permeable a toda sociedad. A los rosarinos el asunto les toca bien de cerca.
El terror más sofisticado aparece de la mano de Sebastián Cabrol, con una adaptación del relato “El entorno conveniente”, de Ambrose Bierce. “Es una hermosura, un laburo de aguada que salió muy bien impreso, se nota que a Cabrol le gusta Bierce”, comenta el editor. Es una versión muy bella, en donde la gama de grises apela a un estado de ánimo en torno al miedo. Miedo y literatura (y cómic) como desafío lector, para pasar por alto la distancia segura que toda lectura encierra y situarse dentro del mismísimo terror.
Las últimas páginas son para “Blas”, el cuarto capítulo de la serie de Chiroleu que combina experimentos científicos con el inconsciente de sus personajes. El arco argumental finalizará en Términus 10, y será momento oportuno para volver a leerla toda de una vez. Ilustraciones de Cabrol, Juancho Riveros, Julio Falkenhagen y Rafael Ortíz aportan a la entidad de Términus, cuyo reconocimiento lector permite, por estos días, una tercera reimpresión del primer número, la segunda reimpresión del cuarto, y una distribuidora nueva. “Se trata de SD Distribuciones, que se suma a Districomix; tienen muchos puntos de venta a los que queríamos llegar, en provincias como San Juan, San Luis, Mendoza, y en la misma Santa Fe capital”, comenta Chiroleu.
El que no llegó con historieta nueva, pero sí con una ilustración inspirada en “Conversación con una momia”, de Edgar A. Poe, es Damián Couceiro. Sus compañeros bromean, porque es otro encargo para Estados Unidos el que le impide ser de la partida. Según el dibujante: “Se trata de una nueva serie para la editorial Boom!: Cluster, con guión de Ed Brisson, alguien con quien trabajé hace muchos años. Presentó este proyecto de ciencia ficción y pidió a la editorial hacerlo conmigo. Para mí, que venía trabajando con franquicias como Planeta de los simios y Sons of Anarchy, fue una novedad, porque me permite pensar desde cero un mundo nuevo, tuve que inventar todo, es algo que me tiene entusiasmado. Aspiramos a llegar a ocho números, luego veremos.”
Lo que sigue, por lo visto y leído, será todavía mejor. Explica Flores: “la idea es hacer un número a principio de año, otro para Crack Bang Boom (13 al 16 de agosto), y otro sobre principios de noviembre, para poder llegar también con material nuevo al resto de las convenciones del año.”
 
Blas, de Bruno Chiroleu

Ave Fénix (2014, Christian Petzold)


La imagen de una muerte escondida


A partir de un personaje obsesionado con recuperar su historia, y su voz, Ave Fénix se sumerge en su pasado para comprender su porvenir. El holocausto como tema cinematográfico y el cine negro como género. La impronta de Hitchcock en una película reflexiva, artesanal.

