jueves, 7 de mayo de 2009

Fontanarrosa y Vogt (entrevista)


"Los esforzados trabajadores del grafito"



Carlos Vogt y Roberto Fontanarrosa son, ya sabemos -pero siempre recordemos-, dos geniales y lúcidos historietistas. El Negro nos dejó hace poquito, y la lágrima de Mendieta aún perdura. Recupero aquí una de las entrevistas que más atesoro, realizada sin acuerdo alguno, sólo desde la posibilidad mágica que supuso Leyendas 2000, actividad referencial que Milenario Comics y AHI Rosario (Asociación de Historietistas Independientes) realizan desde 1998 en los galpones del CEC de Rosario. Se publicó en la revista Galaxia 7, #5 (mayo 2001), editada por el amigo Alejandro Radeff. Y no puedo menos que rememorar las ganas con las que Fontanarrosa y Vogt se sentaron a hablar de historietas y compartir recuerdos delante de uno, sólo un pibe alucinado por tantas páginas leídas.


¿Qué significa para ustedes la historieta?
Vogt: Yo siempre hago una referencia al día del ferroviario –hace muchos años de esto-. Había un locutor que decía: “Hoy no andan los ferrocarriles porque es el día del esforzado trabajador del riel”; a partir de ahí los dibujantes de historietas fuimos los “esforzados trabajadores del grafito”. No sabíamos qué día teníamos, pero queríamos la profesión tanto como el esforzado laburante del riel a la suya. Entonces, ¿preguntarnos a nosotros qué significa la historieta?... significa un vagón de emociones, un vagón de horas de creatividad que nos gustan muchísimo, aunque nos quejemos y digamos: “Uy, cómo tengo la columna”, lo que también es real. Por eso es que recomendamos, en general, a todos los que empiezan a dibujar que no dejen de jugar fútbol, o basquet, o golf, para no estar todo el día sobre el tablero sufriendo los avatares de esta profesión.

¿Y vos Roberto, qué podés agregar?
Fontanarrosa: Carlos ha hecho una especie de definición, desde el punto de vista afectivo, totalmente cierta. Yo creo que esto arranca, siempre, como una vocación, como un entretenimiento; como lo que a uno lo divertía de chico: leer historietas y copiar al dibujante. En mi caso personal, a Carlos, que no es mucho mayor que yo, lo copié mucho en la época de “Misterix”; a pesar de que al que más copié fue a [Hugo] Pratt, uno de los dibujos que más me atraía y con el que más me reía era con el de Carlos. Desde otro punto de vista, práctico, pienso que la historieta es una eficaz manera de contar historias pero, indudablemente, es insoslayable todo lo que Çarlos decía: que la historieta es la vocación, las horas de tablero, el esfuerzo, el entusiasmo que genera dibujar y ver a otros dibujantes, en los cuales uno se refleja, apoya o copia. Este es un trabajo en el que se empieza copiando, y de todos esos dibujantes nosotros hemos extraído cosas. Creo que aún seguimos aprendiendo.
Vogt: Es muy importante el trabajo con el guionista. Es un caso muy especial el de Roberto Fontanarrosa, que es guionista de sus propios dibujos; es decir, que sabe en el momento en el que piensa la acción cómo la va a dibujar. Yo, que he trabajado siempre con guionistas, en raras ocasiones he hecho mis propias historietas. Mi guionista ocasionalmente vivía en Europa y su material no llegaba a tiempo, entonces yo tenía que reemplazarlo...

¿Con Alberto Ongaro, puede ser?
Vogt: No, en el caso de Ongaro no...
Fontanarrosa: “Úngaro” se pronunciaba. Una vez caí absolutamente de casualidad en Venecia, y conocí a la hermana de Ongaro. Me acuerdo que me corrigió la pronunciación. Y él creo que vino con todo ese grupo de historietistas en el que estaba Zoppi, ¿no?
Vogt: No, Zoppi no vino de afuera. Él vino con Pratt, a Editorial Abril. Y una de las primeras cosas que hizo en su momento, para conocer la Argentina, fue ir al Sur, y volvió con las pestañas hechas estalactitas... Ahí se le ocurrió escribir una historieta que, por supuesto, transcurría allí.

