martes, 28 de octubre de 2014

Maps to the Stars (2014, David Cronenberg)


Cuando al cine se lo lleva adentro


Por Leandro Arteaga

Hay que tener el cine muy adentro para hacerlo de esta manera. Tal vez se deba a ese “estilo tardío” que Edward Said refiriera. Es cuestión de ver las últimas películas de directores como Brian De Palma (Passion), Woody Allen (Magic in the Moonlight), Terry Gilliam (The Zero Theorem), Clint Eastwood (Jersey Boys). Cada una de ellas provistas de una sobriedad, de una justeza, como sólo pueden saberla aquellos que han hecho cine durante toda la vida. En suma, es la puesta en juego (o en escena) de las formas de siempre. Llegar a ello no es simple, sino consecuencia de un recorrido. (Acá, se intuye, este cronista se pelea con los comentarios rápidos, infaltables, de quienes señalan tal o cual film como “menor”, “fallido”, en oposición a otros, de otros tiempos. ¿Cuándo fue que el crítico se volvió más cineasta que los propios realizadores?).
Con David Cronenberg sucede también. Ya presente en esa visión de ultratumba, inserta en el medio mundanal, que es Cosmópolis (2012). Otro tanto con Polvo de estrellas. Es decir, por un lado y rápidamente puede referirse el argumento. Pero lo que de veras importa es la manera, la forma, desde la cual ese mundo personal se expone; y atención, porque no se trata de otra cosa más que de un mundo de cine (el del autor), y por ahí quizás sea mejor entender el por qué de la elección de Hollywood como tema, ámbito, o blanco de dardos.
No es que Hollywood –o toda relación humana (hipócrita) similar– no sea desmenuzado con fruición en Polvo de estrellas sino que, antes bien, mejor será pensar cómo es que Hollywood o similares sean lo que son mientras, y todavía, todo un andamiaje social lo sostiene o justifica. El cine, de esta manera, como expresión simbólica o ideológica de un sustrato social definido, y definidor.
Bien viene detenerse en el devenir extraño, suspendido, replicado sobre sí, que los personajes del último film de Cronenberg componen. Una víbora que se muerde a sí misma, platinada de ropajes fastuosos pero hueca, sólo piel seca. Personas acunadas por terapias para el alma, con el Dalai Lama como mención registrada, entre oropeles que se rodean de palmeras. Las réplicas, los dobleces, las imágenes desprendidas de sí mismas, ocurren como un dominó inevitable, como un sismo de fatum griego.
Por eso, Polvo de estrellas, como Cosmópolis, es cine negro. Tanto como Sunset Boulevard (1950, Billy Wilder) y Mulholland Dr. (2001, David Lynch). Mia Wasikowska podría vomitar con esplendor en la misma calle de estrellas de cualquiera de estas otras dos obras maestras. Ella, en el film de Cronenberg, como la aparición que altera y dispara lo que habrá de ser porque, retorno o ciclo, ya fue también. Monstruos que beben del fuego para desafiar, con cirugías plásticas, a la muerte. Al fin y al cabo, ninguna victoria sobre ella ha sido posible por fuera del cine. Pero, ¿cómo vivir realmente allí dentro?
Expresión de esta desazón, que es bisagra entre la madre estrella fallecida y las starlets futuras, es el personaje de Julianne Moore. Brutal, desgarrada, loca. La moral de Hollywood no es la moral vulgar. ¿Cómo cuestionarla? Sólo alguien conciente de ello, como la actriz, puede componer este personaje, de esta manera: arrojada de cara a lo que quiere, porque en ello le va la vida. Nada más importa. Actriz extraordinaria.
Y, finalmente, cineasta extraordinario. A estas alturas, Cronenberg es un enorme pedazo de cine en carne viva, con predicciones de poética envilecida, hoy ciertas. Filma como nadie más. Cine que mira al cine porque, dinosaurio de 70 años, ¿quién puede discutirlo?
En serio, ¿alguien se anima?

Polvo de estrellas
(Maps to the Stars)
Canadá/Estados Unidos/Francia/Alemania, 2014.  
Dirección: David Cronenberg. Guión: Bruce Wagner. Fotografía: Peter Suschitzky. Montaje: Ronald Sanders. Música: Howard Shore. Reparto: Julianne Moore, Mia Wasikowska, John Cusack, Evan Bird, Olivia Williams, Robert Pattinson, Kiara Glasco, Sarah Gadon. Duración: 111 minutos.
10 (diez) puntos 
 

jueves, 23 de octubre de 2014

Diego Fidalgo: El origen del pudor (2014) Entrevista


Las huellas de un pudor compartido


La construcción formal de El origen del pudor hace de ella una de las mejores películas de Diego Fidalgo. Rosario, la pornografía y el erotismo, cuyos ecos censores todavía persisten. La figura polémica de Alberto Chaume, pornógrafo y abogado.

