viernes, 16 de enero de 2015

Legionarios: Los perros de Roma (2014, La Duendes)


Lápices conquistadores

Con un plantel de dibujantes locales, el libro Legionarios construye una historia sórdida durante los días de Julio César. Lo editaron en Chubut y se consigue en librerías de cómics.

Por Leandro Arteaga

Es Kiro, integrante insigne de esta cohorte de historietistas, quien articula en su prólogo la analogía: “haciendo una similitud con las legiones romanas, (a los dibujantes rosarinos) nos une el mismo sentido de lealtad y respeto”. La comparación es traducción de la evidencia gráfica, de los registros estéticos múltiples, que expone Legionarios: Los perros de Roma (La Duendes).
El guión es de Oenlao (Carlos Scherpa) y expone su habilidad característica: replicar en tantos dibujantes como pueda, tal como lo hiciera en libros como Tehuelches: historietas de aventuras y mitología y Zona 2011, editados también por La Duendes, sello oriundo de Chubut y propiedad de Alejandro Aguado.
La noticia de Legionarios implica de manera local porque la mayoría de los dibujantes son rosarinos, tienen su trayectoria, y congeniaron de manera organizada a partir del guionista. Ellos son: Kiro, Fernando Kern, Guillermo Villarreal, Joel Saavedra, Pablo De Bonis, Juan Carlos Vásquez, Néstor Cóceres, Damián Peñalba, Felipe Ávila, y la participación especial de Edu Molina (Animal Urbano, El Sombra) en un unitario breve que es síntesis del ánimo bélico y brusco y oscuro que destilan las 80 páginas.
Es decir, Legionarios ofrece una historia que ramifica en lápices varios a la vez que mantienen una misma estructura: Tulius y Marcus, amigos legionarios, responden a las órdenes del César, emprenden misiones, cuestionan la lógica del poder, y guardan una amistad que contiene un secreto. Allí, claro, habrá mujeres cuya identidad develar, mientras una de ellas acompaña el fragor de las batallas como imagen hipnótica, con una cicatriz que es espejo en el rostro mismo de Tulius. Tan hondo calan tales heridas.
De esta manera, la habilidad gráfica es también muestra de los muchos talentos que dan vueltas por la ciudad. Se nota, por un lado, la afinidad con la temática de algunos, la predilección por lo que se dibuja. Es el caso de Kiro, quien perfila cada rostro como un mapa de broncas que se heredan, con atuendos que brillan en la batalla, con sangre de tinta negra, bien espesa. Es él quien presenta a los personajes principales, al escenario y su clima ominoso. De Bonis y Vásquez, respectivamente, se encargan de delinear la aventura en sendos episodios. Laberintos, trampas y una elegida de los dioses a la que custodiar. En el primero de los casos, a partir de un blanco y negro en contraste, con una puesta en página de angulaciones variadas; en el segundo, desde una utilización del claroscuro que hace convivir matices digitales con los personajes de físicos esculpidos.
Villareal aporta un clima de historieta cercano al cartoon: un cruce romano con aires de Bruce Timm, de relato impecable. La continuidad que propicia Saavedra es más minimalista, en donde hace depender del predominio del negro o del blanco la situación dramática. A Cóceres le toca desanudar el ovillo, narrar la historia dentro de la historia, antes de que la batalla más grande tenga lugar; ya que se trata, ni más ni menos, que de la Guerra de las Galias.
Una de las páginas realizadas por Kiro
El epílogo es doble y tiene participación en guión de los locales Ernesto Parrilla y Gastón Flores. El primero con dibujos de Ávila, quien da cuerpo, como si de grabados se tratase, a los últimos días en la vida del César; el segundo, con arte de Kern (y grises de Peñalba), en una conclusión magnífica, que evidencia el hacer del gran dibujante, capaz de escapar al límite de las viñetas para trazar en la misma página y simultáneamente las acciones, que el mismo orden de lectura ordena. La prosa de Flores dice mientras el dibujo completa con otros sentidos. Un gran trabajo.
Dado el tema, no será menor recordar que dos historietas de dos de los grandes dibujantes de esta ciudad, hicieron pie en Roma. Una de ellas fue Julio César (1983), escrita por Ricardo Ferrari para los lápices de Eduardo Risso en editorial Columba. La otra es la actual serie que Marcelo Frusin desarrolla en el sello francés Dargaud: L’expédition, de la que ya lleva dos álbumes (de cuatro) publicados.

jueves, 8 de enero de 2015

Cine y TV en Rosario 2014


Un ámbito marcado por el movimiento y la discusión

La producción audiovisual de la ciudad arroja un saldo dinámico. Varias aristas para una actividad que se diversifica. Las pantallas pequeñas y la pantalla grande. El cine, la televisión, el relato transmedia, los subsidios.


Por Leandro Arteaga

Para pensar el cine de la ciudad, hay que categorizar diferente, y rápido. Porque, ¿de qué se habla cuando se dice “cine”? Cine fue el del siglo XX, ahora las maneras son otras y, dada la convención, “audiovisuales”. Por eso, utilizar tal término obliga a asumir que ya nada es lo que era.
¿Y cómo es ahora? Distinto y complejo. Las maneras de registrar –ya no de filmar– son múltiples, así como los formatos narrativos y los ámbitos de exhibición. De esta manera, hay un análisis que se impone, que es anterior, que debe tener la mirada abierta hacia lo que está ocurriendo en un sentido mayor, abarcador y plural.
La pluralidad permite diversidad, así que bien viene darle relieve a este aspecto. Igualmente, lo que debe acompañar, siempre, es el saber hacer. La proliferación tecnológica ha acercado como nunca antes los medios a los realizadores, sean profesionales o potenciales. Pero de lo que se trata, en última instancia y como Orson Welles decía, es de saber cómo agarrar el espejo. De esto depende todo.
Ahora bien, dado el cambio de siglo, no deja de ser sintomático que –cree este cronista– no haya realizador que no desee un estreno en pantalla grande. El cine sigue, seguirá, apelando a su majestuosidad, a su gigantismo. Ese sueño enorme está en la cabeza de cualquiera de los que hacen y miran películas, aun cuando haya mucho Youtube dando vueltas. 
  Así, el primer escalón para este recorrido cinematográfico y/o audiovisual corresponderá a las películas que llegaron a las salas y el país. Entre ellas, asoma Bienvenido, León de Francia..!, de Néstor Zapata, a partir de la obra teatral que el mismo Zapata escribiera con Chiqui González en 1978. Un homenaje a los tiempos del radioteatro, pero también una mirada social sobre el país durante la transición violenta del golpe de estado de 1955. Radio y teatro ambulante como caras de una misma moneda, en donde el público participaba desde una ingenuidad que la violencia habría de finalizar de modo brutal.
  El estreno a nivel nacional del film de Zapata no fue el único. Suma el largometraje de Juan Diego Kantor, Buscando al huemul, cuya distribución en salas estuviera precedida de su participación en la grilla del Festival de Mar del Plata 2012. La película de Kantor propone un comienzo o desenlace inciertos, con la guía puesta en la reflexión, la pausa, el sonido del viento. Su protagonista es Ladislao Orosco, hombre veraz de la Patagonia, descendiente mapuche que persigue un cometido preciso: encontrar un huemul, así como lo hiciera su padre, así como tantos más antes que él.
Se elige también citar, aun cuando fuera estreno de 2013, a La guayaba, película de Maximiliano González, cuya distribución local fuera posible en Arteón durante el mes de marzo. En ella, el director oriundo de Misiones y de vida rosarina, aborda la trata de personas con un reparto que incluye a Marilú Marini en un doble papel sorprendente.
Si bien desde el cortometraje, El pez ha muerto le ha permitido a la realizadora Judith Battaglia ser parte del estreno nacional de Historias breves 9. Su trabajo se sumerge en el mundo de una niña, mientras la familia trabaja y esconde penas, el abuelo respira mal, y el rito de la comunión la espera. La sensibilidad de Battaglia logra un clima de duermevela, de tarde litoraleña, donde la bicicleta rueda veloz y el tiempo casi no camina. Dos apuntes más: Battaglia –siempre con María Langhi, coequiper y productora, integrantes de Rosaria Producciones- ha estrenado también Mary Terán, la tenista del pueblo, dedicada a la extraordinaria y silenciada deportista rosarina en varias salas alternativas de la ciudad, así como en Santa Fe y Mar del Plata.
El otro gran título que hay que volver a mencionar, por continuar un camino de ascenso, es Bronce, de Claudio Perrin. Si bien es un estreno de 2013 –sin distribución nacional–, su reposición en Cine El Cairo le dio oportunidad renovada y permitió corroborar el talento que exhibe, con más premios obtenidos durante el 2014: Mejor Largometraje Internacional del Festival Internacional de Cine de Iquique, Chile; Premio a Claudia Schujman por Mejor Interpretación en 5º Festival de Cine del Conurbano (FeCiCo), Buenos Aires; así como seleccionada en festivales de Nicaragua, Alemania, Estados Unidos. Perrin ha construido una película que explota la sinergia de sus intérpretes: Schujman y  Miguel Bosco, dos hermanos sumidos en una angustia que, tal vez, conozca otro amanecer.
Vale agregar que en el FeCiCo también resultó galardonada Mariana Wenger con el premio al Mejor Largometraje Documental por Otros sentidos (2012). Y que El gran río, el film de Rubén Plataneo de 2012, fue merecedor del premio al Mejor Largometraje en el Festival Audiovisual Bariloche 2014, galardón compartido con De martes a martes, de Gustavo Triviño. Las películas, se ve, continúan su derrotero.