¿“Tierra del Fuego”?
Vogt: Sí, y yo no tenía ni idea de lo que podía ser. De manera que inventé una especie de Canadá, una especie de “western”, que a él le gustó mucho. El historietista es un cineasta, llama –mejor dicho- crea a los actores, mueve la cámara, busca la iluminación; en cuadritos que no tienen sonido, que no están apoyados por una banda musical –eso lo tenemos en contra-. La idea es ésa.
Fontanarrosa: Es un storyboard, en definitiva. Yo recuerdo que a Horacio Altuna lo contrató Luis Puenzo cuando hizo “Gringo Viejo”, y lo llevó a México para que planteara las escenas que iban a tener mucho movimiento de gente. Él hacía ilustraciones de cada una de esas escenas que incluso después, creo, lo pasaban a volúmenes y hacían una disposición como si fuera una maqueta, con los movimientos de los actores y todo eso. Sería, como decía Carlos, como una película, considerablemente más barata, pero más esforzada.
Vogt: Buscando, además, que las historietas -sean dramáticas o cómicas- tengan una meridiana claridad. Lo que se busca, fundamentalmente, es que el lector no tenga que volver atrás para saber qué corno me están diciendo o mostrando. Es más, se supone que si yo les muestro doce páginas de historieta dibujadas, sin texto, ustedes deban entenderla en un 75%. Había un cineasta italiano que también dibujaba, ¿quién era?
Fontanarrosa: Fellini, que había empezado como dibujante de historietas...
Vogt: No, no; pero él hacía...
Fontanarrosa: Hacía diseños de sus personajes...
(Alguien, entre los curiosos): Kurosawa también dibujaba.
Fontanarrosa: Ahí fue donde empezó la historieta japonesa, el manga... (risas). Una de las grandes ventajas que puede tener la historieta sobre el cine y el dibujo animado es el manejo del tiempo. En la historieta, aunque Carlos dice que puede continuarse rápidamente, sin mayores complicaciones, también uno puede detenerse, volver atrás, rever un cuadrito, cosa que en el cine y la TV cuando pasó, pasó.
Vogt: Sí, sí, pero porque le gusta al que la lee.
Fontanarrosa: Claro, claro...
Vogt: Vos podés leer toda la historieta de nuevo porque te gustó, pero no volvés porque no entendiste algo...
Fontanarrosa: Sí, yo lo veo desde el punto de vista de los tipos a los que nos ha gustado la historieta, cuando uno volvía a un cuadrito para ver cómo se resolvía un dibujo, etc. Recuerdo que esto salió a colación cuando aparecieron los primeros dibujos animados de Mafalda, y había una gran diferencia de efectividad entre la historieta y el cine. También es cierto que el tiempo de la historieta lo maneja el lector: parás, seguís, releés; en la TV y el cine el tiempo ya está impuesto. También está el aditamento del sonido y el movimiento, que ofrece ventajas y desventajas, porque había gente que no metabolizaba la voz de Mafalda o de otros personajes. Hay una serie de alternativas, pero yo creo que, francamente, la TV es un rival muy importante para la historieta; es de una seducción, para los chicos, muy atractiva. Mi hijo no es un gran consumidor de historietas, en un momento lo fue, y yo le había comprado los libros de Tin Tín; aunque también salían los dibujos animados de Tin Tín, que son fantásticos, muy bien hechos, y muy fieles al original. Por ahí, para un pibe es más atractivo el dibujo animado que la historieta, por el sonido, el movimiento... a menos que sea un fanático del dibujo.
Vogt: Eso fue en desmedro de la historieta, de su lectura. El videojuego entretiene más al chico que el leer historietas. Antiguamente, la historieta era un puente hacia otras lecturas. No leías directamente a Salgari, leías primero historietas, el libro de Salgari, con algunas ilustraciones, era el paso siguiente, y de allí a alguna novela.

Como las colecciones juveniles del tipo “Robin Hood”...
Fontanarrosa: Que todavía se mantiene. Toda nuestra generación ha leído la colección “Robin Hood”. Después de mucho tiempo, cuando mi hijo tuvo 12 o 13 años, le compré un libro de la colección “Robin Hood”, se lo di y no le dio ni cinco de pelota. Incluso a mí, cuando lo vi, me pareció más chiquito, no tan lindo. Lo que ha cambiado es la oferta. Hace ya muchos años, en un encuentro de historietistas en México, había una preocupación del gobierno por mantener la lectura de historietas, que era lo único que permitía la alfabetización en muchísima gente. Lo único que leían eran historietas y algunas eran muy chiquitas, de dos cuadritos, impresas en cepia, y que la consumían porque costaban dos mangos. Pero uno veía por la calle gente, vendedores de porquerías, que leían esas historietas; si no leían eso no leían nada y, con el tiempo, perdían la capacidad de lectura.
Vogt: En Alemania, 25 o 30 años atrás, las editoriales de historietas decían: “nuestro problema es que nadie incentiva la lectura de historietas”, porque el niño alemán, desde siempre, lee libros de cuentos con ilustraciones; entonces, para qué les ibas a dar historietas, era como dar un paso atrás, no era un puente hacia el libro.
Fontanarrosa: Yo no soy en este momento un seguidor de la historieta, recibo información de gente que está en esto. Estuve, hace dos o tres años, en un encuentro de historietas en México, y la impresión que tuve fue la de que lo que funcionaba mucho eran los superhéroes. Sergio Aragonés decía: “el consumidor de superhéroes es distinto, es un coleccionista más que un lector”; porque el consumidor de superhéroes busca el primer número de “Superhombre”, el muñequito, la remera; con lo que aquella lectura de la historieta de autor ha quedado muy relegada.
Vogt: Corresponde, típicamente, al término “comic”. Cuando nosotros hablamos de “historieta” nos referimos a otra cosa; incluso, no nos referimos al cambio que sufrió la historieta argentina por la revista mexicana, que traía un episodio completo en una sola revista, cuando nosotros todavía leíamos semanalmente el “continuará”... lo que, además, nos gustaba muchísimo.
Fontanarrosa: El “continuará” es sinónimo de historieta...