Por Leandro Arteaga

Las fotos se le cruzaron y porque el cine está en la cabeza y las historias siempre acechan, no pudo menos que ir tras ellas. Algo de esto hay en El origen del pudor, la nueva película de Diego Fidalgo (Trescientoscincuenta, Hombres de ideas avanzadas), cuyo preestreno será mañana, a las 20.30, en Cine El Cairo (Santa Fe 1120) con entrada libre y gratuita. El proyecto resultó ganador de la Convocatoria Espacio Santafesino 2012, en la categoría Desarrollo de Proyectos de Largometrajes.
La investigación de Fidalgo termina por ofrecer todavía más, tanto como para desocultar relatos que se anudan y guardan en la figura de Alberto Chaume, abogado de la ciudad, de vocación pornógrafo, un lugar de encuentro. Fotos, en suma, como caleidoscopio de otras. Todas hilvanadas desde un pudor bordado.
“Todo empieza con un hallazgo fortuito, de un material fotográfico, hace seis años más o menos. Una serie de fotografías antiguas de los años ‘50, ‘60, de mujeres en pose sensual. Encontré dos o tres en la calle, seguí el rastro, y había todo un contenedor de basura con negativos, papeles, cartas, un análisis grafológico, todas cosas que me llamaron la atención. Pero lo más notorio era que las fotos tenían en el dorso un sello judicial, un número de serie y una firma de un oficial de Justicia. Acá hay algo, una historia, me dije, pero no sabía cuál, sólo tenía una parte del rompecabezas”, narra el realizador a Rosario/12.
Y agrega: “Pasaron tres o cuatro años con el material dentro de una caja, cada tanto las miraba, las mostraba a amigos, tirábamos hipótesis. Otro encuentro casual con un compañero de trabajo, que vivía en el edificio frente a donde había encontrado las fotos, fue un poco el que abrió la llave del misterio. Averiguando, este amigo descubrió que en el edificio había un tipo que durante cuarenta o cincuenta años se había dedicado a hacer fotografías eróticas y pornográficas. A partir de ese hallazgo se pone en marcha una especie de relato detectivesco por saber la verdad de este caso.”

-Ir tras las historias que las fotos guardaban.
-Fotos que no decían o sugerían nada, pero de pronto comenzaron a contar un montón de cosas. Ellas son el hilo narrativo. Porque no se trata de un tema sobre el que haya querido trabajar, es decir, el sexo o la pornografía en Rosario, las imágenes eróticas en los ’50, no estaban dentro de mis intereses. Pero de alguna manera la historia me vino a buscar, así que la tomé y fui hasta las últimas consecuencias.

-Hablemos de la figura de Alberto Chaume.
-Chaume era un abogado, oriundo de Santa Fe, donde había sido Director General de Rentas. Se viene para Rosario –quizás porque sus andanzas ya eran conocidas por allá–, pensando en que tal vez se trataba de una ciudad más abierta, por toda su carga prostibularia. Acá armó una red de gente y complicidades y silencios. Durante cuarenta años se dedicó a hacer esto en fiestas. Y en el ‘82 lo detienen por corrupción de menores, a quienes fotografiaba en esas fiestas. Tenía un intercambio de fotografías con revistas de todo el mundo, lo que le daba una especie de circuito internacional, en una época donde esto era mucho más difícil. Mucha gente de distintos sectores se involucraba, algo que está puesto en juego en el documental: el tema de la doble moral, de los actos privados y públicos, lo que se decía y mostraba y lo que no.

-Chaume como un fusible, en una sociedad nunca ingenua. Lo digo por uno de los ejemplos que incluís, el de la Liga de la Decencia.
-Acá tuvimos a la Liga de la Decencia, con su apogeo durante la última dictadura, marcando un poco la moral y las buenas costumbres. No es que grupos conservadores como éste desaparezcan, sino que se diluyen en otros organismos, operando desde las sombras tal vez. Me interesaba esa vinculación. Yo no hago una valoración moral del pornógrafo, pero sí cuando el tipo transgrede esa línea de corruptor de menores. Ahora bien, a los dos días de detenerlo, aparece un artículo de la Liga de la Decencia en La Capital, así que buscamos esa vinculación, a ver si ellos estaban detrás de esta caída.

-Es impactante el relato final de la agente policial, Mariana Pussafiume, al recrear la captura.
-Encontrarla fue un hallazgo. Aportó un plus a la narrativa, al romper un poco con el resto de los testimonios. Ella le da una cuestión vivencial.

-Otro personaje excepcional es el experto en pornografía.
-Un tal Edmundo, todo un conocedor. Es que la fotografía tiene valor desde el punto de vista de quien la mire. Si uno mira objetivamente mucho no dice, pero si alguien sabe, esa fotografía se empieza a corporizar, a cobrar densidad.

domingo, 19 de octubre de 2014

Guía de Rosario Misteriosa 2 (2014)+Diego Rolle: entrevista


Una ciudad para desarmar y dibujar


El Inspector Bigotudo vuelve a las historias ocultas de Rosario. Una nueva entrega de Guía de Rosario Misteriosa. Una narración graciosa, ocurrente y didáctica. Con proyección en salas de cine.