Subsidios y más
Quien ha iniciado de modo reciente un nuevo rodaje es Patricio Coll. El ilustre director de Cicatrices (2001) se embarca ahora en La huella del gato, con subsidio del Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia, a través de Espacio Santafesino. A propósito, el aporte del estado provincial ha demostrado ser sustancial al momento de impulsar la producción del sector. Seguramente sea insuficiente, pero su sostén anual es de una ayuda vital. En este sentido, el espacio audiovisual ha sido obligado a una reconfiguración. Lo demuestra el surgimiento de la Cadena de Valor, impulsada por el mismo Ministerio de Innovación, con el llamado a la participación de los mismos artífices del medio. El ámbito audiovisual puede tener falencias y virtudes, pero lo que sí tiene es movimiento, discusión.
Algunos de los cortometrajes impulsados por este subsidio, conocidos durante el 2014, son: Camino al aeropuerto, de Elena Guillén; El gato cósmico al final, de Francisco Pavanetto; Bonitas, de Arturo Marinho. Los tres tuvieron exhibición compartida en Cine El Cairo, y los tres son demostración de sensibilidades diferentes. La atmósfera enrarecida en la que se sumerge Guillén, el mundo de fábula que recrea Pavanetto, la construcción formal, de cineasta, que sabe plasmar Marinho.
También tuvo subsidio de Espacio Santafesino El origen del pudor, el notable documental de Diego Fidalgo a partir de la figura y obra de Alberto Chaume, pornógrafo y abogado de la ciudad. Una reconstrucción de rompecabezas que es seguimiento de los propios avatares del realizador, fascinado por unas fotografías realmente encontradas en un container de basura. Otro documental con mismo subsidio ha sido La herencia del Piognak, concebido como unitario para TV, con dirección de Cristian Ferreira da Cámara. El trabajo sigue el hacer de los médicos del colectivo La Higuera, continuadores de la obra del Doctor Esteban Laureano Maradona en su asistencia a comunidades rurales en el Impenetrable Chaqueño.
Desde lo televisivo, la proliferación de subsidios nacionales ha vuelto accesible la producción a equipos y realizadores locales. La Televisión Digital Abierta ha premiado dos proyectos rosarinos. Uno de ellos es la miniserie de ficción La redonda, con dirección de Alfonso Gastiaburo, guión de Romina Tamburello y Esteban Goicoechea, y protagónico de Carlos Portaluppi. El otro es la serie documental Amadoras, con producción de Javier Matteucci y dirección de Arturo Marinho. La serie apunta al protagonismo de mujeres deportistas de Rosario, Villa Gobernador Gálvez y Marcos Juárez. De este modo, Amadoras se propone como una profundización del unitario televisivo Bonitas.
Si bien en otro orden, un ejemplo notable, que es síntoma del profesionalismo que Rosario ha alcanzado, lo significa la miniserie Embajadores de la mafia, una producción de History Channel que tuvo parte de su rodaje en la ciudad, con la participación de un importante grupo local a las órdenes del productor Fernando Gondard. Otro ejemplo lo aporta la participación de RAC (Red Audiovisual Cooperativa) en el envío televisivo Los Rueda, de la señal Pakapaka.

Nuevos rumbos
Si hay que hablar del cine como mutación digital, permeable a lo que sucede y sucederá, el nombre a destacar continúa siendo el de Gustavo Galuppo. Una de sus últimas participaciones se titula This is Just to Say, consistente en el intercambio epistolar/audiovisual con el videoartista Gustavo Caprín (Barcelona). Suman también a este proyecto las videocartas entre Andrés Denegri (Buenos Aires) y Javier Olivera (Montevideo). De todo ello ha resultado un caudal destinado a proyecciones, instalaciones o como mejor surja, con visitas a museos de diferentes partes del mundo. Ya tuvo exhibición en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires). Con Galuppo, se ve, hay un antes, hay un después.
Se sabe que web y televisión han confluido de manera inédita. De forma tal que es común ver en Internet avances de lo que se emitirá en televisión, así como la réplica que de los mismos envíos televisivos hace la red. Señal Santa Fe ha continuado en su tarea, con títulos como Rescate en la llanura. 8.000 años de huellas humanas, documental dirigido por Marcos Garfagnoli; Somos ríos, de Francisco Zini, Pablo Zini y Hernán Roperto, a partir de la presentación de la Delegación Santafesina en el Festival Cosquín 2014; Vecinos, llegar a casa, de Francisco Matiozzi; DeCartón TV, dirigido por Ignacio Sánchez Ordoñez; Democracia en Construcción, de Santiago King; Un aire a vos. Los nietos que buscamos, microprogramas de Florencia Castagnani, a partir de un proyecto de HIJOS Rosario y la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. El abanico que evidencian estas producciones –todas con cuota de pantalla en El Cairo– es relevante, al abordar cuestiones sociales, históricas, culturales, inclusivas, políticas.
La novedad estuvo en la plataforma multiformato impulsada por el ciclo Democracia en Construcción, realizado con motivo de los 30 años de democracia en el país. En www.decsantafe.gob.ar, los usuarios pueden continuar la construcción de contenidos propuestos por el ciclo televisivo. Esta misma perspicacia es el recurso que ha empleado Juan Mascardi para su épica Abrazos de agua, una narración transmedia con protagónico de Los Tiburones de Arroyo Seco. El documental que da cuerpo al relato –con exhibición multitudinaria en El Cairo– ha sido el disparador para la elaboración de webisodios y crónicas digitales. Esta nueva y todavía incierta manera de pensar el audiovisual ha sido temática ejemplarmente trazada en Mediamorfosis Transmedia, la actividad que Cine El Cairo programara durante el mes de septiembre, con las presencias internacionales de Adam Gee, Robert Pratten, y el productor y director artístico argentino Damián Kirzner.
Quien demuestra ser un precursor en estos formatos es Fernando Irigaray, ya impulsor con la Dirección de Comunicación Multimedial de la UNR del proyecto transmedia Tras los pasos de El Hombre Bestia (2013), a partir del fundacional film fantástico rosarino, que dirigiera Camilo Zaccaría Soprani en 1934. El año que pasó lo tuvo como protagonista con premio internacional: su documental multimedia Calles perdidas: el avance del narcotráfico en la ciudad de Rosario lo hizo merecedor del Premio Rey de España en el rubro Periodismo Digital, también con producción de la Dirección de Comunicación Multimedial de la UNR.
Pero, sin dudas, el hecho mayor por lamentable lo significa el robo del disco rígido con la copia editada de Mujeres en venta: Trata de personas con fines de explotación sexual en Argentina. El hecho delictivo, que arroja sospechas puntuales sobre el mismo dilema social que expone e investiga el equipo de Irigaray, tuvo lugar en la oficina del subsuelo del edificio de Rectorado, el 26 de noviembre. De esta manera, se truncó el estreno previsto para el 1º de diciembre y se perdieron nueve meses de trabajo. La nueva tarea de edición tendría listo un corte de montaje para febrero próximo. Y es menester señalar que el trabajo fue declarado de Interés Municipal por el Concejo de la ciudad.

