lunes, 18 de febrero de 2013

Mala (2013, I.A.Caetano)


Flechas, dinero, silla de ruedas


Por Leandro Arteaga
Rosario/12 (18/02/2013) 

“Érase una vez…” dice la pantalla, pero el cuento de hadas ya no es lo que era. Aún cuando la imagen devuelva un primer trazo infantil, idílico, de familia. Rápidamente el viraje. Y la acción desplazada al arenero de plaza, con una mujer –otra madre- en vínculo telefónico, con órdenes precisas, para dejar el paquete con dinero, y formalizar el trato con la misteriosa Rosario.
Rosario mata hombres que maltratan mujeres. Algo que no se sabrá formalmente hasta dejar que la película avance. Porque, nada mejor, dejar que el personaje se construya de a poco, en interacción con lo que ocurre, desde la participación del espectador. Lo mismo, en este sentido, ante la pluralidad femenina de Rosario; a saber: Florencia Raggi, Brenda Gandini, María Dupláa, Liz Solari. Cuatro intérpretes para un mismo personaje, pero no para un mismo rol. Cada una, en este sentido, desde un aparecer puntual, que antes que sugerir un fácil “trastorno de identidad” es espejo deforme con el cual interactúan los demás. Así, Rosario será una u otra en función de quién la mire.
El abanico de la situación se despliega, argumentalmente, desde María (Ana Celentano), mujer de dinero y en silla de ruedas, que paga la fianza de Rosario para cumplir a través de ella su cometido: matar de a poco a su ex-marido (Rafael Ferro). Rosario se inmiscuye, a partir de allí, en la vida de Rodrigo, de su nueva esposa (Juana Viale), en su amor por los caballos, y el secreto de un Torino bañado de tierra. Como siempre, nada es lo que parece y nada mejor que dejar que el juego de espejos refracte de maneras imprevistas. En este sentido, como esencia del film, hay un objeto con el que María chantajea las emociones de Rosario. Que guarda en un sagrario, que contiene mucho más que lo simplemente parece. Más una capilla –o guarida aristócrata- que también encierra secretos, así como el emblema de un Cristo clavado en flechas de ballesta.
El delineado del mundo femenino que Mala propone es duro, inasible, fluctuante; cercano casi al que solía proponer Daniel Tinayre, con la cita que parece significar la María de Ana Celentano respecto de Tita Merello en Deshonra (1952). Son mujeres calcinadas de dolor, imparables, con ánimo sanguinario, pasión sexual perversa. Algunas sugerencias: cuando Celentano acaricia las piernas de Raggi; la hipnosis seductora de alcohol en María Dupláa; la masturbación múltiple/espejada de Raggi; Gandini bañada en sangre, lluvia, y orgasmos.
Entre ellas, el contraste de la madre en ciernes que significa Angélica (Juana Viale). Un desfile de nombres, notará el lector, de reminiscencia religiosa, de pecados compartidos, de crímenes por muertes, de amores caídos, de rezos malditos. Pero, como melodrama histérico, de cadencia noir, en Mala nadie es tan cristalino, nada es tan fácil de suponer, y ninguna familia o sus partes integrantes significan promesa de bienaventuranza. Todo ángel está, por eso, siempre a punto de caer.

Mala
Argentina/México/Francia, 2013. Dirección: Israel Adrián Caetano. Guión: Israel Caetano, Bruno Hernández, Luciana Piantadina. Música: Sebastián Escofet. Fotografía: Diego Poleri. Montaje: Israel Caetano. Intérpretes: Florencia Raggi, Rafael Ferro, Ana Celentano, Juana Viale, Brenda Gandini, María Dupláa, Liz Solari. Duración: 93 minutos.
Salas: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.
8 (ocho) puntos
 

3 comentarios:

Liliana María dijo...

Me picaron muchas ganas de verla- gracias por tu comentario
LOKACOMOTUMADRE

Leandro Arteaga dijo...

Gracias por leer. La verdad es que me molestó muchísimo el maltrato que la crítica tuvo con Mala. Pareciera que hay muchos que hacen del arte de escribir algo altanero. Porque creo en la interacción entre ambas situaciones, es que no entiendo que una de las dos se sobreponga. Según tantos, habría de entenderse que Caetano ya no sabe filmar. No es un disparate?

Leandro Arteaga dijo...

En cuanto a las dos situaciones me refiero a escribir y filmar, crítica y práctica. Un poquito de cine (práctico) vendría bien a varios escribas.