¿Qué lugar le ven hoy a la historieta de autor?
Fontanarrosa: Es odioso decirlo, más para nosotros que hemos querido mucho este tipo de historieta. A mí me da la impresión de que, o pasa al dibujo animado o, sino, a un futuro muy vidrioso; no hay consumo de este tipo de historieta, ni acá ni en ningún lado. El otro día hablaba con Marcelo Raboni, un representante de historietistas en Milán desde hace mucho tiempo, y él me decía lo que ha crecido, a pesar de que sigue siendo caro, el dibujo animado. Ha crecido en un 120%, mientras que la historieta se vende muy poquito.
Vogt: De Trillo, justamente, se hizo el dibujo animado de uno de sus personajes, creo que se llama “CyberSix”, en Japón; por este trabajo, Trillo fue invitado a Suecia, con Carlos Nine, a un festival para ser jurado en un concurso de dibujos para niños, pero invitado a partir de los dibujos japoneses. Esas cosas raras... Revistas que tiraban 100.000 ejemplares, ahora tocaron fondo y sacan 5.000. Esto no sirve para mucho. El negocio de las revistas se fundió. Antiguamente era cíclico, ahora se cayó.
Fontanarrosa: Cuando uno habla con historietistas jóvenes y comenta este tipo de cosas parece un desaliento absoluto, pero supongo que lo mismo se puede aplicar al dibujo animado. A pesar de la computación, que lo ha hecho mucho más accesible, sigue siendo caro. Pero creo que eso se va a abaratar, rápidamente. A mí me encantaría el “Corto Maltese” en dibujos animados. Me parece que sería una transcripción bastante linda de ver, pero coincido en que ya no veo gente en el ómnibus leyendo “El Tony”.
Vogt: No se ve más, no se ve más... Para animar a los chicos que hacen fanzines, una de las cosas más importantes es que los personajes, aunque no estén perfectamente dibujados, tengan ángel.
Fontanarrosa: A través del tiempo, lo que creo se observa en la historieta argentina, fundamentalmente, es la enorme supremacía de los dibujantes sobre los guionistas; en el sentido de que uno puede nombrar 15, 20 dibujantes de primerísimo nivel y no tantos guionistas.
Vogt: Hay tres...
Fontanarrosa: Oesterheld, Trillo, y Robin Wood. Yo creo que es fundamental tener una buena historia, allí es donde entran los personajes con ángel y todo lo demás, porque es muy difícil para un buen dibujante remontar una mala historia, a menos que sea Moebius. No es un problema sólo de la historieta, yo creo que se traduce al cine, a la TV. Es muy difícil encontrar escritores.
Vogt: De todo tipo, hasta de telenovelas, que uno a veces las mira para ver qué son. Yo he mirado telenovelas –no me avergüenza decirlo- para compararlas con lo que salía en “Intervalo”, que era una revista de historietas netamente femenina, que los novios o esposos sacaban de manos de sus novias o esposas para leer “Mi novio y yo”, una historieta divertida que no tenía nada que ver con el resto de la revista. Y entre los que escribían telenovelas y los que escribían historietas la cosa era muy parecida: básicamente, también había una enferma, un cojo, un ciego, un mudo, o alguna cosa así; o te encontrabas con un gran talento, como Robin Wood, que hizo un personaje que se llamaba “Elena”, en cuya psicología se metió, y con lo que logró un trabajo excelente.

Las fotografías corresponden a:
http://www.milenariocomics.com.ar/g7art5.htm