Libros y Festivales
En cuanto a Festivales y muestras, la edición 21 del Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario trajo aparejado el documental de sus primeros veinte años: Te sigo desde el VHS, una producción de Señal Santa Fe, con dirección de Martín Parodi y guión de Luciano Redigonda. El país homenajeado fue Chile, y esto motivó la presencia del realizador Pablo Perelman en el Jurado, así como proyecciones de su obra y de películas de Miguel Littín, Raúl Ruiz y Silvio Caiozzi. De los rosarinos premiados, destaca el trabajo de Lisa Caligaris: Carnaval, que obtuvo el premio a Mejor Ficción y Mejor Realización Local.
Carnaval, compuesto de un festejo abúlico que es puesta en escena lograda, le valió otras distinciones a su realizadora: premio a la Mejor Dirección en el Festival Nacional Pizza, Birra y Cortos, de ciudad de Gálvez; y Mejor Corto del MARFICI (Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata). Tuvo a su vez tres proyecciones en la última edición del Bafici, Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Hay que recordar que Carnaval también contó con un subsidio del Programa Estímulo de la Provincia.
Bien viene relevar las nuevas ediciones de Bafici Rosario, a cargo de Calanda Producciones –con un repertorio fílmico notable, ignorado por la cartelera comercial–, la Muestra de Cine Interdisciplinaria Conecta 0.3, de RAC y ARTEA –con el estreno de varias producciones rosarinas–, el Festival Transterritorial de Cine Underground, la muestra Ciudades Reveladas: I Muestra Internacional de Cine y Ciudad, organizada por Club de Investigaciones Urbanas; la novena edición de Una Mirada Mayor. Festival de Cine para la Tercera Edad, con organización del CAR; y la novedad de Me traje un corto: Primer Encuentro Audiovisual Joven, con talleres, charlas y proyecciones, con organización del CAR y Dirección de Juventudes de la Municipalidad.
Hubo también lugar para las novedades literarias. Por un lado, la edición de Cine y Tierra, volumen 20 de la colección Estación Cine, que dirige Sergio Fuster para Ciudad Gótica. Por el otro, la presentación de Colección Guiones de Cine Argentino (Beatriz Viterbo), con tres libros dedicados, respectivamente, a guiones de Martín Rejtman, Julia Solomonoff, Gustavo Postiglione. Un hallazgo que es, también, consecuencia de un subsidio de Espacio Santafesino.
Y donde hay libros, hay enseñanza. Así que las noticias no pueden ser mejores: la apertura del Postítulo de Estética de la Imagen, con sede en Facultad de Humanidades y Artes (UNR) y dirección del Profesor Emilio Bellon; y el anuncio por parte de la provincia de la apertura de cuatro nuevos Profesorados de Arte, tres de ellos dedicados a las Artes Audiovisuales, con presencia en Rosario, Venado Tuerto y Santa Fe.
Como corolario, los treinta años cumplidos por la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario, cuyos festejos incluyeron retrospectivas, muestras, participación estelar en el FLVR, y la presentación del libro 30 años descolonizando pantallas, cuya versión digital puede descargarse de www.epctv.edu.ar.

sábado, 3 de enero de 2015

Balance 2014: Historietas y Animación.


Un mundo de dibujitos y cuadritos


La producción de historietas y dibujos animados durante el año que pasó. Dibujantes en ascenso, revistas y películas. Los límites y los horizontes. Lo que se puede leer, lo que hay que ver.