Por Leandro Arteaga

Más misterios para Rosario y, se sabe, no hay mejor ciudad que aquella donde se intuyen historias. Relatos, en suma, capaces de remodelar lo cotidiano y devolver el asombro. Si la mirada infantil participa, la experiencia es renovadora. Aspectos que vuelven a la carga en Guía de Rosario Misteriosa 2, coproducción entre Cooperativa de Animadores y Centro Audiovisual Rosario, con guión y dirección de Pablo Rodríguez Jáuregui.
Evidentemente, Guía de Rosario Misteriosa (2009) pasó a ser una piedra de toque para proyectos posteriores; entre ellos, una puesta teatral –en La Comedia– durante las pasadas vacaciones de invierno. “Cuando empezamos con Guía de Rosario Misteriosa 2 nos enteramos de la obra de teatro, fue muy raro. La vimos y resultó muy interesante, fue un éxito. La gente salía de la sala y compraba la película. Ahí avisamos que había una segunda parte en camino”, explica el animador Diego Rolle a Rosario/12.
El preestreno de la secuela tuvo lugar en la última edición del Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario; el periplo continuó en los Distritos Municipales de la ciudad, en el Cine Diana, y ahora en Cine Monumental –mañana a las 18– y Cine Lumière –viernes 24, a las 18.30–, ambas funciones con entrada libre y gratuita. La acción vuelve a estar protagonizada por el Inspector Bigotudo (en la voz de Darío Di Meglio) y su sabueso, atrapados ahora en el desafío contenido en piezas dispersas por la ciudad. Un recorrido en forma de raid barrial, con pequeñas tramas escondidas ahí nomás.

-¿Dónde estuvo la motivación para esta segunda parte?
-Apareció a partir de unos textos que se estaban redactando para un libro escolar, eran parte de un proyecto de la Secretaría de Cultura y Educación que no salió a la luz, dedicado a recopilar información sobre nuestra ciudad en un manual para cuarto grado. Era algo que venía a cubrir un hueco sobre el tema. Es decir, no hay material didáctico ni manuales sobre nuestra ciudad, que es lo que ven los chicos en cuarto grado; algo que no sé cómo resuelven los docentes. El guión lo hizo Pablo Rodríguez Jáuregui, y consiste en un recorrido por la historia de Rosario, su fundación, y algunos de sus barrios.

-Esta segunda parte tiene una claridad formal mayor. Lo didáctico funciona a la par de los gags de manera muy fluida. Además, los chicos se divierten mucho durante las funciones.
-En el momento donde la ven los pibes está la verdad. La película puede tener sus aciertos y errores, pero lo que importa es si funciona con ellos. Además, es básicamente un documental, se está hablando de historia, si salen contentos no hay más que pedir. Hay que decir que es una película muy económica, no tiene nada que ver con ningún tanque de Disney o Dreamworks, sino que está en el lado opuesto. Nosotros nos preguntamos por qué a los chicos le gusta, y creemos que se debe a que se está hablando de cosas que los rodean, del Monumento a la Bandera, de Arroyito, de Central y Newell’s, de las chimeneas de Acindar, algo que no saben qué es o quizás los padres les hayan contado. Es simple, no es nada más que eso. Ven lo que ven todos los días pero en un dibujito más o menos entretenido.

-La película está dedicada a BK (José María Beccaría, fallecido en mayo pasado). ¿Llegó a participar del proyecto?
-Estuvo en la preproducción, porque estaba trabajando en otra cosa, que iba a formar parte de la próxima temporada de Cabeza de Ratón. BK tenía una forma tan particular de ver y de contar, es alguien a quien va a ser imposible reemplazar.
Diego Rolle es uno de los principales animadores de la ciudad y de esta Guía de Rosario Misteriosa –“Tuve el honor y placer de animar los dibujos de Max Cachimba”, señala-. La lista se completa con Belén Rodríguez Peña, Emanuel Gastaldi, Miguel Mazza, Sol Savoretti, Gonzalo Rimoldi, Flor Balestra, Melisa Lovera, Pablo Chaparro, Leticia Santa Cruz, Andrés Almasio, Luis Lleonart, Nico Ortiz, Cintia Eraso, Florencia Evdemón y Silvia Lenardón.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Leonardo Oyola (La Chicago argentina): entrevista


La literatura, un amor suficiente


De visita durante La Chicago argentina, Leonardo Oyola participó en paneles y diálogos. El escritor que es talón de Aquiles para Superman. Alguien que sabe estar en el momento justo, y hacer lo que se debe.

Por Leandro Arteaga*

A Leonardo Oyola parece acompañarlo un estado de gracia que tiñe de afecto lo que toca. Será por su atención constante a los lectores. No en vano, su presencia fue de las más concurridas durante el reciente festival de literatura policial, La Chicago argentina. El autor de Santería y Kryptonita sabe cómo codificar el vínculo: “Cerveceando” dice a Rosario/12, como analogía de su “mucha alegría”, de estar “agradecido, participando de encuentros muy bonitos”.
Oyola comenta estar encantado con el Espacio Cultural de la UNR, ámbito elegido para la actividad: “porque parece una gran ironía que estemos hablando de grandes delitos y cosas así en lo que fue un banco”. Su lugar dentro de este mapa, compuesto por tantos escritores que hacen del policial su elección, es algo que rápidamente compara: “Creo que fui como Bruce Willis en el Nakatomi Plaza, estuve en el momento justo, hice lo que tenía que hacer”, en alusión a Duro de matar. “Siempre me consideré un escritor de género. Comencé a ver cómo los colegas comenzaron a volver al género y a no hablar de él como algo menor, sino a darle los laureles que tenía.”
Entre estos premios destaca el Dashiell Hammett, que Oyola obtuvo en 2008 durante la Semana Negra de Gijón por Chamamé. En ese festival, explica, notó la “necesidad de encuentro entre el autor y el lector del policial, durante un clima de cercanía, de fiesta, de cofradía entre colegas: se arman unas cenas muy hermosas, no sólo para ver en qué anda cada uno, sino para saber qué se está leyendo, las opiniones, y para conocer este tipo de lugares con toda su riqueza. Si bien me falta patear más las calles de Rosario, lo que estuve escuchando en estos días ha sido muy movilizante.”