Por Leandro Arteaga

Era entre los pasajeros de un tren británico donde una mujer desaparecía, por cortesía de Alfred Hitchcock, en La dama desaparece (1938). Apenas el prólogo de las muchas mujeres fantasmas que el inminente conflicto bélico desataría.
Figura inasible, burlona de las pesquisas policiales, muchas veces femme fatale; variables presentes en la paranoia noir que el alemán Robert Siodmak filmaría, para Hollywood, con La dama fantasma (1944), a partir de la novela de William Irish. Ese mismo año sería también el de Laura, la obra maestra de Otto Preminger, otro exiliado en Hollywood, abocado a la recreación lírica de un detective obsesionado con una mujer muerta.
Las sombras largas de la guerra continuarían después, y entre los varios títulos que pueden citarse, uno fundamental es Trágica sospecha (1951), en donde el realizador Robert Wise disimulaba la identidad de una sobreviviente de los campos de exterminio con el alias de su compañera fallecida. Asumir el legado social, en un contexto que le desconoce o no le quiere, era el trauma mayor para el personaje que interpretaba Valentina Cortesa.
Entre estas películas –y otras más, como la inevitable Los ojos sin rostro (1960), de Georges Franju– se delinea Ave Fénix, del alemán Christian Petzold, en comunión asumida con el legado hitchcockiano del que es emblema Vértigo (y en donde se inscribe, con mímesis temática, una obra maestra de Robert Aldrich: La leyenda de Lylah Clare, también con Kim Novak).
La genealogía fílmica es imposible de soslayar, porque lo que se construye es una filiación temática y estética, sostenida por la configuración de un género cinematográfico. Ave Fénix continúa este mismo diálogo –nueva versión como es, de hecho, de la novela de Hubert Monteilhet, antes filmada por J. Lee Thompson: Renaciendo de las cenizas (1965)-, ahora desde la figura de Nelly Lenz (Nina Hoss), cantante que sobrevive al exterminio nazi y, tal vez, a su cirugía facial. Porque ésta es la oportunidad mejor, que muchos quisieran, de acuerdo con el criterio médico: una vida nueva y otra identidad.
Sin embargo, Nelly quiere parecerse a la imagen que alguna vieja fotografía suya todavía contiene. Pero esa foto ya no es la misma, ahora hay otros datos develados: el grupo de personas sonrientes contenía nazis, también muertos prematuros. Nelly, en silencio, lee lo que la imagen dice; de esta manera, Ave Fénix elabora su ontología, al reflexionar sobre la fotografía (el instante quieto) y el cine (el tiempo en movimiento). Contemplación que ha sido preocupación estética en la obra del extraordinario cineasta Harun Farocki (fallecido en julio pasado), aquí guionista junto a Petzold.
Por otro lado, Ave Fénix significa de modo relevante en tanto continuidad generacional, fílmica-alemana, sobre la temática del holocausto y sus consecuencias. Petzold-Farocki se inscriben en el “después del después”, tras los pasos de sus precedentes (y contemporáneos) Werner Herzog, Wim Wenders, Margarethe von Trotta. Se trata de una memoria que hay que reconstruir todavía y siempre, y que en el caso de Ave Fénix se cifra en el propio rostro que Nelly extraña, al que ya nunca podrá volver.
Este deseo tiene su expresión dramática en la historia de amor que ella procura completar con su marido, quien la cree muerta. Un club nocturno –el Phoenix– lo tiene empleado, mientras responde al nombre de Johannes y, como si el llamamiento de Nelly fuese el de una brisa olvidada, al de Johnny. Allí irá a parar el ánimo irresistible de esta mujer, vestida como private eye, guarecida entre sombras, mientras dos artistas versionan, entre otras canciones, la americana Night and Day, de Cole Porter.
El momento Vértigo, de clara alusión al maestro del suspense, no tardará en suceder, cuando Johnny/Johannes obligue a Nelly a caminar y vestirse como la que fuera su esposa. El propósito está puesto en el recupero de una herencia que sólo ella puede obtener: así, el engaño sobre el engaño. Pero, se sabe, cuando se invoca a los muertos éstos aparecen: tal es el título del libro -De entre los muertos, de la dupla Boileau-Narcejac- que Hitchcock filmara en Vértigo.
Si la puesta en escena de Ave Fénix es la construcción de una realidad alterada, dual, herida entre un pasado y su presente difuso –todos rasgos que la emparentan con el género negro-; el desenlace debía también asumir esa misma posibilidad. No desde personajes confundidos sino, antes bien, por medio de la asunción de una claridad irrebatible, tan emocionante como para no poder agregar más imágenes. La luz de la tarde quema; y hacia ella se dirige Nelly, por fin.

Ave Fénix
(Phoenix)
(Alemania/Polonia, 2014) Dirección: Christian Petzold. Guión: Christian Petzold, Harun Farocki, a partir de la novela Le retour des cendres, de Hubert Monteilhet. Fotografía: Hans Fromm. Montaje: Bettina Böhler. Música: Stefan Willm. Reparto: Nina Hoss, Ronald Zehrfeld, Nina Kunzendorf, Michael Maertens, Imogen Kogge, Kirsten Block, Uwe Preuss. Duración: 110 minutos.
Salas: Cines del Centro, El Cario, Showcase
10 (diez) puntos