Por Leandro Arteaga

Entre historietas y animaciones, la producción en Rosario destaca con aristas todavía parecidas. Vale decir, por un lado la creciente manifestación de dibujantes en formación y con trayectoria, por el otro la falta de una estructura que organice el panorama.
De todos modos, y a juicio de quien escribe, el ámbito con mejor coordinación es el de la animación. En ello tiene que ver el rol decisivo del Estado municipal, ya que es a través del Centro Audiovisual Rosario cómo se articula la Escuela para Animadores, que habrá de cumplir diez años de vida en 2015. De la EPA deriva la conformación y tareas varias que desempeña la Cooperativa de Animadores Rosario, de cuño independiente, compuesta por docentes y ex-alumnos de la Escuela, en 2009. De entre sus producciones se desprenden, como luminaria, las seis temporadas televisivas de Cabeza de Ratón (Canal 5), producidas junto al CAR.
Entre tales instancias, el nombre nexo es el de Pablo Rodríguez Jáuregui, director de la EPA e impulsor o partícipe de todo proyecto que implique dibujos animados. Con él, Diego Rolle y el grupo que la Cooperativa contiene. Durante el año transcurrido, dos largometrajes sobresalieron: La revolución de los colores (tercera película con protagónico de Cabeza de Ratón y troupe) y Guía de Rosario Misteriosa 2.
Ambas, a su vez, contenidas por marcos de celebración. La aventura de Cabeza de Ratón tuvo estreno en la primera Animaratón, desarrollada en teatro La Comedia durante el mes de marzo, organizada por la EPA y CAR. Entre títulos destacables como Anina (2013, Alfredo Soderguit) y El sol (2009, Ayar Blasco), el momento de relieve lo ofreció el rescate fílmico de las producciones animadas de Juan Oliva, Burone Bruché y Jorge Caro, realizadas en las décadas de 1940 y 1950. La exhibición fue musicalizada por la National Film Chamber Orchestra, de Fernando Kabusacki.
Por el lado de Guía de Rosario Misteriosa, la secuela continúa la estela abierta por el trabajo de 2009, la obra teatral –éxito de público-, y la capitalización de un proyecto de libro escolar inconcluso. Fue la película encargada de inaugurar la edición 21 del Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario. Así como oportunidad para un recuerdo mayúsculo, ya que el FLVR se preocupó por destacar la pérdida irreparable de uno de los animadores mayores de la ciudad: José María Beccaría (BK&Basta!), fallecido durante el mes de mayo.
Guía de Rosario Misteriosa 2 continuó su periplo por los Distritos Municipales, a la vez que obtuvo pantalla en los cines Monumental, Diana, y en Canal 5. Hay que agregar que, fiel a su política de divulgación, la película cuenta con descarga gratuita en http://www.rosariomisteriosa2.animadoresderosario.com.ar/. A propósito del FLVR, el premio Mejor Animación fue para De costumbres, de Pablo Cirilli, oriundo de Funes, con un manejo del timing que hace de sus gags una sucesión gradual, creíble, dramática. Está en Youtube, es imperdible.
El año dio a conocer también un cortometraje encantador, ganador del subsidio de Espacio Santafesino. Con el título La gallina clueca, la realizadora Maia Ferro logra una recreación de melancolía pop del barrio Refinería, circa años ’50, con reminiscencias directas al humor gráfico del gran Calé. Con estreno en Cine El Cairo, el corto significó una coproducción entre Cooperativa de Animadores y Tembe Colectivo Cooperativo, de Santa Fe. Por otra parte, tuvo su preestreno El oficio de Juan, de Estefanía Clotti, con producción de Avi Films. El cortometraje resultó ganador en el Concurso Infancias 2012 del Incaa.
La mención de Calé -lápiz rosarino sin igual de Buenos Aires en camiseta, en Rico Tipo- da introducción al tema historieta. Y acá el asunto es complejo. Desde este espacio se celebra la aparición de toda publicación, pero lo que también debe atenderse es al impulso de los propios dibujantes, ocupados en tareas editoriales. Son ellos los responsables de las mismas revistas en las que publican. Lo que evidencia un rasgo que no cambia, porque no hay -¿ni habrá?- editores.
Al respecto, un caso peculiar es el supuesto por la impecable edición que la Editorial Municipal ha realizado de Johnny Jungle, primera parte, de la dupla francesa Jean-Christophe Deveney (guión) y Jérôme Jouvray (dibujos). El álbum, premiado en el Festival de Lyon 2013, ha sido consecuencia de Crack Bang Boom y su homenaje a Francia. La buena noticia es que la tarea editora tuvo reconocimiento nacional, al ser elegida “Mejor Edición Argentina de Historieta Extranjera” en Comicópolis, Buenos Aires. Las paradojas son dos. Una y evidente: la edición es local pero de material extranjero. La otra: ¿se publicará la segunda parte de Johnny Jungle, ya publicada en Francia?
En todo caso, lo que debiera ser probable, pensable, es la existencia de un catálogo de historietas a nivel local (a la par de cualquier cómic, sea cual sea su procedencia). Pero también, ¿es el Estado quien siempre debe cargar con tales responsabilidades? Según lo visto y leído –desde revista Rita, la salvaje, financiada por la Municipalidad hacia 1991- pareciera ser que sí. A excepción de que sean los mismos dibujantes quienes tomen al asunto en sus manos.
En este sentido, si el salvavidas correspondiente a la década infame del ’90 fue el de la autoedición, de aquel panorama los historietistas supieron aprender. Hoy, alejados de la urgencia de los fanzines y diestros con las nuevas tecnologías, llevan a cabo ediciones cuidadas, de buen diseño, atractivas. El proyecto que se ha perfilado de manera señera es el de revista Términus, con Bruno Chiroleu y Gastón Flores (Editor y Jefe de Redacción, respectivamente). Durante el 2014 Términus sumó tres números más, a una colección que ya tiene siete ejemplares, con tiradas agotadas.
Términus desprende una variedad estética a atender sobre el desarrollo de la historieta en la ciudad. Además, cada número contiene colaboraciones nacionales e internacionales, junto a la sorpresa supuesta por el hecho de que muchos de sus dibujantes (rosarinos) trabajan profusamente en el exterior pero son desconocidos en su ciudad. La publicación ha logrado distribución nacional y colabora de modo recíproco con los sellos independientes Dead Pop, La Pinta y Salamanca, con quienes se presenta en las diferentes convenciones a lo largo y ancho del país.
El emprendimiento que es novedad lo significa Rabdomantes Ediciones, de César Libardi, eventual guionista y gestor de proyectos que le vinculan a la paradigmática AHI Rosario (Asociación de Historietistas Independientes). El sello ha publicado, hasta el momento, dos números de la antología Quimera, con numerosas participaciones y series locales. Además, Rabdomantes suma la edición paralela de álbumes, cuyo primer título ha rescatado el western Cándido, una de las primeras historietas del bonaerense Javier Rovella, autor de la popular tira Dante Elefante. Cándido fue realizado originalmente para Catzole, mítico fanzine porteño donde colaborara Salvador Sanz. De éste, Rabdomantes tiene en carpeta la publicación de Orgasmatrón, también de Catzole.
En otro orden, La Duendes es una editorial patagónica cuyo responsable, Alejandro Aguado, impulsa proyectos variados, con amor por el medio. Si bien con impronta rosarina, el álbum Legionarios: Los perros de Roma tuvo allí sello editor, a partir de una selección de dibujantes –mayoritariamente rosarinos- que el guión de Oenlao se ocupó de coordinar. La presentación del libro tuvo lugar en Crack Bang Boom. Y esto conduce al nudo del asunto. Porque, como ya es habitual, CBB fue notable y mantuvo el interés multitudinario que congregó en las instalaciones del Centro de Expresiones Contemporáneas durante sus cuatro días de agosto.
Por un lado, los invitados ilustres, entre ellos el extraordinario Régis Loisel (Gran Premio de Angoulême), autor del laureado Peter Pan, y Yanick Paquette (La Cosa del Pantano). Junto al homenaje al rosarino Alfredo Grondona White, cuyo humor irascible continúa inalterable en el imaginario colectivo, con preferencia por las páginas de revista Humor. Además de ser un ámbito perfecto para la presentación de libros, la quinta edición de CBB sumó las mejores muestras y exposiciones: Retrospectiva de la obra de Eduardo Risso, Historietas x la Identidad, 75 años de Spirou, Tebeos (dedicado a la historieta española, presentada durante el festival de Angoulême 2012), Comics che passione! (sobre historieta italiana). Estas actividades se repartieron en Alianza Francesa, Parque de España, CEC, Plataforma Lavardén, C.C. Roberto Fontanarrosa.
Más la afinidad supuesta –si bien por fuera de CBB- por Batman & Superman: 75 años en figuras y coleccionables, con cabida en el Fontanarrosa. Así como la variación plástica y narrativa contenida en RompeCortázar (Espacio Cultural Universitario), con curaduría de Juan Sasturain, y la participación de notables como Lucas Varela, Pablo Túnica, Enrique Breccia, donde sobresalió la obra maestra que sobre “La noche boca arriba” realizara la mejor dupla posible: Carlos Sampayo y Carlos Nine.
A este recorrido hay que sumar la participación del dibujante Charles Berberian, de visita en Alianza Francesa y Escuela para Animadores, cuyo Monsieur Jean viene siendo publicado por La Editorial Común, de Liniers. También la EPA fue ámbito bienvenido para el ilustrador Oscar Chichoni, quien promete dar un Seminario intensivo durante el año que inicia. Chichoni, a recordar, es uno de los insignes portadistas que tuviera la revista Fierro original. Ahora se encuentra metido en pleno Hollywood, mano derecha creativa de todo proyecto de Guillermo del Toro.
De vuelta a CBB y afines, el nombre implícito en estos párrafos es el del dibujante y mentor Eduardo Risso, quien junto a su equipo (Juan Ángel Szama, Eduardo Santillán Marcus, David Alabarcez, Germán Peralta) y el CEC, han hecho de CBB no sólo un foco de encuentro para la historieta, sino una actividad ritual que sirvió de disparador al interés renovado de convenciones similares por todo el país. También y siempre Risso (ganador de los Premios Eisner, Harvey, Yellow Kid) porque en él se cifra el recorrido de muchos dibujantes locales con trayectoria internacional; entre ellos, Marcelo Frusin (Dargaud), Carlos Barocelli (Segni d'Autore), Francisco Paronzini (Magnetic Press), Damián Couceiro (BOOM!), Alejandro Aragón (Dark Horse), Germán Peralta (Marvel), Gonzalo Ruggieri (Heavy Metal), Leandro Fernández (Vertigo/DC). De Fernández hay que resaltar su reciente Luces y sombras, libro teórico/práctico en edición bilingüe editado por el sello argentino Dícese. Un trabajo que es, así como invaluable para todo dibujante, un reconocimiento al lápiz de tantos títulos Marvel.
El sello local Puro Comic Ediciones –responsable de ese hallazgo que es Far South, de Rodolfo Santullo y Fernández- está por sacar al ruedo, entre otras novedades, la colección Aprendimiento, dedicada al estudio de las historietas en Rosario y región; proyecto beneficiado con uno de los subsidios de Espacio Santafesino. Acá, por eso, otra vez el rol del Estado. Si se toma en cuenta la mayoría de las actividades referidas, se notará su incidencia insoslayable, necesaria. De lo que también se desprende –y se repite- que no debiera ser sólo suya tamaña responsabilidad.
Por último y otra vez, el nombre de José María Beccaría. Señor Calabaza al que se le recordará siempre, nunca suficiente. Si quien lee esta nota no ha visto, por ejemplo, Las aventuras del Osito que ve accidentes, recurra a Youtube y regálese un poco de humor burlón, iconoclasta, y lo más importante: sin “mensaje”. Nadie como BK.