-Es notable cómo el policial se redimensiona. Literatura, cine, periodismo, todos participamos del género. Podríamos decir que nadie es inocente.
-Creo que lo más fuerte de este último tiempo es lo omnipresente de los medios, pero ni siquiera con el medio de comunicación tal como lo conocíamos, sino desde la figura del testigo casual. Hoy vos tenés un celular con una cámara, podés grabar un hecho, levantarlo a Internet. ¿Cuál es la necesidad de ver eso? ¿Hay una cuota de morbo o una cuota de realidad? A mi me choca mucho cuando veo esos posteos, con un lugar que uno reconoce, para ver lo que está pasando en el momento. Todo eso la literatura lo toma siempre con delay, y si hay algún género que resiste más, ése es el policial, ya que como híbrido se puede nutrir de la ciencia ficción, de la comedia, puede coquetear con el terror –el más psicológico o el gore–, y seguir siendo la columna vertebral.

-Tu literatura me resulta cercana al cine de Adrián Caetano, con historias y personajes desde el margen. ¿Cómo aparece esta elección?
-Desde lo personal, es por haber dejado de vivir en lugares así. Siempre cuento lo mismo, mis dos primeras novelas son policiales y de época, transcurren en Capital Federal. Cuando me alejé pude tomar distancia de esa realidad cotidiana, pude hacer ficción con las cosas que uno vio, escuchó, le tocaron. En definitiva, sé que estoy haciendo género, ficción, pero obviamente el asidero de verdad tiene una parte muy fuerte en esa realidad que a uno le tocó inesperadamente, en lo social. Creo que jamás busqué hacer algún tipo de denuncia, sino que hay cosas que escuché o vi, y comprobé, y que quedaron latiendo, esperando a que fueran usadas. Es el caso de Kryptonita: la profesión de su narrador es algo que sabía desde hace un tiempo importante. Entre las cartas que tenía para barajar ese personaje, me di cuenta que la que le venía como anillo al dedo era la de nochero.
En palabras de Oyola, “Kryptonita es un elseworld: ¿qué hubiera pasado si el bebé que estaba destinado a ser Superman hubiera aterrizado en un terreno baldío, en La Matanza, donde me crié yo? Trasladé el universo DC a Isidro Casanova, a una noche donde se juega ni más ni menos que la vida de mi Superman.”

-¿Cuáles son las novedades con la versión en cine de Kryptonita?
-El director es Nicanor Loreti, al médico nochero lo va a interpretar Esteban Lamothe. En el grupo de superhéroes y villanos están Juan Palomino, Pablo Rago, Diego Capusotto, Jorge Sesán, Lautaro Delgado. Hay algo en todo esto que me gusta mucho. Primero, veo la buena onda de los lectores ante el proyecto, porque todos veían como un paso natural la película, y por favor, no lo digo desde un lugar soberbio. Por otra parte, los actores han agarrado papeles cortitos por el gusto de jugar, y eso es muy conmovedor para el autor. Cuando estás frente a la PC, con el Word abierto, jamás pensás en esto, ni siquiera como una posibilidad. De repente, toda esta movida me tiene hecho un tiernito.

-¿Participás en el guión?
-No, no quería. Por más que sea al autor, tengo que ser el primero que se sorprenda. Además, no tengo las herramientas como para ayudar desde un guión técnico. Por las cosas que vi, por las modificaciones que me explicaron, creo que lo que gana es el lenguaje narrativo visual.

-Que es otra cosa.
-Es otra cosa, algo que yo no hago. Voy a hacer un cameo, algo que para mí es importante porque se trata de apoyar a Nicanor, un director que podría haber elegido cualquier libro, pero se entusiasmó por éste. Si me lo hubiese comprado algún productor, más aún por los tiempos que corren, lo hubieran modificado mucho. De hecho, me habían propuesto que fuera una banda de delincuentes, una banda de cumbia contra otra banda de cumbia, entre otras cosas; eso me hubiera jorobado. La verdad es que una vez que te compran el libro, el autor no corta ni pincha. Por eso, Nicanor se la está jugando en no sólo a respetar la esencia de lo que yo escribí, sino que está haciendo algo personal. 

