domingo, 12 de diciembre de 2010

Belgrano (2010, Sebastián Pivotto)


Manuel Belgrano en pantalla grande y pública

Dado el estreno inminente en Plaza de Mayo, el próximo sábado 18 de diciembre, de Belgrano, vienen bien el comentario y las impresiones del amigo Esteban Tolj, luego de la proyección de la película en el Monumento a la Bandera de Rosario, el domingo 28 de noviembre.


Por Esteban Tolj


Estuve el domingo sentadito en los pétreos escalones del Monumento Nacional a la Bandera de nuestra ribereña ciudad de Rosario, junto a otras 20.000 personas, bajo un fresco cielo crepuscular, para ver la promocionada producción del Canal Encuentro. Allí mismo bajo la inmensa pantalla, se presentaron los responsables de Belgrano, más algunos funcionarios municipales y provinciales. Se entonó el Himno Nacional, mientras sobre las cabezas y por las manos de los 20.000 cantantes se paseaba una gigantesca Bandera Argentina, hasta llegar al escenario principal, como hacen en las canchas de fútbol. La emoción se manifestó en la mayoría de los presentes. Al fin se proyectó la película ansiada.
Debo decir que me reconozco como un admirador de las producciones del Canal Encuentro y Canal Siete, sus sanas y muy valiosas intenciones. Pero esta versión de Belgrano no me convence. Es cierto que estoy de acuerdo que se haya hecho ésta versión y espero que se hagan mil versiones más de éste prócer. Pero lo peor que tiene la presente película, es que contribuye al gran “merengue ideológico” que ya existía desde siempre en la interpretación de la historia de los argentinos. Es notable que quisieron hacer algo opuesto a las versiones acartonadas, broncíneas y billineskas de anteriores películas donde aparecía Belgrano o algún otro prócer. Pero creo que se fueron a otro extremo, al extremo de la banalización a que nos tiene acostumbrado la televisión de hoy en general. Con un habla pretendidamente actual, tal vez para “acercar” a los jóvenes, en vez de invitarlos a que hagan un “esfuerzo” intelectual. Es decir, nivelan, pero para abajo. Me quedé con sensaciones extrañas, por un lado a la gente le brillaban los ojos con las lágrimas que produjo el espectáculo en su totalidad (además de la película en sí, el hecho de estar en el mismísimo lugar donde el prócer izó la creación con que se lo identifica), por otro lado ver una película con una puesta en escena que le debe más a los recursos del teatro que al lenguaje del cine. Donde en vez de mostrar, se cuentan cosas en forma coloquial, con el riesgo de que si no se está atento al diálogo o monólogo interior del personaje, y haber leído algo de historia argentina, no se entienda a qué se refieren.
Hay una dudosa escena donde Belgrano-Rago, se encuentra con San Martín-Echarri, como si fueran dos amigos en los vestuarios de un club, intercambiando recomendaciones, desde el sentido de la Revolución, hasta qué medicina calma los dolores, o las edades de sus respectivas mujeres. Raro, muy raro. En todo caso, escena forzada y poco verosímil (¿Acaso un simpático guiño para las admiradores de estos galanes telenovelescos?). Sostengo que en vez de alumbrar los caminos que interpreten de una forma más positiva y superadora, las antiguas y decadentes formas de leer nuestra historia, terminan echando más sombras. Teniendo en cuenta que a partir de ahora, esas imágenes multimedia, que pesan tanto en el espectador de hoy, pasen a ser la nueva iconografía de nuestros próceres. Igual es recomendable que siempre se lean todos los libros de historia, antes de quedarse con una versión con las inevitables “licencias artísticas” que nos pueda ofrecer todo film. Y volviendo al que nos ocupa, también quedé con la sensación de que fue hecho a los apurones en solo “tres semanas de rodaje”, solo para que pueda ser estrenado antes de que termine éste año del Bicentenario (no tengo idea de cuánto habrá llevado hacer el guión o el asesoramiento histórico, pero me arriesgo a decir que no superaron uno o dos meses). Sin embargo es elogiable el trabajo actoral (especialmente de Pablo Rago y Pablo Echarri, más allá del guión), vestuario y ambientación en general. Extrañé que no se vean caballos, ya que si por algo se ganaban las batallas de nuestra independencia, fue por la habilidad de los jinetes, pero estoy dispuesto a dejar pasar el detalle, imaginando que el presupuesto no daba para escenas con especialistas, o no estaba dentro de la puesta en escena, por una decisión estética. En fin, queda pendiente seguir haciendo éste tipo de producciones que hablen de nuestra historia, para labrar un mejor futuro entre los argentinos. Pero atendiendo un poco más al “sentido común”, a una mejor interpretación de la historia y sus protagonistas, y que no sigan deteniéndose en detalles propios de la TV de chimentos, más que a las fundamentales ideas con que nuestros próceres apostaron nada menos que sus propias vidas.

1 comentario:

Fluxus2.0 dijo...

Todo este revisionismo histórico que se dio en los últimos tiempos de la mano de Pigna no me cierra. Hay un maniqueismo insoportable, y mucho de oportunismo político, ni hablar del Naiconalismo que me revienta ya de por si las pelotas....Alguien se morirá hoy por la bandera?