Planeta 59 - Javier Galimany (Quimera)

viernes, 26 de diciembre de 2014

Walter Operto: San Perón (1973). Entrevista


El documental que quema en las manos

 El documental, rescatado por la Televisión Pública, ilumina un capítulo de cine y política. Uno de sus realizadores fue Walter Operto, de tarea teatral incansable. Los recuerdos de la primavera camporista a partir de San Perón.


Por Leandro Arteaga

La noticia, veloz, no tardó en dar con los responsables de San Perón (1973), el documental inédito que Fernando Martín Peña diera a conocer a través de Filmoteca, temas de cine (Televisión Pública), el viernes 21 de noviembre. “Al día siguiente de la emisión, por Twitter, alguien me dice: ‘Peña te está buscando por la historia de la madre de los 17 hijos’. Yo no recordaba qué era esa nota. Le escribí a Peña, pero no sabía de qué se trataba. Esa misma noche, veo que en Facebook había una movida donde me nombraban. Finalmente me entero, y con una gran emoción entro en un túnel del tiempo hacia el pasado”, explica el dramaturgo, director teatral y periodista de la ciudad, Walter Operto, co-director con Héctor Aure de San Perón.
La historia de Norma Cuevas de Aresta y sus diecisiete hijos le ha hecho exclamar al conductor de Filmoteca una máxima que ha quedado adherida a la película: “Si no se emocionaron, perdónenme, pero es porque están muertos”. La anécdota del hallazgo ha sido variadamente relatada: “Fue un amigo de Carlos Müller (programador del Cineclub Dynamo) quien lo encontró en Córdoba en una lata, con la inscripción ‘San Perón’. Lo que todavía no se dice es cómo ese material, que tendría que haber estado en los archivos de Canal 7, llegó a Córdoba, quién lo sacó del canal y por qué. Eso todavía es una incógnita. Müller me dijo ‘el documental me quemaba las manos, por eso fui a verlo a Peña’. Fijate que por suerte llegó a manos de una persona que lo valorizó, porque qué hubiera ocurrido si esa lata llegaba a manos de, por dar un nombre, Alfredo Leuco; seguramente, al descubrir de qué se trataba, ¡lo tiraban a la basura o lo guardaban bajo siete llaves!”
 “Durante lo que llamamos la ‘primavera camporista’, aquellos casi cincuenta días en los que el tío (Héctor) Campora fue presidente, se vivió una primavera también en lo cultural, donde tuvimos los espacios necesarios para realizar cosas distintas a las que se estaban haciendo. El documental fue posible porque a la dirección de Canal 7 llegó Juan Carlos Gené, y convocó a compañeros con los que veníamos trabajando en cultura y teatro. Traigan ideas, nos dijo. Yo recuerdo haberle llevado la propuesta de una serie de documentales sobre historias de vidas. La primera fue ésta, la de Norma Cuevas, a quien había conocido un par de años antes a partir de una nota para la revista Así. Aquella nota era sobre lo mismo, sobre los sueños y deseos de Norma, acerca de cómo vivía, de cómo podía seguir adelante con sus hijos y su marido enfermo, postrado, con esa misma dignidad con la que aparece en el documental, desde su rol de madre. A Juan Carlos le pareció interesante. En Canal 7 estaba trabajando otro compañero, Héctor Aure, quien fue el encargado de la imagen. Lo mío fue la idea, el reportaje –esa tercera voz que aparece en off relatando–, y la construcción del guión en el lugar”, agrega Operto.

-¿Cuáles iban a ser los documentales siguientes?
-El segundo iba a continuar en Entre Ríos. Ella me dijo que lo que soñaba era volver allí, de donde había venido soltera, por la falta de trabajo. Quería volver a su provincia a trabajar la tierra, con sus hijos, decía que había muchos brazos para trabajar la tierra. Yo no le prometí nada, pero llamé al gobernador de Entre Ríos, Enrique Tomás Cresto. Recuerdo haber hablado con alguien de su secretaría, a quien puse al tanto de la situación. A los dos o tres días me llamaron y me dijeron que el gobernador había decidido ir a buscarlos y darles una tierra. La segunda parte del documental iba a dar cuenta de los Aresta volviendo a su tierra natal, dignificados, saliendo del cirujeo y del “barro”, como dice Norma. Pero el gobierno de Cámpora duró lo que duró, con él también se fue este proyecto. Nos fuimos de canal 7, donde entró una línea peronista de derecha, que no quería saber nada con esto.

-¿Cómo llegaste a conocer a Norma Cuevas?
-No puedo recordarlo, pero no me sorprende haberla conocido. Porque en el periodismo elegí ocuparme de historias de los sectores más populares, más necesitados. Recuerdo una de ellas, que también iba a ser un documental, se llamaba La mujer más pobre de Chumbicha, una localidad de Catamarca en la que encontré en pleno desierto y en un ranchito, a una viejita con siete, ocho, críos, con el braserito encendido. Lo primero que me pregunté fue cómo hacía esta mujer para sobrevivir y mantener a los chicos. Ella me dio el título de la nota: cuando me acerqué al alambrado y golpeamos las manos, se presentó como “la mujer más pobre de Chumbicha”. Los chiquitos que estaban a su alrededor eran nietos, de dos hijas con trabajo de empleadas domésticas, y como con hijos no las tomaban se los traían a la abuela. Los chicos, me entero, no sobrevivían por la abuela, sino la abuela por los chicos; eran ellos los que salían a la calle, a la ruta, a detener los autos y a pedir ayuda.