-En otro orden, ¿cuáles son esos narradores que te han cautivado, decidido a la escritura?
-Los que fueron punta de lanza, y permitieron que publicáramos una generación después, son (Washington) Cucurto: haber leído “Noches vacías” en Cosa de negros, fue encontrar mi tristeza, la de crecer y saber que todas esas cosas que habían sido lo mejor de la vida ya me aburrían; el Pablo Ramos de El origen de la tristeza, los cuentos de Cuando lo peor haya pasado: si bien él hablaba de la zona sur del gran Buenos Aires, era inevitable un déjà vu con el oeste que a mí me tocó patear; y Ariel Bermani, un escritor que admiro mucho, alguien a quien tendría que reconocerse más: está en esa línea del conurbano duro, sin hacer género, pero contando lo que está pasando, sin juzgar a los personajes.
Una línea de diálogo esencial a este escritor apasionado, Oyola la encuentra sobre el final de la película Vivir al límite. “Cuando al tipo le dan la baja y vuelve a su familia, a su mujer y su bebito recién nacido. Ve al bebé y le dice: ‘Hoy te gusta todo esto. Cuando crezcas cada vez te van a ir gustando menos cosas, vas a depender de menos. Después, cuando seas adulto, las cosas serán dos. A papá le interesa sólo una’. Te hacen el corte y ves al tipo volviendo a Irak, a desactivar bombas. Es un ejemplo terrible pero a la vez honesto. De adulto nos empieza a pasar eso. Están quienes pueden con dos, tres amores, y después estamos los que podemos sólo con uno.”
 
*Con la colaboración de Pablo Zini, Más tarde que nunca (Radio Universidad Rosario)
 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Pablo Smerling en La Chicago argentina (2 al 4 de Octubre, ECU)


Crímenes a merced del lápiz


Las ilustraciones de Pablo Smerling ya son un referente dentro de la gráfica criminal. Una muestra le tiene por protagonista en el festival La Chicago Argentina. Rostros para el delito como una de las bellas artes.

Por Leandro Arteaga

Las paredes del Espacio Cultural Universitario (San Martín 750) permanecerán al acecho de sombras siniestras, tiroteos y truhanes. Es que inicia La Chicago Argentina. Rosario, crimen y cultura, festival de literatura policial, y las ilustraciones de Pablo Smerling, artista plástico de la ciudad, acompañan con sus Retratos criminales estos tres días de libros, periodismo e investigaciones.
Alumno temprano del dibujante Esteban Tolj, a quien señala como su referente, la tarea de Smerling ha tenido lugar en publicaciones de la ciudad como NotiExpress, para luego saltar al reconocimiento ejemplar supuesto por su tarea en Caras y Caretas, ilustrando las crónicas policiales de Ricardo Ragendorfer [quien protagonizará mañana un panel].
Algunas de estas imágenes estarán presentes en la muestra, que reúne alrededor de cuarenta trabajos, en donde destacan “ilustraciones de crónicas, de casos reales, también hay ilustraciones de casos más recientes, algunos más conocidos que otros, así como algunos dibujos que serían un poco más de opinión, sin relación cercana con algún caso particular”, comenta Smerling a Rosario/12.
De su experiencia en Caras y Caretas, junto a Ragendorfer, surgió también Historias a pura sangre, libro que reúne varias de las notas del periodista junto a los dibujos de Smerling. “Ragendorfer es un periodista extraordinario, a quien empecé a leer e ilustrar sin conocer personalmente. El año pasado volví a participar en la sección policial de la revista, es un lugar con el que me siento identificado, ya que trabajé allí durante bastante tiempo.”
-¿Te encontraste con el género policial o ya compartías cierta afinidad?
-Fueron las dos cosas. No estaba tan inmerso en el mundo del policial, pero me fue interesando a medida que surgió la oportunidad laboral, que salió de carambola. Ahora siento una especie de identificación con ese mundo, si bien hay cosas que me gustan mucho y otras que me molestan, como ciertos estereotipos. Creo que es un género que da cuenta de cierta verdad bastante importante, intensa.
-¿Tuviste oportunidad de ilustrar otras temáticas?
-Lo pude hacer en NotiExpress, en donde no estaba la urgencia del día a día, era un semanario, y permitía algo muy interesante, que era cierta proximidad con las cosas, con temas muy variados. Uno tenía que aprender a dibujar lo que salía, desde policiales a economía o política, fue un lindo aprendizaje, durante tres años. 
-¿Cuáles son las técnicas que utilizás? A veces parece difícil dilucidarlas.
-Hay un poco de todo, es una mezcla entre acrílicos, tinta y mucho de computadora. Pero también me gustan las cosas que tienen el menor trabajo posible, las más sencillas. Por un tema de vagancia personal, soy de dibujar en láminas que no sobrepasan los 35 x 50 cm, no quiero que superen el tamaño de la carpeta con la que las llevo, me gustan los tamaños pequeños.
El comentario de Smerling no debe malentender o ir en menoscabo del universo personal que su trabajo provoca. En todo caso, el tamaño “cómodo” de sus láminas no hace más que responder al concepto que persigue, pragmático, de oficio, pero con la mirada artística suficiente como para entrever un mundo personal. Basta con adentrarse en su obra para participar de historias contenidas en imágenes solas, con la virtud narrativa intrínseca de contar mucho más que lo que a simple vista se observa.
“Hace un par de años –continúa–, tuve una devolución de Javier Sinay [quien también participará del festival], quien escribió Sangre joven, y ganó en la Semana Negra de Gijón. Me escribió porque le gustaba lo que hacía. Fue la devolución más grata que tuve, por ser de una persona del ámbito, a quien considero extraordinario.”
-Dentro del ámbito plástico, en quienes pensás de manera influyente.
-Hay uno que me fascina, que me parece un monstruo: Oscar Grillo. Es un animador extraordinario. Es abrumador, por cantidad, calidad, los diversos mundos. En cierta época he tenido que dejar de mirarlo porque es demasiado.
-¿De dónde viene la fijación por los osos?
-El oso es una cosa muy personal, quizá medio pavota, pero una de las primeras revistas que recuerdo es Misha, era soviética. Misha era ese oso, y recuerdo que las ilustraciones me maravillaban, me provocaron una fascinación por el mundo soviético. Es algo que tiene que ver con una fascinación primordial.
-¿Cómo sigue tu trayectoria?
-Es zigzagueante. Ahora trabajo bastante en publicidad, en animación, en storyboards, pero lo que más me interesa es hacer ilustraciones en medios gráficos. Colaboro un poco en Caras y Caretas, y también en Anfibia (http://revistaanfibia.com/), la revista digital que dirige Cristian Alarcón. 
Retratos criminales se complementa con las muestras Sangre, del fotógrafo Diego Levy, y El Pollo Palacios, la historieta de Maus y Víctor Gaite. Todas en exposición durante los tres días del festival.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Johnny Jungle (J-C Deveney/Jérôme Jouvray, EMR, 2014)