-Así como esta mujer, Norma también se sabe pobre y digna, si bien es algo que no quiere.
-En aquellos años creíamos que la pobreza era un lugar de paso, las villas eran entendidas así. En nuestra provincia tenemos el caso de la película Tire dié, de Fernando Birri, que retrata el paso del tren que atravesaba El Salado, y cuando pasaba por la villa iba a paso de hombre y los chicos corrían y pedían. Pasado el tiempo, y vuelto Birri a Santa Fe, la Universidad del Litoral le rinde un homenaje y él acepta con la condición de estar junto a los chicos con los que hizo Tire dié. Así que los buscaron y los encontraron, uno llegó a ser contador, la mayoría trabajaba en el estado provincial, pero todos pudieron salir de ese estado de pobreza. Si hoy te proponés hacer un Tire dié en cualquiera de las villas y dentro de quince, veinte años, tratás de buscar a los chicos no los vas a encontrar, o fueron muertos por el gatillo fácil, o terminaron como delincuentes o los mató la droga. De alguna manera, San Perón nos interpela sobre eso, como sociedad. Creo que esos sueños, los deseos y la fe que muestra Norma, son lo que le da sentido a un movimiento popular como el peronismo; si el peronismo no sirve para eso, entonces es un partido liberal como cualquier otro.

-De hecho, Norma expresa esa adhesión en la película.
-Su esperanza era Perón, ella no tenía ninguna duda de que Perón no la iba a engañar. La cámara no entra en su casa, ella lo pidió porque no quería mostrar al marido convaleciente, pero dentro de la vivienda tenía dos retratos, el de Perón y el de Evita. En esos días de la elección, tenía una vela encendida a Perón; de ahí viene el nombre “San Perón”, que lo anoté en los borradores, en un cuaderno.

-¿El trabajo no se llamaba San Perón?
-No. En el canal le pusieron a la lata “San Perón”, pero todavía no estaban ni los créditos. Héctor Aure, a partir del descubrimiento, estuvo de acuerdo en dejarle el título con el que se encontró. Ni siquiera pusimos que fuimos autores y creo que tiene que seguir siendo así, porque la verdadera autora del trabajo es Norma. Nosotros fuimos un puente, ella es la protagonista de todo.



Acopiador de historias

Operto está rodeado de historias. Además de las fotografías que muestra al cronista –en una de ellas, en el contingente que acompañara al presidente Cámpora, a punto de salir de Aeroparque: “yo hacía la crónica de todos los actos”; en otra, junto a María Elena Walsh: “cuando era peronista”- destacan las anécdotas de trabajo y las numerosas notas de prensa que bien merecen un rescate: entre ellas, el reportaje a José Rucci (en revista Así), cuatro días antes de su muerte. “En esa misma época también trabajaba en un radioteatro que había dirigido y escrito: Para que se cumplan los sueños, que se emitía por Radio Argentina, con Jorge Salcedo como protagonista. Y una obra de teatro que es emblemática, Ceremonia al pie del obelisco, que cuenta la historia del país a partir de la inauguración del obelisco hasta la aparición de las formaciones armadas; estaba relatada por los locos del Melchor Romero, pero entre ellos había un lúcido, en quien puse textos de Perón. Raúl Serrano, que fue quien agarró este proyecto, me decía hace unos meses, ‘¿sabés que fuimos los primeros en poner textos de Perón en una obra de teatro?’” (risas). El loco en cuestión, de nombre Novoa, no era nada inventado, sino uno de los muchos personajes retratados por Operto durante su ejercicio periodístico: “Era una historia bárbara, se trataba de un anarquista que en los años ‘30 había puesto un par de bombas en Buenos Aires. El abogado, muy hábil, lo hizo pasar por loco, lo sacó de la cárcel y lo llevó al Melchor Romero. Pero luego lo olvidaron. Y quedó allí, cebando mate, totalmente lúcido."
 

Quimera #2 - Términus #7


Esas novedades que son historietas

Dos nuevos números para las revistas Términus y Quimera. Variedad de estilos, dibujantes consagrados, otros en ascenso. Las historietas buscan de a poco su lugar dentro del panorama de la producción local.

Por Leandro Arteag

Dos revistas de historietas y todavía más por venir. En todo caso, la consolidación progresiva de Quimera con su segundo número y el pulso certero de Términus con el ¡número 7! De a poco, más cuadritos se suman a bateas donde encontrar, de a poco, contacto con el lector. Por eso, los emprendimientos editoriales, respectivamente, de César Libardi (Rabdomantes Ediciones) y la dupla Bruno Chiroleu/Gastón Flores, con la consecución de dos publicaciones de producción local –junto a invitados nacionales y extranjeros, tal la costumbre de Términus- en donde la presencia de aventuras se perfila con la puesta a punto de lápices variados.
Con Quimera la apuesta suma a la preferencia por historias en germen, a las que continuar de aquí en más. De esta manera, surgen entre sus páginas dos primeros capítulos con foco en la ciencia ficción; se trata de Planeta 59 y Newman. La primera es obra íntegra de Javier Galimany, preocupado por introducir al lector en este planeta al que su protagonista, parece, no conoce demasiado bien. Al menos, es esto lo que concluye la viñeta final, al tiempo que abre los puntos suspensivos. Newman (Leonel Palermo/guión y Pablo Ayala/dibujo), en tanto, perfila un personaje que mira mientras es visto, que sueña mientras cree descubrir algo; situado o sitiado entre un laboratorio y su hogar, Newman apela a aires que recuerdan la Matrix de los Wachowski.
Destaca, por su parte, el relato de Mauro Bueno en Johnny siempre encuentra su hombre, con coda irónica y negra; así como el despliegue narrador, de vértigo en automóvil, a cargo de Zorro Re: un furry a todo motor que ratifica al prolífico dibujante como referente en el género de los animales antropomorfizados. Y eso no es todo, porque Quimera también guarda lugar al western con El último tren a Tucson, donde los dibujos de Pablo De Bonis delinean tren, atraco y confusiones, a partir del guión de Esteban Tolj, el notable dibujante de El Pollo Palacios, a quien felizmente se le recupera en estas páginas.
En otro orden, el caso de Términus es un logro que no se detiene, sus siete números ya permiten historias continuadas y completas, con la presentación al público local de algunos de los notables (y desconocidos) artistas de la ciudad; tal es el caso de Damián Couceiro –luminaria en EE.UU. con cómics de franquicias como El Planeta de los Simios y Sons of Anarchy-, acá en dupla con Gonzalo Duarte (guión) en W, un relato de tinte lovecraftiano, con sospecha de reflejo con vida propia. La misma temática asoma en Doppelgänger, en donde Iñaqui Aragón (guión) y Patricio Delpeche (dibujo) trazan el entuerto alucinado de un despertar repetido.
El último tren a Tucson-Tolj y De Bonis
El unitario que funciona de modo contundente, sea por su resolución pero sobre todo por el trazo violento de Juan Pablo Vaccaro, es El botín, con guión de Francisco Zamora. La acción se traza de forma progresiva, envolvente, pretendidamente confusa, hasta resolverse de una manera que recuerda, como reverso, el final del film Niños del hombre, de Alfonso Cuarón. Esa misma “incorrección” –que escapa a moralismos y patologías similares– da vueltas en la nueva entrega de Blas, la serie que Chiroleu alimenta con secretos inconfesables, experimentos científicos y una narración impecable; a ver, ser crucificada por una monja fanática en un patio de juegos es motivo suficiente para su lectura.
La dependencia tecnológica o el amor se parecen bastante, esto es lo que más o menos está implícito en el guión que Gastón Flores ofrece a los dibujos de Sergio Tarquini en Azar. Más esas páginas de espadas y hechicería que Juan Manuel Frigeri sabe cómo rodear de un clima de angustia y resolución maldita, a partir del guión de Fede Sartori en Sacrificio. Vale decir, es mucho y muy bueno lo que está produciendo Términus; a esta altura, hay un perfil que le define, que le otorga identidad y abre camino a más desafíos.
Porque las sorpresas no terminan, y para eso están las páginas impecables de Como una y avanzo veinte, a partir del dibujo de Sergio Joaquín Martínez y el guión del español Xavier González, con un montaje alterno que se juega desde la integridad de la viñeta, disuelta entre lo que se dice, lo que se ve, lo que parece ser.
Como siempre, la perla favorita de este cronista es Rip Van Hellsing, de Enrique Barreiro-Hernán Ferrúa (guión) y Enri Santana, dibujante que fuera colaborador de Carlos Meglia, acá en ejercicio brillante de sus facultades: un cómic profusamente divertido, de dinámica ubicada entre el placer narrador y los vericuetos de sus argumentos breves e irónicos, con complicidad hacia el lector en los guiños de sesgo terrorífico.
W-Duarte y Couceiro
Tal su costumbre, Términus ofrece una serie de ilustraciones que funcionan de manera independiente, como una sección más, repartida entre los cómics. De entre ellas, Sebastián Cabrol sobresale con su secreto en forma femenina, de vigilia sin tiempo, como si de un sacrificio sin nombre se tratase. Quimera, en tanto, ofrece otra entrevista, en este caso a Javier Rovella a propósito de Cándido, su western noir recientemente recuperado en un libro imperdible por Rabdomantes.
Y por último el principio. O también, las portadas. Nicolás Zuliani para el caso de Quimera, en donde el rojo predomina en una guerrera capaz de someter, ella sola, lo que desee. Germán Peralta y su brillo cada vez mayor destila en Términus: el actual asistente de Eduardo Risso -ahora también fichado por Marvel-, en una ilustración que conjuga arrojo hacia lo desconocido, desde el punto de vista del propio lector, arrojado a las fauces de un monstruo de hambre milenaria, en el espacio profundo.
¿Cómo no querer leer?