El grito del hombre mono continúa

De edición impecable, premiada en Comicópolis, Johnny Jungle se suma al catálogo de historietas del sello municipal. Un abordaje francés sobre el mito de Tarzán y Johnny Weissmüller. Leyenda y verdad como dos caras de un mismo personaje.

Por Leandro Arteaga

Qué difícil es sustraerse al influjo de Tarzán. Ahora bien, ¿por qué resistirse? Desde su primera aparición en 1912, cortesía del maestro narrador Edgar Rice Burroughs, el hombre mono no dejó terreno sin pisar. Maestros del cómic, como Hal Foster y Burne Hogarth, lo delinearon para el regocijo de tantas aventuras. La radio le tuvo como partícipe privilegiado; sin excepción en Argentina, donde César Llanos y Oscar Rovito le caracterizaran durante las tardes de Radio Splendid, entre el Toddy y los libritos editados por Tor.
En el cine, actores tuvo muchos, pero nadie como el nadador olímpico Johnny Weissmüller. A él corresponde la estampa, la efigie, tan noble como el trazo gráfico del gran Russ Manning. Vale decir, Weissmüller y Tarzán son un mismo grito de selva, historietas y películas.
Por este carril de mito y melancolía transita el espléndido álbum Johnny Jungle, de la dupla francesa Jean-Christophe Deveney (guión) y Jérôme Jouvray (dibujos). Y atención, los premios para esta bande dessinée ya no son sólo internacionales –Premio Especial del Jurado en el Festival de Lyon 2013–, sino que la impecable edición local, a cargo de la Editorial Municipal de Rosario, ha resultado galardonada como “Mejor Edición Argentina de Historieta Extranjera” en la reciente Comicópolis, de Buenos Aires. Méritos bienvenidos para este libro, que continúa la línea de historietas que el sello municipal comenzara junto a las ediciones de Crack Bang Boom.
Johhny Jungle está dotado de una simpatía implícita, por el personaje que retrata y por el aporte de su dibujante, de una línea precisa, símil caricatura, inevitable en su invitación hacia la historia revisitada del astro fílmico, mono blanco, leyenda y verdad, que ha sido Johnny Jungle. A la manera de King Kong, con un enjambre de cine que revolotea curioso entre la selva, no es la cámara la que afecta a este hombre criado entre simios, sino el amor de la inefable Jane. A partir de ella, el devenir hacia la ciudad, y un recuerdo en forma de separatas con los viejos afiches de los films del astro olvidado.
De esta manera, Johnny Jungle conjuga su drama mientras dispara asociaciones con el lector. El diseño de los carteles de cine, los nombres, las anécdotas, no hacen más que confundir lo verídico con lo supuesto, en virtud de ese mito que Tarzán es porque Weissmüller también. Johnny Jungle es todo esto pero también no. Porque su caracterización no hace más que rozar lo que significa lo predicho para ahondar en un personaje distinto, de vida selvática a la manera de un niño grande, sin preocupaciones, resguardado por la mamá mono, de parranda continua y diálogos cómplices con el sacerdote misionero.
El tránsito entre la selva y la ciudad será móvil para también hundir las garras en el oportunismo del mundo del cine. Desde la referencia literaria, la novela de Edgar Rice Burroughs que mejor comulga con el espíritu de Johnny Jungle es Tarzán y el hombre león. Allí es donde con sorna manifiesta, Burroughs se burla del modelo Hollywood y de la banalización que sobre su héroe, con mayor o menor razón, el cine alimentara. A propósito, la película que mejor destila el humor en tanto contrapunto –selva/ciudad- sigue siendo Tarzán contra el mundo (Tarzan's New York Adventure, 1942), con el rey de los monos saltando entre los rascacielos, sin terminar de comprender cómo es que puede vivirse de modo hacinado.
De esta manera, Johhny Jungle es lectura de ese mito que significa el nombre Tarzán. No se lo dice pero está implícito. Como la palabra clave que cifra el encanto. Por eso, es un álbum bello, una nota de cariño con el foco puesto en ese personaje que se sabe ya sin lianas, hundido en el alcohol de un hotel. ¿Qué pasó con Johnny Jungle? Respuestas hay varias. Repartidas entre las páginas del libro como si de inserts documentales se tratara. Entre medio, se teje la leyenda del más grande, en la cual todos quieren su lugar. Eso sí, vale la aclaración. Se trata de Johnny Jungle, Primera Parte. El segundo álbum ha visto la luz reciente en Francia. De lo que se desprende, con el continuará como esencia e impaciencia de historieta, ¿para cuándo la edición local?
Hundido en el alchohol, Johnny Jungle medita su vida
Y de paso, hay un cuento de Carlos María Domínguez que es ejemplar: “La confesión de Johnny”, adorable recuerdo literario sobre el más grande de los Tarzanes, Johnny Weissmüller, quien ya viejo y olvidado por Hollywood, visita Rosario para una exhibición de nado por el Paraná, con el whisky como compañero. En una línea similar y en algún mundo paralelo, seguramente exista la película de un viejo Tarzán, sostenido en ese garabato de deseo compartido que profirieran el actor Marcello Mastroianni y la pluma de Osvaldo Soriano.
Alguna vez, ese gran artista que ha sido Carlos Meglia soñó con volver a dibujar Tarzán. Algo parecido llegó a realizar, se trató de un cruce curioso entre el hombre mono y el hombre de acero, Superman. Pero el deseo mayor quedó inconcluso. No así su percepción del personaje como uno de los más fecundos mitos del siglo pasado. Por las dudas, Ray Bradbury siempre señaló a Edgar Burroughs como uno de sus pilares literarios. También recordó cómo atesoraba las páginas dominicales de Foster en un armario de su niñez. En ese arcón de aventuras, ha venido a revolver Johnny Jungle.
Salud, Tarzán. 
 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Democracia en Construcción (2014, Santiago King)


Muchas historias para la democracia


Democracia en Construcción supone la apuesta por la ficción de Señal Santa Fe. Es también parte de una plataforma multiformato, con articulación en la web. Cuatro capítulos a estrenarse el viernes en Sala El Cairo.
Por Leandro Arteaga

La construcción de un relato transmedia, que articule una narrativa compleja, permanente, atraviesa como desafío a la nueva producción de Señal Santa Fe. Con el título DeC: Democracia en Construcción, cuatro episodios de treinta minutos son la estructura decisiva para esta experiencia que el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe dedica al relevo de historias con asidero en los treinta años de democracia.
DeC se estrena el viernes próximo a las 20 en El Cairo Cine Público (Santa Fe 1120), con entrada libre y gratuita. La dirección de sus capítulos corresponde a Santiago King (Al doblar la esquina, Diversos Universos), cuya tarea se revela esencial porque aporta la mirada que organiza, el sostén primero a través del cual enhebrar las demás posibilidades.
En este sentido, DeC se compone de historias pequeñas, a las que se apela en tanto síntesis de una realidad convulsa, que es resultado de una dinámica histórica. Los episodios dedican atención argumental a los conceptos democráticos de Representación y Participación, Derechos, Igualdad, e Identidad. El tramado del guión –donde también figuran Sofía Aldasoro, Vanina Cánepa y Edgardo Pérez Castillo- los interpela a través de recursos narrativos que cruzan ficción y documental en tanto categorías maleables.
De esta manera, los treinta minutos de cada capítulo comulgan entre las vicisitudes de sus personajes y el despliegue de aportes analíticos, contenidos en los pliegues del relato. Muchas veces se impone la autoridad de las imágenes de archivo. El fin es didáctico, y apela al detenimiento sobre lo que se cuenta para su debate. A través del testimonio de docentes e investigadores se aportan lineamientos conceptuales, miradas reflexivas, datos históricos. En suma, se sitúa un contexto, plagado de aspectos que articulan los treinta años democráticos con la herencia que aporta la última dictadura militar, a la par de los avatares y vaivenes supuestos por la depredación que del rol del Estado propiciara el capitalismo neoliberal durante la década de 1990.
Destaca el pulso de King en el logro del sostén narrador. Cada episodio es autoconclusivo, pero a la vez disparador del siguiente. En tanto totalidad, DeC es una historia compartida, contenedora de muchas, de entre las cuales sólo han sido retratadas cuatro. Podrían ser más, también otras. Cada una de ellas tiene un drama que resolver, una puesta en juego de dilemas que enfrentar. Es el caso de Luca, el pibe que no quiere irse de su país ni dejar a sus amistades y afectos, mientras sus padres ya lo han decidido. De modo coincidente, la elección del delegado de su colegio está a punto de suceder, lo que supone un problema ambivalente, en donde cada cuestión que moviliza a Luca altera, necesariamente, a las demás. Así como la atracción que le supone una de las candidatas, si bien preocupada por trivialidades y prédica retórica: aquí es donde aparece el matiz irónico, en tanto comentario sobre las mismas campañas políticas de los mayores, provistas por “creativos” de lucidez supuesta.
Uno de los mejores capítulos es aquel donde el padre debe decidir entre la pelea por la expropiación de su fábrica, el contrato “basura” que le ofrecen, los impuestos impagos, y el bienestar de su hija. De nuevo, cada una de las caras oficia sobre las demás. Ninguna decisión particular puede ser aislada de su conjunto. Así como la misma vida democrática y el desafío que la acompaña: no sólo en tanto acto eleccionario, sino como comportamiento ético, cotidiano. Al respecto, vale destacar el análisis del profesor Juan Pablo Angelone (Pensamiento Sociopolítico, UNR), quien analiza la propuesta implícita en el éxito político, durante los años ’90 (y todavía), de cantantes, deportistas y afines. Situación de farándula que se ha revelado, justamente, como la antítesis –en tanto proyecto de éxito individual- de la vida en común, de una ciudad moralmente compartida, a la que el neo-liberalismo buscó disgregar.
En última instancia, es la mirada de Santiago King la que aporta –porque es en él donde se cumple la puesta en escena- una estructura justa, contenedora, cuyo fin ulterior es el de continuar la narración en el espectador. Lo hace desde la implicación dramática de cada episodio –entre cuyos intérpretes figuran Melisa Patriarca, Tito Gómez, María Zulema Amadei, Miguel Franchi, Mumo Oviedo, Ayelén Prado, Raúl Santángelo, Elena Guillén-, pero también desde la invitación explícita a ingresar al sitio www.decsantafe.gob.ar, donde aportar testimonios y compartir experiencias que den razón al título del envío televisivo y transmedia.
Quien ingrese al flamante sitio web del gobierno de Santa Fe encontrará una línea de tiempo. Su objetivo es ordenar los videos de los usuarios. De lo cual se desprende el propósito mayor de la composición de un relato coral, de un libro vivo, que preserve esa llama preciosa que al fin y al cabo es la memoria.