lunes, 1 de diciembre de 2014

RompeCortázar en el ECU


Caleidoscopio Cortázar en cuadritos


Con RompeCortázar, el ECU expone ocho historietas sobre relatos del escritor. Desprejuicio, desazón, tinte fantástico y música jazz, para recrear un mundo que no es sólo literario.

Por Leandro Arteaga

Julio Cortázar en historietas es placer que rebota. Cada cuadrito como pieza que encastrar en relatos que son, cada uno, tantas piezas más. Hasta conformar ese mapa donde continuar y completar –sin final– desde la lectura personal. Esto es, apenas, algo de lo mucho más que desprenden las ocho versiones presentes en RompeCortázar. Relatos para armar, muestra inaugurada en Espacio Cultural Universitario (San Martín 750) el pasado viernes, con cierre previsto el 20 de diciembre.
La curaduría es de Juan Sasturain, y las páginas en cuestión –en paneles impresos de tamaño generoso, donde leer es gusto máximo– suman a la conmemoración de los cien años del nacimiento del escritor, con organización que el ECU comparte con el Ministerio de Cultura de la Nación y Radio Nacional.
El vínculo entre Cortázar y las historietas tiene, de hecho, un precedente que es rara avis: Fantomas contra los vampiros multinacionales (1975), cuya edición fiable debe rastrearse en el librito que Doedytores publicara en 1995. Allí aparece la réplica verdadera de las páginas del Fantomas mexicano (de ediciones Novaro), con participaciones estelares de Susan Sontag, Julio Cortázar, Alberto Moravia, entre otros. Esa fue la historieta disparadora del libro, verdadero metatexto.
De manera tal que, se intuye, si Cortázar viese estos espléndidos trabajos quizás se detendría en algún rasgo casi huidizo, así como lo sugiriera al momento de ver Blowup (1966), de Antonioni (basado en “Las babas del diablo”). En todo caso, de lo que se trata es de encontrar esa afinidad que el lector sabe porque, justamente, ha leído. Y si también lo ha hecho con los historietistas en cuestión, ¿cómo resistir la tentación?
El recorrido comienza de manera superlativa. Con la obra maestra que la dupla Carlos Sampayo (guión) y Carlos Nine (dibujo) logran a partir de “La noche boca arriba”. Es demasiado extraordinario. Se trata de uno de los más grandes guionistas y de uno de los más grandes dibujantes. La fusión entre ambos altera todavía más la percepción del relato original, al hacer de su trama espejada una excusa desde la cual practicar otras variaciones. Más la pizca siempre exultante, de desliz semántico, que Nine sabe dibujar. Un mundo propio donde hacer comulgar ese otro mundo –por lo visto, tan parecido– que es Cortázar. Podría también pensarse en el propio Julio como paciente al que operar en este hospital demente, con bisturís en manos de Sampayo y Nine. Tan frenética es la acción, tan desencajada pero tan orgánica, que ya quisiera cualquier amante del género tenerla bien impresa en un álbum para su biblioteca.
Como si fuese un efecto más de este disparador, el recorrido continúa con otra versión del mismo cuento, ahora en manos de Salvador Sanz, quien impone un relato en blanco y negro, donde practica un montaje por asociación que es transposición eficaz de ese filo de espejo original. Sanz puede, con una precisión que le es aspecto ya reconocible, amalgamar situaciones históricas distintas por parecidas, sintetizadas en elementos casi idénticos, a partir de su disposición simétrica en la página.
Con “Carta a una señorita en París”, Diego Agrimbau (guión) y Lucas Varela (dibujo) resultan encantadoramente sombríos. Esos conejitos de pelaje suave que acarician la garganta, en el lápiz de Varela son, precisamente, adorables y siniestros. Todo muy simpático, todo muy deprimente. Saltarines, trozados y suicidas. Junto al naranja predominante que tiñe de frenesí leve cada una de las acciones.
Por su parte, el gran Enrique Breccia practica con “Reunión” una mirada de mundo que es, también, reencuentro con su primera tarea profesional: Vida del Che (1968), junto a su padre Alberto, con guión de Héctor Oesterheld. Leer a Enrique es leer un historietista depurado, artesanal, capaz de confluir con Cortázar desde un sueño en forma de estrella. La propuesta más provocadora viene de la mano de Esteban Podetti (guión) y Diego Parés (dibujo) con “Ómnibus”. En clave relato de horror, con puesta en página similar a la paradigmática Tales from the Crypt, Parés-Podetti colocan a Cortázar en mismo rol que el Guardián de la Cripta, para dar rienda suelta a su historia macabra. Así como Varela, pero desde una raigambre gráfica distinta, con asidero en Fola (Pelopincho y Cachirula), Parés puede hacer del espanto algo gracioso y nunca perder foco. Así como lograr una página admirable provista de un maremoto de ojos vigías.
Con “Axolotl” (guión de Jorge Zentner), Pablo Túnica trabaja cada página a partir de dos viñetas horizontales. Una equidad en la distribución del espacio que es confluencia de espíritu con el relato de origen. Sus pinceladas, de ánimo oscuro, logran momentos extrañamente hermosos, perturbadores, en donde el propio lector queda contagiado del borde de su reflejo. El caso de “La autopista al Sur” (guión de Pablo De Santis) es excusa bella para perderse en los dibujos de Ignacio Minaverry, cuya paleta saturada de verde, amarillo y naranja, puede transportar al lector de manera afín a un ensueño sixtie, en donde también evocar el plano secuencia esencial que Godard plasmara en Week End (1967).
El desenlace viene de la mano de “La señorita Cora” (guión de Lautaro Ortiz), para que los dibujos de El Tomi empañen al que mira de recuerdos de infancia pegajosa, con historietas por el suelo y jadeos de enfermera de ensueño. Un montaje yuxtapuesto, donde palabras y dibujos dicen de modo encontrado, permite a los autores recrear la vivencia alucinada de un personaje que es, por extensión, la definición misma de todo lector cortazariano.