Bronce (2013, Claudio Perrin)


Algo de luz y la noche cerrada


Por Leandro Arteaga
 
Del recorrido cada vez mayor de Bronce, largometraje del rosarino Claudio Perrin, es menester distinguir, al menos, algunos de los muchísimos premios recibidos: Mejor Película (Encuentro Mundial de Cine, Seattle), Mejor Película Latinoamericana (FICA, Perú), Mejor Largometraje Internacional (FICIQQ, Chile), Mejor Película/Guión/Medalla Argentores/Premio Revelación al Director (Cine con Vecinos, Argentina), Premio a la Excelencia (The Indie Fest, California), y el reciente galardón a su actriz, Claudia Schujman, en el 5º FECICO (Cine del Conurbano, Buenos Aires).
Se trata de un reconocimiento loable que todavía continúa, al ser Bronce recuperada por El Cairo –que ya la había exhibido el año pasado– para el fin de semana próximo. Se trata de una oportunidad perfecta para el disfrute de una de las mejores producciones que se hayan realizado en esta ciudad. El logro del detalle cuidado que exhibe el film de Perrin (Los deseos del camino, Terminal), donde el gesto mínimo dice como instancia sustancial, que se adosa a más gestos breves, obligados a ser en relación con su entorno, es consecuencia de un trabajo de guión meticuloso, en donde la mirada del realizador sabe hacia dónde dirigir el relato.
Claudia Schujman y Miguel Bosco componen a dos hermanastros dedicados a la tarea de robar placas de cementerios. El bronce es posibilidad económica, pero también materia de la que está hecho lo que ha sido. El relieve de unos recuerdos que no pueden modelarse de modo diferente, termina por asediar a estos hermanos. De manera pausada, gradual, la relación entre ellos dice entre sonrisas mientras esconde miradas, repartidas entre las lápidas, a la vera del río, o en la casa de la infancia.
En la mayor parte del relato, Perrin emplea el recurso del plano-secuencia. Es que hay una carga emocional que no puede –ni debe– mentirse. Por eso, la caracterización de Bosco y Schujman es excepcional. Al no valerse del montaje, el film captura la sensibilidad a flor de piel, que eriza el ánimo compartido, como si fuese una bruma que no deja ver pero que a poco disipa y, tal vez, se descubra en un estallido. Un proceso semejante sólo puede registrarse cuando el cine asume un desafío real -vale decir- con la realidad. Porque algo pasa en estos intérpretes, en estos personajes, es que la cámara puede registrar lo que obtiene. Así, lo que sucede es admirable.
Quizás, Bronce sea el intento por llegar a esa verdad última, emocional. Todo un ejercicio cinematográfico, que es puesta en juego de una mirada de autor. Sobre la escena final, la luz del amanecer irrumpe sobre lo que fue la noche cerrada. Tal vez algo de lo sucedido no haya sido en vano, ni tan terrible, como para sobrellevar mejor lo que viene.

Bronce
(Argentina, 2013)
Dirección y guión: Claudio Perrin. Fotografía: Alejandro Pereyra. Cámara: Luciano Barrera. Montaje: Claudio Perrin, Ernesto Figge. Sonido: Ernesto Figge.  Producción: Javier Matteucci, Denise Almeida. Música: Iván Tarabelli. Reparto: Claudia Schujman, Miguel Bosco.
Sala: El Cairo, jueves 25 a las 20.30, viernes 26 a las 22.30, sábado 27 a las 18, domingo 28 a las 20.30.
10 (diez) puntos