Mauricio Riccio (ADF): entrevista


Director de luces y sombras


Director de fotografía en numerosos largometrajes, la trayectoria de Mauricio Riccio inicia en Rosario y alcanza a México. Uno de los referentes del trabajo con la luz en el cine.

Por Leandro Arteaga

La trayectoria de Mauricio Riccio (Rosario, 1970) marca un lugar de referencia específico en el desarrollo cinematográfico de la ciudad. Se trata de alguien que ha volcado su vida y pasión a la dirección fotográfica, con un despliegue profesional que le ha llevado a trabajar y vivir en México y Buenos Aires.
De visita en su ciudad, a partir del dictado de un taller intensivo de tres jornadas, Riccio (miembro de la ADF) sabe explicar de manera precisa a Rosario/12 su profesión, al decir que el director de fotografía “son los ojos del director, es quien con la cámara compone el cuadro y con las luces crea los climas de cada escena”.
Esta vocación por la composición y el trabajo con la luz le llevó a cursar la carrera de Director de Fotografía y Cámara en el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, y a participar, hasta la fecha, en once largometrajes (entre ellos, Homero Manzi, un poeta en la tormenta, La infinita distancia, Tiempos menos modernos), además de un centenar de comerciales.
“Tardé mucho en poder decir que soy director de fotografía. Tengo veinticinco años trabajando pero hace diez que puedo decir que lo soy. Porque para mí era como un honor, algo muy grande, inalcanzable, no me lo creía”, comenta Riccio, quien cuenta entre sus referentes al inglés Roger Deakins (Sueños de libertad, Sin lugar para los débiles), el mexicano Emmanuel Lubezki –“mi maestro”, dice-, y a Félix Monti (La historia oficial, La niña santa), “quien me apadrinó para entrar a la Asociación Argentina de Directores de Fotografía”.

-¿Tuviste siempre claro que era ésta tu área profesional?
-Desde chiquito siempre jugué con cosas de cine, con proyectores de juguete como el Golstar y el Cine Graf. Me compraban pelotas de fútbol y camisetas, pero yo no quería saber nada con todo eso (risas). Cuando comencé a estudiar, en la Escuela Provincial de Cine y Televisión, quería ser director, como la mayoría. Con el compañero con el que armaba los equipos para trabajar, hicimos un guión que íbamos a codirigir. Pero al momento de empezar a filmar, alguien se tuvo que hacer responsable de la cámara, de medir la luz. Así que el primer día de rodaje tomé la posta, pero sin saber que se trataba del área del director de fotografía, porque en ese entonces en la escuela no nos enseñaban el trabajo por roles. Ése fue mi primer acercamiento. Y descubrí que ahí me sentía cómodo, que podía expresar mucho.

-¿Ese corto fue el que te llevó a México?
-Con este mismo ejercicio, el primero en 16 mm hecho por estudiantes en la escuela de cine en Rosario, fuimos con mi compañero a México a un festival. Solíamos comer en los Estudios Churubusco, y mientras caminaba por ahí, me topaba con los decorados de películas como Querida, encogí a los niños, El vengador del futuro, Duna; entraba en el depósito de vestuarios y veía el de Conan, el bárbaro. De repente, me meto en un estudio y veo una especie de barco pirata que estaban armando, impresionante, pensé que era de otra película gringa. Cuando me entero de que era mexicana, y que iba a ser la producción más grande en los últimos treinta años, no me la quise perder [NdR: Ámbar (1994), de Luis Estrada]. Esa fue la única vez que busqué trabajo en México. Me contacté con la productora, me preguntaron qué quería hacer y dije que pizarrista, para poder estar en el set todo el tiempo. Pasaron cinco días y me dieron el puesto. Hablé con la productora, y me presentó al director y al director de fotografía, porque también participé como segundo de cámara.

-Te referís a Emmanuel Lubezki.
-Sí. Es el fotógrafo de películas como La leyenda del jinete sin cabeza, Niños del hombre, El árbol de la vida, y de Gravedad, por la que ganó el Oscar. 

-Intuyo que vivir en México te impregnó de una sensibilidad particular, que sólo allí podías experimentar.
-Filmar en México por primera vez era distinto. No en cuestiones técnicas, sino en la percepción de la realidad. Por ejemplo, en el Distrito Federal, en los años ‘90, el cielo nunca era azul sino gris, debido a la contaminación, algo que ahora está bastante controlado. Sólo los fines de semana el cielo se veía azul. Cuando quería encuadrar con la cámara y filmaba en el centro, descubría que las puertas y las ventanas están totalmente fuera de escuadra; es decir, al componer con una puerta, una ventana te sale chueca, y al revés (risas). El centro de la ciudad de México está construido sobre un gran lago, además es una zona sísmica muy activa, prácticamente hay un sismo por semana.

-¿Cuándo te volvés y por qué?
-Estuve en dos etapas en México, del ‘92 al ’96 fue la primera, y regresé porque extrañaba. En el 2000 fui a recibir el Año Nuevo allá, y sin buscarlo me salió otra vez trabajo. Me terminé quedando cuatro años más. Después empecé a fotografiar publicidades con un amigo rosarino, a través de una productora de Miami que cada tanto, por cuestiones de costo, filmaba en México. Pasé a fotografiar publicidades en las grandes ligas, pero a nivel contenido todo era muy vacío, artificial y plástico. Por más que estaba muy bien económicamente, había algo que no me llenaba. Sentí que no iba a poder fotografiar ningún largo. A partir del 2001, acá se empezó a filmar muchísimo y ya tenía ganas de volverme, de estar acá y de fotografiar películas argentinas, con actores con nuestro acento, nuestras costumbres.

-De tus trabajos más recientes, destacan Socios por accidentes y la serie televisiva ¿Quién mató al Bebe Uriarte? ¿Cómo te resultaron estas experiencias?
-Siempre tuve ganas de fotografiar una serie televisiva, porque siempre quise que se viera como una película, así como las series gringas. Me llamaron para esta serie y los directores (Gastón del Porto, Alejandro Carreras y Juan Pablo Arroyo) también tenían la misma idea. Tuvimos que lograr una imagen cinematográfica en tiempo récord, había días que rodábamos diecisiete escenas por día y cada una con diez planos aproximadamente, con muchas locaciones, mucho ritmo. Me sirvió para aprender a manejarme con prisa, también para saber delegar, ya que tenía otra unidad de trabajo bajo mis indicaciones. En el caso de Socios por accidente, ya venía trabajando con Fabián Forte (uno de sus directores, junto a Nicanor Loreti). Fabián es también asistente de dirección, y habíamos coincidido en otras películas. Con él hicimos también La corporación (2012), que para mí es una de las mejores películas que he hecho.